«Pondré cara seria por si la crítica es chunga«. Anuncia este propósito e intenta no reír, pero lo consigue solo a medias. Sentada en un taburete y apoyada sobre la barra, Empar Moliner se deja retratar por los fotógrafos de la prensa barcelonesa mientras se burla del muerto y de quien lo vela. Solo que, en este caso, la muerta –o al menos moribunda– es la protagonista deInstruccions per viure sense ella (Columna), el libro que se presenta en una particular rueda de prensa en el Dry Martini. «Pedid bebidas, que paga la editorial», dice a los redactores que la esperan en un rincón de la coctelería con sus portátiles. Solo algunos han pedido un vermut o una cerveza. La mayoría han elegido un refresco o agua –»estamos de servicio»–, pero sí que van picando tímidamente aceitunas y patatas de los platillos que hay en cada mesa. Ella ha pedido un negroni, pero hablando, hablando, llegará al final del encuentro y no lo habrá tocado. Al fin y al cabo, de lo que ha venido a hablar es de su nueva novela, «basada en hechos reales» pero «con ficción», como todas las que escribe.

Los fotógrafos retratando a Empar Moliner en la presentación de su nueva novela, 'Instruccions per viure sense ella', que ya está en las librerías, editada por Columna (Grup 62) / S.B.
Los fotógrafos retratando a Empar Moliner en la presentación de su nueva novela, ‘Instruccions per viure sense ella’ / S.B.

La obra está tan basada en hechos reales que la protagonista, Clàudia Pruna, es una escritora y periodista que publica un artículo cada día en un diario. Un personaje que recuerda descaradamente a la autora, columnista del diario Ara desde hace quince años. El riesgo de una identificación excesiva lo salva usando la primera persona pero a través de un narrador que no es la protagonista, sino un negro que contrata para alargarle la vida literariamente cuando muera. Es decir, lo que leemos es la narración escrita supuestamente de un tirón por un bibliotecario que la admira y que explica que ella lo contrató cuando le dijeron que tenía una enfermedad terminal. El joven explica, como espectador privilegiado de la agonía de la escritora, cómo recibió el encargo y cómo comenzó a escribir artículos destinados a ser publicados después de su muerte sin que se note el cambio, para que su familia pueda seguir percibiendo los ingresos correspondientes. Hay otro motivo por el cual elige la primera persona. «Me resulta atractiva, porque, a diferencia de un narrador omnisciente, que en principio no engaña, un narrador en primera persona puede ser poco fiable, y requiere un esfuerzo más del lector», asegura. Así se garantiza que tendrá «lectores inteligentes».

Además de ser escritora y columnista de un diario, la protagonista tiene un marido del que está harta –»era una cosa y se volvió otra, un hombre que siempre está en el sofá con el móvil»– y una hija que abusa de su pulsión de cuidadora, hasta el punto de haber descuidado a su propio hijo, que deja a cargo de la abuela. “Clàudia es una mujer que siempre ha querido cuidar, pero se da cuenta de que ha convertido a los seres queridos en gatos de piso, caprichosos y exigentes, que solo quieren de ella que les dé de comer, y al final ve que ella también necesitaría ser cuidada», explica Moliner.

La agonía de la prensa escrita y el humor para soportarla

Pero, a pesar de que contenga reflexiones indirectas sobre la crisis de la familia, la agonía de la que realmente habla Instruccions per viure sense ella es la del periodismo y la escritura. De entrada, aunque esté escrita con una prosa que evita las frases recargadas y que debe parecer que sale tal cual al narrador, el texto está medido palabra por palabra, coma por coma. De hecho, sentada al lado de la editora que la ha acompañado en el proceso para llevar la novela a buen puerto, Glòria Gasch, recuerda hasta qué punto ha dado vueltas a cada línea, hasta el extremo de hacer cambios peligrosos a última hora. «Tengo la manía de hacer cambios cada vez que releo un texto, y es por eso que al final acaba saliendo algún error tipográfico», admite en un mea culpa que exime a la editorial. Y todo es porque la autora tiene una auténtica obsesión por el lenguaje bien trabajado y no soporta los textos escritos «yendo al grano y sin elegir las palabras». En este punto, la identificación entre Empar Moliner y Clàudia Pruna –un nombre que ya es un juego de palabras en sí mismo– es total. Lo dice la autora en la rueda de prensa, donde hace saber a todos que no soporta tópicos periodísticos como el verbo «obviar». Y lo dice el narrador en el libro, refiriéndose a la protagonista: «He puesto una palabra, no ha visto, que ella odiaría. ‘Estas palabras del lenguaje periodístico, como metodología, obviar, son las asesinas de la literatura’, siempre repite».

Empar Moliner en la presentación de su nueva novela, 'Instruccions per viure sense ella', que ya está en las librerías, editada por Columna (Grup 62) / Europa Press
Empar Moliner con su nueva novela, ‘Instruccions per viure sense ella’, en las manos, durante la presentación a la prensa / Europa Press

Todos estos ingredientes configuran una novela que Empar Moliner considera una «tragicomedia» –rechaza el término «dramedia» que se utiliza ahora para las series televisivas– y admite que es o puede ser autoparódica. Sea como sea, y a pesar de situar a una escritora moribunda y sobreexplotada por la familia aferrándose a su oficio mientras es el oficio el que parece que muere, ha querido ponerle humor. «Necesitamos humor en medio de las tragedias», reivindica. Así es como consigue ser escéptica ante el drama que ella misma cuenta y que la rodea, el final que parece acercarse de la prensa escrita y la decadencia del catalán. “Cuando empecé a escribir, en 1999, ya decíamos que se moría el catalán y que se morían los diarios, y seguimos adelante», dice poco convencida pero dispuesta a parapetarse detrás del humor junto al lector. El objetivo es conjurar, aunque sea provisionalmente, la muerte del periodismo y de la literatura. «Perder el hábito de leer es muy fácil, pero también es fácil recuperarlo. Solo hay que encadenar tres libros que te enganchen y ya vuelves a estar», remata. Es el truco que regala a sus lectores y a los periodistas que todavía van a las ruedas de prensa presenciales.

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