En otoño de 2017, el poeta Mario Obrero (Madrid, 2003) vivía en Getafe. En esa ciudad madrileña, como en muchas otras localidades españolas, se popularizó un grito: «A por ellos«. Era el clamor con el que se despedía a los agentes del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) y la Guardia Civil que debían desplazarse a Cataluña para intentar evitar el referéndum del 1 de octubre. Con «ellos«, evidentemente se referían a la población catalana. Esto sorprendió enormemente al joven, que no terminaba de entender la situación.
«Yo en Cataluña solo había estado una vez, en cinco años. Entonces me sorprendió mucho aquello del ‘A por ellos‘, cuando yo no sabía quiénes éramos vosotros. Y, al comenzar a ver quiénes eran ellos y ellas, me di cuenta de que eran personas como Lluís Companys, Mercè Rodoreda o Maria Mercè Marçal, estaban mucho más cerca de mi identidad, de quién era yo y de lo que represento, que ningún tipo de identidad impuesta», asegura. Así lo ha explicado el joven este martes en una entrevista a El Matí de Catalunya Ràdio, donde ha situado este episodio como uno de los momentos clave que lo llevó a interesarse por aprender la lengua catalana. «Tuvo mucho que ver […] Fue a raíz del Proceso, de la votación y sobre todo de la violencia», remarca.
Comprensión ante el «cansancio y enfado» de los catalanoparlantes
En esta misma entrevista, Obrero considera que el españolismo «hace daño en todas partes, no solo en Cataluña o en cualquier nación oprimida». El poeta madrileño también reflexiona sobre el hecho de mantener el catalán y el «cansancio, la fatiga y el enfado» ante situaciones cotidianas en las que se impone el castellano como puede ser pedir un café con leche en una cafetería o establecimiento cualquiera.

