3Cat emitirá, este martes por la noche, la segunda parte de la serie sobre las barbaridades que ocurrieron en la mili española durante los primeros años de democracia. Mireia Prats y Joan Torrents han hecho un trabajo excepcional en Sense Ficció que han llamado Et faran un home, morts silenciades y que da voz a testimonios inéditos de familias que perdieron un hijo en extrañas circunstancias durante el servicio militar. ¿Suicidio? ¿Muerte accidental? ¿Asesinato encubierto? Muchas de estas familias recibieron el cuerpo en un féretro militar precintado y un certificado de defunción que no aclaraba la causa de la muerte. El Món ha podido ver el documental previamente a su estreno, una investigación periodística con más de ocho meses de trabajo y aún más años de documentación que realiza un ejercicio de memoria histórica importantísimo.
Cerca de 1.900 reclutas murieron durante los años de mili en España y, aún hoy, no hay ningún registro ni archivo que pueda cuantificar el número exacto. Después de más de 20 archivos y estamentos oficiales consultados, y de unas cuantas puertas blindadas, la conclusión es que los archivos militares no registraron bien las defunciones de la mayoría de reclutas muertos en los años 80 en la mili. El Ministerio de Defensa tampoco contabilizó a los chicos que murieron después de hacer la mili a causa del trauma sufrido así como tampoco se realizaron autopsias, informes ni certificados de defunción en muchos de estos casos. Este es uno de esos documentales incómodos pero necesarios, el que ofrece una reparación a las familias de las víctimas teniendo en cuenta que el gobierno español no es capaz de hacerlo. Los problemas para acceder a los documentos oficiales y el muro con el que se han topado para averiguar qué pasó a aquellos jóvenes es la demostración perfecta de la opacidad y la impunidad de los militares.
Este documental de denuncia nace de la avalancha de peticiones que generó tras la emisión, en diciembre de 2024, del Sense Ficció que sacó a la luz las vejaciones, abusos y violaciones a jóvenes reclutas que hacían el servicio militar obligatorio. Ahora, han gestionado las más de cien denuncias que han llegado al buzón de afectados y han recuperado la estética del primero con el mismo muñeco: “Nos pidieron ayuda cientos de familias sacudidas que habían enterrado a los hijos sin saber qué les había pasado en la mili”, nos dicen los directores de este Sense Ficció en declaraciones a El Món.

Estos son los cuatro testimonios principales del Sense Ficció sobre las muertes en la mili
El documental gira en torno a cuatro testimonios, cuatro personas que perdieron a sus hermanos mientras ofrecían el servicio militar obligatorio entre 1980 y 1993. Todos ellos, reunidos en un encuentro en el Montseny muy emotivo y que rompe el corazón, rompen un silencio que habían mantenido durante más de 30 años. Las familias no hablaban por el estigma y la vergüenza de decir que su hermano se había quitado la vida durante la mili, una justificación que daban desde los cuarteles sin ninguna prueba. De hecho, resulta durísimo escuchar que les entregaban los cuerpos en ataúdes sellados -en teoría, para evitar un problema sanitario- y que no podían hacer ni siquiera el reconocimiento del cadáver. No sabían cómo habían muerto, por qué, quién les había hecho daño o si aquel cuerpo era realmente el de su hermano.
Los registros de estas muertes estaban hechos de maneras aleatorias y cambiaban cada año, así que el Estado no es capaz de decir cuántos muertos hubo durante el servicio militar obligatorio. Nunca nadie en España podrá saber cuántos reclutas murieron durante la mili que se hacía ya en años de democracia o eso lo dice una documentalista con más de 40 años de experiencia –Montse Bailac– que “nunca” se había encontrado unos muros tan firmes como estos: “Queremos denunciar esta opacidad y que se estén cometiendo ilegalidades como que aún nos dicen que el coronel de turno debe dar permiso para que podamos acceder a unos archivos concretos”. Toda la investigación ha quedado en un callejón sin salida, hasta el punto de que también desde el Ministerio de Defensa se dice que “ignoran” todas estas muertes y los hechos relatados en el documental. De los más de 20 archivos que se han consultado a lo largo de estos meses, ningún informe que detallara realmente qué había pasado.
El caso más impactante es el de Nacís, un joven destinado a Ceuta en 1980 de quien informaron que se había suicidado durante su estancia en el ejército. La familia recibía un montón de cartas del chico, a quien tenían trabajando en la sala de máquinas de escribir, que se mostraba ilusionado con el próximo permiso y que les pedía que le enviaran fuet solo dos días antes de, supuestamente, suicidarse. Nunca se han creído esta versión oficial y el padre nunca dejó de investigar qué le pudo haber pasado realmente.
Reabrir esta herida después de tantos años aún cuesta y, prueba de ello, las lágrimas de los hermanos de los protagonistas que se rompen totalmente al sacar a la luz sus experiencias. “Nunca entendimos qué ocurrió, pero nos dijeron que lo habían encontrado con un abrecartas clavado en el corazón. Pues nosotros sabemos que a nuestro hermano lo asesinaron”, afirma con contundencia. El programa lo ha reunido con quien fuera uno de los compañeros de su hermano en la mili, quien reconoce que les enviaron una circular en la cual les decían que quedaba “totalmente prohibido” hablar de la muerte del chico. ¿La teoría de la familia? Que el chico podría haberse enterado de algún detalle del golpe de estado que daría Tejero solo cuatro meses después de su muerte, ya que estaba en la sala de las cartas. Sea como sea, el padre murió sin saber qué pasó: “Él investigaba e investigaba, hasta el punto que llegaron a amenazarle diciendo que tuviera cuidado porque tenía otro hijo que también tendría que hacer la mili”.
Los testimonios más impactantes del documental
El documental alterna estas historias con testimonios de hombres que vieron auténticas barbaridades durante su estancia en el ejército. Uno de ellos dice, claramente, que sabe que algunas investigaciones de estas muertes fueron manipuladas: “A mí me encargaron que investigara la muerte de un soldado, que supimos que había muerto por un golpe de calor. El chico pesaba 120 kg, así que era evidente que deberían haberlo excluido de la lista de soldados. El tribunal nos obligó a destruir el documento donde lo decíamos y quisieron que hiciéramos otro en el que exculpáramos al ejército de lo que había pasado. ¿Si las familias supieron la verdad? Lo dudo”.
Otro caso que centra el reportaje tiene como protagonista a Joan, destinado a Zaragoza en 1982. La familia ya sospechó que algo le estaba pasando durante la mili, ya que se recluía en su habitación a oscuras cuando iba de permiso. Un día, llamó a la hermana muy asustado y le dijo que lo estaban persiguiendo. Al día siguiente, les llamarían para avisar que lo habían encontrado muerto: “Recuerdo salir al balcón llorando y gritando a los malditos militares que me lo habían matado. Mi padre también se topó con un muro de silencio, no querían que preguntaras qué había pasado”.
Del resto de testimonios, podemos destacar el de un soldado que oyó un disparo mientras hacía guardia de madrugada. De aquello, otro joven murió y uno de sus compañeros tuvo que ir a limpiar la sangre: “Horrible”. O, por ejemplo, otro que recuerda que acosaban de tal manera a uno de los jóvenes militares que acabó con una depresión fortísima: “El médico decía que se lo inventaba, que lo hacía para irse de la mili. Pues poco después apareció muerto porque se había quitado la vida”.
Eran muchos los que lo llegaron a pasar muy mal, como revela un chico que estuvo con los paracaidistas de Alcalá de Henares en 1984. Seguramente, la historia en primera persona más dura del documental: “Te apaleaban como si fueras un perro… Yo no sabía qué hacer y me autolesioné porque no podía más. No llamaron a mi familia, claro, y de hecho a mí me decían que debía aguantar«. «No sabe que hice aquello ni siquiera mi mujer, lo he mantenido en silencio porque me daba vergüenza”, añade frente a la cámara. “Lo pasamos muy mal y no nos lo merecíamos”, dirá entre lágrimas.

Los dos últimos testimonios, pruebas de las barbaridades cometidas durante el servicio militar obligatorio en España
Los otros dos hermanos protagonistas son Martí y Jordi. El primero, a quien enviaron a la compañía de escaladores y esquiadores de Berga en 1983, lo arrestaron varias veces “siempre con explicaciones absurdas”: “No venía a casa cuando tenía el permiso, siempre tenían excusas para que se quedara allí”. Un día, sin embargo, se escapó y llegó a casa con la camiseta rasgada: “Nos dijo que no podía explicar qué le había pasado porque le harían un consejo de guerra”. La hermana tiene la teoría de que abusaron sexualmente de él, después de varios intentos, ya que previamente lo habían visto con la barbilla abierta: “Después de la mili no volvió a ser el mismo, entró en una depresión muy grande, se cerró y no volvió a salir… hasta que se quitó la vida”.
El último caso, el de Jordi, es muy característico de estas muertes sospechosas durante el servicio militar obligatorio. En su caso, destinado a Melilla en 1993, les dijeron que se había matado con el fusil durante una guardia cuando no hacía ni siquiera dos meses que estaba allí. Este fue uno de los que enviaron con un ataúd sellado, no pudieron ni siquiera identificar el cadáver y la justificación fue que el cadáver estaba “destrozado”: “También nos han robado la última despedida a mi hermano”, relata ella entre lágrimas.
Todos aquellos chicos estaban bajo la protección del Estado, que no supo protegerlos y que no han pedido perdón aún por todas las cosas que se gestionaron mal. Desde la dirección del Sense Ficció confían en que sea cierto que los partidos políticos se pelearán por intentar que se investigue, pero al mismo tiempo nos dejan claro que resulta “imposible” que se acabe sabiendo qué pasó, cuántos murieron y quién los mató. No vale decir que son cosas que pasaron hace muchos años, la opacidad de los archivos militares mantiene la impunidad y también la incógnita. Las familias piden un perdón público del gobierno español, un pequeño gesto de humanidad que no cambiará qué pasó… pero, que al menos, serviría como reconocimiento de que las cosas no se hicieron bien.


