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“Cuando yo estudiaba, había pocas plazas y solo unos pocos frikis queríamos hacer Matemáticas, entraba todo el mundo”. Raül Fernández, presidente de la Federación de Entidades para la Enseñanza de las Matemáticas en Cataluña (FEMCAT), es de los pocos matemáticos que aún apuestan por la docencia en lugar de la empresa privada. “Las matemáticas se han puesto de moda”, reconoce en conversación con El Món, “pero la mayoría de estudiantes ven pocos incentivos para ser profesores en un instituto”. Este fenómeno se explica porque el sector privado es económicamente más atractivo y los alumnos que llegan a la universidad, con notas de corte altas, están aún más preparados para dar el salto al extranjero. 

Los expertos fijan el primer punto de inflexión en el año 2010, con el cambio de puntuación de la selectividad –sobre 14 puntos, en lugar de 10– y la aparición de múltiples grados. A la carrera de Matemáticas, cursada en tres centros públicos de Cataluña (UB, UAB y UPC), se suman el doble grado en Física y Matemáticas (UB y UAB) y el de Ingeniería Informática y Matemáticas (UB). Las plazas ofrecidas son similares a otros años, pero cada vez más repartidas. 

“El año que se dividieron las plazas entre Matemáticas y el doble grado en Matemáticas y Física, la nota de corte subió mucho. Es un modelo en el que se ganan muchas pequeñas carreras, pero con notas de corte altas”, apunta Fernández. “Y una nota de corte alta tiene un poder atractivo muy fuerte, a los alumnos les atraen las carreras con notas altas”, sentencia el profesor. En total, las universidades catalanas ofrecen unas 260 plazas de matemáticas, de las cuales medio centenar son de doble grado. 

La nota de corte en Matemáticas se ha duplicado en algunos casos. El grado que ofrece la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ha pasado de un escaso 5 en el año 2010 a un 11,6 en la primera asignación del 2026. El resto nota cambios igualmente notables: la Universidad de Barcelona incrementa cinco puntos la nota, de un 6,9 a un 11,9; y el corte en la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) crece del 9,8 al 12,6. Los dobles grados, instaurados todos entre el 2010 y el 2015, nacieron con notas de corte superiores a 11,5 y ya se sitúan en casi un 13 sobre 14. Son casi las carreras con notas de entrada más altas, solo superadas por el doble grado en Derecho y Relaciones Internacionales de la UAB, que solo ofrece 40 plazas y ha cerrado el corte en un 12,97.

El incremento de la nota de corte contrasta con los malos resultados en Matemáticas en las PAU | María Belmez / Nazaret Romero (ACN)

El contraste con los institutos

Para Fernández, este cambio de paradigma ha vaciado las aulas de bachillerato de docentes titulados en Matemáticas. Según su relato, los estudiantes que llegan a la universidad son los más preparados y salen con intención de hacer carrera en la empresa privada. Sin matemáticos en los institutos, otros docentes titulados en física u otras disciplinas científicas han asumido el rol del profesor de matemáticas. “Tienen el nivel, pero hicieron la carrera hace muchos años y no sabemos cómo se explican ahora las matemáticas”, concluye Fernández. 

Otros expertos consultados por El Món son menos drásticos. Marc Guinjoan, doctor en didáctica matemática y corrector de las PAU desde hace una década, también explicaba hace días a este diario –tras los malos resultados de matemáticas en las PAU y las pruebas PISA– que los estudiantes más preparados “tienen muchas opciones laborales” porque “no hay problemas de empleo, y les ofrecen salarios muy superiores a los de un docente”. 

Ahora bien, los problemas con las matemáticas en el bachillerato tampoco se entienden sin la reducción de horas lectivas de los últimos años. Los docentes continúan estando preparados, remarcan los expertos, pero es necesario dotarlos de herramientas pedagógicas y de más horas lectivas para impartir la asignatura con garantías. Otras causas que explican los malos resultados tienen que ver con el modelo de enseñanza, que no se basa actualmente en el razonamiento de problemas matemáticos. Y no sirve de nada saber dividir si no sabes cuándo hay que dividir.

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