Leopoldo López es la luz de la oposición venezolana en el exilio de Madrid, el rayo que no calla. Fue alcalde de Chacao, una de las cinco ciudades que componen Caracas, donde demostró que se podía hacer una buena gestión frente a los excesos que ya definían la era de Hugo Chávez. El chavismo, que él considera la causa de la destrucción de Venezuela, le hizo la vida muy amarga.
En 2015 la justicia venezolana lo consideró culpable de incitar públicamente a la violencia contra el régimen. Condenado a años de prisión, intercambiados por arresto domiciliario, finalmente escapó del país y se exilió en Madrid, donde ha pasado los últimos años. Ha logrado que todas las organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos con poca o mucha repercusión le apoyen, frente a un régimen que nunca les ha hecho caso, ni poco ni mucho.
Su vida política ha sido un rosario de amenazas, persecuciones y agresiones. «Hace poco, el régimen fue a mi casa, la única propiedad que tengo, que está a nombre de mi esposa, la saquearon, la arrasaron, mataron a mis perros y la semana pasada inauguraron un centro de salud para la tercera edad. Esa casa está a tres cuadras de la casa de Delcy Rodríguez”, la actual presidenta del país tras el secuestro de Nicolás Maduro.
Esta acción de los Estados Unidos ha despertado la esperanza de muchos venezolanos, que ahora ven la posibilidad cierta de llegar a una democracia favorable. De entrada, sin embargo, solo se perfila una transición, bajo la tutela del gobierno de Donald Trump, un período cargado de incertidumbres y de duración también incierta.
Leopoldo López rechaza cualquier tipo de victimismo, incluso el personal, y se proclama optimista. Ha estado de paso rápido por Barcelona –concretamente, por el Ateneu Barcelonès–, donde, de la mano del Instituto Ostrom, ha presentado Tyranny Tracker, “una radiografía global del autoritarismo”.
El líder exiliado destila elegancia, habla con contundencia y describe los hechos con suavidad. Con mucha seguridad, también. Es un hombre que aspira, lo reconozca o no, al más alto protagonismo en su país en un futuro inmediato.
¿Qué tipo de formación recibió usted en los Estados Unidos y cómo influyó eso en su futuro?
Estudié Filosofía y Artes Liberales y luego hice un posgrado y comencé a estudiar un doctorado en Teología. Más tarde hice una maestría en Políticas Públicas en la Universidad de Harvard. Y de allí me volví a Venezuela. Pasé algunos años en los Estados Unidos, pero nunca quise quedarme a trabajar…
¿Por qué?
Yo nací siempre rodeado de la idea de Venezuela. Lo que se hablaba en mi casa mientras crecía era Venezuela en todas sus facetas, la cultura, la tierra… Mi abuelo era campesino, ingeniero agrónomo, y hablábamos de las tierras, los árboles… Mi padre se dedicó a la educación de venezolanos. Hablábamos del capital humano, de la educación, de dónde veníamos. Mi bisabuelo fue preso político durante catorce años, mi abuelo vivió en el exilio diecisiete años… Hablábamos de Venezuela y para mí siempre fue una pasión. Venezuela siempre fue mi pasión.
Es elegido alcalde de Chacao del 2000 al 2008 y esta es su primera formación política práctica…
Mi formación en gestión pública, sí. Antes había trabajado como economista en la industria petrolera. Cuando llega Hugo Chávez al poder me presento a la Asamblea Constituyente, que fue el principio del fin de la democracia venezolana. Entre otras cosas, por detalles como que el sistema electoral pasó a ser mayoritario. Chávez, con el 54 por ciento de los votos, se llevó el 95 por ciento de los escaños. Yo quedé fuera, monté un movimiento, conjuntamente con otros jóvenes, y gané la alcaldía de Chacao totalmente contra las previsiones, fuera de la caja. Tenía el 2 o el 3 por ciento de intención de voto cuando comenzó la campaña y la planteé como un puerta a puerta, hablando con la gente en la calle. En ese momento tenía 28 años y monté un equipo extraordinario. Con gente muy comprometida, muy formada.
Transformamos esa parte de la ciudad. Caracas está dividida en cinco municipios. Chacao es el del centro. Hicimos de todo. Recuerdo haber venido a Barcelona como alcalde en mis primeros años. En ese momento Barcelona era la ciudad referente para la gestión pública, para la gestión municipal. Los espacios públicos, la cuestión del transporte… En todos estos temas hicimos grandes cosas. De todo lo que he hecho la experiencia como alcalde fue muy gratificante, porque dibujas una visión, junto con los vecinos, con la gente, y verla hecha realidad es la gratificación más grande que se puede tener como servidor público. Hicimos el espacio más seguro de la ciudad, cuando Caracas era la ciudad más peligrosa del mundo. Hicimos reformas fiscales que nos permitieron recaudar más cobrando menos impuestos. Logramos hacer un mercado municipal, un teatro municipal… Dimos mucha importancia a la cultura. Hicimos encuentros de todas las manifestaciones culturales de Venezuela, que se centraron en nuestro municipio…

Todo eso hizo que Hugo Chávez comenzara a considerarlo un personaje peligroso.
Sí, claro. Ahí comenzó la persecución. Lo que en cualquier país democrático es el camino para continuar ascendiendo, de acuerdo con tu trayectoria, para mí se convirtió en el principio de una secuencia de ataques que no se ha detenido hoy día.
¿Cómo definiría ahora a Hugo Chávez?
Como un populista extremista que destruyó Venezuela.
¿Qué pasa en Venezuela para que Chávez pueda llegar donde llegó?
Muchas cosas. Me has pedido respuestas concisas y te haré un resumen corto. Antes de la llegada de Hugo Chávez hubo cuatro golpes al sistema. El primero en el 83, cuando se devaluó la moneda. Ese fue el golpe económico. El principio del fin de la prosperidad en Venezuela, que venía de treinta años de un ciclo muy próspero. El segundo golpe fue social. En el año 89 una manifestación popular muy grande fue reprimida. Hubo cientos, si no miles, de personas asesinadas. El tercero fue militar. Hugo Chávez da un golpe militar. Y el cuarto fue institucional, cuando sacan al presidente electo Carlos Andrés Pérez. Con estos diferentes momentos se puede dibujar la caída del sistema democrático.
Hay que decir también que el sistema no tuvo la capacidad de hacer las reformas necesarias: democratizar los partidos, inyectar espacios de participación en los diferentes ámbitos de la sociedad… También hay que destacar la responsabilidad de los medios de comunicación. En ese momento no había redes sociales. Todos los medios tienen un peso específico y entonces en Venezuela había dos o tres canales de televisión que eran bastante antisistema. Todo esto generó un caldo de cultivo, paradójicamente en un momento en que el país entraba en lo que podía haber sido el inicio de un ciclo histórico de prosperidad bestial. Y en ese momento llega Hugo Chávez con una oferta de venganza, y así llevan 27 años.
¿Por qué América Latina es un continente fracasado? ¿Por qué los estados oscilan entre dictaduras de extrema derecha a extrema izquierda? ¿Por qué es un continente tan convulso?
Es un continente convulso, pero yo no lo llamaría fracasado. Es una palabra demasiado fuerte para definirlo.
Digo yo…
Tú dices y yo te respondo. Ha habido gobernantes que han hecho que los países sufran, pero decir que los países son por ellos mismos un fracaso… Yo no llegaría a decir eso.
Económicamente, socialmente, Argentina, Venezuela, México, ¿qué son?
Son países que, en primer lugar, no tienen una base institucional sólida. Esto es lo que hemos visto en Venezuela y se ha visto en otras partes de América Latina. Como no tienen esa base sólida, los vientos que vienen de un extremo u otro debilitan mucho la sociedad. Y sobre todo, debilitan mucho la prospectiva hacia adelante, lo que se debe construir.
Como fenómeno, como concepto, ¿cómo definiría la Revolución Bolivariana?
Un engaño. Un engaño a los venezolanos. Se les ofreció participación, prosperidad, bienestar, democracia, respeto a los derechos… y terminó convirtiéndose en la peor desgracia que ha tenido Venezuela en su historia republicana. Y no lo digo con hipérbole. Lo digo comparándolo con cualquier otro momento histórico que haya tenido Venezuela, que hoy se refleja en un tercio de la población expulsado del país. Un tercio de la población. Diez millones de personas. Que hoy se refleja también en una crisis humanitaria tremenda. Que hoy se refleja, si lo queremos ver en cifras, en una caída del PIB per cápita de 15,000 dólares, que tuvo hace unos doce años, a menos de 1,500 dólares. Y puedo continuar dándote ejemplos. Que hoy se expresa en un país que tiene las mayores reservas de petróleo, el mayor potencial energético de la región, y en cualquier rincón del país no hay electricidad o no hay agua potable.
Es decir, Venezuela es un país que colapsó y que colapsó por un sistema que vendió una ideología, pero que lo que hizo fue capturar las instituciones para perpetrar lo que suele suceder en estos casos: lucrar a una nueva élite que se hizo híper rica con un proceso de híper corrupción.
¿Por qué el ejército, que en América Latina siempre ha propiciado los golpes de la extrema derecha, de repente apoya a uno de extrema izquierda?
Venezuela ni siquiera ha tenido una expresión de derechas. En los últimos cuarenta años la política en Venezuela se movía entre lo socialcristiano y lo socialdemócrata, pero siempre fue un país, por nuestra condición petrolera, con un sesgo muy estatista. Creo que todo esto que nos ha pasado nos permite a nosotros plantearnos el país fuera de esta visión tan pesada del estatismo histórico que hemos tenido, en el control de las economías, el control de las instituciones…
A usted le pueden acusar de…
De muchas cosas…
Sí, pero, sobre todo, le pueden acusar de ser una quinta columna de los Estados Unidos, una persona controlada desde Washington…
No. Yo soy una persona que me eduqué en los Estados Unidos. Creo que los Estados Unidos son un gran país. Creo que hay mucho que aprender de ellos. Históricamente, debemos aprender de lo que significa el experimento de la democracia allí, que ha pasado por momentos de prosperidad y por momentos de tensión política, como los que pueden tener ahora. Los conozco muy bien, a los Estados Unidos. Me relaciono muy bien con los Estados Unidos, pero yo soy venezolano.

¿Usted es un político privilegiado para el establishment de los Estados Unidos? ¿Es la esperanza blanca de instancias políticas o económicas norteamericanas?
No hay esta propuesta ni hacia mí ni hacia nadie en particular. Lo que espero es que los Estados Unidos, que hoy, mucho más que en cualquier otro momento de la historia de Venezuela, tienen un peso muy significativo sobre lo que es el destino del país, den prioridad a la democratización, a la institucionalización.
Venezuela ha pasado en los últimos cinco meses de ser un país tutelado por China, Rusia, Irán, los narcos de México, los narcos de Colombia, Hezbolá… ¡Nada de esto es hipérbole! ¡Nada de esto es exageración! Podría describirte el nivel de influencia que tiene cada uno de estos países, cada uno de estos grupos de crimen organizado, sobre Venezuela… Hemos pasado de esta tutela a otra que ejercen los Estados Unidos abiertamente. Esto es una realidad.
Hemos pasado de una tutela del eje autocrático, corrupto, del eje del mal, a una tutela por parte de los Estados Unidos. Tú les preguntas a los venezolanos qué prefieren, qué tipo de tutela quieren, y te responderán que prefieren la de los Estados Unidos. Pero si la pregunta es: “¿Ustedes qué prefieren, ser un país tutelado o ser un país soberano?”, la respuesta será: “Queremos ser un país soberano”. Ahora, esta soberanía se construye. Esta soberanía debe construirse desde el aspecto más elemental de lo que es soberanía, que es la gente. Y eso solo se puede dar a través de un proceso electoral que sea respetado por todos, que sea transparente. Esta es la soberanía que nos fue arrebatada el año 24 cuando ganamos las elecciones y Nicolás Maduro nos la robó.
¿Por qué todas estas fuerzas del eje del mal se resignan a perder la tutela de Venezuela y que se la queden los Estados Unidos?
La voluntad de quien ahora ocupa el poder en Venezuela es alinearse con los Estados Unidos. Lo dicen claramente. Son las declaraciones que ha hecho Delcy Rodríguez. Estos países han entendido que hay una prioridad en los Estados Unidos de tener una presencia y una influencia allí. Cada país debe estar sacando sus propias cuentas…
No acabo de entender que no hayan reaccionado de una manera u otra…
Esto debe tener que ver, entre otras cosas, porque aquellos otros países también están inmersos en sus propios conflictos. Rusia está inmersa en su conflicto con Ucrania; Irán, ya saben lo que le pasa ahora mismo, y China ejerce una influencia distinta. La influencia china llega por la vía económica, diplomática y financiera, no política ni militar…
¿Por qué el secuestro de Nicolás Maduro?
Yo no lo califico de secuestro. Es la captura de un criminal.
Los Estados Unidos no se dedican a capturar criminales en todo el mundo… Trump decide capturar a Maduro solo para cortar el paso de droga a su país?
Entre otras cosas, pero también porque Venezuela es un país que, bajo la influencia de todos los actores que he comentado, representaba una amenaza real para la seguridad de los Estados Unidos. Esto es una realidad. No solo lo que era el tráfico de cocaína, que pasaba por Venezuela desde Colombia, sino la presencia de distintos grupos irregulares, incluyendo Hezbolá, que desde hace muchos años están en Venezuela.
Lo repetiré: nada de lo que te digo es una exageración. Hace mucho tiempo que lo estamos advirtiendo. Muchas veces cuando yo tenía entrevistas como esta que hacemos ahora los periodistas levantaban las cejas y decían: “No. Es que tú me estás exagerando”. Hezbolá, en Venezuela, los rusos ejerciendo influencia, en Venezuela, el Grupo Wagner, en Venezuela… Sí. Todo esto es cierto. Todo esto ha pasado. En un país que fue capturado por una estructura de crimen organizado, mafiosa, vinculada con las mafias del resto del planeta, y hizo del territorio y sus instituciones el patio trasero para sus negocios.
¿Por qué el secuestro de Trump no termina con un cambio de régimen?
Tú continúas insistiendo que es un secuestro. Es la captura de un criminal.
De acuerdo. ¿Por qué esta captura no termina con un cambio de régimen y Trump llega hasta el final?
Nuestra aspiración es que haya una transición a la democracia. Yo estuve siete años preso por eso. Hice una huelga de 28 días pidiendo elecciones. Tengo compañeros que he enterrado en esta lucha por tener elecciones. Para la gente que vive en un país democrático unas elecciones es algo que ocurre cada cierto tiempo y que no tiene más impacto. Para nosotros ha sido el norte, nuestra lucha. Hemos estado dispuestos a perder la libertad e incluso la vida para que los venezolanos ejerzamos nuestra soberanía con plenitud tras las elecciones, pero la decisión de los Estados Unidos, posterior a la captura de Maduro, ha sido hacer una transición desde dentro.

Creo que han hecho esto principalmente por la propia experiencia. Los Estados Unidos han sufrido dos experiencias muy traumáticas después de haber obtenido victorias militares que han terminado en derrotas políticas, sociales y económicas. Principalmente, en el caso de Irak. En Irak entraron y en dos meses obtuvieron una victoria militar, pero las consecuencias que se derivaron fueron tremendas. En el aspecto político no había quien tomara la luz. Tuvieron que encargarse de toda la estructura del Estado. En el ámbito de la seguridad desmantelaron la Guardia Republicana y eso dio origen al ISIS. Y en lo económico gastaron tres trillones de dólares… Creo que eso ha pesado mucho sobre lo que se podía hacer en Venezuela.
¿Quién les garantiza que habrá una transición democrática?
Yo estoy totalmente de acuerdo con la captura de Maduro. Al cien por cien.
¿Y después?
Estoy de acuerdo en que los Estados Unidos tengan una presencia y puedan ayudar a conducir este proceso para que culmine con una transición a la democracia. Creo que es inevitable. Creo que es una cuestión de tiempo y de condiciones…
¿Vale la pena esperar que eso pase?
No es solo esperar. Es también construir los caminos. No es sentarse a esperar, sino construir los caminos que garanticen estabilidad política, que den certezas a futuro. Certezas en el ámbito político, en el ámbito programático, de las capacidades…
¿Y usted es optimista en todo este proceso?
Siempre.
¿El chavismo se puede debilitar tanto, de modo que la transición a la democracia sea un hecho?
Yo creo que la transición a la democracia en Venezuela es inevitable. No me atrevo a decirte cuándo será, porque son muchos los factores que influyen y algunos son externos. Creo, por ejemplo, que la guerra en Irán influye, por distintas razones. Pero soy optimista por dos razones. La primera y más importante es porque es lo que queremos los venezolanos. Y eso no se puede soterrar. Si hay que reconocer algo al pueblo de Venezuela, es que nunca ha descansado en esta lucha durante 26 años. Cuando se escriba la historia de Venezuela de aquí a un tiempo será la de un pueblo que nunca se rindió. No quiero hacer comparaciones específicas con otros países, pero hay algunos en los que la oposición a las dictaduras por distintas razones no se supo mantener viva, ni supo cambiar de estrategia, ni supo mantenerse a lo largo del tiempo. Con aciertos y con errores, pero lo que sí es cierto es que aquí tú seguramente recibiste una noticia o seguramente escribiste un artículo sobre Venezuela cada tres años porque algo pasaba… Manifestaciones, elecciones, logramos el reconocimiento y la victoria en la Asamblea Nacional, logramos que muchos países no reconocieran a Nicolás Maduro como legítimo…
Pero usted aún no puede volver allí…
Yo hice una declaración antes de que capturaran a Maduro diciendo lo que te he dicho hoy a ti. Que estoy de acuerdo con que haya presión para su sustitución. La respuesta del régimen fue que fueron a mi casa, la única propiedad que tengo, que está a nombre de mi esposa, la saquearon, la arrasaron, mataron a mis perros y la semana pasada inauguraron un centro de salud para la tercera edad. Esa casa está a tres cuadras de la casa de Delcy Rodríguez. Esto es Venezuela hoy. Esto es un ejemplo personal, propio, pero que proyecta qué significa aún hoy la arbitrariedad, la falta de estado de derecho y de respeto por los derechos humanos.
Y aún así, usted es optimista…
Y aun así, soy optimista, claro…
¿Qué opina de Trump?
¿Qué opino de Trump? Creo que para Venezuela Trump ha sido el único presidente de los Estados Unidos que ha tomado la decisión de ir más allá de las palabras. Y eso nosotros lo agradecemos.
¿Y qué opina del auge del populismo en el mundo que, con apariencia democrática, como Trump, o con apariencia nada democrática, como Putin, ha tomado el poder en las principales potencias?
Debemos hacer una reflexión muy profunda sobre el fracaso de la democracia. Esta gente no llega sola. Todas estas expresiones, sobre todo en los espacios democráticos, tienen que ver con la incapacidad de la democracia para dar respuestas a las grandes mayorías. Esta es la pregunta de fondo que hay que hacerse. No solo cómo llegan electoralmente. Electoralmente llegan por un hecho fáctico, que es que la gente está desencantada. Esto se relaciona con muchos factores. Con la incapacidad de responder a los grandes problemas que tienen las grandes mayorías. Y con las comunicaciones, que es tu ámbito. El nihilismo comunicacional al que hoy estamos expuestos permite que no haya más responsabilidad, más reflexión, sino que haya más bien impulsos emocionales.

¿Cómo se puede combatir todo esto?
No tengo una respuesta a esta pregunta, pero creo que hay que repensar cómo la democracia como tal se vuelve a convertir en un sistema atractivo y de soluciones. Debe ser así. Esto es así para España, para Europa y para cualquier país del mundo. En un momento de crisis del sistema, hay que replantearse cómo los ciudadanos se vinculan y lo defienden como el mejor sistema para los propios intereses. Si no, la democracia tiene los años contados. Ya está pasando. En los últimos veinte años ha habido una caída consecutiva, año tras año, de la democracia en el mundo. Hace quince años el 42 por ciento de la población en el mundo vivía en autocracia. Hoy es el 76 por ciento. Si esto lo proyectamos, puede que en diez o quince años solo será el 5 por ciento de la población del mundo que vivirá en una sociedad plenamente democrática, libre y respetuosa con un estado de derecho.
Esto es lo que usted quiere para Venezuela…
Yo quiero para Venezuela un país democrático, próspero, respetuoso con el estado de derecho, con oportunidades para todos. No quiero para Venezuela la repetición del estatismo del siglo XX. Quiero para Venezuela un estado eficaz, transparente, que se dedique a hacer lo que le corresponde y que deje a la sociedad hacer lo que pueda hacer.
Los Estados Unidos de Trump no pueden llegar a ser un obstáculo en esta intención?
Creo que los Estados Unidos debe ser y será nuestro más grande aliado en esta intención.
¿Teme por su vida?
He vivido situaciones duras incluso fuera de Venezuela.
¿Mantiene relación con María Corina Machado?
Sí, claro.
¿Pueden llegar a acuerdos políticos?
Lo hemos hecho.
¿Cuál es ese acuerdo?
Que se abra una compuerta para la recuperación de la democracia en Venezuela.
¿Y después?
Después, lograr que haya pluralidad de partidos, de política, que haya una democracia donde el ciudadano tenga donde elegir.
¿Se ve como presidente?
Yo me veo como un venezolano queriendo volver a mi país. Esa es mi prioridad. He aprendido a situar las expectativas de manera muy concreta. Mi expectativa muy concreta hoy es poder volver allí. Hoy ni siquiera tengo casa, me la destruyeron, me mataron mis animales, me quitaron la nacionalidad… Por eso tuve que recurrir a España, para que me diera la nacionalidad española, y le estoy muy agradecido. He sido el primer caso en la historia de Venezuela de alguien a quien le han quitado su derecho natural a tener la nacionalidad.
¿Cuánto tiempo hace que vive en Madrid?
Vivo allí desde hace cinco años.
¿Y cómo ve la política española?
Veo la política española con la tensión natural que hay, pero veo un país democrático. Viniendo de donde vengo y con la experiencia que tengo…
Viniendo de donde viene, cualquier cosa podría parecer plenamente democrática…
Pero tú me preguntas cómo lo veo yo. Cuando veo un debate parlamentario, lo veo con una sana envidia. Yo quisiera que nosotros pudiéramos tener debates parlamentarios así. Que los partidos minoritarios se pudieran expresar allí como se expresan aquí. Yo quisiera en Venezuela un poder judicial autónomo, como el de aquí. Entiendo las críticas que le puedan hacer los unos y los otros. [Hago cara de escepticismo]. Entiendo ahora mismo la cara que pone usted. Cada ciudadano tiene su opinión, pero cuando tú comparas de dónde venimos nosotros con la opinión que usted puede tener sobre un juez que le disgusta…

En España no es eso. Es mucho más que eso…
Bueno, yo no tengo la experiencia que tú tienes, pero yo sí que veo un estado funcionando. Veo un sistema de seguridad social que funciona. Veo servidores públicos comprometidos, veo policías, trabajadores de la salud, comprometidos y con una vocación de servicio público, veo un país donde funciona el transporte público, con sus problemas, sí. Tú dirás: “Ha habido un choque de trenes”, pero…
Yo digo que el servicio de RODALIES en Cataluña es un desastre…
Pero tú me preguntas a mí cómo lo veo yo. Veo un país con una oportunidad tremenda y ojalá que todos los españoles y los latinoamericanos entendamos que España y América Latina debemos ser un bloque. Un bloque económico, un bloque cultural, un bloque que nos permita unificarnos mucho más de lo que se ha hecho. Esto se ha quedado en promesas vacías durante décadas y no hemos visto nuestro potencial. Yo veo este potencial hoy en la migración latinoamericana a Madrid. Una migración que va desde los obreros a los dueños de bancos. Una migración que se integra en España de manera natural.
¿Qué tipo de venezolano emigra a Madrid?
¡Todos! Desde los trabajadores de la construcción hasta los dueños de los bancos. Todos. La mayoría es gente común, gente joven…
¿Madrid hoy día es Caracas?
No. No es Caracas. Fíjate que yo hoy en Madrid puedo recoger gente de los veinticuatro estados venezolanos.
¿Madrid es venezolana?
Madrid tiene rasgos venezolanos. Pero debes entenderlo más. Los vientres que están pariendo hoy en España son latinoamericanos. Esto es una realidad. La migración latinoamericana de alguna manera está permitiendo que España no entre en la crisis demográfica en la que están entrando otros países europeos. Y esto es parte de lo que se debe entender. Es parte de nuestra naturaleza. Yo soy lo que soy. Yo soy mestizo y me llamo Leopoldo Eduardo López Mendoza Gil. Mira de dónde vengo yo. [Ríe]. Yo vengo de aquí. Y no hace falta decir que vengo de allá. Nuestro plato nacional se llama hallaca. Nos lo comemos cada diciembre. Los ingredientes que ponemos dentro de esta hallaca son los ingredientes que vienen de allá y de aquí. Cuando yo estaba en Venezuela decía: “Los ingredientes que vienen de España”. Hoy digo: “Los ingredientes que vienen de Venezuela”.
Hay un largo conflicto diplomático entre México y España porque el gobierno mexicano reclama que España pida disculpas por todas las calamidades de la colonización…
Esta es una narrativa que se utiliza para crear tensiones políticas y división. Es necesario entender los procesos históricos, que son como son. Los actores fueron los que fueron. El mestizaje fue el que fue. Y las realidades son las que son. Yo no soy amigo de las posiciones desde el victimismo. Sé que el victimismo muchas veces da rédito político. En la parte personal he sido víctima de todo lo que te puedas imaginar. He estado preso, he sufrido intentos de homicidio, me han secuestrado, me han inhabilitado, me han quitado la nacionalidad, mi casa, pero no me asumo como víctima. Esto son narrativas desde el victimismo.
¿Conoce el caso catalán?
Lo conozco un poco.
¿Un país como el catalán debería tener derecho a la autodeterminación?
Creo que Cataluña está dentro de España y debería tener un futuro dentro de España.
¿Y si la mayoría de los catalanes, de su parlamento, como de hecho ha pasado, quieren decidir su futuro en un referéndum… Entiende esta reclamación?
Entiendo que eso no está permitido por la Constitución española…
Porque no reconoce ese derecho. No es un texto sagrado.
Creo que si eso se plantea, es el principio de una fractura en España. Empezamos por aquí y luego vendrá el País Vasco, Galicia…
¿Le parecería muy grave que se fracturara España?
Creo que todos perderían, sinceramente. Creo que la unidad de España hace que todos puedan estar mejor. Pero aquí me meto en aguas profundas. [Ríe]. Porque tú me preguntas. Yo soy respetuoso en estos temas. Ahora, yo creo que en un escenario de fractura en España todos perderían. Seguro que sí. Perderían frente a Europa, perderían frente a las economías mundiales, perderían frente al propio talento. Perderían incluso la posibilidad de tener un equipo ganador en el Mundial… Respetuosamente, creo eso.
¿Y si la mayoría de los catalanes deciden que quieren perder todo eso?
Ya pasó en el 17, ¿no?
Sí. Un intento de convocar un referéndum, con mayoría parlamentaria independentista, que terminó con prisiones y exilios… ¿No es justo que un parlamento donde hay una mayoría independentista y pide un referéndum lo pueda convocar? Esto ha pasado en Escocia y en Quebec.
Creo lo que te he dicho antes. Hay una preeminencia de la nación. Yo veo esto incluso proyectado a mi país. Hay regiones del país que podrían hacer también una propuesta independentista. Este camino te lleva a la atomización de países enteros…
¿Eso es malo?
En un escenario de fractura, todos perderían. Pero te digo de nuevo que no es este el tema sobre el cual tengo la opinión… Respeto las opiniones de unos y otros, pero yo creo en una España unificada.
¿Cuándo piensa volver a Venezuela?
Tan pronto como pueda. Quisiera volver este año.

