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Cualquier colectivo o comunidad, ya sea político, deportivo, social, cultural o económico, necesita símbolos. Es una característica atávica de la condición humana. Pero hay un paso más, los símbolos que no han sido contaminados por el virus de la controversia. De estos hay poquísimos. Y posiblemente, una de las cosas que ha ayudado a los catalanes a sobrevivir a sus ilusos enterradores, ha sido tener uno moderno. Un símbolo incluso romántico, capaz de superar, aunque sea por una mañana, la tradición cainita del catalanismo. Es la figura del presidente Francesc Macià.

Si alguien tenía alguna duda, este domingo de noviembre, endulzado por un sol agradable de otoño, se ha demostrado que la figura del presidente Macià es un icono. La inauguración de la Casa Macià, la Villa Denise, en Prats de Molló (el Vallespir) ha sido el escenario de un encuentro que se puede calificar, sin exageraciones, de inédito. Es la mansión donde se desarticuló el Complot que Macià dirigió para reconquistar Cataluña, expulsar la dictadura de Primo de Rivera y convertir el Principado en un estado independiente. Un complot que el pasado 4 de noviembre cumplió cien años.

El fracaso de la detención, sin embargo, fue el éxito de la internacionalización de la causa catalana. Unos hechos que la memoria colectiva observaba de reojo, en los tiempos en que el catalanismo quería parecer Gandhi con una sonrisa y donde las papeleras debían llenarse por si acaso se encontraba un papel en el suelo. Las circunstancias políticas surgidas del referéndum del Primero de Octubre, el exilio y una sociedad civil siempre dispuesta a recuperar los detalles de la historia han obrado el milagro. En concreto, recuperar la Casa Macià como un espacio de memoria colectiva con una exposición comisariada por el editor Jaume Ciurana. La inauguración ha contado con la presencia de cientos de personas, entre ellas, los presidentes Jordi Pujol, Carles Puigdemont y Pere Aragonès, Carme Forcadell y Josep Rull, la consejera de Cultura, Sònia Hernández, el exvicepresidente Josep-Lluís Carod-Rovira y los presidentes de Òmnium Cultura, Xavier Antich y de la ANC, Jordi Riba.

La Casa Macià, aquest matí/QS
La Casa Macià, esta mañana/QS

Punto de encuentro del catalanismo

Los jardines de la Casa Macià se han llenado de figuras del independentismo, tanto las que han tenido un papel protagonista en la política institucional, como aquellos que discretamente -casi de manera clandestina- han participado en la organización de los grandes eventos de los últimos años. En los alrededores de la casa se podían encontrar los anónimos que compraron y distribuyeron las urnas del Primero de Octubre, los que colaboraron con el exilio, o los que se han ocupado de mantener la llama por todo el país en los tiempos del adormecimiento, el aturdimiento o la decepción del Proceso. Activistas casi con más historia que Guifré el Pilós y otros que han pagado con discreción la restauración de la villa o han participado en los viajes mensuales de voluntarios que, después de la experiencia, pueden montar una empresa de reformas y construcciones.

Además de las primeras autoridades, también han participado en los discursos el exconsejero de Cultura y presidente de la Fundación Casa Macià, Lluís Puig, o su homólogo en la Cataluña Norte, Jep Bonet, un hombre de aquellos que tiene un libro así como el presidente de Plataforma per la Llengua, Òscar Escuder. Entre los asistentes, Claudi Ferrer, alcalde de Prats de Molló; Jordi Sánchez, ex preso político y expresidente de la ANC; Jordi Domingo, presidente del Consell de la República y una nutridísima representación juntaire con el secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull, al frente, los diputados Josep Rius, Glòria Freixa, Agustí Colomines, Francesc de Dalmases, Isaac Padrós, Jordi Munell, o Francesc Ten; el diputado en el Congreso y cabeza de lista por Girona, Josep Maria Cervera; la diputada de la CUP, Pilar Castillejo; la exconsejera Àngels Ponsa; Elena Gual de la escuela Arrels de la Cataluña Norte; Rosa Serra, directora de l’Erol y Josep Andreu Domingo, presidente de Estat Català, y veteranos militantes de ERC o de la extinta CDC o el exdecano del Colegio de Médicos, Jaume Padrós. Especialmente emotivo ha sido el homenaje a los conjurados que participaron en el complot de Prats de Molló, con la asistencia de sus familiares tras una ingente búsqueda histórica.

El ambiente de reconocimiento y festivo del acto se ha reafirmado con la recta final de la amnistía. De hecho, antes del día 13 la sala penal del Tribunal Supremo debería pronunciarse sobre la aplicación de la amnistía de los procesados por malversación, después de que el juez instructor Pablo Llarena, archivara el sumario y lo enviara al tribunal sentenciador para dictaminar sobre la aplicación de la ley penal por el independentismo. La frase «nos vemos en el Sur», ha sido recurrente durante los saludos y sobre todo, en las despedidas. La inauguración ha sido un punto de encuentro y de recuerdo y, sobre todo de reivindicación. Quien se ha encargado de poner el punto más institucional y más intenso ha sido el presidente del Parlamento, Josep Rull, que ha sido extraordinariamente vehemente en la conmemoración del centenario, defendiendo y valorando el compromiso de los «conjurados». De hecho, Rull ha querido aprovechar la efeméride para defender la lucha independentista. «¡Somos ciudadanos de un pueblo que ha sido libre, y que quiere volver a serlo!», ha clamado Rull recuperando el discurso de Macià. Un mensaje que ha reclamado «remuscular» y ha pedido que la independencia respete y defienda «la humanidad».

Jordi Turull, Carles Puigdemont i Pere Aragonès a la casa Macià/QS
Jordi Turull, Carles Puigdemont y Pere Aragonès en la casa Macià/QS

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