Los resultados de las pruebas PISA de 2025, que se harán públicos en septiembre, no serán comparables con los de años anteriores. Educación detalla que una “incidencia técnica” en la ejecución de la muestra hace que el índice de exención –la tasa de alumnos que quedan excluidos de las pruebas– sea del 23%, cuando la OCDE exige un máximo del 5%. La coincidencia con las pruebas de final de etapa, que elabora la Generalitat con otros criterios, habría confundido a algunos centros que han excluido más alumnos de los deseados. De esta manera, la muestra ha perdido medio millar de estudiantes en el camino y las PISA no serán representativas.
La síntesis del error recae, según argumenta el departamento, en la diferencia de criterios entre las pruebas autóctonas y las PISA. El organismo internacional pide excluir a los alumnos con discapacidad física o severa o aquellos que no tienen suficiente dominio del idioma, pero obliga a incluir los casos con diagnóstico leve y a justificar cada caso. En Cataluña, el abanico de exenciones es más amplio. La muestra de PISA debía ser de 2,500 alumnos, pero los errores en la selección del alumnado han reducido la cifra a alrededor de 1,900.
Hasta ahora, las pruebas de ámbito local seguían un criterio censal, es decir, que las pasaban casi todos los alumnos. En cambio, las PISA aplican una muestra reducida. Los centros envían al ministerio, a través del departamento, un listado del conjunto de alumnos de quince años y sus características educativas. Una empresa externa elabora la muestra final y son los mismos docentes, antes de hacer las pruebas, los que acaban decidiendo si el alumno elegido cumple o no los requisitos. El departamento asegura que se aplicará un “filtro” nuevo en este último paso de la cadena para asegurarse de que la muestra no pierda efecto.

En este sentido, la directora general de Currículum y Desarrollo Profesional, Sònia Fernández, cree que el estilo de las pruebas actuales ha creado una “cultura de la exención” diferente de la que marca la OCDE y que esta se acabó aplicando en el momento de la prueba. En todo caso, el departamento ha abierto “diligencias informativas” de “carácter reservado” para esclarecer los hechos. Fernández remarca que se trata de un caso “puntual y aislado”, pero admite que los resultados del alumnado catalán no aparecerán en el análisis internacional que elabora la OCDE ni serán comparables con los de otros países.
Homologar las pruebas locales a los criterios de PISA
El error salió a la luz el mes de marzo pasado, después de que la OCDE alertara al ministerio de anomalías en la muestra final. El organismo internacional no ha abierto ninguna investigación, según remarca el ejecutivo, que adaptará las pruebas internas para ajustarlas a los estándares internacionales. El cambio básico, ya explicado, implica un cambio de la muestra, que dejará de ser censal y pasará a ser muestral.
Este cambio debería homologar las pruebas de ámbito local a los criterios de PISA y reducir futuros errores como los del año pasado. Para hacerlo, el departamento confía en el despliegue de la Agencia de Evaluación y Prospectiva, que en el momento de las PISA aún estaba en creación. La idea del departamento también es mantener algunas preguntas de un año a otro para poder comparar mejor los resultados.

