El juicio de la operación Kitchen sigue ofreciendo episodios dignos de una canción de Antònia Font. Esta mañana, que se ha reanudado en la Audiencia Nacional, la vista oral es una jornada esperada por la declaración de la víctima, y protagonista, de la operación de las cloacas políticas, el extesorero del PP, Luis Bárcenas. De hecho, el caso que ha llevado a todo un exministro del Interior como Jorge Fernández Díaz al banquillo de los acusados con peticiones de pena de hasta 15 años de prisión, por movilizar a la brigada política para sustraer a Bárcenas los «papeles» con información delicada sobre la financiación de la formación.
Bárcenas, ya con muchas horas de vuelo en la Audiencia Nacional, ha explicado con desenvoltura que ordenó a un preso de Soto del Real que destruyera unas grabaciones relacionadas con el expresidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Precisamente, Rajoy declarará el jueves. Según ha explicado, el recluso a quien confió la misión tenía conocimientos informáticos. De hecho, ha reconocido que le pagó entre 4.000 o 5.000 euros por destruir un audio y otra documentación que guardaba en una nube aprovechando un permiso penitenciario. Bárcenas ha detallado que el preso hizo el trabajo porque al salir de la prisión constató que en la «nube no había nada». De esta manera, Rajoy vuelve a salir salpicado en la trama después de que el investigador principal hace una semana lo involucrara con los principales implicados.

Un chófer propuesto por el PP
Por otra parte, Bárcenas ha ofrecido detalles de uno de los acusados y base de la operación Kitchen, su chófer Sergio Ríos. Una persona que fichó la policía patriótica como topo a cambio de 2.000 euros al mes de fondos reservados, una pistola de cerámica y su entrada al Cuerpo Nacional de Policía. Bárcenas ha asegurado que Ríos tenía acceso permanente a su móvil porque siempre lo dejaba en el coche cuando asistía a una reunión.
De hecho, ha añadido que el mismo Ríos le llevó una funda «Faraday» para proteger el móvil de interceptaciones o localizaciones. Lo ha calificado como «chico para todo», porque además de chófer, le hacía gestiones y de chico de los recados, trámites administrativos o cobro de cheques. Ríos comenzó a trabajar con Bárcenas porque le recomendó un exjefe de seguridad del PP que lo calificó de «estupendo» y que ya había hecho trabajos para el PP.

