«Nos han obligado a dejar años de vida atrás». Con esta contundente frase describe Sandra López, la portavoz de la plataforma de familias afectadas del Camping Sant Salvador, situado a Coma-ruga (Baix Penedès), la situación con la cual se han encontrado unas setenta familias que hacía más de una década que se habían hecho sede este espacio como segunda residencia. El cambio de manos de la propiedad del establecimiento comenzó un conflicto con los campistas, que habían convertido el espacio en una modesta segunda residencia -a pesar de que no de su propiedad, puesto que cada año tenían que revalidar su contrato. Después de meses de polvo y negociaciones encalladas, los nuevos propietarios del camping, la empresa HolaCamp -operadora catalana especializada en glampin, término que fusiona las palabras glamur y camping-, han llegado a un acuerdo con unos veinte las familias que se habían puesto en pie de guerra, pero el resto han echado la toalla y plataforma de afectados se ha disuelto.

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El conflicto se remonta en el mes de febrero, cuando la empresa comunicó a los campistas que no los renovaría el contrato vigente porque tenían la intención de cambiar el modelo de negocio y convertir el camping San Salvador en establecimiento enfocado al sector de lujo. Ante las reticencias de los inquilinos a dejar su parcela, desde HolaCamp abrieron un periodo de negociaciones «individualizadas» para intentar llegar a un acuerdo que se adecuara a las «nuevas condiciones del espacio»: «Hemos hecho un ejercicio de empatía; el que la mayoría de estas familias necesitaba era tiempos y los lo hemos dado», asevera el CEO de la compañía catalana, Alfonso Leprevost. Ahora bien, la portavoz de la plataforma de familias afectadas -que ahora ya se ha disuelto- explica en conversación con El Món que la situación no se ha producido, tal como lo explican los nuevos propietarios del camping: «Dicen que siempre han sido abiertos a negociar, pero es mentira. Nunca se han querido sentar con todos nosotros por habla sobre nuestra situación«, remacha Sandra López.

Una veintena se quedan, pero a un «precio indecente»

Desde la empresa aseguran que «siempre ha brindado asistencia continua a los campistas, ayudándolos en el traslado o la venta de módulos y facilitando el desmontaje tanto entre semana como en fines de semana». Una afirmación que choca con la versión de las familias afectadas, que han expresado varias veces que solo» los dejaban acceder en el interior del recinto «los fines de semana», cosa que los dificultaba mucho poder recoger sus pertenencias. Todo y las discrepancias, unas veinte familias han acordado con HolaCamp la renovación del contrato para los próximos dos años. Es decir, que si el 2026 quieren continuar prolongando su estancia en este establecimiento, tendrán que volver a negociar las condiciones. Ahora bien, la antigua portavoz de la plataforma de afectados asegura que el precio del nuevo contrato «es mucho más alto» que el de antes y no incluye «más prestaciones»: «Es un precio indecente», remacha. Desde la compañía, pero, aseguran que sí que han ampliado los servicios del establecimiento.

Con pancartas y silbatos, las familias afectadas del camping San Salvador de Coma-ruga muestran su rechazo al desalojo del espacio / ACN

Las ‘mobile hombre’, la piedra en el zapato de las negociaciones

Uno de los factores que ha encallado durante meses las conversaciones entre campistas y propietarios son las mobile hombre -una unidad móvil de grandes dimensiones con forma de casa: «Para desplazar una casa de estas características hay que contratar unos vehículos especializados que cuestan cerca de 9.000 euros, y muchas familias no se pueden hacer cargo de este gasto», denuncia López, que asegura que los costes de transporte «iban a cargo de las familias». De hecho, en una carta oficial del 17 de abril, desde HolaCamp informaban las familias que, si no retiraban sus objetos personales, se ocuparía la empresa: «Nos reservamos el derecho a retirar de la unidad de alojamiento las pertenencias del usuario, a quien serán íntegramente reclamados todos los costes de la retirada y todos los daños y perjuicios que ocasione su inactividad. En este sentido, informamos que los gastos de desmontaje, compra de palés, embalajes, grúas, carga y transporte ascienden hasta los 4.730 euros en caso de mobile hombre y hasta los 3.780 euros en el caso de las caravanas», argumentaban en esta misiva. Desde la operadora, pero, aseguran que finalmente ellos mismos se han hecho cargo de los gastos que suponen reubicar estos vehículos. Una afirmación que la portavoz de la antigua plataforma de afectados desmiente.

Ante esta situación, algunas familias han optado para «malvender» la suya mobile hombre: «Mi compañero y yo hemos preferido vender por una miseria la mobile hombre antes de que darles un céntimo a los nuevos propietarios», expresa Sandra López, que lamenta el viraje que está cogiendo el camping. De hecho, asegura que este es uno de los motivos por los cuales se ha acabado disolviendo la plataforma de familias afectadas con que se habían organizado: «Ha llegado un punto en que lo hemos enviado todo a la mierda. La única manera que teníamos de seguir adelante era presentar una demanda, pero esto también supone un sobreesfuerzo económico que no todo el mundo podía asumir», apunta López.

De izquierda a derecha, Alfonso Becker, Alejo Olano, Alfonso Leprevost y Héctor Fina, socios de HolaCamp / HolaCamp

El futuro del camping San Salvador

Ahora, después de meses de conflicto abierto entre nuevos propietarios y antiguos campistas, HolaCamp ha conseguido tranquilizar la situación y proclamarse como vencedores, aunque no absolutamente, del polvo para poner en marcha la «nueva etapa» del camping: «Nos encontramos que el camping necesitaba una renovación total. Hemos añadido más de 50 nuevos alojamientos equipados, entro bungalows tiny y jaimas glampin diseñadas por HolaCamp, para que los campistas puedan disfrutar de todas las comodidades», explica el CEO de la operadora catalana. Además de modificar los espacios de alojamiento del camping, los cuales aseguran que han «homogeneizado» para «mejorar» la experiencia de los campistas, los nuevos propietarios también pretenden hacer una «reforma integral» de varias equipaciones del establecimiento, como por ejemplo los lavabos, e inaugurar un nuevo restaurante, que estará abierto tanto en las familias que hagan estancia al camping como las personas externas. Una serie de reformas que suponen una inversión de 4,5 millones de euros en los próximos 3 años. Así pues, con el conflicto desencallado, a pesar del mal gusto de boca de algunas familias, el camping San Salvador comienza una nueva etapa.

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