El presidente de Andalucía, Juanma Moreno, ha fijado las elecciones autonómicas para el próximo 17 de mayo e inicia la cuenta atrás para que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, deje el ministerio. Persona clave en la negociación de la mejora de la financiación catalana –y uno de los principales obstáculos para la cesión del IRPF– la vicepresidenta dejará el gobierno de Pedro Sánchez para ser candidata. Montero, que en el pasado ocupó consejerías importantes de la administración andaluza, es la carta de Sánchez para intentar desbancar a Juanma Moreno, que gobierna con mayoría absoluta.
La presencia de Montero dentro del ejecutivo español, una vez sabido que sería candidata del PSOE en Andalucía, ha sido motivo de discrepancia constante entre la Moncloa y los partidos independentistas. Especialmente con ERC, que ha negociado una nueva financiación y puso como condición para investir a Salvador Illa la recaudación del IRPF. La negativa de otros territorios –entre ellos Andalucía– a la nueva financiación ha puesto en una situación complicada a Montero, criticada por los partidos independentistas por tener la mirada puesta más en Andalucía que en el ministerio.

Prueba para Pedro Sánchez
Las elecciones en Andalucía suponen un nuevo termómetro para calibrar la resistencia de Pedro Sánchez, que ha sumado tres derrotas en las últimas tres elecciones en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Si bien es cierto que, en los últimos comicios en Castilla, los socialistas mejoraron el resultado anterior, frenando una escalada de malos resultados que ha empoderado al PP y sobre todo a Vox.
Los comicios en Andalucía suponen a la vez una doble prueba de fuego, desprendiéndose Montero de una de las figuras más destacadas del ejecutivo español desde que Sánchez asumió el poder en Madrid. No será la primera vez que Sánchez juega la carta de movilizar a una de sus ministras de mayor proyección. En Aragón, la candidata socialista fue su exportavoz Pilar Alegría, con un resultado bastante discreto.


