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¿Es necesario poner zapatos a los niños para que caminen? Neus Moya, podóloga infantil, lo aclara

Cada mañana, la misma pregunta nos asalta. Nuestro niño, ese ser en constante descubrimiento, comienza a dar sus primeros pasos. Y nosotros, padres y madres, corremos a la zapatería con una idea clara: necesita un buen calzado.

Pero, ¿qué pasaría si todo lo que hemos creído hasta ahora fuera un error monumental? Una verdad incómoda que la ciencia acaba de desmontar con datos sólidos.

La revelación de la podóloga que cambiará tu mentalidad

Prepárense. La podóloga infantil Neus Moya, una voz autorizada en el desarrollo del pie, ha lanzado una advertencia que nos impacta de lleno. Nuestra obsesión por poner zapatos a los niños para «ayudarlos» a caminar, en realidad, les está perjudicando.

Es un secreto a voces que, según ella, debemos romper. La mayoría de los adultos, con la mejor de las intenciones, creemos que el pie del niño necesita «corrección» o «soporte» para madurar. Pero es falso. Su desarrollo es natural y el calzado, a menudo, lo interrumpe.

Ella es clara y contundente. El pie de un niño está en continuo desarrollo. Nuestras decisiones sobre el calzado impactan directamente en su forma de caminar, de moverse y, en definitiva, en su huella futura. Y no siempre para bien.

El golpe definitivo: ¿cuándo se deben poner zapatos?

La respuesta de Neus Moya es tan sencilla como revolucionaria: no se deben poner zapatos a los niños hasta que no caminen. Y no se considera que un niño camina de verdad hasta que no es capaz de dar 10 pasos seguidos sin caer. Solo entonces, y sin obligación, deberíamos empezar a considerar el calzado.

Si le pones un zapato y esto modifica mucho su forma de caminar, no es adecuado. Lo mejor es que vaya descalzo el máximo tiempo posible.

La razón es una bomba informativa para nuestro mapa cerebral. Los pies descalzos reciben estímulos que son «oro puro» para construir el mapa cerebral del niño, para situar el pie en este mapa. Esto trabaja el equilibrio y la percepción, habilidades imprescindibles para su desarrollo. ¡Hasta los 10 meses, tienen el doble de sensibilidad en los pies que en las manos! Dejarlos libres es crucial.

El error que cometemos con cada zapato

Pero no solo nos equivocamos en el ‘cuándo’. También en el ‘cómo’ y el ‘cuál’. ¿Cuántas veces hemos comprado zapatos basándonos en la estética o en la moda, olvidando las necesidades reales del pie?

Uno de los errores más extendidos, según Moya, es el que cometemos al probar la talla. ¿Esa manía de poner un dedo por detrás del zapato? Completamente errónea. Los niños pequeños, de manera refleja, doblan los dedos para facilitar que entre nuestro dedo. Esto nos hace creer que la talla es correcta, cuando en realidad es demasiado justa.

La técnica definitiva para saber si la talla es la adecuada es sacar la plantilla del zapato y colocar el pie del niño encima. Debe sobrar entre 0,8 y 1 centímetro de largo, desde el dedo más largo del pie hasta el final de la plantilla. Esta es la solución infalible.

El dilema de la talla: cuando «más grande» es «peor»

¿Y qué pasa con la tentación de comprar zapatos más grandes «para que duren más»? Otro error común con consecuencias nefastas para el pequeño.

Un zapato excesivamente grande no ofrece la estabilidad necesaria. Además, obliga al niño a hacer «estrategias» para no perderlo, levantando el pie mucho más del suelo. Esto dificulta su desarrollo, afectando su marcha y todo el proceso natural. Es una superficie inestable que les perjudica gravemente.

Asimismo, aprovechar zapatos de hermanos mayores o mantener una talla que «aparentemente» aún sirve, aunque el pie ya haya crecido, es una práctica que debemos erradicar de nuestra hoja de ruta.

Tu decisión hoy, su futuro mañana

Las decisiones que tomamos ahora sobre el calzado de nuestros hijos no son banales. Son la base de su desarrollo motriz, de su equilibrio y de su percepción del mundo a través de los pies.

Hemos roto con el mito de que «ayudar» es calzar. Hemos descubierto que la libertad es la clave. La información es poder, y tú ya la tienes.

Comienza hoy mismo a aplicar estos trucos imprescindibles. Los pies de nuestros hijos nos lo agradecerán. No lo dudes. Has llegado hasta aquí porque sabes que hay un secreto oculto que puede cambiarlo todo. Y tenías razón.

Es momento de repensarlo todo. ¿Estamos realmente preparados para descalzar a nuestros pequeños?

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