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Si es 17 de agosto, esto es la Universitat Catalana d’Estiu, la UCE, en Prada, el Conflent. Esta podría ser una frase hecha habitual de la canícula política catalana, siempre calurosa. Y un año más, se ha cumplido la profecía. Con un cuarto de hora de retraso -una anomalía en casi sesenta años-, se ha inaugurado la 58ª edición de la UCE. Todo con su tradicional vocación global de catalanidad en el ámbito académico, científico, social, cultural y político, con el lema «Països Catalans més que mai: desenvolupament o progrés» se ha dado el pistoletazo de salida a una semana de intensa actividad de cursos, conferencias y clases magistrales.

Sin lugar a dudas, el acto de inauguración lo ha protagonizado Audie Vivès, alcaldesa de Prada, que ha despertado un sonoro aplauso tras un discurso, absolutamente en catalán, y que ha sorprendido al mismo presidente de la UCE, el a menudo hierático Jordi Casassas, que ha admitido haber «comenzado fuerte» la academia veraniega. Aun así, no ha eclipsado al ponente principal, el doctor Antoni Fiuró, de la Universitat de València, que ha expuesto una extraordinaria conferencia sobre la figura y la ascendencia de Jaume I. De hecho, la figura del monarca ha sido la excusa para proponer una nueva idea de los Países Catalanes y una catalanidad dispuesta a acoger con la fórmula «un nosotros abierto».

Antoni Furió, en un moment de la seva intervenció a la inauguració de l'UCE/Josep Maria Montaner/UCE
Antoni Furió, en un momento de su intervención en la inauguración de la UCE/Josep Maria Montaner/UCE

Una tierra de acogida

En cualquier caso, Vivès no se ha andado con rodeos y ha reivindicado la UCE como un centro de encuentro de los Países Catalanes y como tierra de acogida, como se demostró con el exilio durante y después de la guerra de los Tres Años, bautizada como la Guerra Civil española. De hecho, la alcaldesa con una pronunciación firme y consciente del público que llenaba como un huevo el auditorio Charles Renouvier de la capital del Conflent, ha defendido el concepto de los Países Catalanes y de la catalanidad que representa y más en un entorno hostil con el fantasma del fascismo que se pasea por Europa.

Por eso, ha instado a la Catalunya Nord, al Principat de Catalunya, al País Valencià, las Illes, la Franja y Andorra, a unir esfuerzos por la «dura batalla» contra el fascismo y más cuando en Perpiñán, el ayuntamiento está en manos de Reagrupamiento Nacional, la extrema derecha oficial francesa. Todo ello en un contexto del movimiento en favor de cambiar el nombre del departamento administrativo de la Catalunya Nord y rebautizarlo como «Pirineo Catalán» que defiende uno de los otros ponentes en la inauguración, Nicolau Garcia, exalcalde de Elna y vicepresidente del Consejo Departamental del Pirineo Oriental».

Nicolau Garcia, vicepresident del Consell Departamental del Pirineu Oriental/Josep Maria Montaner/UCE
Nicolau Garcia, vicepresidente del Consejo Departamental del Pirineo Oriental/Josep Maria Montaner/UCE

«Borrar la identidad catalana»

Vivès, que fue elegida muy recientemente alcaldesa de Prada, ha alertado de sus vecinos cooptados por la extrema derecha que solo trabajan para «borrar la identidad catalana». Así ha recordado que el consistorio de Perpiñán ha recortado las subvenciones a la cultura catalana o el cierre de la oficina pública del catalán de la ciudad. Decisiones que, para Vivès, responden a la ideología «fascista, xenófoba y excluyente» de la extrema derecha. De ahí que haya reivindicado Prada como una «tierra de acogida» citando el exilio de Pompeu Fabra y Pau Casals. En este sentido, ha pedido armarse de valor porque la «batalla será dura» aunque asegura que los Países Catalanes pueden ser un muro de contención contra el fascismo.

Por su parte, el profesor Furió ha aprovechado su lección inaugural sobre los 750 años de la muerte de Jaume I para esbozar un nuevo concepto de los Países Catalanes alejados «de una prolongación de un mapa medieval» o de la «nostalgia» sino un «proyecto contemporáneo económico, social, cultural y comercial» que no caiga en una «identidad cerrada» y que evite «renuncias modestas». De hecho, ha resumido su idea para que el catalán tenga posibilidad de futuro hace falta un «nosotros abierto», porque el futuro «no está escrito en el Llibre dels Fets ni en ninguna otra crónica, por eso aún lo podemos escribir nosotros».

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