• Barcelona
  • Girona
  • Lleida
  • Tarragona
  • Tortosa
  • Mataró
  • Vic
  • Vilafranca del Penedès
  • Vilanova i la Geltrú
  • La Seu d'Urgell
  • Puigcerdà
  • Figueres
  • Gandesa
  • L'Hospitalet de Llobregat
  • Sant Carles de la Ràpita
  • Sant Cugat del Vallès
  • Terrassa
  • Sabadell
  • Granollers

Hace cuatro años, Jordi Centelles era un hombre del presente. Barcelonés establecido en Sant Pau de Segúries (Garrotxa), atravesaba el Pirineo en bicicleta y trabajaba en el universo Excel. En febrero de 2023 le picaron dos garrapatas de patas negras. Antes había pocas, porque este parásito se mueve, sobre todo, en el clima atlántico. Ahora, como tantas otras especies, se ha adaptado al Mediterráneo y cada día hay más. Especies invasivas, las llaman.

La picadura de esta garrapata puede infectar a los humanos con la bacteria Borrelia burgdorferi. Si la víctima reacciona a tiempo, algunos días de antibiótico resuelven el problema. Si no lo hace, se abre el infierno. El infierno que ha sufrido Jordi Centelles. Él mismo lo describe: fatiga y dolores generalizados intensos, continuos e incapacitantes, en articulaciones, musculatura y sistema nervioso; inflamación de varios órganos vitales y cerebro; espasmos, pinchazos nerviosos, temblores y punzadas aleatorias por todo el cuerpo; migrañas, niebla mental, mareos, acúfenos, ahogos, apneas, problemas digestivos, insomnio, sensibilidad y dolor en encías y dientes, inflamación de la lengua, herpes bucal y ocular, pérdida de visión y de fuerza; grandes dificultades de concentración, para mantener una conversación, leer o seguir una película. Necesidad de silencio y tranquilidad…

Jordi Centelles ha luchado mucho para superar los efectos físicos de la Borrelia. Está saliendo adelante. Ahora tiene que afrontar las consecuencias psíquicas. Afirma, contra pronóstico médico, que las revertirá: “Yo digo a los médicos que me curaré y que ellos aún no lo saben”. Antes trabajaba en Excels y ahora aprende a sumar. Y dice que quiere publicar un libro como manual de uso para humanos. Cosas que no se deben hacer. Centelles ha aprendido un montón.

Usted era como un atleta. Hizo en bicicleta los Pirineos…
Me gusta bastante hacer ejercicio. Me gustaba y me gusta. Es algo que siempre me ha ayudado mucho a mantener un equilibrio. En 2021 llevaba años queriendo hacer la travesía de los Pirineos, pero nunca se me había presentado la oportunidad. Ese año mi pareja me dijo: “Venga, si la quieres hacer, yo te ayudo”. Ella me seguía con el vehículo. Yo iba solo con la bici. Me esperaba en cada etapa en la autocaravana para dormir, comer y todo eso. La hice. A la ida todo fue superbién, no tuve ningún problema. Quería hacerla en 18 días y finalmente solo me llevó 12. Hice unos 1.000 kilómetros y 25.000 de desnivel. Por montaña, en solitario. Estoy muy contento. Y al llegar quería volver también en bicicleta. Le comenté a mi pareja: “Me siento tan bien, que hago la vuelta en bicicleta”. Pero al final no lo hice y me supo muy mal. [Ríe]. Por todo lo que me ha pasado después.

¿Qué le pasó exactamente después?
Cuando salgo a hacer deporte me apunto todo. Y es fácil recordarlo. Era un día que yo estaba en Olot y fui a correr por los alrededores. Una zona de montaña, con volcanes. Hice una vuelta de unos diez kilómetros. Al llegar a casa, aquí, en la ingle, tenía como dos puntitos. Más pequeños que un lunar. No les di importancia, aunque me pareció raro. Al día siguiente me lo miro y me doy cuenta de que se han movido. Eran dos garrapatas. [Ríe]. Muy pequeñas. Aquí puestas. Las saqué y nada.

¿Cómo las sacó?
Con los dedos. Todo un manual de las cosas que no se deben hacer, pues, yo las hice. Ahora sé que no se deben hacer así… Las saqué y no me dejaron marca ni nada. No lo relacioné, pero empecé a sentirme mal. “¡Ostras!”. Era febrero de 2023. Mucho calor, como fiebre… “Que tenga calor porque he ido a hacer una actividad, sí –pensé–, pero de normal… En febrero no hace calor”. Cansado, aplastado, como dolorido… Fui a la doctora de cabecera. Le comenté que estaba muy aplastado… “Me han picado dos garrapatas, no sé si esto puede tener algo que ver…”. Me hizo una analítica normal. Lo miró todo y me dijo que lo veía todo correcto. Pensé: “Pues, tira, quizás es que me encuentro unos días mal y ya está”. Sigo adelante, pero veo que algo falla. Cuando estás acostumbrado a hacer una actividad sobre todo física sabes más o menos el día que estás bien, el día que no estás bien, el día que puedes hacer algo más… Ya sabes regularte. Yo veía que quería hacer cosas de cabeza, pero que el cuerpo no me seguía.

Llega agosto, el día 2, y salgo a dar una vuelta por carretera por el Ripollès. Y en el Coll de Canes, mientras me hacía una foto, se me subió otra garrapata y me picó. Llego a casa. Me ducho y tal, pero no la vi. Al día siguiente la vi y me la saqué. Me subí a una escalera y mi pareja me dijo: “¡Ay! Tienes aquí como un círculo, como una diana. ¿Qué es eso?”. “No lo sé. Me he sacado una garrapata, pero no lo sé. Quizás es de la picadura misma”. Era como una diana. Es un círculo rojo con un punto en el centro.

Era el día 2 de agosto del 23. Tercera garrapata. Al día siguiente me salió un herpes en el ojo. A mí me salen cuando me bajan las defensas. “¡Qué raro!”. A partir de ahí todo fue mal. Pasé todo el mes de agosto con muchísimo calor. Y en noviembre me contagié de covid. Me había puesto dos vacunas y en principio debía ser leve, pero no podía caminar cinco metros seguidos. Me ahogaba. Fuimos a urgencias y me dijeron que era una bronquitis grave, que me había afectado los pulmones.

En ese momento no lo relacionó con las picaduras?
Las picaduras la agravaron. Cuando me hicieron el diagnóstico final, a mediados de 2025, lo vieron. Son enfermedades que llaman del sistema central. No se ven, son invisibles, no son fáciles de encontrar porque no aparecen en una analítica. Con el covid, te hacen un test y sale positivo o negativo. Pero si ya es persistente, no das positivo. Son más las sensaciones que tú explicas, de dolores, y los médicos tienen que deducir si cuadra mucho o no con un tipo de paciente que la tiene.

«Cuando me picó la tercera garrapata empecé a buscar…» /Barcelona/ Anna Munujos

¿Usted en ese momento pensó, pues, que tenía covid persistente?
No. Sabía que tenía covid, pero no pensé que era persistente, porque el dolor me venía de antes. Yo empecé a notar cosas en febrero y eso ya era noviembre. Cuando me picó la tercera, la del círculo, empecé a buscar…

Eso que tampoco se debe hacer…
¡Sí! [Ríe]. Pero bueno, tenía inquietud por saber un poco qué pasaba. Yo estudié primero de medicina, no lo terminé, pero es un tema que me gusta mucho. Empecé a buscar un poco con los conocimientos que tenía, con los libros que tenía, pero no me salía.

La persona que más me abrió los ojos fue Laia Sanz, la motorista. Motorista y de todo, porque es una bestia. Yo veía en videos que ella explicaba que había tenido una enfermedad, que se llamaba Lyme, porque le había picado una garrapata. Y que no se podía vestir, no se podía mover, no podía hacer ejercicio… Explicaba toda una serie de problemas que se relacionaban mucho con mi caso. “¡Ostras! ¡Esto es lo que me está pasando a mí!”. Porque después también empezaron los problemas de memoria. Mi pareja me decía algo y yo le preguntaba. “Jordi, acabamos de hablar esto”… “¿Sí? ¿Lo acabamos de hablar?” Y es claro, te asustas. Te asustas porque dices: “¡Uf! ¡No me acuerdo!” .

¿Pidió la baja?
Yo soy autónomo, trabajador autónomo. Eso de la baja, ni te lo planteas. Entonces daba formación a empresas de informática. Sobre todo, de Excel. Me gustaba mucho y se me daba un poco bien. Me llamaban mucho para dar clases. Hacía el trabajo, todo lo que podía, pero después llegaba a casa y ya no podía hacer nada. El fin de semana, que antes era salir en bicicleta, coger la autocaravana e ir a dar vueltas, pues ya no… Llegaba el viernes, me sentaba en el sofá y me quedaba allí. Mi pareja me pedía: “¿No tienes ganas de salir?”. “Tengo muchas, pero no puedo”. Ella insistía: “¿Qué quieres decir que no puedes? Yo te veo bien”. Yo también me veía bien. No es que tuviera el cuerpo hinchado o algo así, pero veía que no tenía energía. Es como cuando un día te sientes muy cansado por la actividad que sea, por trabajo o por una excursión. Llegas a casa y estás tan cansado, que no quieres ni cenar. Te vas directamente a la cama. Pues, imagina que esa noche duermes cinco minutos, te despiertas y empieza el día siguiente. Y así cada día. Al final te vas arrastrando.

Por mi carácter, yo me iba diciendo: “No tienes nada, estás bien, venga, ánimo”. Me habían dicho que estaba bien, que las analíticas eran correctas. “Has pasado el covid, pero ya está”. Me habían dicho también: “Eso es tuyo. ¿Quieres decir que no tendrías que ir al psicólogo? ¿Quieres decir que no es una depresión?”.

¿Eso se lo dijo también la médico de cabecera?
Sí. “Quizás es una depresión”. Pero yo le había contestado: “Yo tengo ganas de hacer cosas, pero no puedo”. Llega finales del 24, vuelvo a ir en noviembre y le digo: “Estoy peor que la última vez, pero bastante peor. He visto que hay una enfermedad que se llama Lyme, relacionada con las garrapatas, he pasado el covid… No sé si tiene algo que ver, pero la sensación es de dolor, de cansancio y de niebla mental”. En ese momento incluso cuando hablaba con los amigos me decían: “¿Qué te pasa?”. No he bebido nunca, no sé qué es estar borracho, pero salía a correr y me decía: “Correré diez kilómetros y el primero lo haré caminando para calentar”. Al final, hacía este kilómetro caminando y volvía a casa. No podía hacer más.

¿Cuándo le empiezan a dar otros diagnósticos?
A finales de noviembre la doctora de cabecera me hace varias pruebas y me dice que está todo bien. En todo caso, me dice que vaya al psicólogo, porque puede ser que sea una depresión. Por Navidad, en diciembre del 24, ya no puedo llegar del sofá a la mesa. O sea, yo veo la mesa y llego, llego, llego, y me siento en la mesa del comedor para llegar después a la habitación. Y, claro, me digo: “Esto no puede ser, aquí pasa algo”. Y empezamos a ir a otros médicos. Vamos a clínicas privadas, vamos al hospital de Olot. En el hospital de Olot un médico que conocía, que había sido profesor mío, me dice: “¿Qué te pasa, Jordi?”. “Estoy muy cansado, tengo dolor en todas las articulaciones, tengo pinchazos, tengo punzadas… No lo sé. Algo raro me pasa y no sé si tiene algo que ver con esto del Lyme. ¿Has oído hablar?”. “Bueno, un poco, sí. Vamos a mirarlo”.
Eso era febrero del 25. Vamos a mirarlo y sale positivo como una casa de campo. Entre otras cosas. Sale positivo de Lyme, sale positivo de Epstein-Barr, que es el virus de la mononucleosis, sale el covid persistente… En total, así de memoria, salen al menos ocho cosas positivas que no deberían estar, entre virus y bacterias. Una de las doctoras que me vio, a comienzos de enero, que me hizo muchas analíticas me dijo una cosa… Mi obsesión al principio era preguntarle: “¿Pero cuándo podré trabajar?, porque, claro, yo soy autónomo y dentro de quince días tengo que empezar a dar clases?”. Me respondió: “Jordi, olvídate de todo. De todo. Tu prioridad ha cambiado en esta vida. Ahora tienes otra”. Me quedé… “¡Ostras! Esto es serio”…

¿Todo esto fue provocado por el mismo virus inoculado por la garrapata?
De entrada te pica una garrapata. Es una garrapata muy pequeña. De hecho, ahora tenemos una plaga. Sale en las noticias que hay por todas partes. Muchos amigos de Sitges, de Banyoles, de Olot… me dicen: “Jordi, hemos visto garrapatas, hemos visto garrapatas!”. [Sonríe]. Cuando te pica esta garrapata lleva una bacteria que se llama Borrelia. Pero normalmente no va sola. Cuando entra en el cuerpo si tú ves la roncha, vas al médico y el médico sabe qué tiene que hacer, te dan cinco o diez días de antibiótico y se acabó. Pero, si eso no se hace, la Borrelia se va expandiendo por todo el cuerpo. La Borrelia, a diferencia de muchas otras bacterias, tiene forma de espiral para meterse en todas partes. Te inunda el cuerpo. Puede ir al corazón, puede ir al cerebro, puede ir a todos los órganos, a todas partes…

«Cuando hablé con Laia Sanz tuve la sensación de que alguien finalmente me entendía» / Anna Munujos

¿Qué pasa si no la combates rápido?
Cuanto más tiempo pasa, peor. Me costó, pero cuando conseguí hablar con Laia Sanz, cuando a ella le llegó la noticia de que había un chico que tenía esto, me dijo: “Cuando quieras hablamos, te explico, lo que sea…”. Fue la primera sensación después desde el año 23 –hablamos de mediados del 25– que hablé con alguien que me pareció que me entendía. Todo lo que me iba explicando lo compartíamos. Me indicó una doctora que la había tratado y me ayudó mucho.

Si la garrapata o la Borrelia la pillas al principio, al cabo de pocos días o semanas, aún estás a tiempo, pero, claro, cuando han pasado más de dos años, la cosa se complica. Porque la Borrelia lo que quiere es mucha gente en la fiesta. Mucha gente. Ella prepara la fiesta y invita a todos sus amigos. Entonces, todos los que van llegando disfrutan muchísimo de esa fiesta. Es una enfermedad que llaman la gran imitadora, porque cuando tienes esta bacteria el cuerpo la detecta y empieza a crear anticuerpos para ir en contra, pero, cuando el cuerpo ya está preparado para atacar, ella se transforma, se cambia de vestido. Y entonces los anticuerpos se quedan diciendo: “¡Ostras! ¿Qué pasa aquí? Aquí había algo y ahora ya no está”. Va cambiando constantemente y eso hace que tus defensas se queden anuladas totalmente. Toda tu energía se gasta en preparar tu cuerpo para defenderse contra algo que no encuentra cuando llega. Entonces, todo lo que vas cogiendo, herpes, mononucleosis, covid… todo se queda ahí. Y entonces se hace una gran fiesta. [Ríe].

Si me hubieran tratado con antibióticos a tiempo, se habría evitado toda la cruz.
Sí. Yo conozco, por ejemplo, una médica que ha tenido dos veces la Lyme y las dos veces ha sido igual: picadura, medicación, cinco o diez días de antibiótico, pastilla –y además, es un medicamento que es barato– y ya está. La medicación no te hace inmune. No es que te piquen, pases el Lyme y ya está. No. Me ha picado una garrapata y si me vuelven a picar, puedo volver a cogerlo. Pero si te medicas y esto se coge a tiempo, no hay problema…

¿Hay vacunación contra el Lyme?
No. Si te tomas el antibiótico a tiempo, queda allí aparcado y ya está.

¿Conoces más gente como usted que haya llegado tan lejos en el deterioro?
Sí. A finales del 24 dejé de andar en bicicleta porque no podía sostenerla. Caí con la moto, dentro del parking, moviéndola, porque no podía sostenerla. Dejé de conducir coche. Tenía como una nube. Yo siempre había hecho gimnasio cada mañana y estiramientos cada noche, porque eso me ayudaba mucho a estar bien. Ya no podía ser, porque tenía mucho dolor y no lo entendía. Dejé de hacer todo eso. Entonces empecé a buscar información y pude hablar con varias personas que tenían esta enfermedad o que la habían tenido. Y me dieron consejos: “Yo hice esto, yo hice aquello otro, yo fui allí…”. Y empecé a probar.

¿Ahora cómo se encuentra?
Físicamente, estoy mejor, pero, neurológicamente, estoy peor. Antes te comentaba que yo daba clases de informática. Una de las cosas que más me gustaba era Excel. Ahora estoy en un programa del Instituto Guttmann que tiene un año de duración, tres días a la semana por internet, y estoy aprendiendo a sumar. Sumar quiero decir cinco más dos, tres más ocho y te digo los números, pero no me preguntes más, porque a veces los amigos se ríen: “¿Pero esto es en serio?”. “¿Qué te piensas, que estoy así por placer?”. Lo que pasa es que yo siempre me reiré, porque solo faltaría…

¿Tiene posibilidades, más adelante, de recuperarse del todo?
En cuanto a la Seguridad Social, más allá del Lyme, estoy diagnosticado de fibromialgia, fatiga crónica y covid persistente. Con una afectación neurológica importante, que no es degenerativa, pero que intentamos recuperar. Ahora, por ejemplo, esto que hacemos hoy, si lo hubiéramos intentado hacer en febrero, habría sido imposible, porque yo en febrero estaba así. [Levanta la cabeza y pierde la mirada en un punto infinito]. Subía al coche, miraba por la ventana, llegábamos y me decían: “Muy bien. Ahora entramos a ver a este médico, ahora vamos aquí, ahora vamos allá”… Entonces conocimos a una neuróloga del hospital de Olot que me ha ayudado muchísimo y que me metió en un programa del Instituto Guttmann. Aparte de esto, también estamos en un estudio que están haciendo con drones. Veo una información en la pantalla y tengo que hacer unos movimientos, y el dron hace los mismos que hago yo. Esto me ayuda bastante.

Pero a nivel de fatiga crónica, fibromialgia, covid persistente, según la Seguridad Social, estas son enfermedades que no tienen cura ni tratamiento. Ya está. No tengo una siguiente visita para ver qué. No. Ya está. Estás aquí, debes intentar hacer un poco de ejercicio, pero sin pasarse, porque te cansas. Estas enfermedades lo que hacen es que, si nuestro umbral de dolor o de cansancio es este, te lo elevan. En lugar de tener una botella de litro y medio para pasar todo el día, tienes un dedal. Cuando te tomas el dedal a las diez de la mañana, te quedas sin. Pero alternativamente…

De un lado, los médicos me dicen: “No te frustres, Jordi. No hay soluciones para estas enfermedades. No busques cosas donde no hay”. Pero, por otro lado, claro, quedarme sentado en una silla el resto de mi vida, con 52 años, aunque me pueda frustrar, no lo haré. Estoy buscando soluciones. Soluciones relacionadas con un programa de ejercicio, con fisios y todo eso, que miramos cómo podemos regular para ir haciendo cosas. Yo el año pasado a estas alturas no podía levantar los brazos más de aquí [los levanta un poco]. Y me dijeron: “Eso es la enfermedad”. Pero fui a un fisio y me comentó: “Quizás es la enfermedad o quizás no. Vamos a mirarlo”. De repente pude levantar los brazos del todo, pude ir a la piscina, pude ir a hacer gimnasio, he comenzado a caminar… A finales de año andaba en bicicleta…

Por lo tanto, usted cree que puede revertirlo.
Es que no tengo otra opción. Si no lo hago así, estaría en la cama. Cuando veo videos de personas con Lyme que están en la cama, acostados, comiendo por vena, me digo a mí mismo que yo no quiero eso para mí. En junio del año pasado en el Clínic un doctor bastante importante, no un curandero, me dijo: “Si no te mueves, te puedes quedar en silla de ruedas”. ¿Tengo dolores? Sí. ¿Tengo cansancio? Sí. Pero no tengo opción. O me muevo o voy a peor. Entonces, tengo que esforzarme.

¿Está contento del trato que ha recibido de la sanidad pública?
En cuanto al sistema público, obviamente, lo que más me ha dolido es que la médica de cabecera durante dos años no me escuchó. Yo le decía: “No estoy bien”. Antes de entrar a una consulta médica siempre pensaba: “Yo soy autónomo y hago un trabajo que me encanta. Me lo paso muy bien. Y tengo suficiente para vivir, no tengo problemas… Tengo una vida feliz”. Siempre lo primero que me decían es que tenía una depresión, por problemas de trabajo o… “No, no, no. Tengo bien el trabajo y no tengo depresión, pero algo me pasa”. Si hubiera habido el conocimiento de la enfermedad, con cinco días de antibióticos no me habría pasado todo lo que me ha pasado.

Después cuando llego al Hospital de Olot o al Clínic, hospitales públicos, me han tratado muy bien, porque me han ayudado muchísimo. Pero, claro, partiendo de la base de que, si aquello no hubiera pasado, nos lo habríamos ahorrado todo.

¿Le ha salido cara la broma?
Llevo de baja desde enero del 25. Mi baja son unos 700 euros al mes. He vendido el coche. Teníamos también una casa en Olot que vendimos. Teníamos una autocaravana que tuvimos que vender… Y ahora estamos subsistiendo porque a mí cualquier día de estos me llamarán del tribunal médico y los mismos médicos que me han diagnosticado me dicen que seguramente me darán el alta.

¿El alta?
¡Sí!

No lo entiendo.
Son temas diferentes. Una cosa es la salud y otra, la economía.

«No creo que me prorroguen la baja» / Anna Munujos

¿Usted ahora no puede de ninguna manera hacer el trabajo que hacía antes, no?
Yo estuve un año de baja. En noviembre del 25 fui al tribunal médico y me dieron una prórroga de seis meses, hasta este junio. Cualquier día de estos me llamarán y… No lo sé, pero los médicos me dicen que es bastante improbable que no me den el alta. Hay muchísima gente en el mismo caso. Todo esto me lleva un poco de cabeza, porque son temas que yo desconocía. Hay un tribunal médico que dice si tú eres válido para trabajar y después están los que miran si puedes hacer una vida normal, aparte del trabajo. Ahora, recientemente, hace un mes y medio, fui al Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas para que me valoraran si yo podía hacer una vida normal. Ellos han encontrado que sí. El mínimo para tener una incapacidad es del 33 por ciento. A partir del 33 en adelante te van dando ayudas… Creo que no te dan dinero… Yo, de hecho, no quiero dinero. Yo quiero estar bien.

Pero, si no está bien, al menos que le den la incapacidad.
Ya veremos. Ya veremos qué me dicen. De momento, en el ICAM lo que me han dicho es que yo estoy bien para hacer vida normal. El 20 % que me han dado no llega al 33%. Entonces no puedes recibir ayudas de ningún tipo. Ayudas quiero decir descuentos del impuesto de la renta o que te ponen una rampa para subir a casa… Cosas de esas.

¿Y cómo vivirá?
Vivo prácticamente de mi mujer, porque con 700 euros… Somos los dos autónomos. No hemos tenido ninguna herencia ni nos ha tocado nunca la lotería ni nada. Es con el trabajo que hemos salido adelante. No tenemos hijos. Teníamos una casa en Olot que para nosotros era la jubilación. Ya no está. [Ríe].

«Si aquella señora hubiera tenido el conocimiento para darme cinco días de antibióticos, todo esto nos lo habríamos ahorrado» / Anna Munujos

¿Qué recomendaría para que a otro no le pase lo que le ha pasado a usted?
Sobre todo, que cuenten con lo que pueden hacer por ellos mismos. Llevo toda la vida pagando a la Seguridad Social y confiando en un sistema que ahora me ha hecho sentirme abandonado. No por parte de los médicos, eh? A pesar del error de la doctora que me diagnosticó. Es curioso. Ella me dijo: “Jordi, tendrás que esforzarte más si te cansas”. Y realmente [ríe] tenía razón. Es curioso porque ahora lo que he hecho es esforzarme.

Esto es como decirle a un tuberculoso que se tiene que esforzar más para respirar. Lo haré, sí, pero primeramente usted deme el tratamiento adecuado…
Si esa señora hubiera tenido el conocimiento para darme cinco días de antibiótico, todo esto nos lo habríamos ahorrado. No solo yo, sino también el sistema, porque ahora es un problema.

Y en cuanto a las picaduras de garrapata, ¿qué se debe hacer?
Los dermatólogos sí que son especialistas en determinar qué se debe hacer. Si tú vas a un dermatólogo y le dices que te ha picado una garrapata, él ya sabe qué hacer. Él sí que lo tiene clarísimo, porque es una enfermedad que tienen muy clara. En cambio, los médicos de cabecera muchas veces no están al tanto.

Eso es el quid de la cuestión.
Por ejemplo. ¿Cómo algo tan pequeño puede hacer un daño tan grande? Yo era profesor de informática y ahora estoy aprendiendo a sumar. Hice el Pirineo en doce días en bicicleta y a veces tengo problemas para caminar cinco metros. Hace un año yo hacía en media hora 300 metros en la cinta de caminar, agarrado porque no podía. Después de media hora caminando caía en el sofá de cualquier manera. Donde caía me encontraba mi mujer cuatro horas después cuando llegaba de trabajar, porque no me podía mover. Es muy difícil detectar una enfermedad que cambia constantemente. Hay personas a las que les picó una garrapata hace diez años y les sale la enfermedad ahora. Si su sistema inmunológico está bien, la Borrelia se queda escondida, esperando el momento, y después sale. ¿Cómo relacionas tú que una garrapata que te picó hace diez años y que tú no viste te ha provocado esto? Si la enfermedad que tienes es dolor en los huesos, en las articulaciones, dolor de cabeza, esto te resta salud, te puede deprimir y te diagnostican fatiga crónica o fibromialgia. Hay muchísima gente diagnosticada de estas dos enfermedades tomando antidepresivos que no tienen ni una cosa ni la otra. Dicho todo esto, yo digo a los médicos que me curaré y que ellos aún no lo saben. [Ríe].

Comparte

Icona de pantalla completa