Para disfrutar de una buena comprensión lectora debes activar diferentes habilidades cognitivas, algunas básicas, como entender el abecedario, y otras más complejas, como comprender el significado de una oración. Son habilidades que deben entrenarse, con lecturas simples en etapas infantiles y primarias y con textos más complejos en la adolescencia. Una idea básica que ha quedado desdibujada con la aparición de las pantallas, un concepto tan amplio como vacío de contenido. Los indicadores señalan que la comprensión lectora de los estudiantes catalanes ha empeorado respecto de años atrás, en línea con el resto de alumnos occidentales, y los dirigentes políticos apuestan por retirar los aparatos tecnológicos del aula. ¿Pero de qué hablamos, exactamente, cuando hablamos de pantallas? ¿Del móvil, solo? ¿De los ordenadores, en general? ¿De los trabajos hechos con el Word? Los análisis ignoran también el peso de las redes sociales, de los algoritmos, ¿el impacto de las familias? De todo esto hablamos con lingüistas y expertos en educación.
Josep Maria Castellà, profesor del Instituto Universitario de Lingüística Aplicada de la UPF, recuerda que la bajada de nivel en catalán es “multifactorial”, si bien admite que “el mundo electrónico” es la causa principal. El experto cree que la tecnología hace tiempo que se ha consolidado en nuestro día a día y da por hecho que la inteligencia artificial lo hará pronto. En este sentido, comenta Castellà, la lectura lo tiene “difícil” para “competir con la imagen”. Ahora bien, el lingüista pide “matizar” de qué hablamos cuando mencionamos el concepto ‘pantallas’. “No es lo mismo el peso que puede tener en la lectura el uso de un ordenador que las redes sociales, que tienen unos sistemas de fidelización que, en el fondo, son sistemas para generar adicción”, destaca.
La doctora en didáctica de la lengua por la UB Alba Ambròs apunta que no se entendería el cambio de paradigma sin el scroll, el nombre con el que se conoce el movimiento de saltar de un vídeo a otro de forma continua en las redes. “Es matador y rebaja los niveles de concentración tanto en adolescentes como en adultos”, señala. Los estímulos de los vídeos o el podcast entrenan el cerebro para necesitar estímulos constantes, una nueva realidad que, aplicada a la lectura, se traduce en repasos de textos cortos y rápidos. «Los jóvenes actualmente pueden entender textos descodificados, pero, en cambio, les cuesta entender una lectura larga”, argumenta Ambròs. “En la universidad”, pone de ejemplo, “una lectura de diez páginas ya les parece demasiado”. “¡Y estamos en la universidad!”, resalta.

Ambos expertos creen que la escuela llega tarde. “Si antes solo leíamos textos escritos, ahora prestamos atención sobre todo a textos en movimiento, a los vídeos. La manera que tenemos de comunicarnos es a través de textos multimodales”, señala Ambròs, que culpa al sistema de no haberse adaptado a esta nueva realidad. “El entrenamiento lector de ahora requiere estrategias diferentes. Si llegamos tarde y ahora, además, sumamos que todo es breve e inmediato, la consecuencia es que acabamos leyendo menos”, lamenta.
Para Castellà, la política educativa también está perdida, inmersa “en el movimiento del péndulo”. “Ahora volvemos a los orígenes, pero no hace ni diez años que los tertulianos se indignaban porque Cataluña no tenía ordenadores en las aulas”, recuerda el experto, que advierte, en todo caso, de la potencia histórica de las tecnologías. La innovación siempre se ha impuesto a la humanidad, “comenzando por la aparición de la escritura, que también dio miedo, continuando por la imprenta y siguiendo por la imagen”. Y las pantallas han llegado para quedarse. “Lo que debemos decidir, como sociedad, es si nos parece bien perder comprensión lectora o no”, resume Castellà.
Illa quiere recuperar las lecturas obligatorias
La caída de los resultados ha obligado al Gobierno de Salvador Illa a mover ficha, fijando el retorno de las lecturas obligatorias tres años después de ser eliminadas tanto en catalán como en castellano. La lista de libros la elaborará el Departamento de Educación y será común para todos los centros. El ejecutivo elimina así la autonomía de centro en este ámbito y vuelve a fijar una serie de lecturas canónicas; obras básicas de la literatura catalana que el ejecutivo considera imprescindibles. «La lectura libre”, argumentaba la consejería, «puede conducir al alumnado a textos de baja complejidad lingüística y conceptual».
Los expertos consultados advierten que no hay consenso académico respecto al valor que aporta una política de lecturas dirigidas y sitúan este cambio en el marco exclusivo de la esfera política. “Educación ve ahora una caída que, nosotros [los académicos], ya veíamos desde el año 2015. En situaciones excepcionales quizás se deben tomar medidas excepcionales y el Gobierno intenta garantizar unos mínimos”, opina Ambròs. Castellà, en cambio, se expresa con dudas. “Firmo que los alumnos deban leer un número determinado de libros, pero el hecho de que la lista sea uniforme es más polémico”, destaca. El filólogo cree que esta política induce a la escuela a un cierto “dirigismo cultural” que “puede ser peligroso” y lamenta que no se confíe en el criterio de los centros “o del mismo estudiante”.

¿Qué papel juegan las familias?
La escuela es solo una de las patas que explica la caída en comprensión lectora. “La educación más importante es la de la familia y no la da conscientemente sino en función de lo que hace”, argumenta Castellà. De nada sirve obligar a leer una lectura si luego en casa ningún miembro de la familia toma un libro por iniciativa propia, del mismo modo que de nada sirven determinadas directrices si en casa los cuentos no los cuentan los progenitores. «La función de la escuela, en materia lingüística, es la de ampliar lo más esencial que has aprendido de casa”, resume el experto. “Damos mucha importancia a la escuela, pero estas conexiones con los progenitores tienen mucho que decir en el interés que un niño tiene o deja de tener por la lectura”, concluye.
“Las familias deben ser conscientes de si leen o no o, directamente, si están todo el día con el móvil cuando están con su hijo o hija delante”, añade también Ambròs. “Muchos de nosotros estamos desbordados y no nos damos cuenta del volumen de consumo del móvil o de la televisión que llegamos a hacer”, insiste. Un estudio reciente dirigido por los doctores José G. Clavel y Mauro Mediavilla concluye que el hábito y el entusiasmo lector de los padres tienen un impacto directo en la competencia lectora de sus hijos, generando una ventaja de entre 4 y 6,5 puntos. “No todo debe recaer en la escuela, las familias también deben ser un modelo y tomar un libro de vez en cuando”, concluye Ambròs.

