Alí Arango tiene una trayectoria espectacular. Ha ganado hasta veintitrés grandes premios internacionales como guitarrista clásico, aunque él huye de la etiqueta estricta y se considera “atípico”. El guitarrista atípico con su grupo –el Barcelona Guitar Trio– actúa cada año más de cuarenta veces en el Palau de la Música Catalana y, además, unas sesenta más en todo el mundo. De cada tres días, pues, Arango pasa uno sobre los escenarios. Es atípico porque junta y combina estilos, y también porque hace composición, edición, producción musical, fotografía, videografía, diseño gráfico… Lo justifica aduciendo que es exigente y tal vez demasiado estricto. Quizás fue la “cultura soviética” que tuvo que sufrir en su país natal, Cuba, donde fue considerado “un logro de la revolución” y luego un “extranjero”, cuando decidió vivir en Barcelona. Por el aspecto, podría ser un guitarrista de Nirvana. Por las ideas, un virtuoso gruñón que mira cómo su mundo –precisamente y también, el de Nirvana– se disuelve en la apariencia y la frivolidad. ¡Que estos males no nos lleven a todos por delante!

Usted nació en Cuba y ahora vive en Barcelona… ¿Cómo ha ido todo eso?
Para hacer la historia corta, yo nací en Cuba, hijo de artistas plásticos. Mi madre y mi padre eran escultores. En Cuba empecé a dar guerra –como dicen allá–, porque quería ser rockero. Al final, de rockero, solo me quedan los pelos. Entré al sistema de enseñanza cubano de la música, con toda la influencia soviética, muy estricta. La música no era una extracurricular. En Cuba en ese momento eso era muy riguroso, muy serio. Años después, cuando ya había ganado varios premios en los concursos internacionales de La Habana, que eran muy famosos y que organizaba Leo Brouwer, conseguí una beca de creación, en Córdoba, que impulsaba la Fundación Antonio Gala.

Antonio tuvo la idea de juntar durante nueve meses a artistas iberoamericanos –unos veinte–, elegidos entre distintas disciplinas, para que convivieran entre ellos. Eso fue en 2005, hace veintiún años. Después pasé por Barcelona a visitar a mis mejores amigos, que vivían aquí. Me dijeron que había una plaza de profesor en una escuela… Aquella era la época de los concursos internacionales, yo estaba interesado y al final, entre una cosa y la otra, me quedé a vivir. Ya vivo en Barcelona, pues, desde hace veinte años. Tengo mi estudio de grabación, mi hija, mi esposa, Barcelona Guitar Trio… Estoy profundamente arraigado aquí.

¿Fue fácil salir de Cuba, irse a vivir a otro país?
Eso lo hice de manera oficial. Salí con una beca. Entonces eres una especie de representante de la revolución cubana en el exterior. Pero después, cuando pasó la fecha y debería haber regresado, directamente me quitaron todos mis derechos. Yo solo puedo regresar a Cuba, ahora mismo, como un turista. No puedo estar más de seis meses. De hecho, mi madre murió en Cuba y no pude ir a verla porque faltaban no sé qué trámites. Es muy fuerte lo de Cuba…

Casos como el mío tienen un nombre –después me he enterado– que es “abandono de la misión”. Y dices: “¿Qué misión?”. Recuerdo que mi madre me decía: “Estás saliendo en la televisión más que nunca, tocando El Concierto de Aranjuez”. Lo ponían constantemente en los programas de radio. Era como “un logro”. Pero, una vez que ya has decidido quedarte en otro país, mi madre me dijo que había desaparecido automáticamente. Diez años más tarde, a raíz de un festival muy importante, hicieron como una excepción y yo fui. Ya había ganado los concursos más importantes del mundo, el Tàrrega, el Segovia… En ese momento volvieron a considerarme como “un logro de la revolución”. La historia es muy fuerte…

Me he encontrado muchísimos casos como este. Amigos míos… Becados para la The Juilliard School y que Cuba directamente no les da el permiso para que puedan ir. Ellos no pagan, pero tampoco dejan que vayas. A mí me pusieron un montón de trabas para que pudiera acceder a la de Antonio Gala. Ellos no pagaban nada, estaba todo pagado, solo hacía falta una firma del ministerio de Cultura, que tardó dos meses. Y eso, con familia y con gente que me conocía, “con palanca”, como dicen allá. Con “enchufes”. Y aún así, llegué con dos meses de retraso. El tema de Cuba es muy complicado.

¿Y qué opina un “logro de la revolución” del momento que vive en estos momentos la isla? Uno de los momentos más duros de la historia reciente…
Yo viví una de las grandes crisis, la del 93-94, cuando la gente se iba en balsas inventadas. Lo viví porque vivía a cincuenta metros del mar. Ahora estoy muy desconectado, porque hace más de diez años que no voy, pero estoy al tanto y sigo las situaciones, aunque no me quedan muchos amigos, mucha familia. Ha sido como una especie de éxodo. Ahora parece que la cosa está peor que nunca. La represión es… Más allá de que Venezuela ya no pueda enviar petróleo… La gente está muy quemada. Ya no tiene nada que perder. Lo que pierden es el miedo. Salen a protestar a la calle, pero la represión es tan fuerte… Palizas… Es algo que no tiene nombre. Ya no hay manera de justificarlo.

Más allá de la ideología que puedas tener, es muy fuerte. Ahora, que puedo decir que he viajado por todo el mundo, he encontrado algunos lugares donde hay tanta miseria como en Cuba. Uno de los países que he visto y que se asemeja es Sudán. O Argelia. Pero, aún así, al menos allá la gente tiene sus negocios en la calle. En Cuba hasta hace poco la gente no podía montar un negocio privado. Y si lo haces, son tantas las trabas… No quiero seguir hablando de ello. Prefiero orientarme al arte, porque se me amargará el día y ya me han amargado bastante la vida.

«No tengo ningún tipo de contacto con Cuba porque no tiene sentido» / Anna Munujos

¿Usted ya no actúa nunca allí?
No. No tengo ningún tipo de vínculo con Cuba.

¿Porque no lo contratarían o porque no quiere?
Porque no tiene sentido. Años después gané el Festival Internacional de La Habana. No me querían dejar ir a la televisión, porque me decían: “Claro, si no eres cubano…”. Les replicaba: “¿Cómo que no soy cubano?”. Y me contestaban: “¿Tienes tu DNI cubano?”. No lo tenía porque era de papel, lo metí en la lavadora hace diez años y se disolvió, pero tengo mi pasaporte cubano. Y me decían: “A pesar del pasaporte, los que viven fuera es como si fueran extranjeros. Necesitan un permiso especial para ir a la televisión”. Cuando finalmente pude acceder, el tipo me hizo un montón de preguntas: “A ver, ¿cómo es tu caso?”. Le conté toda la historia y solté la frase: “Y me quedé a vivir”. Me aclaró: “No, no, no, a ti se te ha olvidado cómo funciona esto aquí. Aquí no puedes decir eso”. Le respondí que ya no tenía nada que temer… Aquel nivel de miedo… Yo ya no puedo vivir más con eso. Hubo una época en que quería intentar ayudar a la gente, a los estudiantes de música, porque a mí me habían ayudado mucho. Ofrecí al Instituto Superior de Arte, donde yo había estudiado, hacerlo gratis –algo por lo que yo cobro en todo el mundo, donde voy a dar clases magistrales–, y no me hicieron caso.

Demasiado complicado todo…
Cómo hacer de lo sencillo algo tan complicado…

¿Y por qué Barcelona?
Casualmente mi hermano había ido a vivir a Suecia antes y luego hizo una serie de viajes. Regresó enamorado de Barcelona, entre todas las ciudades que había visitado. Mi mejor amigo se fue de Cuba, también, y vino a vivir a Barcelona. Todos quedaban enamorados. Hablaban de ella por todas partes. Cuando vine a visitar a mis amigos de la infancia, también me quedé enamorado completamente…

La suya es una trayectoria muy brillante, cargada de premios –veintitrés– y de reconocimientos internacionales… Pero, fuera de su ambiente, aquí no se le conoce mucho…
También hay que decir que, si la música clásica, dentro de la industria musical, es una minoría, la guitarra clásica aún es más minoría. Me sorprende que a veces en Cataluña y en España en general cuando me preguntan si soy guitarrista me preguntan si toco flamenco. “No, no. Hago un homenaje a Paco de Lucía, pero no soy un guitarrista de flamenco, toco guitarra clásica”. Y la gente no tiene ni idea. Puede sonarnos Segovia, pero la gente ya no sabe quién es Segovia. Y esto es en España. La guitarra clásica es el gran desconocido.

Paco de Lucía es un referente, el gran referente.
Para mí, sí. Coincidimos bastantes guitarristas. El más grande guitarrista y el que más impulso ha dado a la guitarra, en general, ha sido Paco de Lucía. Abrió mucho la música desde una parte muy cerrada, que es el flamenco. Él se abrió muchísimo e introdujo un montón de elementos del jazz, diferentes colaboraciones… Y por eso el espectáculo que hacemos en el Palau de la Música, un homenaje a Paco de Lucía, es tan interesante musicalmente. No somos una banda de covers, que sería como tocar tan exacto como fuera posible, porque, además, eso sería imposible. Es como un homenaje con todo el repertorio que da paso a eso, con cosas de Chick Corea, Manuel de Falla, las canciones de Lorca…

Eso significa mezcla de flamenco, clásica, jazz, poesía…
Es el espectáculo que interpreta Barcelona Jazz Trio desde hace más de diez años. Con baile, con percusión… Paco de Lucía ya hacía todas estas cosas. No nos hemos inventado nada. Aquí está el disco de Falla, con sus versiones, y todas las colaboraciones con Chick Corea, Al Di Meola y John McLaughlin… Todo eso del jazz. Es muy interesante como espectáculo y también como fenómeno. Cómo llevó el flamenco a ese punto de apertura. Hay un antes y un después.

Usted mezcla también muchos conceptos.
Sí, yo, por la parte de la composición –porque también compongo–, hago converger todas estas cosas. Quizás, después de ganar tantos concursos, me conocen como guitarrista clásico, pero yo soy un guitarrista atípico, tal como lo veo, porque siempre he tenido influencias de otros tipos de música. Del jazz, de la misma música popular cubana, que viene conmigo y que es tan interesante… Toda la influencia, no solo del son y la salsa, que es lo más conocido, sino también de la parte afrocubana, que es tan rica… Esa mixtura, esa cosa criolla, de distintas culturas. Yo me he pasado la vida escuchando jazz, y no solo guitarra clásica, sino música clásica orquestal. Todo eso hace que uno al final se extienda…

Ya que hemos empezado a hablar del Barcelona Guitar Trio, ¿esta es su faceta más importante, no?
Sí. Tengo varios proyectos, pero es verdad que en los últimos años con el Barcelona Guitar Trio no paramos. Solo en el Palau de la Música hacemos entre cuarenta y cincuenta conciertos al año. Y giramos continuamente. Ahora iremos a Nueva York, a Chicago, Austria, cuatro conciertos… No me queda, pues, mucho más tiempo, pero de esta manera también tengo más margen para hacer mis proyectos, con mi dúo, con mi carrera como solista… También tengo un estudio de grabación, que me he fabricado yo…

Producción musical, fotografía, videografía, diseño gráfico… Usted toca todas las teclas, se lo hace todo, es como Juan Palomo…
Tengo un amigo que dice que soy un renacentista. No lo sé. Quizás si fuera millonario, tendría todo el mundo esclavizado [Ríe]. Y no. Es por la parte de ser tan perfeccionista, de querer las cosas exactamente a mi manera, que no me ha quedado más remedio que hacerlo yo, para no acabar peleándome con todo el mundo. [Ríe].

«A mí me ha tocado de cerca Leo Brouwer» / Anna Munujos

Los intérpretes de música clásica no suelen componer. ¿Cómo combina estas dos facetas?
En la música popular originalmente los músicos siempre han hecho sus composiciones. La gente dice que en la música hay los compositores y los intérpretes, pero, si te fijas, en el Barroco era una práctica habitual que cada intérprete se hiciera la parte de la ornamentación, del bajo continuo… Había una cierta libertad en la parte creativa que yo creo que se ha ido perdiendo. Incluso en la época de Mozart, como los conciertos estaban escritos nota por nota, cada intérprete se creaba su propia cadencia, que eran los momentos del solista. A partir del romanticismo se fue perdiendo esta parte creativa. Pero creo que los guitarristas clásicos al menos son bastante excepción. Es más frecuente encontrar guitarristas clásicos que sean a la vez compositores, quizás porque se han ido dando los casos. A mí me ha tocado de cerca Leo Brouwer, por ejemplo, compositor cubano reconocido internacionalmente…

Él habla muy bien de usted…
Hombre, nos queremos mucho. Le profeso una admiración profunda. Más allá de los cubanos, Leo tiene una influencia profunda en todo el mundo. Voy a China y me encuentro a los niños tocando piezas suyas. Leo es también un artista multifacético, editor, investigador… Creo que ha servido mucho de inspiración para los guitarristas. Para romper la barrera del instrumento que tenemos siempre encima. Es muy difícil no estar siempre inventando algo, más allá de que te pongas el título de compositor o no, que conlleva una responsabilidad. La guitarra es un instrumento que se presta mucho a ser creativo.

¿Y por qué no el rock?
Yo tiro más por el jazz. Me gusta el rock, pero… Casualmente, a mi hija, que ahora cumplirá doce años, le ha venido la cosa del rock, y no ha sido por mi culpa, ¿eh? Quizás es la genética, pero los regalos que pide para los cumpleaños son conciertos de Metallica, Marilyn Manson… Y está sola. Nadie en la escuela la sigue con esta historia. Ahora, es verdad que yo he tenido un retorno. He visto el concierto de Metallica en Madrid y casi lloro. Ha sido el concierto más emocionante, y mira que he visto muchos! Pero la fuerza, el nivel de compenetración entre ellos… y el recuerdo y todo… Pero en esto que hablamos de la creatividad, posiblemente el jazz es el género que ahora ha sido como un núcleo, una especie de imán, donde convergen todos los tipos de música, populares, clásicos, académicos, todas las etiquetas que puedas querer, porque está como muy vivo el jazz. Tengo mucha esperanza. ¿Dónde está el límite de lo que es el jazz y de lo que no lo es? El jazz ya no es chis, chis, chis.. [Imita un sonido de batería]. Creo que es la música que mejor representa todo el posmodernismo, el sentido de muchas cosas conviviendo a la vez.

Aparte de Chick Corea, ¿quién le gusta más?
La lista es inmensa. Chick Corea, no hace falta decirlo. Pero también Yellowjackets, todos los brasileños bajistas, que me encantan… Es posible que consuma más esta música en la vida diaria que la clásica, que ya escuchaba de joven. Entonces era un friqui, de ir a las bibliotecas a buscar las partituras de orquesta. Pero la música que más me acompaña ahora, la que más me hace compañía, con la que me siento más identificado, quizás es el jazz moderno.

En cien años el jazz ha pasado de ser una excentricidad tocada solo por norteamericanos negros a imponerse en todo el mundo…
Habría que analizarlo en profundidad, pero quizás es la parte de la creatividad. Es algo que está vivo. Piensa que la parte de la música clásica…

El jazz no es regulable. Es improvisación pura…
El jazz tradicional, sí. Pero actualmente –desde hace muchos años– hay un nivel de escritura importante. Ya no es solo improvisación. El jazz ha evolucionado mucho más allá de lo típico de una melodía, un ciclo de acordes, y vamos a improvisar. Eso es la parte más rudimentaria.

Pero se mantienen las derivaciones libres, las irrupciones…
Sí. Pero es verdad que ha llegado a unos niveles que son casi clásicos. En el caso del mismo Pat Metheny Group –soy un gran fanático– es verdad que esta gente siempre evolucionó con partitura. Hay improvisaciones, pero eso está trabajado de tal manera, que es casi como música contemporánea… De hecho, con este grupo pasó algo interesante. Tuvieron que crear nuevas categorías en los Grammy para poder premiarlos. No sabían cómo etiquetarlos. Se liberaron de todas las etiquetas, porque tenían una gran influencia de la música clásica. Los ves allá, en los conciertos en directo, todo de memoria, sin partitura, pero con un trabajo académico detrás… Está tocando el batería y suelta, y agarra el bajo y toca una línea, y luego lo suelta, el de la guitarra, el de la trompeta, y canta… Esto no es improvisado. Hay solos increíbles, pero hay un equilibrio entre la parte arquitectónica, la premeditada, y la espontánea. Este equilibrio, este camino, me parece muy interesante.

Un camino interesante cargado de bolos…
[Ríe]. Hombre, bolos, son teatros grandes…

Los bolos son aquí giras… No quiere decir que sean actuaciones en locales pequeños…
Es que cuando yo escucho bolos pienso en una boda allá tocando… [Ríe]. Nosotros tocamos en teatros muy grandes, en general. Dos mil personas… Pero es verdad, curiosamente, y esto es más divertido de contar, que hay gente que nos ha contratado para cosas muy locas. Hay gente que tiene mucho dinero. Concierto para dos personas en Mallorca. Dos millonarios. Una pareja, Barcelona Guitar Trio solo para ellos. O qué sé yo. El dueño de McLaren, de Fórmula 1, que nos llamó para tocar en su casa diez minutos. De gira a Londres y volver el mismo día. O ir a China para tocar, cuánto era?… Diez minutos. En Shenzhen. O ir, ¿dónde fue?, a Orlando, a tocar dos minutos, a una conferencia para dos mil personas. Una parte del espectáculo… Claro, esta es la parte divertida. Estamos pensando en hacer un libro con estas excepciones que son como impensables.

¿Cuál es la más bestia de estas excepciones?
Creo que la de los dos minutos en Orlando. Esa fue el récord, pero habitualmente vamos con toda la compañía. Con el espectáculo de Paco de Lucía vamos con luces, bailarines, percusiones, mánager… Es decir, un equipo tremendo. Requieren toda una logística estos desplazamientos. Y la reacción de la gente, la verdad, es que es muy interesante. Y siempre muy efusiva.

Ha dicho antes que hacen más de cuarenta conciertos anuales en el Palau de la Música…
Sí. Entre cuarenta y cincuenta. Va oscilando, pero sí, es eso. En total, entre la gira y el Palau, hacemos unos cien conciertos cada año. Es un día sí y dos, no.

Se gana muy bien la vida, usted.
Bien. No está mal, no me puedo quejar. [Ríe]. Tampoco soy millonario, ¿eh? No nos flipemos…

Hay tanta gente que es buena y que no lo logra… Usted rompe la imagen bohemia del guitarrista…
El otro día nos iba a hacer una entrevista Pituquete, que es un youtuber muy famoso de guitarra flamenca, y nos decía eso. Comenzó la entrevista diciendo: “No sé si son conscientes de que son los guitarristas que más conciertos hacen”. Quizás.

«La excepción más bestia fue tocar dos minutos en Orlando» / Anna Munujos

Ya que habla de youtubers… ¿Usted utiliza todos estos nuevos ámbitos para buscar un público nuevo?
Eso es peligroso. Es un poco esclavitud. Yo utilizo las redes sociales, subo contenido, pero me cuido mucho. Creo que es una zona bastante peligrosa. Yo, que soy padre y que veo a mi hija cómo entra en la adolescencia… Con todo el fenómeno de “ser famoso”… Todo el mundo quería ser famoso desde que surgió la televisión, por ejemplo, con las entrevistas, haciendo no sé qué… Ahora eso está al alcance de todos. Luego está la aceptación, la cosa de repetir fórmulas… Hablo en grandes rasgos, pero eso también se refleja en la música. Voy viendo cómo la gente comienza a imitar patrones y a dar la sensación de que todo es maravilloso. La toma que pongo es mi mejor toma… La gente se desvive por intentar aparentar la mejor versión de sí misma. Y eso crea como una competencia.

Creo que todo este mundo es un poco peligroso. Yo lo utilizo. Sería un hipócrita si dijera que estoy en contra de las redes sociales, porque es verdad que es una manera de compartir la música y de compartir el arte. De alguna manera, el sentido más profundo del arte. Pero estamos viviendo momentos muy superficiales y a mí, como artista y como padre, todo esto me preocupa bastante. Repito que sería muy hipócrita decir que no las utilizamos. El mismo Barcelona Guitar Trio tiene 300.000 seguidores y vídeos virales con veintiséis millones de visitas. Eso funciona y está bien. Y es verdad que la gente lo disfruta apasionadamente, pero conviene dar un toque para pedir a qué dedicamos nuestro tiempo vital. Las apariencias… Todo eso me parece peligroso y superficial.

Ya que habla de superficialidades, ¿qué ha pasado con la cultura media musical de la gente? ¿Sube o baja? Todos los maestros se quejan de que el nivel general, en todos los ámbitos, baja. ¿Qué pasa con la música?
Tengo la sensación de que baja. Esta es una conversación muy habitual entre amigos artistas. Hay gente que es más positiva, pero yo, tal como lo veo, creo que se normaliza la vulgaridad. Todo esto del reggaetón… Es la fórmula que funciona, la fórmula que da dinero. Veo cómo otros artistas, incluso orquestas famosas cubanas, de salsa auténtica y de son cubano, se van transformando al reggaetón, porque es la fórmula triunfadora. Piensa que yo vengo de la cultura cubana, que es esa cosa de la picardía, que es también de Andalucía, el doble sentido, el humor inteligente… Hablas de otra cosa, pero todo el mundo sabe que hay un contenido sensual y sexual, de burla…

«La cultura popular siempre había tenido ese doble sentido que ahora se ha perdido» / Anna Munujos

Eso siempre ha sido la cultura popular…
Cultura popular… Y siempre ha sido muy interesante porque es como la cosa del doble sentido. Pero ahora ya no hay, de doble sentido. Ahora es a ver quién la lanza más fuerte, más grande, más cruda. A mí me parece una pena. Y veo a mi hija, que es una excepción, porque le gusta más otro tipo de música, quizás por influencia nuestra, pero no necesariamente, porque ella tiene sus propios gustos, pero veo que nadie le sigue la corriente. Y eso que está en una escuela que es bastante alternativa, en Vallcarca. Pero ves a los otros escuchando reggaetón y escuchando las cosas que están de moda. ¿Dónde están esos géneros que te permitían sentirte diferente en la adolescencia? ¿Dónde te puedes refugiar?

Antes estaba el jazz, después el rock & roll, el rap. Hasta los años noventa la gente más alternativa escuchaba Nirvana, Soundgarden… ¿Dónde están esas minorías ahora? ¿Dónde las podemos encontrar? No hay ningún género que sea de minorías que triunfe o que tenga al menos la calidad que tenía aquella música alternativa hasta los años noventa. Nirvana llegó hasta allí. A un gran nivel. Ahora mismo ni lo más popular ni lo menos popular, a nivel global, tiene esa calidad. Quizás me hago viejo… [Sonríe]. O quizás es que nací viejo…

El otro día, hablando con Ignasi Cambra, pianista de música clásica, nos decía que esto que hace Rosalía está bien, pero que no deberíamos confundir estas expresiones con la auténtica música clásica…
La pena es que todo esto se haga de una manera tan cliché. Es como un estereotipo. Yo entiendo ahora este boom, pero hay una parte de la gente que piensa que porque Rosalía puso los tres acordes, primero, cuarto y quinto, que es la parte más cliché de la música… En todo caso, más allá de eso, hay gente que piensa que eso tiene un valor porque ella acerca a la gente a la música clásica. Rebajar la cultura a la masa no creo que sea la idea. Debería haber un punto medio.

Yo quizás soy un poco radical y estricto en estas cosas. No soy un buen ejemplo. Hablando del Palau de la Música, en 2009 gané el premio del Palau. Entre todos los instrumentos, por primera vez se lo dieron a un guitarrista. Quisieron hacer un spot publicitario y me llamaron a mí. Había como una conferencia en el Palau de la Música de gente que proponía hacer un spot precisamente para acercar al público a este ciclo, que es el Primer Palau, jóvenes que debutan allí…

Esa gente, de márketing o así, nos proponían un anuncio de Eto’o, de aquella época, donde aparecía jugando con un coco… No me acuerdo bien. Y de repente surgía como una imagen que era como el Camp Nou. Alguien que venía de abajo y llegaba bien arriba. Querían hacer algo similar conmigo, que había sido el último ganador del premio. Algo así como que yo estaba de discoteca y al otro día salía de mañana en un concierto del Palau de la Música… Les dije que no era la persona adecuada, porque yo no iba de discotecas. No digo que no haya músicos clásicos que vayan, pero yo no soy el mejor caso. Les dije: “Sea como sea, me parece que están intentando frivolizar algo para acercarlo a la gente. Quizás no hace falta rebajar la cultura al nivel más bajo. Quizás podría haber un nivel medio y presentarlo tal como es la vida de un músico clásico, sin caer en el estereotipo del coco y el Camp Nou o la discoteca y el Palau de la Música”.

Es esta clase de ideas, tan vacías, tan fáciles, tan baratas. Al final, eso terminó mal. Pensé que yo no había salido en el spot y que quizás otra gente habría hecho la excepción. Y habría dicho: “Sí, sí, sí, yo, para salir en la televisión, lo que sea necesario”. En fin, no se hizo el spot, no se habló más y todo el mundo se quedó como así… Miren, lo siento, yo soy fiel a… Tomen a otro. Uno que sea más guapo y que toque tres acordes, que se gane el Palau, y sáquenlo de la discoteca, del botellón…

Fue un buen termómetro para mí de esto que hablamos ahora. De decir: “No hace falta quitarle el valor que tiene. Ya es interesante como es”. Quizás hacer un documental de la vida de alguien tal como es puede ser más interesante, puedes humanizarlo, y los jóvenes pueden ver que hay otra manera que no sea el típico guion de ser futbolista o ser influencer o… Las fórmulas ganadoras de las que hablábamos ahora.

¿Qué no ha hecho aún que le gustaría hacer en un futuro inmediato?
En este momento, tal como están las cosas, me gustaría poder seguir sintiéndome afortunado. No pediría más. Solo pido poder estar tranquilo. Hacer mis cosas, mis proyectos, que me ilusionan… Que mi hija crezca bien. Que el Trio vaya bien. En el mundo pasan cosas tan extremas, que me parece un poco avaricioso pedir más. Yo he pasado mucho sufrimiento, he trabajado mucho, vengo de unas historias tremendas… Podría quejarme, pero me parecería demasiado avaricioso. Desearía que las cosas continuaran como están y que conservemos la sonrisa en nuestro día a día.

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