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Conxita Pladevall tiene 76 años y vive sola en medio del bosque, en la Fageda d’en Jordà. Sola, no. Con un perro, el Perlot, donde está –dice– reencarnado, un buen amigo que ya le dijo que lo haría. En una casa del Lejano Oeste, donde las chucherías sucias espían, curiosas, a los visitantes. Muchos la consideran una nabab de la contracultura. Fuego fatuo. “Secreta, desconocida y sorprendente”. Huyó a Francia en el año 68 y todavía encontró arena bajo los adoquines. Alguna palabra sobrevivía también a los muros. Después vivió en Estados Unidos, siguiendo a un demonio vestido de ángel. Y pintaba, pintaba, pintaba.

De vez en cuando, algún visionario la incluye en una exposición colectiva. Ahora ha vendido algún cuadro, aunque también remarca que, si no tienes padrinos, no te bautizas en el arte. Eso, repite, es lo que le pasó a su hermano, el escultor Enric Pladevall. Dice que es cherokee y chamana. Dice, además, que nació hippie y que ahora hace vídeos para alborotar el gallinero. Dice también que quiere ser actriz, después de haber sido protagonista en un corto, Madeline Usher, que la ha hecho feliz y que ha desquiciado al director, Santi Trullenque, que iba alterando el guion a medida que ella improvisaba. Conxita sentencia que en Cataluña, un país ocupado, tiene que haber una revuelta, aunque deberíamos hacerla bien, esta revuelta.

Conxita Pladevall es todo piel y huesos. Papiro egipcio. Y una fuerza infinita. Quizás de cherokee, quizás de chamán. Salta de una idea a otra con un toque permanente de desorden que la hace aún más hechicera. Sí que tiene magia, sí, porque algunas de las frases que suelta solo se entienden escuchadas a velocidad reducida con la técnica. Nadie lo consigue, eso.

Usted…

Yo quiero contar una historia…

Pues, hágalo.

Aquí había una zona rústica. Es parque natural con una zona rústica. En el POUM. De repente vienen los que eran propietarios del campo a empezar a edificar. Era un matrimonio viejo, de campesinos, con un hijo mozo de escuadra. Comienzan a edificar. Y yo les dije: “¿Qué hacéis? ¡Esto no se puede hacer!”. Y el mozo me contestó: “Calla, métete adentro y no salgas”. Amenazándome constantemente. Entonces fui a asegurarme si seguía siendo zona rústica o si habían cambiado las normativas. Y no las habían cambiado. En el ayuntamiento estaba Pep Berga, que me dijo que lo que yo tenía que hacer era vender mi casa. Así mismo, y no digo ninguna mentira. “Te pagarán mucho dinero y ven a vivir a Olot a un piso pequeño”.

El mozo me amenazó: “Cuidado, que tienes los días contados”. Él debía saber que aquí no se podía construir nada. Pero, ¿sabes? La ley está hecha para unos cuantos y para los otros, no. ¿Qué pasa? Que el ayuntamiento [marca lentamente cada sílaba] pre-va-ri-ca-va, porque eso no se podía hacer. Luché años, años y años. Lo saben los de urbanismo. Iba continuamente. Un técnico que ya se retiró me dijo que aquí eso no se podía hacer. Pero lo permitieron. Y nosotros para abrir una ventana a veces ni podemos.

Era espantoso. Son cazadores. Pegaban tiros cuando pasaban. Entonces pensé: “¡Basta! Tengo que hacer red”. Yo soy de la Agrupación Naturalista de Roda de Ter, porque mi abuela era hija del doctor Caminals Macià. Mi familia son considerados en Roda. Yo soy de Roda, más que de Vic, mucho más. Me siento, porque mi abuela me protegió mucho.

De acuerdo, pero perderemos el hilo. Aquello, la construcción, ¿paró?

Aquello no paró nunca.

¿Siguen construyendo ahí?

Empecé a hacer magia. Te lo digo muy en serio. Y pedí ayuda a mi amigo muerto de Reus, Joaquim Blasco Font de Rubinat. Era muy amigo mío y su madre me apreciaba mucho. “Joaquim, ayúdanos, ayúdame, ayúdame”. Estoy sola. De repente veo un fuego allí, que no era tiempo de hacer fuego, voy y allí estaba la madre del mozo y él de espaldas. Fui, hice ¡chiiist!, pasos mágicos que sé hacer. Él no se daba la vuelta. Y yo le dije: “Me has hecho llorar mucho, pero un día llorarás tú. Me lo has hecho pasar muy mal, pero un día lo pasarás mal tú”.

Llamé a los Mossos. Vinieron dos. “¿Qué pasa aquí?”. “Mirad lo que está pasando. Los fines de semana, lleno de coches, juergas continuamente, ruidos y gritos”. Uno de los dos me dijo que esto no podía ser y que al día siguiente vendría Toni Mallorca, que se encargaba de proteger las zonas rústicas. Vino Toni Mallorca y lo vio: “¡Ostras! ¿Esto lo ha permitido el ayuntamiento? Mañana iré y se lo contaré”. Al cabo de poco se publicó un decreto, pero todo aún se alargó desde 2010 hasta 2023. El ataque a mi persona fue grande, para que cogiera miedo y me fuera. Pero yo pensé: “Te mantendrás firme y pedirás ayuda a los espíritus”. Yo soy chamana y mi glándula pineal es fuerte…

¿Pero las casas están o no están todavía?

Han tenido que quitarlo todo, pero me ha costado tanto… El ayuntamiento no lo habría quitado nunca en la vida si no hubiera aparecido Antoni Mallorca.

«Mi padre era un falangista extraordinario» / Anna Munujos

¿Es feliz aquí?

Sí.

¿El hecho de vivir sola no la inquieta?

No.

¿Qué edad tiene?

Setenta y seis.

¿Y no le da respeto vivir aislada y sola?

No. Tengo mi perro allí, en Perlot, que es mi amor. Es mi defensa. ¿Conoces a la familia Font de Rubinat, de casa Navàs, de Reus? Yo era muy amiga de Joaquim. Joaquim fue mi maestro. Lo dejaron muy abandonado y solo. Su madre me dijo: “Si lo ves solo, abandonado y con gente que lo pueda hacer caer, ¿me prometes que lo ayudarás?”. Sentí desde aquí que moriría. Fui allí y le dije: “Hoy es lunes, Joaquim, y te vengo a anunciar una cosa. Hoy es lunes y el domingo morirás”. Era el día de Corpus Christi. Fue así y lo acompañé.

Murió el mismo día que nació. Él ya había agarrado la llave de los Montcada y la puso en su habitación. Le gustaban mucho los perros, por no decir los lobos, y me dijo: “Tienes que hacer una cosa, cuando muera toma un perro cachorro, bien cachorro. Yo toda la vida he querido ser perro. Y me meteré dentro del tuyo”. No es como a él le hubiera gustado, pero todos dicen que es extraordinario. Yo no cuento esto, eh?, porque pensarían que no estoy bien de la cabeza. Yo no cuento estas cosas. Pero es extraordinario. ¿Qué puedo pensar? ¿Que es verdad o no? No lo sé, porque como somos energía…

¿Qué significa chamana?

Hay un libro muy precioso de Ángeles Arrien, una vasca que vivió en California… En California y en San Francisco fueron muchos vascos. Esta comunidad vasca, la conocí. Un día caminando me encontré con ellos. Yo siempre camino mucho. En un bar que se llama La Misión. Había vascos y sudamericanos. Me senté allí y vino una vasca que me dijo: “¿De dónde eres?”. “Soy catalana”. “Yo vengo de familia vasca, mi abuelo hablaba vasco, mi padre habla vasco y yo no lo he aprendido”. Ella, Ángeles, escribió este libro: Las cuatro sendas del chamán. Es muy bonito y está muy bien esquematizado. Lo leí… Aparte de que lo llevo en la sangre.

Se ha identificado.

¡Es que lo llevo dentro!

¿Qué diferencia a los chamanes?

Tienen dones.

¿Cuáles?

De nacimiento. Vemos más allá que los demás. Tenemos una percepción más alta hacia el conocimiento. Una fuerza natural. Una protección. Porque normalmente los chamanes sufren más que la otra gente. Una protección extraña de la naturaleza que sientes en los momentos de más peligro. Tienes que pedir también, eh? Tienes que tener una fe.

¿Cuál es su fe?

Yo creo que Dios es múltiple. Sería el Dios de Spinoza. Yo parto del Dios de Spinoza. La naturaleza divina. La naturaleza te puede destruir si no sabes moverte a través de ella. Es ella la que lleva las cosas. Tú me dices: “¿Eres feliz aquí?”. ¿Cómo quieres que no sea feliz? Ya te enseñaré mi árbol trinitario. Yo estoy muy bien entre la naturaleza y mal con los humanos. Depende de qué humanos, ¿verdad?

Dice que su padre era falangista…

[Se altera y respira fuerte]. Pero era un falangista extraordinario. ¿Sabes por qué? Porque era catalán. Y nunca, nunca, nunca nos hizo cambiar de lengua. Eso lo tenía muy claro.

Y dejó que usted se emancipara a los 17 años…

No. Era muy violento. Me podría haber hecho entrar en un correccional. Nos pegaba. Nos pegaba y como yo no soporto que nadie me ponga la mano encima…

Pegar en aquellos momentos era nuestro pan de cada día…

Era muy buena niña yo para que me dieran esas palizas. Me rebelé contra las palizas. Y defendía a mi hermano para que no se lo hicieran a él. Me ponía delante. Porque yo ya era muy mujer y él todavía era un niño. Y dije basta. Por el contrario, mi padre quiso que estudiara y se preocupó porque yo estudiara. No le importaba que estudiara francés… La guerra les hizo mucho daño. Les hizo mucho daño a todos. A todos. Yo hacía de biombo. Porque yo nací en Vic y tengo la familia muy fuerte de la Plana. Osonenca. Y de otro lado, de la Garrotxa. Estoy segura de que a él le pegaron mucho. ¿Sabes eso de “la letra con sangre entra”?

Y tanto.

Pues, eso. A mí me cambiaron la personalidad. Si no me hubieran tocado… Piensa que soy mujer, eh?, y me daban esas palizas… Yo sería otra persona.

¿En qué sentido?

¡Hombre! Si desde los seis años te dan unas palizas de cojones hasta los diecisiete… Al final dije: “¡Fuera!”. Fui a casa de un amigo mío que era el sastre de la Guixa y que me protegió. Fue la policía y todo a buscarme. Pero mi padre no hizo una cosa que me podría haber hecho: meterme en un correccional y no salir hasta los veintidós. Todos los policías eran catalanes. El jefe de la policía, que era muy buen hombre, me dijo: “Conxita, si tienes que volver a casa…”. “No volveré. Quiero la emancipación”. Y el padre me la aceptó. Seguramente de lejos me cuidaban, de alguna manera.

Y usted, emancipada, se va a Francia.

Sí. A los 17 años. Hablaba francés bien, eh? Ya lo he perdido, pero intentaba hablarlo lo mejor posible para encontrar el modus vivendi.

El cambio civilizatorio entre la Cataluña y la Francia del año 68 debía ser total…

Sí. El Mayo del 68 todavía coleaba. ¡Los adoquines elevados y los muros tienen la palabra! Y después, unas expresiones artísticas muy beatniks. Había mimos. La expresión era el mimo. ¡Muy fuerte! Yo era muy solitaria, muy tímida. Siempre iba sola y me saqué un título en Toulouse para trabajar con la infancia. Y trabajé allí a través de un ayuntamiento que estaba cerca de París, Juvisy-sur-Orge, y en Cannes la Bocca, que está cerca de Cannes. Y iba a ver la ruta de Picasso en la Costa Azul, que es preciosa. Son una maravilla esos museos pequeños en Antibes, Valàuria…

¿De qué vivía?

De trabajar con la infancia. Después cuidé a una señora mayor, la madre de la secretaria de un cónsul francés en África.

¿Ya pintaba?

Siempre he dibujado. Pintar… Iba a ver muchos museos. Esta señora me decía: “¿Te gusta el arte? Pues, a las cuatro ya te puedes ir. Toma el tren hacia París y ve a ver los museos que puedas”. Fui al Louvre, al Museo del Hombre… Todos los días. Todos los días me daba un tiempo libre. [Suspira]. Este es mi aprendizaje.

¿Cuándo empieza a pintar?

¿De verdad, en serio?

¡Claro!

A empujones y rodando, porque tienes que ganarte la vida. Y lo haces en las horas libres y como puedes. Fue en el año 1970. A empujones y rodando. Joaquim Blasco Font de Rubinat, de Reus, también me ayudó mucho en esto. Porque un pintor, un artista, debe ser inspirado. Un artista necesita ser inspirado. Lo que decían las musas… ¡Pues, es verdad! ¡Vamos, temas! Me lo hacía a mí y a Carratalà. Ernesto Carratalà, su padre era un catedrático. Font de Rubinat elegía a los artistas que le gustaban. Le gustaban mucho. Y le gustaban los que parecían fracasados, los que se fueron a la aventura, los que eran auténticos. Me eligió a mí, eligió a Ernesto, yo conozco mucho a Ernesto, mucho, e íbamos a Reus a pintar. “Vamos, Ernesto, pinta el tema guerra. Guerra de esto, guerra de aquello”, y a mí como me protegía…

Nunca ha querido vivir de la pintura profesionalmente…

No. ¡Nunca! Porque sé que te mueres de hambre. Sé que necesitas una protección fuerte. ¿Por qué mi hermano vive de ello? Mi hermano ha sido guapo, un poco bajito, pero guapo. Muchas cosas del éxito no pasan por la obra en sí misma. Necesitas protección. Mi hermano empezó a relacionarse con gente de mucho dinero antes de hacer escultura. Es muy listo. Se volcó en buscarse la protección. Poder económico y poder político.

Y usted no pasaba por estas pruebas?

No.

¿Qué hacía con los cuadros que pintaba? ¿Dónde están?

¡Ah! Esta es la parte más trágica. Me casé con un demonio vestido de ángel y un día con un cuchillo me los destruyó todos.

¿Todos?

¡Sí! Solo me quedó uno, que ahora poco lo he vendido. Hace poco vino una mallorquina que le habían hablado de mí y conoce a mi hija, la pequeña, que ya no es tan pequeña, y se lo he vendido bien barato.

¿Cuánto es bien barato?

Me ha comprado dos. Uno ya me lo pagará.

¿En qué quedamos? ¿Le quedaba uno o le quedaban dos?

Me ha comprado dos y más adelante ya me pagará el otro.

No entiendo nada. ¿Cuántos le quedaban? ¿Dos?

No. Tengo algunos, pero ya me quedan pocos, porque ya he vendido algunos en la vida. Yo no he vivido del arte, pero el arte me ha ayudado mucho a ser y a vivir. ¿Me entiendes? Porque a través del arte he conocido personas fantásticas. ¿Cómo conocí, por ejemplo, a Joaquim Blasco Font de Rubinat? En una exposición que vi de las Metamorfosis de Ovidio pintadas por Picasso. Grabados. Vi un minotauro. ¡Esa belleza me impresionó! Pensé: “¿Dónde encontraré este minotauro, yo?”. Y cuando conocí a Joaquim él era el minotauro. Le dije: “¿Sabes que ya te he visto pintado por Picasso?”. Y me contestó: “Es verdad, Picasso me ha pintado”. No era tanto que Picasso lo hubiera visto y lo hubiera pintado, sino que el rostro del minotauro es él. Es ese rostro mediterráneo. Del hombre mediterráneo. De esta fuerza y este carácter. Exacto. Me dijo: “Tienes toda la razón, Conxita”. Y sí.

He conocido gente muy extraordinaria a través del arte. Una conexión que sería mágica. Gente que les gusta el arte, que son inteligentes, que son sabios. ¿Pasan estas cosas? Alexandre de Riquer me había pintado a mí. Igual. Cuando mi marido me destruyó los cuadros mi tutora de la universidad, Teresa Camps, lo supo y vino a casa. Yo era muy amiga de Octavi Samsó Costa, el hermano del fotógrafo Leopold Samsó. Octavi, el mayor, era el más sabio. El otro es muy presumido. Era muy sabio y muy amigo mío. Le supo muy mal lo que había pasado. Y hizo venir a Font de Rubinat, que llegó preparado. Con exlibris que proyectó con una pantalla. Y entre esos exlibris había un dibujo de Alexandre de Riquer. [Afluja mucho la voz]. ¡Igual que yo! Quiere decir que en otra vida ya había existido yo. ¡Era igual! Él se gira y ve que aquello me había sacudido. Él y yo conectamos a través del arte.

Hizo usted una entrevista muy interesante con el pintor Joan Ponç…

Joan Ponç tuvo que irse a Brasil, porque, según él, Antoni Tàpies…

Hay muchos pintores de aquella época enfadados con Tàpies…

Porque eran un grupo y él, de alguna manera, lo rompió. Todos estaban enfadados con él. ¡Es que Tàpies era muy orgulloso, eh! Él quería ganar la partida. Él quería ganar la fama y comérselo todo. Y los demás que se fastidien. Todos nos arreglamos en la vida. Como mi hermano. ¿No ha sufrido bastante mi hermana? Para ellos no existe eso de ser hermanos. Es accidental. En la cabeza de mi hermano yo soy un accidente biológico, pero todos hemos salido del mismo vientre.

¿Qué pintores le han impresionado? Ha hablado antes de Alexandre de Riquer…

¡Es que él me pintó a mí! Era otro tiempo y yo soy exacta! No sé si existe eso de la reencarnación o lo que sea… La naturaleza no muere nunca. ¿Verdad que no muere nunca? Se regenera. Pues, también nos tenemos que regenerar nosotros. Mira, muchos de estos árboles me sobrevivirán. Los rosales que yo he plantado también me sobrevivirán si alguien los cuida. Lo que da miedo aquí es que no te caigan los árboles encima o sobre la casa.

Aquí hay un problema terrible. Esto es una propiedad privada. Debería haber una distancia, pero esta distancia no se respeta. Yo no puedo hablar. Si se pelean los políticos y los partidos, también se pelea la gente. En Cataluña se han matado unos a otros. No es un país de naturaleza unificada. ¿Por qué tuvo Lituania la independencia? Porque tuvo la ayuda de los Estados Unidos y de los militares. Muchos militares soviéticos eran lituanos. Pero el pueblo estaba unido, porque no tenía políticos. Los políticos eran los rusos, pero ellos estaban creando un Estado e iban juntos.

¿Nosotros no somos independientes porque sí tenemos políticos?

Nosotros no somos independientes porque tenemos esta mierda de España podrida que nos odia y que nos chupa las entrañas y nos empobrece. Primero eso. Porque tienen la fuerza, tienen el ejército y es dificilísimo. Aunque no lo parezca, nos fastidian bien. Porque si cuando hicimos eso de Gaudí no se pudo cantar Els Segadors… Ni los niños pudieron cantar. Y no dejaron que la gente… Es que vivimos una… Es un estado ocupado. Nos tienen una manía horrorosa. Porque un país sano, como es la Península Ibérica, deberían estar orgullosos de que existieran estas comunidades que tienen su hablar. Deberían estar contentos por esta diversidad. Pero, como además viven de nosotros y nos sangran, aquí está la revuelta. Aquí tiene que haber la revuelta.

¡Uf!

¡Hombre! El empobrecimiento es durísimo.

«Esto se tiene que preparar bien, porque son tácticas de guerra» / Anna Munujos

Se tiene que empobrecer mucho un pueblo, tiene que sufrir mucho, para rebelarse… No es nuestro caso.

Pues, evidentemente. ¿Verdad que da cosa esto? En 2017 volvimos a reclamarlo, de alguna manera, y no lo hicimos bien. Esto se tiene que preparar bien. Son tácticas de guerra. Y también necesitas aliados. A la Unión Europea esto no les interesaba nada. Porque, después ¿qué pasa? La Cataluña Norte, Córcega, también los bretones… Cae la Unión Europea y volvemos a hacer la Europa de los Pueblos. No les interesa nada.

¿Por qué se fue a Estados Unidos?

¡Yo qué sé! Para escaparme. Tampoco lo pensé.

Porque había conocido a ese demonio vestido de ángel?

Sí, sí, sí. De vuelta de Francia, pasé un tiempo en Cataluña.

¿En casa de los padres? ¿Su padre la acogió, emancipada como volvía?

Sí. Volví de paso. Y la madre, también.

¿Qué pensaba el padre cuando volvió?

Debía estar orgulloso.

Usted ya se había hecho medio hippie…

Es que esto de hippie… Yo no me tuve que hacer… Ya en Vic vestía de una manera diferente. Y fui a la universidad vestida de tal manera que toda la universidad estaba acojonada. Yo no me hice hippie porque vi a los hippies, sino porque nací hippie. Tengo un estilo teatral que me debe venir de la Commedia dell’arte. Por eso hago los vídeos que hago últimamente. Soy una payasa, alboroto gallineros… Solo para divertirme, eh…

Hoy en día divertirse es arriesgado con esta corrección política que nos atenaza?

¡No sabes cómo me gusta! No salgo, pero cuando salgo tengo sentido del humor y alboroto gallineros con sentido del humor. El sentido del humor también viene del sufrimiento. Cuando ves que mucha gente sufre y los distraes con sentido del humor apaciguas muchas cosas. Este sentido del humor me ha salido más de grande, pero he sido payasa de naturaleza.

¿Dirige el humor contra los poderosos o contra los desgraciados?

Es tontería pura. Ni contra unos ni contra otros. Es popular y divertido. Es así.

¿Qué hizo en Estados Unidos?

¡Calla, calla! [Ríe burlona]. ¡Ay, los Estados Unidos! También vi arte, mucho arte. Iba de libre en la Universidad de Filadelfia. ¿Sabes qué encontré allí? ¿A las puertas de la misma universidad? ¡Josep Ferrater Mora! “¿Qué hace usted aquí?”, le pregunté. “¿Y tú?!”. Era mi profesor de lengua catalana. Le dije: “Me quiero ir”. “Noooo. Ahora que estás, no te irás. Ven, ven, que te enseñaré lo que tengo”. Era el apartado de catalán que él había montado allí. Lo hizo bien bonito. Tenía muchos libros. Aparte, al lado, estaba toda la poesía provenzal. Y al lado estaba la cultura china mandarín. Entonces eran muy antichinos. No había ni un alma. Y me dijo: “Te haré un pase para que cuando te sientas nostálgica puedas venir a mirar libros y tomar los que no hayas leído”. ¡Qué magia también!

¿Qué le interesa de la literatura catalana?

Todo. Me interesa la historia, también, de esta literatura. Me interesa mucho el Tirant lo Blanc. Desde la parte más antigua hasta la contemporánea.

¿Ahora lee?

He pasado una etapa muy extraña. He leído mucho y después he parado. He parado. ¿No pasa nada, verdad? Tengo que decir que me dedico a la vida contemplativa. Así conocí a Montserrat Roig, porque hice tres años de universidad y lo dejé. Iba a su casa con su hermana. Ella era muy joven, tenía una criatura pequeña y se había separado. Era muy alta y muy guapa, y tenía unas piernas preciosas. Yo era una enanita a su lado y le hacía mucha gracia. “¿De dónde eres tú?”. “Yo soy de Vic”. “¡Ooooooh, de Vic!!!”. “Sí, de Vic, de Vic”. “No seas nunca una mujer provinciana, eh!”.

¿Por qué debía identificar Vic con provincianismo?

Me lo dijo ella. ¡Las provincianas son terribles, eh!

También puedes serlo siendo de Sarrià-Sant Gervasi…

En todo caso, si eras de Vic, tenías que marchar e irte a Barcelona. Porque allí no podías ni… Las mujeres se metían en todo: “¡Mira cómo va vestida, mira esto, mira aquello!”. Y después, es el nido de la Iglesia. Allí estaba el seminario más fuerte de Cataluña. Ya tocaban a los niños, eh? ¿Lo grabáis todo esto? Yo te cuento la verdad, eh? Y quiero contarte esto de mis vecinos. Un poco.

Esto ya lo ha explicado.

Es que el decreto se ha cumplido, pero falta la mitad. Y ya sé qué pasa aquí. Y el alcalde de Olot… Ahora hacen ver de repente que se meten contra estos extranjeros y todo lo que dice el Orriols… ¡Lo hacen por votos! Poco lo hacen por saberlo. ¡Lo tenemos invadido mucho, mucho, eh! ¿Ahora se dan cuenta? Esta, Orriols, Sílvia, ganará tantos votos… Ahora tienen que imitarla porque bajarán todos ellos. Bajarán todos ellos. Esquerra Republicana… ese hombre parece que no gira bien. ¿Estos no eran independentistas? ¿Qué les ha pasado? ¿La poltrona hace hacer estos disparates? ¡Ya tienen, eh?, cuartos… Este poder… ¿A dónde quieres ir con todo esto? Entonces, la gente está tan harta. Ellos dicen: “¡Ay, yo no soy racista”. Es que no se trata de racismo. Se trata de tener a la gente que se necesita y elegir a los que tengan un buen oficio, los que nos puedan ayudar en algo… Porque esto está hecho a posta, porque va de aplastar Cataluña. Porque te vas a Asturias y no hay. Te vas al País Vasco, y tampoco.

Nuestra economía, el turismo masivo, solicita este tipo de trabajadores. En el País Vasco y en Asturias no es así…

De acuerdo. Eso es seguro. Pero ¿y todos los otros que no trabajan?

Ya lo deben intentar.

Aquí hay barrios enteros que no trabajan.

«Es tan difícil, el catalán, que parece que los que vinieron de España tampoco lo pudieron aprender»/ Anna Munujos

La gente que viene de fuera viene a ganarse la vida.

Seguro. Pues, que aprendan catalán. El catalán es una lengua bien difícil de aprender. Es tan difícil, que parece que los que vinieron de España tampoco la pudieron aprender. Sí que somos inteligentes, los catalanes.

Si los catalanes la habláramos siempre con ellos, quizás la aprenderían. Si nos pasamos a la primera al castellano…

Yo no lo hago nunca.

Usted y diez más.

Da pena, eh? Porque es el idioma más castigado de la Península. Yo he conocido la Barcelona catalana, eh?

Y yo, la Valencia valenciana.

¡Aaaah! Sí, sí. Seguro. La Valencia valenciana…

¿Por qué volvió de Estados Unidos?

Porque extrañaba. Extrañaba hablar catalán. Y tenía que decidir quedarme o irme. Podía quedarme perfectamente. Se enamoró un físico de mí mucho. Un buen hombre de verdad, separado y con dos hijos. Pero pensé: “No te puedes comprometer. ¿Estás capacitada para hacerlo? ¿O te escaparás algún día de aburrimiento?” ¡Aaah! Y me dije: “Vuélvete a casa”.

Pero sus dos hijos se quedaron allí.

No. Mis hijos, me los quitaron. De un día para otro. Aquello ni era legal, pero como no hay competencias con los Estados Unidos… Mi hija tenía diez años y el niño, seis. Un lunes me los tenía que devolver su padre y ¿sabes qué hizo? Cogió el avión y no volvió.

Eso es una herida muy profunda…

Sí. Ya lo sé. Es la herida más dura que he tenido en la vida. Además, tengo una hija guapísima, la mayor, guapísima, fina, elegantísima… Una artista plástica extraordinaria. Y ha quedado aún más traumatizada que yo.

¿No mantiene relaciones con ella?

Quedó traumatizada y entonces he quedado como si yo tuviera la culpa. ¿Cómo quieres que yo tenga la culpa?! Ahora, en ciertas cosas le ha ido mejor que estar aquí. ¡Yo qué sé! No quiero pensar, porque estuve llorando… Bueno, he llorado toda la vida. Todavía quedan espacios que lloro cada día por eso. No soy la primera mujer que le pasa esto. En aquellos tiempos se hacía mucho. Por desgracia es el castigo de ser mujeres que somos matriarcales y tenemos un sentimiento de poder ser nosotras mismas. De crearnos a nosotras mismas. Y eso no se ha aceptado nunca. Todavía ahora no se ha aceptado.

Las cosas han ido cambiando…

Aquí, no. Aquí todavía hay un gran retraso en este aspecto, de estas mujeres así. [Hace la voz melosa]. La cosa más fácil para una mujer es casarse bien y tener hijos con hombres que los puedan proteger.

No sé si eso es así todavía…

A mí siempre me decían: “Para tener hijos se tienen que tener con hombres que entiendan que es esto, que te protejan y que te ayuden a criarlos. Y con estudios. Y en cambio, vais con hombres que…”.

Su marido, el americano, ¿qué era?

Técnico en biología…

Bien que tenía, estudios…

Era un psicópata. ¿Que no hay psicópatas con estudios?

Del todo.

Aquí hay unos cuantos que nos gobiernan y que tienen cara. No vale la pena estar gobernados por enfermos. A mí me da una pena… Porque un país tiene los gobernantes que se merece. Aquí viene la ruina. ¡Tanta idiotez humana!

¿Qué opina de las redes sociales y de la movildependencia?

He estudiado todo esto. Por suerte, me ha llegado tarde, pero he hecho el estudio.

¿A qué conclusión ha llegado?

Que son una pérdida de tiempo inmensa. Pero es según donde te metas. Mi equipo de Facebook es buenísimo. Yo lo llamo el Tren hacia el Infinito. En este tren hay gente muy maja. Y culta. Y que escribe bastante bien. Están bien elegidos. Son majos y buenas personas. En general, no hay ningún infiltrado podrido.

¿En qué redes sociales está?

En Facebook solo. He mirado las otras y me he asustado. ¡Oh! ¡Qué miedo me han hecho! Los Reels… ¡Qué locura! Total misoginia. Total narcisismo. Promueven el narcisismo de una manera terrible. Y nunca sabes si la información es veraz. Quieren dar miedo. Todo el día dar miedo. Yo sé que detrás de estas redes están la CIA y el Mossad. Y además, no hay manera de poder identificarse como catalana. Siempre terminan adscribiendo Cataluña a España. Parece extraño que nos tengan que torturar tanto.

¿De qué vivió cuando volvió de Estados Unidos?

En parte de la pintura, porque entonces vendía. Vendía mal, pero vendía. Estuve tres meses en Italia, en Florencia. Vendía acuarelas en la calle. A los italianos les gusta el arte con locura. Entienden mucho. Yo hacía acuarela y tinta china. De buena mañana. Fui con el Picarol, que me dijo: “¿Quieres venir conmigo? Yo pondré los pósters y tú pones los dibujos”. Cada día vendía para comer, pagarme el hotel y todo. ¡Cada día! Me gustó mucho el gusto que tienen por el arte. Después, ya en Barcelona, cogí la Estamperia en la plaza de Sant Felip Neri. El precio era barato y el contrato era indefinido. ¿Qué hice yo allí? Una librería. De libros de segunda mano que no se encontraban en ningún lado y que buscaba por aquí y por allá. La librería era pequeña, pero los escaparates eran muy grandes, y allí ponía también cuadros que encontraba en los Encants. Porque también tengo la cabeza de trapero. Una cabeza de trapero espantosa.

¿Síndrome de Diógenes?

¡Noooo! [Ríe mucho]. No lo tengo tan acentuado. Eso no. Me gustan las cosas antiguas. Conservarlas, a veces.

¿Ahora pinta?

Tengo muchos cuadros inacabados. Muchos, que no se pueden enseñar.

¿Por qué?

Porque están inacabados. Pienso acabarlos, porque ahora me ha venido la alegría de esta mujer de Mallorca que me ha comprado dos. Y me quiere comprar dos más. ¿Qué precio? Mil euros uno y mil euros el otro. Es poco. Es una miseria, porque son buenísimos. El Pau de Santa Pau, que es muy culto y a veces viene a buscarme para ir a la fuente por agua, los vio y me dijo: “¡No los vendas nunca por menos de tres mil euros!”. ¿Cómo quieres que yo vaya a buscar clientes? Y además, el arte no vende.

¿Nunca ha vendido a través de galerías?

Era un mundo muy malo en mi tiempo. ¿Cómo te lo diría? La galería de arte es un engaño. Mi hermano también me lo decía, eh? “Tú lo que tienes que buscar es protectores. Dentro del poder. Y que te hagan rodar”. Miquel Barceló, por ejemplo… ¿Has oído hablar de Teresa de Arenys? Una poeta que se llamaba Maria Teresa Bertran Rossell. Es una de las grandes poetas que hemos tenido en Cataluña. Buenísima. Su marido era Enric Maass. Maass con dos as. ¡Era un gran pintor! Todo el día tenía a Barceló en su estudio. Era un hombre mayor. Le chupó todo lo que pudo.

«Es ahora que se ha hecho este individualismo con estos precios grandiosos mientras los otros se mueren de hambre» / Anna Munujos

Pero eso no es pecado.

¡Sabes que Dalí tenía a Bea en su casa? Octavi Costa Samsó, que conocía mucho a Bea, me dijo que muchos cuadros de Dalí los hacía él. “¡Bea, hazme esta perspectiva!”. Eso es muy inteligente. También lo hacían los pintores medievales. Para ahorrarse trabajo. Antes los pintores trabajaban en equipo. Es ahora que se ha hecho este individualismo con estos precios grandiosos mientras los otros se mueren de hambre.

Por lo tanto, nada de galerías.

Yo ya he pasado por eso. Encuentro que las galerías tienen muy difícil vender. Y el mercado del arte está muy manipulado, también. El éxito en ciertos momentos es fácil de obtener, pero no quiere decir que te lo merezcas.

También lo puedes perder muy rápidamente…

El mundo del arte es muy duro. Tienes que ser como mi hermano, que es muy listo. ¡Fue muy listo! ¡Mucho! En California, por ejemplo, el mundo del arte estaba en manos de las lesbianas. Yo iba a las galerías y ¿qué me hacían? Aparte de que parecía una cherokee y llevaba una cabellera negra hasta aquí. Aunque yo sea blanca de piel, para ellos esos cabellos negros no eran norteamericanos. Te los empezaban a acariciar. Y yo les decía: “Escuche, que vengo aquí para que mire mi obra, no para que me toque”. Si hubiera ido –pobre de mí, que soy virgen–, habría tenido una suerte inmensa.

¿Virgen?

Quiero decir que nunca he estado con mujeres yo. No lo he hecho nunca. Podría haber dicho: “¡Va, vamos, probemos!”. Seguro que habría vendido más cuadros. O me habrían mantenido. Nunca me he vendido, yo.

¿Y por qué el tarotismo? Usted es tarotista, también…

Porque también me ha entrado a través de la literatura. Es un mundo complejo, pero si lo miras a través de Italo Calvino, que escribió El castillo de los destinos cruzados, lo ves de otra manera. De una manera más poética. El arte de la interpretación. A mí me ayudó mucho a hablar, a expresarme a través de la palabra. Si ahora yo te hablo así, es porque he practicado el hablar con los demás.

¿Y eso lo aprendió a través del tarot?

Y más cosas. No es esto solo de salud, dinero y amor. No. Yo lo que hacía, de alguna manera, era ayudar a los demás a pensar. No es solo adivinar si encontrarás novio o lo que sea, no. ¿Tú has leído Calvino? Es muy bonito. Entonces lo entiendes. Es mirarlo con luz. Cambia la percepción. Y también está la numerología, que me ha interesado mucho siempre. El significado de los números, a este nivel más profundo. No tan matemático, sino más espiritual.

Su curiosidad es infinita.

¿Quién?

Usted.

¡Yo qué sé! Bastante que me cuesta hablar. Ya puedes contar. Ahora lo que me gusta es divertirme.

Poco se divertirá por aquí…

Escucha, ¿cómo quieres que me vaya al pueblo? ¿No ves que alboroto gallineros a la primera para hacer reír?

¿Aquí en el bosque con qué se puede divertir?

Con los fantasmas. [Ríe].

¿Cree en ellos?

Cuando lees los libros de fantasmas chinos, ¡Dios mío! No es que crea o no, más bien no me gusta pensar en ellos. Aquí vino un día uno que había vivido antes y me dijo: “¿No sabes que aquí se han muerto tres?”. Sí. Puede ser fantasía eso, eh?, pero cuando nos vamos siempre podemos volver a donde hemos estado. Hacer una mirada todavía.

¿Está segura?

Quizás. ¿Por qué Joaquim me dijo eso de mi perro y me lo dijo muy serio? Quizás fue para decirme que no me quedaría sola, que no tuviera miedo. [Con voz muy bajita] Pero es que mi perro es único.

[Con voz bajita también] De acuerdo, pero eso no quiere decir que contenga un alma humana.

¿Verdad que te he dicho que la naturaleza no muere nunca, sino que se regenera? Si a mí me entierran, en lugar de hacerlo en un cementerio, aquí… Porque aquí hay enterrados, eh? Los viejos los enterraban antes aquí. Y yo sé los lugares. Si a mí me entierran aquí y plantan un árbol, mi esencia entrará en el árbol.

No creo que eso le permita ver y escuchar.

¿Sabes qué hacen los árboles? Lo que pasa es que son silenciosos. Hablan de otra manera. Yo no tocaba los que más quiero. Y ahora mi árbol trinitario, que es tan precioso…

¿Trinitario?

Sí, porque son tres en uno. ¡Ahora ya lo abrazo! Tienen la piel completamente diferente a nosotros. Los sientes. Le pido que me cure por favor, porque estoy destrozada, y sientes la energía. Al cabo de un rato, cuando vuelves a casa, ya eres diferente. [Alena fondo y ríe].

Conxita con Santi Trullenque, el director de ‘Madeline Usher» / Anna Munujos

¿Qué quiere ser de mayor?

¡Actriz!

Ha hecho una película ahora, Madeline Usher. ¿Le gustó?

¡Sí! ¡Quiero ser actriz! Me enamoró su director, Santi Trullenque. Su naturaleza. El hecho de que creyera en mí. El hecho de que le guste la visión de la mujer mayor. ¡Siempre me hace más grande! Me podría rejuvenecer… Yo me podría rejuvenecer a mí misma. Y como no te fijas y tanto te da porque te has hecho mayor y no lo puedes ocultar y te puede salir mejor o peor, pero es que me ha dado la capacidad de expresarme yo misma. Ha creído en mí. Es una locura. Santi corta, recorta, corta… No es como Hitchcock, que lo quería hacer todo seguido. Si la ves toda, es buena. Él es bueno. Pero, si lo quieres acortar porque detrás está el Hombre elefante… ¿Lo entiendes? Sí, yo de mayor quiero ser actriz, como Jeanne Moreau. Y tener como director a Orson Welles. ¡Un genio! ¿Sabes qué decía Orson Welles? “Lo mejor es trabajar con mis íntimos amigos. Y si no lo hacen bien, ¡da igual! ¡Los volvería a contratar!”. Para mí lo más importante, lo que me hace más feliz, es disfrutar de la amistad. ¡Eso sí que es verdad! Las personas que podamos disfrutar de la amistad y que nos haga crear… ¡Eso es maravilloso! Welles era un genio. Uno de los cerebros que ha habido. Ya no se hacen. De esos cerebros, hay uno por mil. ¿Quieres decir que se volverán a hacer?

Eso espero.

¿Con este ganado que corre?

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