La presencia de soldados africanos en la guerra de Ucrania persiste con el reclutamiento de más de 2.900 jóvenes del continente, según los servicios de inteligencia ucranianos citados por el medio especializado en la invasión rusa United24 Media. En este informe se asegura que, desde agosto de 2025, el ejército ucraniano ha matado a 316 de estos combatientes, utilizados como carne de cañón por Rusia, aunque la cifra podría ser mayor. Ya en noviembre, el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrí Sibiha, estimó en 1.400 los ciudadanos africanos, de hasta 36 países, que participan en el conflicto desplegado en las filas del ejército ruso, tal como recogió Europa Press.
United24 Media menciona una víctima mortal en concreto que se ha convertido en un icono, Eric Mwangi Nyambura, identificado por el proyecto ‘I Want to Live’, una iniciativa tecnológica para facilitar la rendición de soldados rusos durante la guerra. Según esta fuente, el joven, nacido en 2003, llegó a la ciudad de Yaroslavl en octubre de 2025 con Joseph Kamau Wanjiru, Joel Ngure Karithi y Ronald Kipkurui Kibet. Sólo recibió una semana y media de entrenamiento, antes de ser destinado como operador radiotelefónico, y luego a una unidad de asalto en la región de Járkov.

El ministro ucraniano Sibiha ha llegado a decir que los ciudadanos extranjeros alistados como combatientes son utilizados como “carne de cañón” porque no habrá consecuencias por su muerte. “La mayoría no sobrevive más de un mes”, afirmó. El responsable de la representación diplomática ucraniana apunta que muchos de estos reclutas no solo estarían motivados por el dinero, sino que lo harían engañados o coaccionados. Así, en febrero, la policía de Kenia imputó a Festus Arasa Omwamba, director de la agencia de contratación Global Faces Human Resources, por, presuntamente, haber reclutado a 22 keniatas con el propósito “de explotarlos mediante el engaño”, según los fiscales estatales citados por la BBC.
Según un informe del Servicio Nacional de Inteligencia de Kenia recogido por la cadena pública británica, un total de 1.000 keniatas han sido reclutados para luchar por Rusia en los cuatro años de guerra. El líder de la mayoría parlamentaria, Kimani Ichung’wah, del partido United Democratic Alliance, al presentar esta publicación en la cámara baja, describió una red “profundamente inquietante” de funcionarios estatales corruptos que supuestamente han colaborado con organizaciones criminales que trafican con personas.
Las 22 víctimas reclutadas por Arasa Omwamba fueron rescatadas en el poblado de Athi Rivers. Revelaron que se habían comprometido a pagar hasta 18.000 dólares para adquirir “visados, viajes, alojamiento y otros gastos logísticos». El servicio de inteligencia afirmó que, solo al llegar a Rusia, “muchos keniatas son desplegados en la primera línea tras recibir una formación militar mínima”.
La embajada rusa en Nairobi, consultada por el rotativo británico, ha negado haber emitido visados a “ciudadanos keniatas que viajan a Rusia con el pretexto de participar en la Operación Militar Especial (OME)”. La autoridad consular se limitó a expresar que la ley rusa permite que los ciudadanos extranjeros que se encuentren legalmente en Rusia pueden alistarse “voluntariamente” en las fuerzas armadas.
Intereses rusos en África
La cooperación en defensa es el eje estructural de las acciones que lleva a cabo Rusia. Una de las patas de Rusia en África la proporciona el grupo de mercenarios Wagner, rebautizado ahora con el nombre de África Corps, una compañía militar privada fundada en 2014. La facción paramilitar ha estado presente en países como Libia, Mali, Sudán, República Centroafricana, Madagascar y Mozambique, con el objetivo de incrementar su influencia en la región.

El investigador David Alvarado, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Vigo, recalca en un artículo de opinión del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs) que se está presenciando un auge de las «revoluciones conservadoras», caracterizadas por el ascenso del extremismo religioso, el ataque a las libertades democráticas e individuales, y la instrumentalización de las teorías «conspirativas». En este sentido, añade que las campañas de propaganda y desinformación rusas «amplifican las narrativas antioccidentales» ayudan a transformar el modelo de gobierno del putinismo como un referente a seguir.
Un continente en plena transformación
El profesor en relaciones internacionales en la Universidad Ramon Llull y experto en África Oscar Mateos, en su análisis también para el CIDOB, afirma que el continente atraviesa un momento “histórico”. “Más allá de la retórica optimista sobre el crecimiento de sus economías, la nueva etapa se caracteriza por tener nuevas transformaciones”, como la acelerada urbanización y el crecimiento demográfico, que “plantean nuevos retos sociales y políticos”.
El análisis optimista de la realidad africana ha dominado gran parte de las noticias del continente durante los últimos años. La ola de afro-optimismo vinculaba el “renacer” africano a un índice de crecimiento económico que superaban una media del 5%, acompañado de la sensación de que “el continente experimentaba un proceso de democratización, evidenciaba la voluntad de liderazgo regional con la idea de ‘soluciones africanas para los problemas africanos’, de la Unión Africana (UA), y registraba una mejora de algunos indicadores de desarrollo humano”, según el especialista.
El experto señala que algunas voces han cuestionado la tendencia “de entender la complejidad de África subsahariana desde etiquetas simplificadoras”. En este sentido, hace referencia a la perspectiva afro-realista, que indica que la narrativa afro-optimista obvia muchos aspectos, porque el crecimiento económico “no estaba implicando su redistribución social ni una mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población”. Conjuntamente con la retórica “eufórica” sobre la realidad africana, “coexistía la insatisfacción y frustración social de millones de personas”, lo que causó una avalancha de movilizaciones contra sus regímenes políticos durante la década del 2010, que han propiciado cambios de sistema de gobernanza. Por ejemplo, son casos los países de la Alianza de Estados del Sahel (AES): Mali, Burkina Faso y Níger.
El continente africano es ahora una pieza clave en la disputa entre Rusia y Occidente, y se ha convertido en otro escenario donde Moscú busca aliados, recursos y soldados para su esfuerzo bélico. Ofrece una alternativa al modelo occidental en países gobernados por líderes autoritarios que están descontentos con sus socios tradicionales. La promoción del mensaje anticolonial y la promesa de una asociación eficaz, sin la exigencia de condiciones democráticas, empuja a una sociedad que padece desigualdad y falta de oportunidades. El resultado: el aprovechamiento de los recursos africanos y, sobre todo, de las vidas humanas que sostienen una guerra a miles de kilómetros de distancia. En plena transformación y búsqueda de su lugar en el mundo, África corre el riesgo de convertirse en una pieza de intercambio en una competencia geopolítica que no es la suya.
