Eloi Vila (Sant Esteve de Palautordera, 1972) publica El silenci heretat. Històries enterrades de la Guerra Civil (Ara Llibres), un nuevo capítulo en su especialización en divulgación de memoria histórica. Aquí, el presentador de Al Cotxe! recopila algunas de las anécdotas más impactantes que ha conocido ya sea en el libro anterior o en el programa Quanta guerra!, que también presenta en TV3. El Món lo entrevista para descubrir qué ha aprendido de todo esto, qué nos queda de la Guerra Civil por dentro y cómo ha influido en la sociedad todo lo que allí se vivió.
Se ha especializado en la divulgación de la memoria histórica, pero ¿cómo ha acabado en este ámbito?
Pues un poco por casualidad, ya que no tengo una historia relacionada con la guerra o algún abuelo que muriera en el frente. Mi abuelo materno era de 1898, así que era tan mayor que no lo enviaron a la guerra, y el paterno era de 1900 así que tampoco. De ellos solo sé que uno era un campesino de viña muy anarquista y que el otro venía de una familia más conservadora. Lo primero que hice sobre este tema fue Cartes des del front, el libro que me propusieron hacer hace 15 años. Yo ya trabajaba en temas de divulgación histórica en TV3, cuando hicimos un programa titulado 300. A partir de ahí, la editorial me pidió que reconstruyera historias de la guerra a partir de cartas que enviaban los soldados. El problema es que cometimos el error garrafal de publicar mi teléfono en el anuncio del periódico en el que pedíamos que nos contaran su historia y tuvimos una avalancha.
No calcularon lo que generaría esta petición, entonces.
Efectivamente y el boom fue bestial. Todo el mundo tiene una historia relacionada con la guerra, algunas más dramáticas que otras, pero todo el mundo tiene una historia. No fue hasta entonces, sin embargo, que nos dimos cuenta de que pasaba algo y que aquí existía una necesidad. Nos estalló en la cara, recuerdo recibir más de 200 llamadas y fue imposible de gestionar.

Cada vez oímos más nietos intentando indagar qué pasó a sus abuelos cuando fueron a la Guerra Civil. ¿Por qué hasta ahora no se había hablado tan abiertamente?
El paso del tiempo siempre ayuda a que el dolor esté más amortiguado y estamos hablando de una guerra que tuvo lugar hace 90 años. Sí que vemos más gente empezando a buscar y también se hacen más trabajos de divulgación histórica. Hasta ahora lo que había era silencio de todos los que fueron a la guerra, volvieron y callaron. Ellos no quisieron explicar nada por diferentes motivos, pero ha sido ahora que los nietos nos hemos dado cuenta de que tiene que pasar algo que explique este silencio. ¿Por qué nuestros abuelos no hablan de la Guerra Civil? ¿Por qué en casa hablamos poco, emocionalmente, de las cosas que nos pasan o del dolor que sentimos? ¿Por qué tenemos esta manera de ser tan determinada? ¿Por qué solo miramos hacia adelante y no hacia atrás?
Nos encontramos con una generación a la que le cuesta hablar abiertamente de sus sentimientos, pero también de su ideología política.
Supongo que, el motivo principal, es porque ir a la guerra fue muy doloroso y es muy difícil de explicar a la gente de tu entorno lo que viviste allí. A mí me cuentan historias en el Quanta guerra! que no han contado nunca a sus familiares y me cuesta tanto de creer. ¿Cómo puede ser? Pues por culpa de la represión, de los 40 años de dictadura. A nuestros padres les han dicho que intenten pasar desapercibidos, que no levanten la voz y que tengan menos convicciones ideológicas. Les han dicho que es importante que nadie sepa lo que pensamos porque así saldremos adelante mejor. La cosa es que la gente debería poder identificarse claramente y decir que es de izquierdas, que es catalanista o de derechas. No debería pasar nada. El problema es que no hemos vivido esta normalidad democrática. Hicimos una transición tutelada por los que ganaron y la amenaza de un golpe de estado. Ante esto, pues todo el mundo retrocede y se cierra. No podemos mostrar cómo pensamos, seguramente porque se sufrió demasiado.
Los músicos de la época intentaban ocultar mensajes en las letras de sus canciones precisamente por miedo a represalias.
Sí, yo recuerdo que en mi casa sonaba La Trinca con unas letras que entendí muchos años después. O Raimon y Lluís Llach, sobre todo en el disco de Barcelona, enero 1976 donde se oía gente del público gritando “amnistía y libertad”. ¿De dónde venimos? Pues venimos de una guerra en la que los vencedores aplicaron esta terrible represión, un discurso y también un relato.

El Quanta guerra! está obteniendo audiencias muy buenas por esta necesidad que comenta de querer saber qué vivieron los abuelos?
Sí, nos hemos dado cuenta de que nuestra sociedad tiene la necesidad de saber qué vivieron nuestros abuelos. El Quanta guerra! lo hacemos con gente conocida para poder sobrevivir en el universo televisivo y que nos lo programen en un horario de máxima audiencia, pero nos sirve para ver que miles de personas tienen interés.
¿Se podría hacer un Quanta guerra! con personas anónimas?
Claro que sí, se podría hacer con anónimos porque hay cientos de miles de historias. He oído tantas situaciones dramáticas que se me ha hecho la piel dura, pero hay determinadas situaciones que te cuentan que te acaban afectando. Por ejemplo, una de las historias que cuento en el libro con el Sisquet a quien obligaron a quemar pilas de cuerpos putrefactos. Me decía que había vivido todos estos años con el dolor de haber tenido que quemar cadáveres sin haberlo contado a nadie, tampoco en casa. Un hombre de 100 años al que enviaron a la guerra con 21 años y que se había pasado 80 años sufriendo esta herida en silencio… una herida que ha sangrado 80 años.
¿Qué le aporta la escritura que no le aporta la televisión?
La escritura es mi herramienta principal de todo lo que he hecho. De hecho, comencé en la prensa escrita y escribo guiones constantemente. Creo que la escritura te da la capacidad de reflexionar al mismo tiempo que escribes. Y me gusta que tiene un tempo muy diferente al de la televisión o el radiofónico.

Una de las historias le toca de cerca, ya que explica qué vivió en la Guerra el abuelo de su pareja.
Sí, esta es una historia muy potente que la cuento porque es un ejemplo de silencio. Él era un artista y humorista gráfico extraordinario que se marcha de voluntario a la guerra con Pere Calders, que era su cuñado. Eran dos antifascistas que compartían inquietudes artísticas e ideológicas. En Teruel hicieron de cartógrafos y acabaron cruzando la frontera por el Ripollés, los acogieron en un castillo francés con un grupo de intelectuales catalanes… y toda una serie de cosas que le pedí que me explicara un montón de veces, sin que nunca quisiera hacerlo.
Tantas y tantas historias calladas, entonces.
Sí, como también resulta curioso que resulta difícil encontrar a alguien que te confiese haber disparado una pistola durante la Guerra Civil. Si nadie disparó un tiro, ¿cómo hubo guerra? Imagino que es muy difícil asumir que has disparado y que no sabes dónde ha ido esa bala, que quizás has matado a alguien y tendrás que convivir toda la vida con que te han obligado a hacer una cosa así.
¿Cuesta encontrar documentos oficiales que expliquen qué fue de tu abuelo?
Aún hay mucha documentación desaparecida y mucha incompleta. Sí que el acceso a los archivos es público, pero tienes que dar tantas vueltas para intentar encontrar algo… En Salamanca puedes encontrar mucha información, pero en una carpeta sobre tu abuelo puedes encontrar documentación muy rando sobre él desde el carnet de socio de la Unión Deportiva Sants al formulario de afiliación a un sindicato. Los franquistas lo confiscaron todo… pero cualquier documento te puede servir como punto de partida para la investigación. Debes ir haciendo deducciones e interpretaciones para poder reconstruir la historia.

Las leyes de memoria democrática son autonómicas, pero hay un marco estatal. ¿Cómo está el tema ante un posible cambio de gobierno en las próximas elecciones?
Lo que está sucediendo ahora es que determinadas opciones políticas derogan algunas de estas leyes de memoria histórica y esto es muy grave, porque dejas sin marco legal para hacer una investigación de desaparecidos, para abrir fosas, para dignificar víctimas o para retirar la simbología franquista… Y la cosa es que ya vamos muy tarde. Una asociación de víctimas decía el otro día que, si continuamos a la misma velocidad, tardaremos 400 años en poder desenterrar todos los cuerpos. Me pareció bestial. Es muy impactante que no sepamos cuántos desaparecidos tenemos, tampoco, porque la horquilla de datos es muy amplia. Los historiadores hablan de que hay entre 114.000 y 140.000 desaparecidos, ¿cómo pueden variar 30.000 hombres?
¿Es un proceso muy lento porque hay desconocimiento, también?
Sí y porque no hay dinero o, mejor dicho, no hay la voluntad de poner suficiente dinero para llevarlo adelante. Además, no podemos olvidar que hay determinadas opciones políticas que no tienen ganas de hacer memoria.
¿Vale la pena hurgar en la herida del mal que experimentamos como sociedad?
Sí, vale la pena hurgar porque, así, colectivamente podamos romper esta normalidad. Es clave hacerlo porque esto será un símbolo de normalidad democrática, la que aún estamos muy lejos de conseguir. La Guerra Civil nos ha marcado totalmente, la Guerra Civil ha hecho que seamos como somos y los nietos de aquellos soldados también arrastramos las heridas de la Guerra Civil. De hecho, hay psicólogos que están estudiando esta transmisión del trauma. Una guerra es un trauma que se transmite de generación en generación.

Muchos jóvenes no tienen ni idea de qué pasó y acaban exaltando cosas que quizás no deberían exaltar.
Hay una parte que sí y una parte que no, no es justo meter a los jóvenes en el mismo saco. De hecho, las audiencias del Quanta guerra! nos demuestran que tenemos muchos telespectadores de entre 16 y 24 años. Esto te desmonta que a los jóvenes no les interesa la guerra, aunque sí es verdad que el desconocimiento lleva a la banalización del franquismo, del fascismo y del nazismo. Y también es cierto que uno de los síntomas de todo esto es que este nunca ha sido un temario potente en la historia. La Guerra Civil nunca ha sido uno de los temarios que entra, por ejemplo, en la selectividad. Ahora es cierto que me encuentro con bastantes profesores que me piden ir a ofrecer charlas a sus alumnos y se quedan todos embelesados.
¿Cómo recordamos los catalanes la Guerra Civil? ¿Diferente del resto de España?
Yo creo que el recuerdo es igual, como un recuerdo doloroso y con el recuerdo personal de cada una de las historias. Creo que sigue costando mucho hablar de ello porque hay una complejidad muy potente aquí. La violencia revolucionaria también hizo mucho daño y se mató a gente simplemente por ser propietarios de un pequeño taller o simplemente por el hecho de ir a misa. Lo que sí es que en Cataluña ha habido un desacomplejamiento para hablar de ello, para hacer trabajos, para trabajarlo, para publicar muchas cosas, para hacer programas de televisión en una televisión pública…
Ahora TVE ha adquirido los derechos para emitir el Quanta guerra!, por eso, así que los telespectadores españoles también podrán verlo.
Sí, han comprado los derechos muchos años después de que nos dijeran que también estaban interesados en Trinxeres. En aquel momento nos dijeron que no lo harían, al final, quizás no estaban preparados para asumir esta mirada. En Cataluña estamos más desacomplejados con la voluntad de desenterrar qué pasó, es indudable.

Contento en TV3, entonces, con un programa tras otro?
Estoy contento de que la televisión apueste por hacer un programa de estas características, sobre todo porque es un programa que se salta todos los plazos de producción habituales. Nosotros tenemos que dedicar mucho tiempo a pensar qué historia trataremos, dónde buscaremos los documentos oficiales que la acrediten, cuándo la iremos a grabar… La parte previa es compleja y acumulamos muchos fracasos porque no podemos acreditar todas las historias. Haciendo números te podría decir que solo una de cada tres historias que investigamos es de éxito, dos son fracasos. Te puedo decir que nosotros, por ejemplo, fracasamos en un 66%… pues imagina a la gente que intenta buscar la historia de su abuelo desde casa.
Y se dice poco, pero Al cotxe! arranca su décimo año en antena, lo cual es muy complicado en la parrilla actual.
¡Vaya, eh? Creo que triunfa porque es muy sencillo y honesto, que no tiene más pretensiones que tener una conversación para hablar de la vida y de cómo van las cosas, de qué es el éxito, el fracaso, el hecho de ser padre, el hecho de ser abuelo o abuela, las cosas normales de la vida. Además, que también es rentable porque es un programa barato. Yo intento escuchar y tratar a todos por igual. No llevo ningún guion y no sé a dónde iremos a parar, lo único que intento es no preguntar temas delicados directamente porque creo que el respeto es básico. No me canso porque cada conversación es un mundo y diferente.

