Un estudiante que ha terminado la secundaria puede poner en su currículum, de forma automática, que tiene el C1 de catalán. Una cuestión que genera discusión entre académicos, sindicatos y los mismos docentes. Los profesores que imparten clases en la universidad constatan que el nivel de sus alumnos no es el que marca el expediente y diferentes organizaciones hace tiempo que piden una revisión. La última en sumarse a esta reclamación ha sido el sindicato Profesores de Secundaria (Aspec), segundo máximo representante de los trabajadores de la pública. El sindicato ha iniciado una recogida de firmas para que el C1 –segundo nivel académico más alto– solo se alcance en el bachillerato si los alumnos superan con un notable la asignatura de catalán o si pasan una prueba externa. «Como que se ha vaciado de valor, la administración acaba pidiendo el C2 a los docentes para intentar garantizar el dominio de la lengua», cuestiona el sindicato.
Profesores de Secundaria concluye que la administración “ha rebajado la exigencia hacia el alumnado” y ha acabado vaciando de contenido un título que debería seguir los parámetros que marca Europa. El sociólogo Vicent Climent ve una mezcla entre este “elemento benévolo” que argumentan los sindicatos y una “heterogeneidad y nueva complejidad” que hay en las aulas. “Es cierto que una parte importante del alumnado no tiene el nivel, aunque creemos que el sistema lo garantiza, pero también se debe tener en cuenta que nos encontramos con una sociedad cada vez más diversa con alumnos que no hablan catalán”, apunta. Climent remarca a la vez un tercer elemento sociológico vinculado a una cierta “dualización” de Barcelona y otras grandes ciudades. “Cada vez están más fragmentadas en barrios donde sí se habla catalán y barrios castellanohablantes», sentencia.
La realidad es que ni siquiera la mayoría de los alumnos que pasan a la universidad para estudiar magisterio o disciplinas lingüísticas llegan a la universidad con el nivel adquirido. En el año 2022, la UB realizó un examen de nivel a los alumnos de primer año y solo un 43% demostró tener el nivel del C1. “Y son alumnos que han hecho catalán en primaria, secundaria y la mayoría en el bachillerato, e incluso han superado las PAU y las PAP”, explica Esteve Valls, uno de los profesores que impulsó la prueba. El filólogo David Paloma, profesor del grado de periodismo de la UAB, detalla exactamente la misma realidad. “No tienen esta capacidad de entender textos complejos y discursos formales y hacer una lectura crítica. Hay alumnos de periodismo que dudan incluso con las reglas de acentuación”, explica el docente.

Más allá del terreno académico, otros ejemplos demuestran que el nivel de C1 no se ha llegado a estandarizar en la sociedad. “Desde el Gabinete de Presidencia se dio la bienvenida al papa León XIV con un par de faltas en aquel anuncio”, recuerda Paloma. “Y también se nota en la publicidad: estamos saturados de ver eslóganes pensados en castellano y mal traducidos al catalán”, insiste. Todo esto son errores de concepto que parten de una base mal fundamentada y que la inteligencia artificial, recuerdan los expertos, “aún no sabe solucionar”.
Todo se rompe en la secundaria
Los tres docentes admiten que la universidad “no corrige” la falta de nivel con la que los alumnos salen del instituto, aunque tampoco debería ser esta su función básica. En este sentido, Paloma compara la situación académica del catalán con una “mesa de cuatro patas” en la que si una cojea “tambalea toda la estructura”. “Debemos ver dónde nos hemos perdido, porque en primaria los alumnos terminan sabiendo las normas de acentuación, pero, en cambio, llegan a la universidad y dudan”, apunta.
Preguntado por esta inquietud, Vicent Climent encuentra una primera hipótesis que apunta directamente a la preadolescencia. “Cuando eres pequeño tienes como referencia a los padres, pero después creces y amplías tu red social; comienzas a relacionarte con gente y aparecen las redes sociales. Además, la sociedad está cambiando y se está integrando el castellano, las ratios en las escuelas son muy elevadas y faltan especialistas”, detalla el sociólogo. “En esta etapa podemos ver una primera ruptura bastante evidente”, concluye.

¿Los docentes deben tener C2?
Profesores de Secundaria ha cuestionado también que los docentes deban tener el nivel C2 de catalán, el más alto de la escala del Marco Europeo Común de Referencia para las Lenguas (MERC). “Una exigencia que tal vez no sería necesaria si el C1 acreditara realmente el nivel que se supone que acredita”, opina la organización. En líneas generales, la mayoría de expertos lingüísticos avalan la medida, aunque admiten que se trata de una cuestión “política”. “Como sabemos que el C1 no garantiza competencia que nos marca el MERC, lo único que se puede hacer es pedir el único nivel que se puede acreditar de manera objetiva”, cree Esteve Valls, que no entra en la hipótesis del sindicato. “Quizás si el nivel fuera real, un profesor de inglés no tendría que tenerlo, pero, en primaria, los maestros hacen catalán y matemáticas. No se puede entrar a valorar qué pasaría si el C1 fuera real”, concluye.
Más taxativo se muestra David Paloma, que no ve “permisible” que los referentes en el aula “tengan un dominio de la lengua catalana poco referencial”. “Si consideramos la lengua de segunda, los resultados también serán de segunda”, concluye. “Los niños se hacen adolescentes y después van a las universidades sin desarrollar correctamente la lengua y el sistema acaba perpetuando esta incoherencia, porque son los mismos que acaban siendo profesores”, añade Climent. El sociólogo cree que cambiar las normas para alcanzar el C1 o para exigir el C2 a los docentes pueden ser bienvenidas, pero pide a la vez que este marco “no esconda” un sistema “con ratios altas” y una atención a los niños “que no permite atender todas las particularidades de los alumnos”.

