Sorpresa interesante en la vigésima tercera jornada del juicio contra los Pujol Ferrusola. Este miércoles, después de los habituales problemas técnicos de la Audiencia Nacional –que pronto tendrán un artículo en la Ley de Enjuiciamiento Criminal–, se ha subido al estrado virtual el ex agregado de Interior en la embajada española en Andorra, el inspector del Cuerpo Nacional de Policía Celestino Barroso. Un testigo esperado por las defensas y que ha dejado desprotegidas las acusaciones. Hasta el punto de que el fiscal del caso, Fernando Bermejo, ha tenido que repreguntar para intentar reducir la catástrofe para la tesis acusatoria que ha conllevado el breve interrogatorio de los abogados de Jordi Pujol Ferrusola, Cristóbal Martell, y de Francesc Robert, Fermín Morales.
Barroso no solo ha admitido las presiones a los ejecutivos de la Banca Privada de Andorra (BPA), -donde los Pujol Ferrusola tenían el dinero- sino que ha detallado de quién recibió la orden. En concreto, del comisario Pedro Esteban, el jefe de la Brigada de Información de Barcelona del CNP. Este mando policial fue arquitecto de otra operación contra el soberanismo, la persecución de los jueces favorables a la autodeterminación, un asunto que ahora se ha reabierto en los juzgados de Madrid a raíz de los audios que muestran cómo articuló la operación y cómo lo protegió el entonces director adjunto operativo del CNP Eugenio Pino, único condenado por ahora por su participación en la operación Cataluña.

Corrobora la conversación
Barroso ha corroborado punto por punto la versión expuesta ayer por el testimonio de Joan Pau Miquel, ex consejero delegado de la BPA, que relató cómo el policía le avisó del posible «golpe de hacha» contra el banco si no colaboraban con la policía española. Una reunión que Miquel grabó y que El Món ha publicado. Barroso ha reconocido que le ordenaron trasladar el mensaje de que el «Banco Madrid tenía problemas» y que sería bueno que «se entrevistaran con un tal Félix Rodríguez [sobrenombre que dio al comisario de Asuntos Internos de la época, Marcelino Martín Blas]».
La orden de trasladar el mensaje la recibió de Esteban. De hecho, Barroso, justo antes de ser destinado a Andorra, había trabajado en la jefatura del CNP en Barcelona. No obstante, se ha desentendido de lo que pasó después de la reunión y ha alegado que «no conocía» a Martín Blas. En el mismo sentido, también ha echado balones fuera sobre el volcado de información en la embajada de España en Andorra sobre las cuentas de la entidad. Un volcado que ha abierto otra brecha en la instrucción del caso.



