Un Palau Sant Jordi lleno hasta arriba se preguntaba, a las nueve de la noche, si Fermin Muguruza había envejecido bien. A las doce, la respuesta inesperada: no ha envejecido. Cuarenta años después continúa la onda expansiva de aquella primera explosión de Kortatu, el impacto brutal que significaron golpes de puño sobre la mesa como Hay algo aquí que va mal, La familia Iskariote o, sobre todo, la belleza punk de un himno de combate como La linea del frente («te quiero y quedamos en la barricada a las tres con las fuerzas de la victoria, al amanecer«). ¿Banda sonora generacional? No, hoja de servicios de una lucha que no se detendrá nunca como demuestran, cuarenta años después, los miles de personas que llenaron el repaso al Kortatu fundacional y a la evolución de Negu Gorriak, el grupo que demostró, por si alguien lo necesitaba, que la lengua vasca no solo viene de lejos, sino que irá tan lejos como la lleve la profundidad de obras maestras como B.S.O, Kolore bizia, Errespetua, Gora Herria o Radio Rahim y la poesía intimista que es capaz de incluir el combate en Itxoiten.

Más allá, la carrera en solitario profundizando en la línea trazada desde el primer momento: Euskal Herria Jamaika Clash, Big Beñat, Dub Manifest o el proyecto multicanal de Black is Beltza. Siempre acompañado de la estética, enmarcando el escenario, de aquel cómic contracultural de los años ochenta, tan influido por el underground, que ha demostrado ser lo suficientemente versátil para iluminar la diferencia entre la verdad y la manipulación, que significa entre los buenos y los malos. Que existen.
Un vasco que se comunica en catalán con el público
Fermin Muguruza es el primer artista que pisa un escenario catalán practicando una normalidad sorprendente. Su repertorio, de base vasca, incluye bastante diversidad lingüística, pero se ha comunicado siempre en catalán con el público («desde que viví en Sant Andreu ya no necesito los cartelitos que me ponían antes»), subrayando siempre la universalidad de lo auténtico. Quizás por eso se acompañó de una banda tan multinacional que acogió al madrileño Karlos Animal para interpretar nada menos que Zu atrapatu arte, la canción que nos incrustó el vasco como referencia, esta sí, generacional. Bi herri, borroka bat!
Y sí. Al final sonó Sarri, Sarri. Esta vez, a diferencia del primer concierto de Negu Gorriak, en octubre del 91, en un Zeleste asediado por la policía, la fiesta terminó en paz. Pero paz no significa rendición. Al marchar se leía en el escenario «Venim de lluny, ho tornarem a fer, ENDAVANT LES ATXES!». Queda advertido.


