Omar Noumri i Coca (Argelia, 1991) es claro y le gusta poner los puntos sobre las íes. De respuestas largas pero comprensibles, el joven alcalde republicano de Castelló de Farfanya, una pequeña villa de la Noguera –con 543 habitantes–, es uno de los pioneros del lobby de alcaldías Eines de Repoblament Rural, impulsado en el año 2021. Noumri llegó a Cataluña cuando tenía solo un año, junto con su familia, huyendo de la guerra que había estallado en su país natal. Se instalaron en Castelló de Farfanya, el pueblo natal de su madre, donde su linaje familiar se remonta 300 años atrás: «Soy de Cal Pelat y me siento muy orgulloso. Muchas veces me preguntan si me siento más argelino o catalán, y siempre les respondo que ambas cosas», afirma. La afición por la política le viene desde pequeño gracias a su familia y ya de adolescente eligió la vía de la militancia, comenzando por la JNC y, años después, cuando se fue a vivir a Barcelona para estudiar, enrolándose en las bases de Esquerra Republicana (ERC).
Historiador y docente de formación, pero con una gran vocación política, ha sido juez de paz y guía turístico. En el año 2019, sin embargo, su vida dio un giro al convertirse en el nuevo alcalde del pueblo, y en 2023 se le revalidó el cargo en las últimas elecciones municipales. Noumri recibe a El Món en su despacho del Ayuntamiento, donde trabaja cada tarde, ya que las mañanas las pasa trabajando como secretario general de la Paeria de Balaguer. En esta entrevista, el alcalde de Castelló de Farfanya se adentra en el nuevo estatuto de los pequeños pueblos que aprobó el Parlamento de Cataluña el pasado 16 de julio gracias a los votos de todas las formaciones políticas del hemiciclo menos Vox, y reflexiona sobre las estrategias políticas que han condicionado la supervivencia de los municipios rurales del país.
Ya hace seis años que ocupa el cargo de alcalde y, desde entonces, ha tenido que afrontar muchas situaciones convulsas.
En 2019 ganamos las elecciones con un 64% de los votos, cinco de siete concejales. Bueno, una buena mayoría. Y en el 23 renové el cargo después de haber vivido toda la pandemia de la Covid y todos los problemas con los que me encontré al llegar, que había que organizar muchas cosas pendientes de la administración anterior [también en manos de ERC]. En el 23 me volví a presentar con una lista independiente. Yo estoy afiliado a Esquerra, pero los compañeros de lista son de diversas ideologías y sensibilidades. Y con esta lista conseguimos mejorar los resultados, mientras que ERC fue a la baja en casi toda Cataluña. De hecho, fuimos de los poquísimos pueblos de Lleida [la demarcación] donde se mejoraron los resultados, lo que muestra que estábamos haciendo bien nuestro trabajo.
¿Cuáles considera que fueron las claves para conseguir estos resultados?
En las ciudades hay un aspecto más politizado del voto, porque se vota más al partido que a la persona. En cambio, en los pueblos se vota más a la persona, y yo aquí tuve mucho el apoyo de la mayoría de los vecinos, y estoy muy agradecido.
Es una manera de hacer política diferente.
Mucho. Yo pienso que hacer política de la manera como la hacemos los municipios rurales sería un modelo de éxito para las ciudades, porque la gente en la ciudad agradece mucho el trato cercano. Y en los municipios rurales tener este trato es de obligado cumplimiento. También es cierto que en algunos momentos es más complicado, como en mi caso actual, que tengo que ir a trabajar también a Balaguer, pero me lo puedo combinar. Ahora bien, pienso en alcaldes que también son diputados, les debe ser complicado compaginar el pueblo y el Parlamento. Si quieres hacer cosas por el municipio, es muy importante que la gente te sienta cerca, y creo que esta fórmula es transportable a todos los tamaños de municipio. Supongo, no obstante, que Barcelona debe ser más complicado y los políticos quieren poner más filtros, porque tampoco podrían estar recibiendo gente cada día [ríe], pero también me consta que en los municipios de Cataluña donde el alcalde hace esto [es decir, interactúa constantemente con los vecinos] acaban ganando.

De la misma manera que escuchar a los vecinos es esencial, ¿los pueblos rurales se sienten escuchados por la administración catalana?
Creo que antes de que hiciéramos Eines de Repoblament Rural, antes de que acabáramos fundando este lobby de alcaldías, en general, no estábamos escuchados. No existíamos. Se reunían con nosotros, nos daban una palmadita en la espalda, hacías la foto de rigor con el director de servicios territoriales de turno, o el consejero o el secretario general, y se acababa. «Si te he visto no me acuerdo [ríe]». Yo creo que una vez nos organizamos, porque somos como un sindicato de alcaldías de municipios rurales, de alguna manera, y comienza la movilización activa, transversal políticamente, se nos comienza a escuchar más.
¿En qué aspectos lo ha notado más?
Por ejemplo, en el caso de la educación, yo decidí montar, junto con el equipo de gobierno del momento, una guardería rural. Conseguimos una subvención de la Diputación de Lleida para hacer la infraestructura, y nosotros como Ayuntamiento ya hacíamos el esfuerzo de realizar la obra. Pues, en ese momento, cuando recibimos la subvención para ponerla en funcionamiento, el Departamento nos dice que, a partir de ahora, como en tantos otros municipios, tendríamos que pagar 40.000 euros para tener una técnica de educación infantil. El problema es que me he gastado muchos miles de euros en hacer la inversión, cuando el responsable de la competencia es el Departamento, y además me haces pagar una cifra desorbitada en función de mis recursos ordinarios. Yo no tengo la capacidad de pagar esa cantidad. Balaguer quizás sí, pero yo, por tener uno o dos niños en la guardería, me parecía desproporcionado. Si en ese momento hubiera estado solo, pues seguramente me lo habría tenido que comer con patatas y, hoy en día, la guardería estaría cerrada. Cuestiones como estas, en todos los ámbitos, especialmente en urbanismo, que es la losa compartida de todos los pueblos rurales, es lo que nos hizo decir basta.
¿Cree que uno de sus éxitos como lobby es esta transversalidad?
Nosotros no miramos el partido de las alcaldías porque el partidismo ha sido la gran losa del progreso de Cataluña. Hacer política desde un enfoque partidista ha matado el progreso de Cataluña, especialmente el equilibrio territorial. Primero porque hubo muchos años de pujolismo, pero no es cuestión de que fuera de un partido u otro. Yo creo que los partidos que no aprenden a escuchar directamente a la ciudadanía y hacen políticas solo para los suyos irán cada vez más a la baja. La gente más joven ya no mira mucho la televisión, prefiere YouTube u otras redes. Entonces, cada vez es más difícil utilizar los métodos de la política tradicional, aunque también existe el peligro de que, por otro lado, sin un buen espíritu crítico también es más fácil manipular a la población o influir en ella con discursos fáciles, que es lo que utiliza la extrema derecha. Y esto también es culpa de las izquierdas.
¿En qué sentido?
Porque las izquierdas han abordado una serie de cuestiones desde el buenismo. Por ejemplo, hay un problema migratorio, que no significa que las personas migrantes sean un problema. Tenemos una llegada de gente y un sistema de acogida que no acaba de hacer una inclusión real para estas personas, bien sea porque algunas de estas personas están en una situación de vulnerabilidad y acaban teniendo una mala vida, en la cárcel o donde sea; o bien sea porque también están en situación de vulnerabilidad y acaban en trabajos precarios, con una vulneración muy clara de sus derechos laborales. O, también, un porcentaje -que no sabría decirte cuál es- de personas que sí acaban entrando en el modelo y pueden progresar, que es mi caso pero conozco muchos otros. La cuestión es que no podemos dejar que sea fruto del azar. Sin dejar de lado que, evidentemente, el mundo no es de color de rosa. Si no hubiera personas malas en el mundo, no existirían las cárceles, y las personas malas pueden ser de origen catalán o de cualquier otro país. Ahora bien, estigmatizar toda una etnia o un colectivo porque ‘x’ porcentaje es malo… Aunque solo el 1% fuera bueno, no puedes generalizar, porque entonces estás deshumanizando un colectivo. Y así es como la extrema derecha comienza cosas como las que han pasado este verano en Torre Pacheco.

¿Cómo nace Eines de Repoblament Rural?
Recuerdo que alrededor de San Juan del 2021 hicimos una reunión cuatro alcaldes [Omar Noumri i Coca, de Castelló de Farfanya; Jaume Gilabert i Torruella, de Montgai; Joan Eroles i Samarra, de Puigverd d’Agramunt y Mario Urrea Marsal, de Torrebesses], de diversos puntos políticos, donde vimos que debíamos dejar de lado el partidismo, dejar de lado los juegos de sillas que tienen los partidos, porque muy a menudo son peones de su gran tablero. Los alcaldes de los municipios rurales, no nos engañemos, solo somos importantes los tres meses antes de las elecciones. Después de esos meses se olvida. Es un sentimiento que he sentido de alcaldes de diversos colores. Incluso, por parte de la Generalitat, hemos tenido siempre una sensación de tutela, como si fuéramos menores de edad. Nos pedían más papeles, más burocracia, por el simple hecho de ser pueblos pequeños. De esta indignación conjunta es de donde nace Eines de Repoblament Rural. Y decidimos hacer lo que hacen los vecinos y las vecinas, que de la indignación o la impotencia vienen al Ayuntamiento y se quejan.
Desde la creación del lobby de alcaldías, uno de los principales aspectos en los que han centrado la lucha es en la elaboración del nuevo estatuto de municipios rurales. ¿Qué primeras respuestas recibieron por parte de la administración a este frente común?
La primera reacción es que inicialmente éramos cuatro alcaldes y, un mes después, ya éramos más de cien en el grupo de WhatsApp. A partir de ahí, a medida que íbamos creciendo, comenzamos a pedir reuniones con las diferentes consejerías de aquel período, con Junts y Esquerra en el Gobierno, y nos pudimos empezar a reunir con algunas de ellas. Y cada vez continuábamos creciendo más. Ahora ya somos más de quinientos municipios agrupados, de todos los colores políticos, porque nos es indiferente. Ahora bien, no hay que negar que también nos ha ido muy bien para hacer presión. Los de Esquerra a Esquerra, los de Junts a Junts… Así siempre hemos tenido una mano tendida, un puente, con todos los grupos políticos, y lo hemos vivido también durante la elaboración del estatuto.
¿Se han reunido con todos los partidos representados en el Parlamento?
Sí, incluso con aquellos que no tienen representación municipal. Aquí nos decepcionó mucho que Vox votara que no a la aprobación de la ley, porque durante la reunión que mantuvimos en privado nos dijeron que votarían a favor. A última hora se echaron atrás.
¿A qué cree que se debe este cambio?
Bueno, porque hubo partidos que quisieron añadir a la ley principios más progresistas de los que representa Vox. Por ejemplo, habla de género y habla de la lengua catalana, que son cosas que al resto de partidos no incomodan. O, incluso, si hay partidos que les puede incomodar, es secundario porque prefieren quedar bien con los alcaldes. En cambio, como Vox no tiene ninguna alcaldía en los municipios rurales, pues decidieron votar en contra. Es una pena, porque habría sido una de las primeras leyes que se aprueban por unanimidad.
Con la ley aprobada en el Parlamento, ¿ahora qué toca?
Aún quedan muchos pasos por dar. Una cosa es la ley, y otra cosa es el despliegue. La mayoría de los alcaldes [involucrados] somos políticos, y sabemos cómo van las cosas en política… Yo he hecho más de jurista o de asesor técnico, por decirlo de alguna manera, pero hay una persona muy experimentada, que ejerce como coordinador de Eines, que es Jaume Gilabert, que ha pasado por todos los aspectos políticos imaginables. Con él hemos hecho muy buen tándem. Muchos de los alcaldes llevan unos cuantos mandatos y las han visto de todos los colores, por eso sabíamos que nuestro trabajo no debía acabar con la aprobación, sino que debía ir un paso más allá y debíamos estar presentes en el despliegue. Y así lo exigimos, tanto al gobierno de ERC en solitario como al del PSC.

Antes de la conformación del lobby de alcaldías ya existían otras organizaciones de micropueblos. ¿Por qué no se había impulsado una ley de este tipo?
Existe la Asociación Catalana de Municipios, la Federación de Municipios de Cataluña y la Asociación de Micropueblos, por ejemplo. Son entidades que teóricamente defienden los intereses de los municipios y pequeños pueblos del país. El problema es que estas entidades están politizadas a partir de los resultados electorales. Es decir, controladas, de alguna manera, por los partidos. En cambio, nosotros como lobby somos horizontales y transversales. Aquí está la principal diferencia, porque en estas asociaciones [donde también están vinculados la mayoría de alcaldes que conforman Eines] hay unos estatutos que marcan que, según los resultados electorales, la presidencia sea de un color u otro.
¿Por eso no se han constituido como entidad?
En gran medida, sí. Nosotros nos hemos mantenido como un grupo de interés porque, y lo hemos dicho públicamente, es horizontal. No existe esta verticalidad [que sí hay en las otras entidades], todos somos iguales y hacemos cosas en función del tiempo del que disponemos. Hay alcaldes que hemos estado más implicados, sea en la comarca o en las reuniones que hemos hecho en el Parlamento, y hay otros que se han sumado en el momento de ir a la aprobación. O alcaldes que están, pero que no han ido a ninguna reunión. Ahora bien, son alcaldes que, por el simple hecho de estar, ya nos ayudan a hacer fuerza, a tener musculatura. Por eso te digo que nosotros salimos de la frustración de una forma propositiva para romper con el sistema de hacer política de una forma muy partidista. Reclamamos una forma de hacer política transversal, especialmente para las normas que afectan a los municipios rurales, que deben ser de un consenso general. Hace muchos años que en Cataluña no hay un consenso general, pero hay leyes que sí lo requieren, como la ley de urbanismo, que es del 2010 y se ha ido modificando, pero sigue siendo una losa.
¿En qué sentido?
Es una losa porque es una ley que fomenta el pesebrismo. Es decir, es una ley que no afecta, prácticamente, al área metropolitana, porque ya tiene su propio régimen. En cambio, aquí, en los seis años que llevo como alcalde, he tenido que decir a cinco familias jóvenes que no hay suelo edificable, que no se pueden hacer una casa. Les tengo que decir que si quieren una, tienen que quedarse con una casa de veinte metros cuadrados, con humedades, y que, además, si la reforman, deben mantener el tejado de teja árabe y no tocar gran cosa del exterior. Esta medida fue idea del equipo redactor del momento, de alguna manera para frenar la especulación, que ha habido, sobre todo en la parte de la costa. Y somos conscientes de ello, pero hemos pasado de todo a nada.
Es decir, en otras palabras, quieren que la regulación urbanística sea más flexible.
Pensamos que se deben derogar artículos o hacer una discriminación positiva hacia nuestra realidad, que es lo que hace el estatuto. No podemos cortar todos los municipios por el mismo patrón. Tenemos que segmentar mejor las leyes, pero esto también queremos estar atentos a su despliegue para ver cómo afecta a los municipios rurales. Y así lo marcamos en el estatuto. Estamos contentos con la ley, nos habría gustado que fuera más ambiciosa, no lo negaré, pero hay que tener en cuenta que en la mesa de negociación también estaban todas las entidades. Es un problema con el que topábamos mucho. Cuando se elaboraban leyes, si en un lado de la mesa está el gobierno de un color [político], y en el otro lado los representantes de las entidades del mismo color, no hay negociación. Por eso nacemos nosotros. Y reitero, estamos contentos y satisfechos. Se podía haber hecho más, sí, pero con el contexto que teníamos, creo que hemos ido a los máximos que podíamos llegar.

¿Confía en que el despliegue se lleve a cabo de la manera acordada?
Con el actual Gobierno ya hemos llegado a un acuerdo de hacer reuniones, tanto con la consejera de Territorio como con el consejero de Presidencia, para ver cómo adaptamos la ley de urbanismo a nuestros municipios. Y esto ya es una prueba de que la ley es efectiva. Y que la propuesta llegara de antes de que la ley entrara en vigor también demuestra que el pressing tiene sus frutos. Y creo que, ahora, como es un Gobierno unicolor, facilita más las cosas. Tanto con el actual Gobierno como con el anterior hemos tenido buena sintonía, y, de momento, somos optimistas.
¿Considera que esta normativa que «discrimina positivamente» a los municipios rurales es la pieza que faltaba para equilibrar la población en todo el país, para repoblar?
Nosotros, lo primero que queremos es arraigar a la población, antes que repoblar. Es decir, conseguir que la gente que ya tenemos no se marche, y luego ya hablaremos de repoblar. Entre otras cosas, y lo pusimos de manifiesto, porque los servicios sociales que yo puedo ofrecer a una familia vulnerable que venga en pisos o casas de protección oficial que se puedan acabar generando en los municipios rurales son cero o cerca de cero. Los servicios sociales me vienen derivados del consejo comarcal, que no tiene un presupuesto muy significativo porque no tiene capacidad recaudatoria, y, por lo tanto, no tengo el músculo de unos servicios sociales que sí tiene un municipio grande. Por eso también nos hemos reunido con Derechos Sociales para intentar implementar cambios administrativos que mejoren este aspecto. Pues, en resumen, lo primero que queremos es arraigar. Que si me vienen familias jóvenes que necesitan un terreno para edificar, o un campesino me pide hacerse la casa al lado de la granja, como es lógico, lo pueda hacer. ¿Qué sentido tiene que yo pueda construir una fábrica de microchips porque se ha facilitado que en suelo no urbanizable se puedan hacer empresas, pero que el campesino no se pueda hacer la casa al lado de la granja?
También se deben marcar límites.
Efectivamente, establecer las medidas que sean necesarias para evitar la especulación. El objetivo es fomentar que las familias jóvenes no se vayan del pueblo, que es lo que nos pasa a la mayoría de los municipios. Se van a la ciudad de al lado, donde hay más oferta de vivienda. Es un círculo vicioso, porque eso provoca que las ciudades estén más masificadas y se suba el precio del alquiler. Siempre digo que nosotros no estamos en contra de las ciudades, estamos a favor del equilibrio territorial, que hará que los pueblos estemos más vivos. Hará que no perdamos población y, a la vez, que las ciudades no estén tan congestionadas y la gente tenga acceso a una vivienda más digna que la que tiene ahora. Es un círculo virtuoso.

