L'escapadeta
Jesús Vázquez, sobre A Coruña: «Todavía recuerdo ese olor particular a mar» que lo conecta a Galicia

La memoria es un mapa impreciso pero poderoso. Hay olores, texturas, sonidos que se graban a fuego y que, años después, son capaces de transportarnos en un instante al pasado. Es una magia que no entendemos del todo.

Pero cuando una figura pública, alguien que creemos conocer bien, nos revela uno de estos secretos íntimos, el interés se dispara. Todos quieren saber cuál es ese lugar que ha marcado para siempre una vida. Y lo que ha confesado él es pura dopamina informativa.

La revelación de una conexión que te cambiará la mirada

El presentador Jesús Vázquez, un rostro familiar para todos nosotros, ha abierto su corazón. Y su conexión más profunda, aquella que lo lleva a la infancia y a los veranos, es con una ciudad gallega que respira Atlántico por todos los poros.

Se trata de A Coruña. Él mismo recuperó una foto antigua y escribió: «Todavía recuerdo ese olor particular a mar». No es una anécdota cualquiera. Es la prueba de un lazo irrompible con su tierra, una experiencia sensorial que lo define.

Estas sensaciones son las que buscamos, las que nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos. A Coruña lo consigue.

Esta confesión nos lleva a preguntarnos: ¿qué tiene exactamente esta ciudad para generar una huella emocional tan profunda? ¿Qué la hace diferente? La solución la encontramos en su mismo ADN.

El secreto de A Coruña: una arquitectura de sensaciones

Imagina una ciudad donde el mar no es un decorado, sino su corazón palpitante. En A Coruña, su ubicación sobre una península que se adentra en el Atlántico, convierte el litoral en su gran protagonista. No hablamos solo de un lugar de playa, no. Es mucho más.

Aquí, el patrimonio, la naturaleza salvaje, una gastronomía que hace salivar y una vida urbana vibrante se condensan en un territorio sorprendentemente pequeño. (Sí, es un truco de magia urbanística que desafía la lógica).

Basta con recorrer su paseo marítimo, uno de los más largos de Europa, para darse cuenta de cómo las zonas verdes, las playas de arena y los edificios históricos conviven en una armonía perfecta frente al océano. ¿El resultado? Una ciudad dinámica, sí, pero también increíblemente pausada. Una auténtica joya que se transforma con la luz, las mareas y el estado del Atlántico.

Playas que definen el paraíso urbano

Uno de los grandes atractivos de esta ciudad es la posibilidad de disfrutar de grandes arenales sin tener que salir del centro urbano. Las playas de Riazor y Orzán son un símbolo inconfundible de A Coruña.

Separadas por una pequeña zona rocosa, se extienden frente a la ciudad, convirtiéndose en el punto de encuentro definitivo durante los meses de verano. Permiten combinar un día de sol y baño con un paseo por las zonas más animadas.

Pero cuando llega el otoño y el invierno, el paisaje cambia radicalmente. El viento, las olas poderosas y el sonido del océano se convierten en los verdaderos protagonistas. Es entonces cuando A Coruña muestra su cara más auténtica, más feroz y, para muchos, más bella.

No olvides la playa de Matadero, más pequeña y recogida, situada justo al lado de la de Orzán. Es un rincón secreto que vale la pena descubrir antes de que se haga demasiado viral. El paseo continúa por la costa, revelando otros tesoros ocultos de la zona coruñesa.

La Torre de Hércules: un faro que desafía la eternidad

Si buscas un monumento que sea el alma de A Coruña, esta es la Torre de Hércules. El antiguo faro romano se alza sobre una colina junto al océano, siendo uno de sus símbolos más imponentes. Su origen se pierde en la época romana, y lo que es realmente increíble es que aún hoy sigue funcionando como faro. (Una hazaña de ingeniería que nos recuerda el poder de la perseverancia).

El entorno de esta torre es una experiencia en sí misma. Permite disfrutar de uno de los paisajes costeros más espectaculares. Los caminos que lo recorren te llevan entre acantilados, zonas verdes y miradores naturales desde donde contemplar la inmensidad del Atlántico. Al atardecer, cuando la luz se vierte sobre el océano, este es el lugar perfecto para entender la profunda relación de A Coruña con el mar. Es un espectáculo gratuito que no tiene precio.

La Ciudad de Cristal: una solución brillante

Pero el mar no es el único elemento que define el carácter coruñés. En el centro de la ciudad, las galerías acristaladas se han convertido en una de sus señas de identidad más fuertes. Por eso se la conoce como la «Ciudad de Cristal«.

Estas fachadas cubiertas de vidrio no son solo estética; son una solución inteligente. Permiten aprovechar al máximo la luz natural y, al mismo tiempo, protegen las viviendas del viento y la lluvia constante del Atlántico. Es una respuesta arquitectónica a un clima particular, creando una imagen única en Galicia.

Uno de los mejores lugares para contemplarlas es la zona de la Marina, donde las galerías se suceden frente al puerto. Una estampa fotogénica que te dejará sin aliento. Caminar por este paseo es descubrir una arquitectura que habla de la historia marinera y la capacidad de adaptación de esta ciudad.

La Ciudad Vieja: donde el pasado respira

Más allá del litoral, la Ciudad Vieja nos invita a una A Coruña diferente, más íntima. Calles estrechas, pequeñas plazas y edificios históricos que te transportan en el tiempo. La plaza de María Pita, con su imponente Ayuntamiento, es el punto de partida imprescindible.

Desde aquí, puedes adentrarte en un entramado histórico que esconde iglesias antiguas, casas señoriales y rincones con historia. Uno de esos tesoros es la plaza de Azcárraga, con sus árboles y edificios tradicionales, que ofrece una imagen de la ciudad mucho más tranquila. Casi un paraíso de desconexión.

Este paseo es la oportunidad perfecta para alternar patrimonio y gastronomía. Numerosas tabernas y restaurantes te esperan para probar los productos más característicos de la cocina gallega. (¡Nuestro estómago ya empieza a rugir pensando en ello!).

No dejes escapar esta conexión con el Atlántico

A Coruña es una de esas ciudades donde el paisaje y su identidad se unen completamente. Aquí el mar no es un simple fondo. Es parte de la propia vida de la ciudad, de su gente, de su alma. Sus playas, su paseo marítimo, las galerías de la Marina y la presencia constante del Atlántico construyen una personalidad única e irresistible.

Sí, la Torre de Hércules es su gran símbolo, lo sabemos. Pero una gran parte del encanto definitivo coruñés se encuentra en algo más sencillo: caminar al lado del océano, contemplar cómo el cielo cambia de color constantemente y dejarse llevar por un ambiente marinero que te penetra hasta los huesos. Es una experiencia inolvidable, una micro-dosis de dopamina para el alma.

No dejes que esta oportunidad única de sentir A Coruña, de conectar con ese olor a mar que tanto recuerda Jesús Vázquez, se quede solo en una lectura. Porque, al final del día, ¿cuál es la mejor inversión que podemos hacer sino en recuerdos que nos acompañarán para siempre?

¿Y tú, qué recuerdo sensorial tienes de un lugar especial?

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