Dicen las malas lenguas, que en política suelen ser las buenas, que las dentelladas demoscópicas de Aliança Catalana a Junts serían más bien mordisquitos si Junts tuviera como una de sus portavoces oficiales a Laura Borràs. La expresidenta del Parlamento, inhabilitada por contrataciones irregulares en su etapa como presidenta de la Institución de las Letras Catalanas, se ha encargado de abonar esta tesis. Sin encomendarse a nadie, y al margen del discurso oficial del sanedrín de Junts, ha pronunciado una conferencia en la 58ª edición de la Universidad Catalana de Verano, la UCE que se ha inaugurado este mediodía en Prada, el Conflent.
Borràs, en el marco de una jornada de la Fundació Fundem la República, el think tank de Junts del cual es directora académica, no se ha quedado sin exponer su estrategia independentista a falta de un año para que el Primero de Octubre cumpla una década. Lo ha hecho aprovechando su bagaje literario, equilibrando la tesis de la importancia política del relato pero también remarcando la importancia de su contenido. Y, sobre todo, enfatizando que el independentismo no puede eludir debates como la gestión de la inmigración y aún menos, permitir que el debate migratorio ocupe todo el debate y la agenda política dejando una autopista al «populismo» o «a los que culpan a la inmigración de todos nuestros males».
Una velada referencia a Aliança Catalana y a los temores que genera entre los de Junts que parece que tambalean ante las cifras de las encuestas y la presión de PSC y ERC por recriminar a los de Carles Puigdemont que insinúan que harán migas con los de Orriols. Borràs ha utilizado un concepto como la «inteligencia nacional» para rehacer la apuesta ganadora del independentismo y ha rogado a los partidos y a los líderes independentistas dejar de lamerse las heridas, buscar culpables y, sobre todo, dejar de tirarse los platos por la cabeza, especialmente, entre la especie más cainita entre los que se hacen y se deshacen, los compañeros de carnet. «Estoy aquí como Laura Borràs, no como Junts», ha advertido, pero el mensaje nada subliminal era más rotundo: quien tenga oídos que escuche. Un mensaje dirigido a sus compañeros de partido.

Política vs Racismo
Borràs, después de describir con precisión literaria su concepto de «inteligencia nacional» y «soberanía narrativa», se ha atrevido a entrar en un terreno que parece vedado al debate político más allá de la refriega dialéctica, la inmigración. «El debate es entre dependencia o independencia», ha aseverado y «esto me obliga a hablar de populismo, que no se combate negando el problema, que se combate resolviéndolo, y esto es especialmente importante cuando hablamos de inmigración».
«El independentismo no puede eludir este debate, no debe eludirlo, pero tampoco puede permitir que la inmigración ocupe todo el espacio político, si negase los problemas que preocupan a la gente, la gente acaba escuchando a los que sí que hablan de ellos, pero si dejamos que alguien convierta la inmigración en el culpable de todos los males, ya hemos perdido antes de empezar como país», ha sentenciado. En este sentido, ha subrayado que «una nación no se fortalece haciendo más pequeña a la gente que llega, una nación se fortalece teniendo las herramientas para integrar a la gente que llega, y Cataluña es y ha sido un país receptor de inmigración pero tiene unas competencias escasísimas y muy limitadas para gestionar la acogida de las personas que están aquí y aquí hay una de las paradojas de la autonomía que debemos ser capaces de mirar de frente: se nos pide responsabilidad sobre problemas de los que no tenemos herramientas para poderlos tratar».
Por eso ha pedido «herramientas de estado para garantizar derechos, para hacer cumplir deberes, para ordenar flujos, para garantizar servicios, hacer del catalán la lengua de integración y para construir sentido de pertenencia para vivir en comunidad, y exigir estas herramientas no es racismo es política». «La independencia es eso, tener las herramientas necesarias para hacernos responsables del país que queremos construir», ha concluido. Una exposición que incluso le ha valido una pregunta del público, el comodín incómodo, que le ha repreguntado si «deberíamos convertirnos al islam para ser independientes». Borràs ha sido hábil, e irónica, en la respuesta y le ha replicado que su idea es integrarlos y no hacer ningún tipo de conversiones masivas, que una cosa es la religión y otra la política. Bien que lo ha hecho saber detallando su tesis sobre la inteligencia nacional y la soberanía narrativa que comporta convertir la experiencia en conocimiento, el conocimiento en estrategia y la estrategia en poder político. Eso sí, teniendo presente lo que ha pasado los últimos nueve años porque para «volver a hacerlo igual, no hace falta hacerlo».

