“El modelo actual de Cataluña es insostenible y aboca al país al retroceso económico y a la ruptura de la cohesión social a medio plazo”. Así de contundente, de drástico, era el mensaje central que los autores del Informe Fénix hicieron público hace justo una semana. El Informe Fénix es un documento que ha coordinado Xavier Roig y que han elaborado los economistas Xavier Cuadras Morató, Modest Ginjoan y Miquel Puig, con el asesoramiento de Jordi Galí, Guillem López-Casasnovas y Jaume Ventura. Poca broma con los nombres.
Cataluña es el país de los mil y un debates. Se abren, como los melones, cada día unos treinta y no se cierra ninguno. Eso sí, todo el mundo queda muy satisfecho y orgulloso hablando de ellos. Incluso los que no tienen ni idea. Mucho debate y poca solución. Mucho trigo y poco pan. Por eso sorprende y es del todo raro que un equipo de lujo dé el atrevido paso de plantear problemas estructurales y, además, proponga soluciones para resolverlos.
El Informe Fénix denuncia una grave paradoja: el país registra un crecimiento del PIB superior al de su entorno, pero este crecimiento no se traduce en una mejora significativa del PIB per cápita, lo que significa que el bienestar material de la población disminuye. Esto ocurre porque se crean puestos de trabajo con sueldos muy bajos, que ocupan casi exclusivamente inmigrantes. Estos puestos han hecho que sus sectores sean “altamente subvencionados”, porque unos salarios tan bajos no generan suficientes ingresos fiscales para sostener los servicios públicos más elementales de los que disfrutan sus trabajadores. ¿Cuáles son estos sectores? Básicamente, el turismo de sol, playa y sangría, y la industria cárnica. Sobre el primero se intenta construir un país precario.
Xavier Roig, ingeniero, profesor, articulista y ensayista, tiene una larga trayectoria en empresas internacionales tecnológicas punteras, tan punteras como su lengua y su pluma. Ha trabajado aquí, allá y más allá. Roig es un documentado descarado, lo que lo hace doblemente polémico y triplemente temible. Para redactar este informe ha coordinado un equipo de economistas que dice que le han hecho aprender mucho. Alguien que se acerca a los setenta y que afirma que aún aprende practica la humildad necesaria para enseñar. Escucharle es difícil porque cuando debe terminar una frase ya ha empezado otra. Multiplica y amontona las ideas. Da gusto y miedo oírle. Fénix es el ave encendida y renacida de sus propias cenizas. Pero en Cataluña todas las aves son rápidas y fugaces. Como los debates. En 1683 Narcís Feliu de la Penya publicó Fénix de Cataluña, compendio de sus antiguas grandezas y medios para renovarlas. Todo esto viene de lejos. Menos debates y más PIB per cápita.
Con la economía catalana y sus defectos estructurales puede pasar como a la rana sumergida en agua tibia que se va calentando. Cuando seamos conscientes, los males ya no tendrán remedio…
Las decadencias siempre son lentas. La decadencia económica de Cataluña ya lleva 25 años. Es verdad, es algo lento. Dices lentamente, pero es que ahora empiezan a romperse las costuras. Es decir, todo esto que nos está pasando con Rodalies, la sanidad, la enseñanza, el transporte en general, las autovías colapsadas, todo esto es consecuencia de lo que denuncia el informe. Es el fin del estado del bienestar sin recortes. No generamos recursos suficientes. Entonces, la cosa va muriendo. Tiene un punto de ruptura esto, que es el voto a la extrema derecha. A veces pienso que los que gobiernan quieren estimular a la extrema derecha, porque, si no, no se entiende. No se explica. Porque los temas tienen soluciones. Soluciones, además, que se han aplicado en otros países. No hay que inventar la sopa de ajo.
Si la extrema derecha llegara al gobierno, ¿sería capaz de resolver algo?
No, no, no. Ni por asomo. Pero hemos llegado a un límite que es el siguiente: ¿Cómo hago fuera a los que están? Antes los echabas porque tenías una opción. Echo a estos y entonces vendrán aquellos otros. Y te diré una cosa. En España esta opción aún existe. No me gusta el PSOE, pongo al PP. Si lo voto suficiente, no pactará con VOX y, si no lo voto suficiente, sí pactará. Pero aquí la alternativa que tenemos al colapso de todas las instituciones, que son del mismo partido, sólo te deja una opción: “¿Cómo los echo?”. Ahora pienso en el tío de la calle. “¿Cómo lo hago? Pues, voto a la extrema derecha. O no voy a votar”. Ahora ya hemos llegado al derecho a reventar. “Si no me hacen caso, los tengo que echar”. Hay otros países que tienen otras opciones y aquí no tenemos tantas. Por tanto, la extrema derecha subirá. Creo yo.
Pero no resolverá nada…
¡Seguro! Es igual que Trump. No resuelve nada. Es lo que pasa con la extrema derecha. Este es el error de las sociedades en general. Y de la opinión pública. Es como los idiotas. Dicen cien cosas y en cinco tienen razón. Las más evidentes. Tienes que tomar estas cinco y hacerlas tuyas. Porque, si no, ellos, de estas cinco, hacen el cien por cien. Y entonces nada tiene solución. Trump ha dicho cosas que tiene razón, pero no las solucionará. Al contrario, aún echará más leña al fuego.
En Cataluña Junts ha tomado parte de estos argumentos, pero el PSC y Esquerra, las otras dos grandes alternativas de gobierno, los rechazan todos frontalmente.
El gran error que ha tenido Europa, en general, es… Europa está rectificando poco a poco, pero aquí aún estamos como siempre, más atrasados… Este error es no decir que la extrema derecha tiene razón en tres o cuatro cosas. Y estas tres o cuatro cosas que el electorado está cocinando deben solucionarse. Si no, esos tíos se llevan el gato al agua. Así llegaron las grandes dictaduras a Europa. Denunciaban hechos y problemas reales. Unos cuantos, eh?, no todos los que decían. Europa está reaccionando, pero aquí vamos tarde. Como siempre. [Ríe].
Es discutible que Aliança Catalana sea estrictamente lo que entendemos por extrema derecha. En todo caso, esta opción radical nunca podrá sumar con la extrema derecha española…
No suman, no.
Sólo podrían ganar si una de estas dos opciones lograra en algún momento la mayoría absoluta. O si VOX ganara unas elecciones y pudiera sumar con el PP.
Eso no pasará. Está todo muy fragmentado. La decadencia es muy peligrosa. Yo, honestamente, en el caso de Cataluña pienso que la única solución es que salga un Suárez. Un Suárez catalán y, además, nacionalista, del país. Que dijera: “Escuchen, yo vengo de este sistema y todo esto está podrido y acabado. Aliança Catalana no es exactamente la extrema derecha. Son islamófobos. Yo no soy de esos. Vengo de dentro del sistema. Y les digo que está podrido. Se acabó. No tiene solución. Propongo una regeneración, pero lo digo desde dentro del sistema”. Si esto no se hace así, o se continuará pudriendo, porque el sistema se retroalimenta y, además, tiene una endogamia que a mí me resulta realmente sorprendente, o la decadencia.

Antes de entrar en el informe Fénix, le comento una serie de noticias que se están encadenando estas últimas semanas y que no sé si quieren decir algo o si son meras coincidencias. Una serie de reducciones de plantilla anunciadas y que afectan a la gran industria tradicional: Nissan, Ficosa, Serra Soldaduras, Nestlé…
Estas reducciones son generales en toda Europa. Pero sufrir, se ha sufrido siempre, porque estos ajustes se han hecho siempre. Nacen unos, mueren otros… Y el futuro nunca se conoce. La gente que es tan pesimista con la inteligencia artificial se equivoca. Mal. Hay algunos otros que intentan pensar en nuevos trabajos. Yo sólo pongo un ejemplo. Cuando Watt perfeccionó la máquina de vapor nadie se imaginaba los empleos que se derivarían. Entre otros, los ferrocarriles. Los que hacen vías, los que hacen traviesas, los revisores, los conductores… Eso sólo con los ferrocarriles. Y eran oficios que no existían y que, por tanto, nadie podía imaginar antes.
La industria catalana no se ha reducido. El problema es que porcentualmente tiene menos trozo del pastel, porque los malos económicamente han crecido. En valores absolutos se mantiene, pero se ha reducido en porcentaje. Los ejemplos que has puesto también son algo que la clase política no explica. El coche eléctrico es una máquina infinitamente más sencilla que el coche de explosión. Es la prueba el hecho de que en el pasado, como ahora ha hecho Ebro, habríamos sido incapaces de hacer una fábrica así. Una fábrica de coches con motor de explosión requería años de planificación, inversiones multimillonarias…
El coche eléctrico va con un motor idéntico al que llevaban los tranvías de Barcelona de finales del siglo XIX. Es el mismo motor. Más perfeccionado, pero es el mismo. Por tanto, el coche eléctrico requerirá mucha menos gente, y toda su industria auxiliar, también. En el sector auxiliar del automóvil en los últimos diez o quince años se han destruido 6.000 puestos de trabajo. La gran preocupación debería ser ahora cómo reorientamos nuestra industria auxiliar del automóvil y cómo ayudamos a Volkswagen a reconvertirse. Yo me he comprado ahora un coche eléctrico y la segunda revisión es a los 50.000 kilómetros. ¡Increíble! No tiene complicaciones. La complicación está en la batería y las baterías no son elementos mecánicos, son químicos. Es otro negocio.
El otro día vino el presidente de Indra, Àngel Simon, que me pienso que tiene los pies en el país de alguna manera, y anunció la creación de muchos puestos de trabajo en el sector de la Defensa. Aquí tiene mucho que decir nuestra industria auxiliar…
Simon tiene los pies en el país porque es del país…
Sabes de mucha gente que es del país y no tiene los pies en él. [Reímos]. Al menos en ese sentido Simon los tiene.
También tiene narices que la persona que los tiene se dedique a fabricar armas…
Este falso pacifismo catalán… es la destilación de Europa. Que venga alguien y me defienda, ¿no? Esto no tiene sentido.
En todo caso, la industria del automóvil convencional está en crisis…
Crisis de reconversión. Puede acabar siendo buena, ¡eh! Lo que quiero decir es que todo se simplifica. Y lo insisto: saldrán nuevos trabajos que aún no sabemos cuáles serán. Siempre ha sido así.
El carácter tradicional industrioso y espabilado del país, el que encarna una determinada gente que es capaz de convertir en panes las piedras, ¿aún perdura en Cataluña? ¿O se ha diluido?
Lo hay, lo hay. Pero lo que pasa es que, si tú creas el caldo de cultivo adecuado, en lugar de los cien que lo prueban ahora, tendrías doscientos. Esto es como todo. Es dar facilidades. Si hoy dices que la carne está a mitad de precio, habrá más gente que la compre.
Entremos en el informe. Uno de los problemas más graves que detectan en la economía catalana es que el PIB aumenta, pero que el PIB per cápita disminuye. Esto significa menos calidad de vida. Y esto pasa porque generamos más puestos de trabajo, pero mucho más mal pagados. ¿Por qué generamos tanto empleo basura?
Generamos tanto empleo basura un poco por lo que…
¡Basura, no masa!
[Ríe]. ¡Las dos cosas! ¡Basura y masa! Es un poco lo que dices tú. Creo que debemos evitar criticar al empresario. El empresario –el buen empresario, ¡eh!– juega con las reglas del juego. Si dices que hay unas facilidades para montar un negocio, el buen empresario lo monta. Su obligación es montarlo y ganar dinero. Después tendrá un comportamiento ético que será el que será, pero su obligación es esta. ¿Qué ha pasado con esto? Hay unos sectores subvencionados. Cuando subvencionas algo, si lo haces de manera directa y el entorno se presta, tiene un gran éxito. Sólo quiero recordar que Zara comenzó con una subvención del gobierno gallego, del señor Manuel Fraga. Una subvención grande. Zara empezó con esto. Y triunfó. En nuestro caso, como, además, hace buen tiempo, tenemos una costa bonita –lo era, ahora ya no lo es tanto– y unas facilidades, y, además, no ponemos límite al precio, pues la gente viene. Pero, claro, es un sector subvencionado…
¿Qué significa “subvencionado”? En el informe se refieren a sectores que contratan una mano de obra tan barata, que el salario de un trabajador no llega a compensar el gasto social que supone…
Me refiero a las dos subvenciones posibles. Un sector como el turístico tiene dos tipos. Una es consecuencia de una alianza macabra entre la extrema izquierda y la parte empresarial. Si puede entrar todo el mundo y tienes un mercado ilimitado –y siempre ha sido así–, los precios bajan. Si sabes que puedes montar cualquier negocio porque los salarios podrán llegar hacia abajo hasta no sabes dónde, ya que vendrá alguien de fuera y lo hará, tú lo montas. Aquí hay una subvención, porque con los salarios que pagas y tu contribución a la seguridad social y la del trabajador, más los impuestos que paga a lo largo de su vida, todo esto no cubre su gasto social. Y es el resto de la sociedad quien debe pagarlo en nombre de ellos. De salarios subvencionados, habrá siempre, porque hay algunos que no tienen por qué ser altos. La democracia social de derechas está para eso…
La agricultura…
Esta subvención, sí, la asumimos. Son directrices, además, que vienen de Bruselas. Yo quiero un territorio bien cuidado y pienso que es valor a preservar porque el gran problema que tenía antes Europa es que se morían de hambre. Ahora no hay hambre. Pero yo me refiero a otros subsectores. El de la limpieza, por ejemplo. Nunca será un sector bien pagado. El de la vigilancia. Y así hay muchos. Deben existir y todos estamos de acuerdo. El problema es cuando un sector, que se auto-califica como “motor de la economía” –y así lo califican también los políticos–, todo él, de promedio, tiene salarios subvencionados. Esto no puede ser. ¿Motor de qué? ¡Motor del gasto! Es un sector subvencionado. Los sindicatos también tienen una parte de la responsabilidad. Si la oferta es ilimitada, los precios bajan.
La izquierda a la izquierda del PSOE critica este turismo y exige uno de calidad. Demanda muy paradójica, porque una gran parte de su electorado no es precisamente ese turismo “de calidad”.
¿Y eso cómo se hace? Ese es el tema.
Limitan la construcción de hoteles…
Muy bien. No irán a Barcelona, irán a otra parte. En todo caso, cuando abres el mercado de trabajo de manera infinita, es como todo, bajan los precios. Esta es la primera subvención. La segunda es muy clara y directa. Y también la pagamos entre todos. Son los trabajadores fijos discontinuos. Si tengo un negocio que requiere diez personas en verano y dos en invierno… Si tengo una fundición, o me las arreglo para tener a los diez trabajadores ocupados o tengo ocho, pero durante todo el año, y les pago lo que toca. Esto es lo que hacen todas las empresas. Pero lo que hace el turismo es: “¡Ostras! Noviembre, ¡al paro!”. Y recupero a los mismos trabajadores en mayo. ¿Quién lo ha pagado? Nosotros. Si están en el paro… Esta es la trampa de los fijos discontinuos, que sirven para tapar las estadísticas. Esta gente está en el paro. Y esto se quiere ocultar.
Esta trampa sería fácil de combatir. Solo haría falta eliminar esta opción laboral. Hay otra que no ha generado la administración, que es falso autónomo. Usted trabaja para mí, pero ya se pagará usted todos los gastos laborales…
Esto la administración lo ataca porque es escandaloso y, además, los que lo reclaman son los mismos autónomos. Pero, en todo caso, se hacen autónomos la gente que ya está en el país. La gente que viene de la inmigración a hacer de camarero, diles que protesten. Si lo hacen, quien los contrata los echará y encontrará diez más. El problema es de oferta.
El informe sitúa también el sector cárnico entre los subvencionados. ¿Por qué?
No sé si tú lo has hecho, pero si visitas los sótanos de un matadero, donde pasean animales, allí todos los trabajadores son negros. Porque es un trabajo muy duro. Tú y yo lo haríamos si nos pagaran suficiente, porque en esta vida tienes que hacer lo que puedas. Pero, si puedes pagar poco, ¿por qué tienes que pagar más? Esto pasa en todos los sectores de la economía y todos lo hacen en su casa con la empleada doméstica. Es criticable, pero es la manera de ser de la especie humana. Y por tanto, se tiene que reglamentar. Si tienes una gran oferta de mano de obra barata, los salarios del país bajan. Esto es lo que ha pasado en Cataluña. La gente está mal pagada y se deprime. Negocios que no serían viables con unas condiciones normales y aceptables son viables…
Esta es mi opinión, la de alguien que no es economista, pero también es consecuencia de la experiencia que he tenido con los seis economistas que han redactado el informe. He aprendido una barbaridad. Estos son recursos que la sociedad no orienta correctamente. Todos estos miles de millones orientados hacia sectores que nos interesaran, sería fantástico. No hace falta buscar el déficit fiscal, que también hay que buscar, pero como esto no parece solucionable a corto plazo, intentemos resolver lo que se puede resolver pronto. Invertimos los recursos públicos donde toca.

Una parte importante de todo esto depende del gobierno español y del Congreso, no de la Generalitat.
Yo creo –y esta es la opinión también de algunos de los expertos que han hecho el informe– que no podemos esperar… Mira, tienes un ejemplo muy claro, que es el País Vasco. La única diferencia que tiene con nosotros es el déficit fiscal, que podríamos poner a un lado. Dejémoslo para infraestructuras. Hablemos del gasto público del día a día. Es verdad que la gente entra por Barajas. Cuando se plantean dónde irán, a Cataluña o al País Vasco, se decantan por Cataluña, que es donde hay trabajo. En el País Vasco nadie les da. Hay muchas cosas –de hecho, el 90 por ciento de las cosas– que se pueden solucionar desde aquí. Un ayuntamiento puede decidir ser turístico o no. Y te aseguro que si se propone no tener un hotel, no tiene ninguno. Nadie lo llevará al Constitucional.
El de Barcelona no tendrá ninguno, pero el de Hospitalet, sí…
¡Exacto! Esta es la gran ventaja que tiene el País Vasco, que tiene una cierta unidad de criterio. Por eso apelamos a una cierta unidad de criterio a nivel catalán. La Generalitat, los partidos y las diputaciones pueden hacer mucho en todo esto. Ahora imagínate que yo soy un presidente de diputación que se ha leído el informe Fénix y que dice: “Me casu en dena. Ahora acabaremos con esto. Si montas negocios con salarios subvencionados, ¡nada!”. Ayuntamiento, no te daremos subvenciones si das permisos a empresas que tienen salarios subvencionados. No te doy. ¿Criterio? Porque no creas puestos de trabajo de calidad. Y lo publicamos en los periódicos. Esta sería la primera medida. La segunda: los alcaldes deben informar a su población de una vez por todas que el turismo es pobreza. Así de directo. No estoy cargando contra los empresarios del turismo, pero, si vas recortando… No es pobreza según cuál sea. El de Francia o el de Italia no son pobreza. Tienes que segmentar. Por eso otra vez vuelvo al empirismo. Si no fuera así, Grecia, Tailandia y México serían grandes potencias. Y Alemania estaría a la cola. El mundo es como es.
Es que… A ver, democratizamos la medicina con la aspirina y la carne de pollo, con las granjas y las factorías. Hace años democratizamos los vuelos de avión, a precios baratos, y el turismo, los hoteles. La gente humilde solo puede hacerlo si lo hace a precios baratos… Si esto fuera en todas partes como usted dice, la gente más humilde no tendría opción de viajar. Esta medida es clasista. Y no es lógico que una izquierda que se quiere coherente demande “un turismo de calidad”.
No entiendo que esto sea clasista. Nunca he creído que hacer turismo sea un derecho social. Y te lo dice alguien que cuando éramos jóvenes mi esposa y yo ahorrábamos todo el año para poder pasar una semana en Alemania. Ahora puedo ir a Alemania cada mes, si quieres. Esto no tiene sentido. ¿Por qué es un bien social? Son un bien social las vacaciones. Tú con tus vacaciones haces lo que quieres. ¿Quieres ir de viaje? ¿Quieres ser del Barça? Sí, si pagas la cuota. Todo tiene un coste. Hacer turismo es insostenible. Han puesto precio de entrada a la Fontana de Trevi. Es lógico. Yo lo calculé de la siguiente manera: solo que una vez en la vida cada europeo quisiera visitar la Fontana de Trevi, ya no podrían hacerlo. No hay lugar. Yo soy de Tarragona. Cuando era pequeño con mi padre veníamos a visitar a la familia. Calle Urgell con Provenza, en Barcelona. Mi padre aparcaba el coche frente a la casa de mis tíos. Hoy a cualquier hora del día no lo podría aparcar. Antes había pocos coches y ahora hay muchos. ¿Nos han recortado los derechos con la zona azul?
Ahora el coche sí que se considera un derecho, porque es un medio de transporte al alcance de todos.
Pero he perdido el derecho a aparcar frente a casa de mis tíos. Es decir, viajar es eso.
Pero entonces sí que tiene un punto de clasismo decir que los pobres no deben viajar…
¡No deben viajar tanto! Es como todo. Yo no desayuno con caviar. Hay quienes lo hacen. A mí el caviar no me satisface mucho, pero, en todo caso, no puedo porque no lo puedo pagar. No tengo un Rolls-Royce porque no me lo puedo pagar. ¿Hay gente que se lo puede pagar? Ya se las arreglarán.
No es el mismo caso. Tenemos la aspirina, el pollo y el turismo barato…
Me parece bien. Pero cuando dices que podemos ir a un hotel o a un restaurante barato estás diciendo: “Puedo ir y explotar al tipo que me da ese servicio”. Míralo de esta manera. Quizás que vaya menos y le pague más. El tema es ese. Yo estoy a favor de todo lo que sean los derechos sociales que pueda tener la gente, pero esos derechos vienen limitados por la materialización. Si el turismo barato, que es lo que nos ha pasado aquí, hace que la gente cobre 600 o 700 euros al mes, ese turismo puede irse a otra parte. Aquí, no. Ese es el principio. O que vengan, en lugar de dos veces, una. Y ese trabajador, en lugar de 600 euros, cobrará 1.400.
El número de bares… ¿Cuántos hay en Cataluña? Proporcionalmente, más que en cualquier otro lugar de Europa. Ya te lo digo ahora. Más que en España. Ahora ya los hemos superado. Alemania tiene un tercio. Francia, la mitad. Italia, el 60 por ciento. “¡Oh, les estás recortando los derechos! ¿La buena gente no puede tomarse un café por un euro?”. Pues, no. Se lo tienen que tomar por dos, en Francia, pero tienen un camarero que trabaja 35 horas, está declarado, tiene vacaciones y Dios nos libre de que hagas trampa, porque en Francia te crucifican.
¿Por qué hemos llegado hasta aquí?
Porque se tolera.
Quien debería haber fomentado otro modelo económico, de turismo y bares a precios más altos, no lo ha hecho. ¿Es eso exactamente?
Sí.
Si lo hubieran hecho, estaríamos en otro punto.
Es así de fácil. Si lo dejas, a eso que llaman el capitalismo depredador, hace esto. Y mira que yo soy poco amante de las regulaciones. Es como poner una ciudad como Barcelona sin semáforos.
¿Y no es curioso que, siendo una de las sociedades más reguladas del mundo, con más reguladores, con tantas y tantas capas de administración, tanta legislación…, no hemos regulado justamente lo que debíamos regular?
Como diría Josep Pla, aquí regulamos las tonterías. Y no se regula lo que se debería regular. Te pondré un ejemplo. Las cárnicas. Hubo una época que las conocí bien. Un empresario de Vic, de una cárnica muy importante, me decía que estaba inmaculado. En primer lugar, porque la regulación europea exige la trazabilidad, porque antes los mataderos eran la matanza de Texas. Era algo que no se podía ni entrar. Y añadía: “Pero ¿sabes qué me ayuda más a mantener el nivel? Los de McDonald’s. Se presentan aquí a hacer la inspección, porque soy proveedor, sin avisar. ¿Los de la Generalitat? Me llaman el día antes de que vendrán. Si vienen”.
Ve a un mercado municipal. Es obligatorio que todos los productos tengan origen y precio. Ve a una pescadería del mercado y búscalo. ¿Es de vivero? ¿Es congelado? Míralo. A ver si te lo dicen. Solo lo hacen las grandes superficies, que sí que se les obliga. Ve a los mercados. Corruptissima republica, plurimae leges, que decía Cicerón. Cuantas más leyes tenga una república, más corrupta es.
Por tanto, si regularemos menos y mejor, los salarios serían más altos.
¡Seguro!
Esta es una de las recomendaciones que hace el informe Fénix. ¿Y esto también filtraría la inmigración? No haría falta vigilarla tanto y preocuparse tanto. ¿Es eso?
Sí, porque darle la culpa a la inmigración es muy fácil. La inmigración no tiene la culpa, es el resultado de las malas acciones. Al final, son los que acaban recibiendo. Y la población. Debemos partir de un principio –que este sí debería ser un pacto de Estado, porque, si no, no saldremos adelante–: ningún país puede recibir tanta inmigración como ha recibido Cataluña. Ninguno. En proporción. Treinta por ciento de la población en veinte años es una aberración. Esta es la primera. Algunos líderes de lo que se llaman patronales, que son patronales apócrifas porque cobran del gobierno, son poco patronales, dicen: “Necesitamos la inmigración como el aire que respiramos”…

Concrételo. Esto lo dice Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment.
Exacto. En la presentación del informe el señor Galí lo dijo claramente, y eso que el señor Galí es una persona muy medida. Es verdad que otros países la necesitan así, pero aquí esto es muy diferente. Lo que ha hecho el País Vasco, lo que hace Suiza, lo que hace Francia, lo que se hace en todas partes es que la inmigración viene a hacer los trabajos que nosotros no podemos hacer. No podemos o no queremos. Porque, por los salarios que pagan, no los quiere hacer nadie del país. Esto es un nivel de inmigración ics. Muy diferente. Lo que más critico es que aquí la perversidad del sistema es que se montan negocios que el país no demanda solo porque son viables con los salarios de la inmigración. Únicamente y exclusivamente.
Los hoteles de tres, dos o una estrella, o los apartamentos turísticos, que se han abierto donde sea, en Lloret o en la Costa Brava, el país no los demandaba. Y sin la inmigración son inviables. Por tanto, si el país no demanda una cosa y sin inmigración es inviable, ¿por qué les dejan montarla? Esta es la pregunta.
Ahora pienso en otro sector. En el del taxi. No sé si está muy mal pagado. En todo caso, la falta de vocaciones autóctonas, las pocas ganas de trabajar en horarios nocturnos, han hecho que por la noche en Barcelona todos los conductores sean paquistaníes, que ahora van comprando las licencias. Sin los paquistaníes, no habría taxis por la noche…
Porque se ha regulado muy mal. Tú sabes que en París antes tomar un taxi era un dolor de muelas. Yo he seguido la evolución. Y además, te trataban mal. Yo iba antes al aeropuerto cada lunes y tenía la oficina en la Puerta de Orleans. No me querían llevar porque la Puerta está a un tiro de piedra de Orly. Esto se ha acabado. Han llegado a un acuerdo y han combinado Uber con el sector tradicional. Y esto pasa también en Italia. Yo voy en Uber en Italia, llamo a uno y me viene un taxi normal. Uber es la plataforma, pero no fija los salarios, porque Uber explota a la gente.
Aquí todo es muy complicado. El Ayuntamiento de Barcelona no da más licencias, se venden y se compran entre particulares y son muy caras. Ahora han bajado, pero antes los taxistas las consideraban como un seguro de jubilación… Más allá de la regulación, el sistema ha funcionado de manera autónoma y ha generado un bucle perverso…
Claro. Cuando regulas mal, las cosas van como van. Mira el tema del alquiler, que para mí es claro. Puedes regularlo de muchas maneras, pero, si empiezas a poner restricciones, la gente no pone pisos para alquilar y suben de precio. La regulación es muy, muy, muy delicada. Se tiene que estudiar muy bien. Por eso las leyes deben estar muy bien hechas, discutidas, pactadas. Aquí se hacen como quien se come un melocotón. Se hace la ley más progresista del mundo, pero después no funciona. Y da igual. Y se aprueba una ley que es trascendental con la mitad más un de votos. Y así tenemos leyes de educación, que, en lugar de ser estables, durar muchos años y tocarlas poco, no. La Constitución no se toca, pero cada uno que viene aprueba una ley de educación. La regulación es muy delicada. Uno no puede aplicar su ideología para hacer cumplir su programa electoral haciendo entrar el clavo por la cabota. Se tienen que pensar bien las cosas.
En el taxi de Barcelona, como se han cerrado en banda de hacer ver que se defienden los intereses de no sé quién, al final no se defienden los intereses de nadie. Y esto está solucionado en muchos países del mundo sin entrar en la dictadura Uber de bajar los precios a la miseria. París tiene ahora una red muy bien dotada. Si no hubiera interesado a los taxistas convencionales, habrían cortado los Campos Elíseos cada día. [Ríe]. No es eso. Se ha negociado, se ha arreglado y está bien. Hace subir los salarios a los de Uber y hace perder privilegios a los otros, que los tenían demasiado elevados. Todo se puede arreglar. Nuestros políticos deberían viajar más y copiar.
En todo esto, en todas sus propuestas, se hace poca referencia a la responsabilidad y la acción del Estado. La hacen cuando piden que aumente el salario mínimo, por ejemplo. Pero la acción del Estado ha incidido mucho en la decadencia de la economía catalana. ¿O no? Invertir poco en infraestructuras o centripetar toda la gran empresa hacia Madrid, ¿no han influido?
Sí, pero pasa que ante esto hay dos actitudes. O te pasas todo el día denunciando que los de Madrid son malos, cosa que es cierta, porque Churchill no ganó la guerra diciendo que Hitler era malo… Lo dices una vez y ya es suficiente… O haces esto o actúas en consecuencia. Nosotros hemos hecho un estudio comparativo que creo que es bastante riguroso. La industria catalana a principios de milenio, comparada con la vasca, tenía un volumen determinado y era un poco menos productiva. Hoy el volumen de la industria catalana, proporcionalmente a la población, es un poco más grande que la vasca, pero aquella es mucho más productiva.
Tú puedes elegir. El País Vasco ha elegido no tener turismo. Es lo que decíamos antes. Hay un pacto de estado. Hay unos gobernantes… Yo siempre lo digo, la diferencia entre Cataluña y el País Vasco es que sus gobernantes han ido a la escuela. Son gente que entre ellos pueden hablar. Desde la extrema izquierda hasta los que gobiernan o hasta la derecha. Hay unos intereses compartidos porque han ido a la escuela. Porque hay un nivel. Tengo un amigo que siempre me pone el mismo ejemplo. Dice que cuando Fraga obtuvo el número uno de abogado del estado o en el Consejo de Estado o no sé qué, el número dos era Tierno Galván. Había un nivel. Cuando unos tipos tienen un nivel los acuerdos no pueden ir contra la lógica. Si hablamos de una democracia.
Aquí es eso. ¿Qué país queremos? Mi tío compró un Seat Supermirafiori que le dieron nuevo a estrenar sin freno de mano. Esta era la Seat de la Cataluña a finales de los setenta. Hubo un gobierno que dijo: “Esto no puede ser. Esta gente cerrará, porque aquello no tiene viabilidad. Voy a buscar a alguien que lo solucione”. Y llegó Volkswagen. Hoy aquí se hacen unos motores que son de una complejidad extrema, que montan en Polonia y que luego se esparcen por toda Europa. Aquí se fabrican los motores. Hace falta, pues, una visión de Estado y una política de gobierno. Alguien que diga: “Nosotros no queremos que esto pase”. [Separa cada sílaba]. Y te aseguro que, si queremos que no pase, no pasará. El País Vasco es el ejemplo. No hablo de inversiones inmovilizadas, que eso sería el déficit fiscal o el de infraestructuras. No, no. Hablo del día a día.

Entonces la gente y los partidos independentistas se equivocaron cuando abrieron el Proceso? ¿Deberían haber dedicado las energías a resolver estas cuestiones?
[Sonríe]. A ver… Esto es una pregunta complicada, eh. Porque sabes que yo simpatizo con el movimiento independentista, pero te diré una cosa. Volvamos al País Vasco y te contaré una anécdota real. Un amigo mío organizó una visita de empresarios catalanes unionistas allí. “Allí sí que saben negociar con Madrid. Nosotros no sabemos”. Fueron a ver al PNV. Se reunieron y estuvieron dos o tres días. Y al final tuvieron una reunión con el presidente del Euzkadi Buru Batzar. Como los habían calado, ese hombre les dijo: “Una cosa os tengo que decir. No os engañéis, eh? El PNV es independentista. Lo que pasa es que ahora no toca”.
¿Y cuándo tocará?
Cuando se den las condiciones. Porque, si lo haces cuando no toca, pasa lo que pasa. No sé si quiere decir mucho tiempo o poco, pero lo que no quiere decir es la decadencia de Cataluña. Un país decadente no va a ninguna parte.
Quizás la gente independentista decidió que no quería resignarse a soportar esta decadencia y que todo podía cambiar con una opción drástica… Contra la animosidad contraria del Estado, también.
[Sonríe]. No te quito la razón. Porque, además, soy de los primeros indignados. El tema es que cuando quieres montar algo, por muy enfadado que estés, ¿lo montas con la gente que no es capaz de llevarlo a cabo?
No lo sabían los que votaban a esa gente. Se pensaban que sí serían capaces. Por eso ahora hay quienes están enfadados…
No lo sé. Yo –y esto lo saben algunos que lideraron el proceso independentista– siempre he defendido una cosa que al final defiendo aún. Antes de nada, debemos regenerar nuestra clase política. Se tiene que regenerar.
Uuuuh…
No, claro. Las grandes revoluciones, la rusa, la americana, la francesa, las que han triunfado, siempre han tenido al frente a los mejores.
¿Y eso cómo se hace?
Considerando las élites de cada caso. Hay una cosa… Esto creo que es un hecho cultural, aunque estamos derivando mucho… Hay un hecho cultural catalán, que es ser rebelde. No aceptar que debe haber élites. No élites necesariamente de clase, que, en cierta manera, también. Yo, por ejemplo, de pintura entiendo poco. Y aceptaré que un 0,5 por ciento de la sociedad nos guíen, que tiren del carro. Igual con los vinos. O con la industria. O con la acción social. En todo. Y en la política, también. Esta democratización de decir “Entre todos lo haremos todo”, que eso es muy catalán, ¡no! Los trabajos deben ser dirigidos por los mejores. Cada uno en su ámbito. La medicina, la política… Debemos ser un poquito más respetuosos con las élites. Y no porque piensen diferente que yo son peores.
El gran triunfo de Prat de la Riba es que puso al frente siempre a los mejores. Él y Pompeu Fabra se llevaban fatal. Pero dijo: “El mejor que puede solucionar la cuestión normativa es Fabra”. Y Pompeu Fabra era una persona a veces un poco desagradable. Lo puso al frente y hoy día el catalán es el único idioma minoritario de aquella época que está como está.
Eso era el Novecentismo. La Cataluña de ahora ha vuelto al Modernismo, pero en el peor de los sentidos. Sin el genio artístico, campe quien pueda…
Exacto. Y eso no lleva a ninguna parte. Eso es una opinión personal, ¡eh!
Usted pide que haya los mejores al frente de todo. Las dos grandes organizaciones empresariales, Foment del Treball Nacional y Pimec, ¿tienen al frente a los mejores?
No, pero no los critico por eso. Solo que al frente debería haber… empresarios.
Quizás mejor que haya al frente encargados eficientes, en el caso de Foment. Los grandes empresarios tienen mucho trabajo en casa…
Lo podemos mirar de otra manera… En Francia los tienen y en Italia, también. A ver, si los intereses de mi casa no los defiendo yo, ¿quién vendrá a defenderlos? ¿Alguien de fuera? Si tengo cosas que criticarte a ti, no puedo aceptar que tú me pagues el salario. Al final es eso. Es como los sindicatos. Esto lo decía siempre Josep Pla: ¿quién hay detrás del asado? Buscas quién paga el asado y se acabó la película. El problema es que las relaciones laborales, tanto de la patronal como de los sindicatos, en España, en general, están pervertidas. Todo empezó con una acción correcta de la Transición, porque eran organismos inexistentes y, por tanto, había que protegerlos. Como una empresa cuando comienza hasta que se hace grande. Pero esto no se ha cambiado. Igual que los partidos, el sistema electoral, las listas cerradas… Esto no se ha cambiado y el sistema se ha pervertido, ha envejecido. Todo el mundo se hace viejo.
En la última intervención en la presentación del informe, Miquel Puig exclamó espantado que lo peor que nos podría pasar es que Aragón supere a Cataluña en PIB per cápita. ¿Tan horrible sería eso? ¿Por qué esta fijación en Aragón?
Fijación en Aragón porque es el que nos va detrás inmediatamente. Cuando corres en bicicleta siempre miras que el de atrás no te adelante. Por eso nos fijamos en Aragón, no por nada más. Desafortunadamente, ya damos por asumido que el País Vasco, Navarra y Madrid van por delante. Lo damos por asumido. No sé por qué. Porque, si no hubiéramos hecho todas las tonterías que hemos hecho, no debería ser así. Pero bien, vamos así. ¿Por qué fijación? Porque están pedaleando fuerte. Y esto trae tensiones. Hemos tenido ahora en un tema de renovables… Siempre pasa igual. Cuando quieres hacer algo, aciertas o fallas. El tipo que no se equivoca es el tipo que no se mueve.
Aquí todo el mundo ha decidido, por activa o por pasiva, que las renovables molestan porque hacen daño a los animales o porque ensucian el paisaje. No las quiere nadie en ningún lado.
Pues, es eso. ¿Para no dañar qué? Hay una gran oposición a montar turbinas o placas solares…
¿Ha visto la película Alcarràs? Para no hacer daño a los campesinos…
Pero eso… Vamos a ver. Si en Francia logran articularlo, que es un país de un poder agrícola prominente, aquí se tiene que poder solucionar. Yo siempre digo: “Vamos y copiemos, miremos de adaptar las cosas”. Pero hay un hecho evidente y grave, llevar molinos a Roses y Pals no se encuentra solo con la oposición de los ecologistas, porque las aves no son idiotas. La segunda generación ya no pasará por allí, porque siempre ha sido así. Es –y eso lo hemos oído y lo hemos leído– “porque afea la costa”. La Costa Brava. Y eso que estas instalaciones estarían a dos kilómetros mar adentro. Bueno, pues afea y ya está. Entonces analizas y te preguntas quién dice que eso afea allí. Los del sector turístico.
Y los ecologistas.
Pero los ecologistas, al final, desafortunadamente, porque yo creo en ellos y siempre he pensado que los Verdes alemanes han logrado una gran transformación en Europa, son pocos. Como los campesinos.
Pero hacen mucho ruido.
Hacen mucho ruido, pero al final los campesinos no llegan ni al 5 por ciento de la población activa catalana. Y los ecologistas hacen ruido, pero no son determinantes. Los que son determinantes son los tipos que piden no poner los molinos allí porque, si no, los turistas no les vendrán. “No pongas dos euros más a la tasa turística de estancia por noche –imagínate, dos euros, cinco o diez–, que no me vendrá el turismo”. El turismo que no vendrá por diez euros más por noche, mejor que no me venga. Esa es la respuesta que se debe dar a alguien que te dice eso. ¿Tú dejarás de ir a París porque el hotel te cobra cinco euros más por noche?
Yo no… Y dentro de todo esto, ¿no es cierto que Europa es un continente decadente con problemas similares a los de Cataluña en la economía productiva? Quizás Europa de aquí a diez o veinte años será el balneario de los asiáticos y los norteamericanos…
Si no se actúa, sí, pero yo soy optimista.
¿Con Europa o con Cataluña?
Con Europa, con Europa. Yo siempre digo una cosa. Yo con Cataluña puedo ser tan pesimista como quieras, pero, al final, si hago balance de todo, soy optimista. Porque mi pasaporte dice Unión Europea. El de Alabama puede vivir amargado porque no será nunca como Massachusetts, pero al final su pasaporte dice Estados Unidos. Y eso lo cubre todo. También eso nos cubre a nosotros. El gran error, a mi entender, que cometen muchos medios es decir: “Nosotros estamos muy mal, pero en Europa no te creas”…
No lo digo por eso, sino porque todo el continente tiene graves problemas de decadencia.
Sí, ya lo sé. Pero se crea un europesimismo y una falta de información de lo que ahora se hace en Europa muy alta. Si miras los informativos de TV3, es que las noticias sobre Europa no llegan ni a una cuarta parte de las de Televisión Española, que ya son pobres. Se reúnen todos los líderes europeos para tomar decisiones importantísimas y aquí nadie dice nada. Ahora, si hay algo malo, seguro que se dice.
Yo soy optimista si se hacen las cosas que se deben hacer. Vamos lentos, pero. Con el plan Draghi, a pesar de que se diga que no se hace caso, eso es mentira. Se ha aplicado ya casi el 20 por ciento. Por ejemplo también, se critica a Alemania, porque no quiere el endeudamiento común. Eso es muy fácil de decir. Pero es que el peor enemigo de Europa es un gobierno como el español, que de las ayudas Next Generation ha destinado 10.000 millones a la parte de pensiones. Esto ha escandalizado a la opinión pública alemana. Y piensan aquello que pensamos los catalanes muchas veces: “¿Yo tengo que dar dinero y endeudarme para pagar a unos tipos que malgastan de mis dineros?”. Se tiene que ver quién ayuda a construir Europa y quién ayuda a destruirla. Se debe construir con hechos. Estos hechos van avanzando. Se ha aumentado el proteccionismo con los coches chinos, por ejemplo. Se ha llegado tarde, porque se podría haber hecho antes, porque los lobbies son fuertes también, pero se ha hecho.
Me pienso que Europa va por buen camino. Si lo comparamos, Estados Unidos no va mejor. Solo deberíamos mirar cómo están gobernados. Y China tiene también limitaciones temporales. Yo recuerdo cuando era pequeño el enorme miedo que tenía nuestra sociedad y toda Europa con los japoneses. ¡Todos seremos japoneses! Recuerda a los americanos dando golpes de martillo al coche porque era japonés… Llegará un momento en que China se estabilizará. El boom que ha tenido es razonable y no sé quién ha sorprendido. Cuando incorporas al mercado mundial del trabajo un porcentaje tan grande de la población, es como lo de la inmigración aquí, ¿qué esperabas? Algo tiene que pasar. Pero entrará en una cierta estabilización. El consumo interno ya comienza a dar síntomas. Este exceso de exportación se reducirá. En Europa muchos países se están reindustrializando. Eso llevará tiempo. No se solucionará en cuatro días, seguro. En todo caso, las medidas europeas a largo plazo ya se están tomando. Europa no existe si no es con la participación de los países y España hace bajar la media. Y Cataluña, también.
La izquierda catalana pide una economía decreciente, verde y sostenible. La sagrada trilogía. ¿Está usted de acuerdo?
Sí. Incorporar dosis es importante. Y se puede hacer.
¿Sin que el sistema acabe siendo del todo subsidiado?
Un momento. No hemos hablado de tiempo. ¿En cuánto tiempo lo quieres hacer? El tiempo es muy importante. Si quieres hacerlo de hoy para mañana, como pasó con el exceso de la legislación sobre la transición verde en la Unión Europea, que se ha tenido que alargar un poco… Si definimos los planes y lo montamos, se puede llegar. Y debe ser eso. En los años 50 en Alemania los ríos eran infumables y los Verdes lograron que las empresas consumieran el agua que tiraban al río. Pero no dijeron de decirlo hoy y que mañana pasaría. Es hoy que los ríos alemanes e incluso los españoles son verdes.
También descartaron la energía nuclear y ahora Alemania sufre sin el gas ruso…
[Sonríe]. Es que no tienen razón en todo lo que dicen. Es como todo. Ni la derecha tiene toda la razón, ni la izquierda, ni tampoco los ecologistas. Pero tienen buena parte de razón. Eso lo decía Julio Camba, que era un periodista de mucho renombre, en un libro que se llama La casa de Lúculo, donde escribe esto: “Los vegetarianos tienen razón, pero poca”. Es decir, todos tienen razón, pero en algunas cosas más y en otras, menos. La aportación de los Verdes es fundamental. Ahora, lo de Alemania fue un error y yo lo dije en ese momento. Merkel tomó una decisión populista, y ahora lo pagan. ¿Se quieren desmontar las nucleares? Totalmente de acuerdo. Hagámoslo poco a poco. Si no es que estás dispuesto a no tener luz por la noche.
En Cataluña las nucleares facilitan ahora el 50 por ciento de la energía eléctrica que consumen y las alternativas encuentran mil y un problemas para abrirse paso… Cuando se cierren las nucleares, la dependencia energética de Cataluña será total…
[Ríe]. Yo siempre he dicho que el trabajo que uno no hace, lo hace otro. Este es uno de los grandes problemas de Cataluña. El trabajo que no hacemos, lo hace otro y, claro, no lo hace a nuestro gusto. Si no quieres que la energía venga de las nucleares, hazla tú con placas solares o como quieras.

Pero aquí ni se acepta una cosa ni se tolera la otra.
La nuclear requiere una transición porque es una energía barata. Una vez hecha la inversión y la amortizas, que es ahora nuestro caso, es una energía barata y que, si se controla, no contamina. ¿No se deben hacer más? ¡De acuerdo! Pero aprovechala mientras la tengas. Es como tener un coche viejo. Como ahora tengo uno nuevo, ¡voy y lo tiro! ¡Ostras!… No lo sé.
El séptimo punto del informe dice que hay que revisar la política fiscal de las rentas altas. ¿Qué significa eso?
Dentro del grupo mismo hay gente que sabe más que yo, pero lo que he llegado a entender yo es… Lo que diré ahora es opinión personal, pero se basa en lo que he deducido de lo que dicen los expertos. Ellos dicen: “¿Hace calor o hace frío? Hace 37 grados”. ¿Es calor o es frío? Esto es un juicio tuyo. Lo que he deducido –y esta es una sensación que tenía antes, que la debes tener tú y que la debe tener todo el mundo– es que en Cataluña faltan dinero, faltan recursos. Se recauda poco. Una de las razones es que los salarios son muy bajos. Entonces, el estado del bienestar no es sostenible. Esto es así.
¿Y ahora cómo puedo recaudar yo más? O me peleo por cosas por las que debo pelearme, porque Cataluña está infrafinanciada, o tengo un gran Excel de narices donde puedo comprobar qué pasa si subo medio puntito a los asalariados: “¡Caramba, esto me resuelve el problema!”. Y no tengo que pelearme con mis amos de Madrid. Esto se ha hecho aquí. Aquí se ha ido cargando por encima de la media que tocaría la presión fiscal sobre los salarios. En el caso de las rentas altas nuestro marginal está cinco puntos por encima de la media estatal.
¿Y eso tiene efectos negativos?
Eso tiene varios. Alguien puede tildar de clasistas a los autores del informe, pero no lo son. Si miramos el interés de los ciudadanos del país y del estado del bienestar, a ti, si viene alguien de fuera, ¿te interesa que gane 300.000 euros o 30.000? Es el mismo gasto. Mentira. El tipo que gana 300.000 colabora con el erario mucho más. Primer efecto positivo. Segundo: es un contribuyente que, si utilizara los servicios públicos, que usará pocos, sería solo una persona. Diez de 30.000 son diez. Otras ventajas: los salarios altos –he dicho 300.000, pero no hace falta ir tan arriba– hacen que los centros de las decisiones de las multinacionales se ubiquen en los lugares. Y esto lo he vivido yo. “Escucha, ¿dónde abrimos esta oficina?”. “En Barcelona, no. En Madrid las condiciones fiscales son mejores”.
¿Esta diferencia corresponde a la parte que decide la Generalitat?
Básicamente, sí. Es algo que Madrid y otras comunidades autónomas no hacen, y que aquí sí se hace.
¿Y eso disuade a gente de altas rentas que podrían decidir vivir aquí?
Eso, si son asalariados, es muy complicado, pero sí te digo que cuando se monta un centro de decisiones en España los directivos que tienen que ir allí tienen un peso importante. Porque, además, no solo viene agravado por eso. Viene agravado también por el tema del patrimonio. Un asalariado que gana dinero toda la vida y al final de los 30 años se compra un piso que vale medio millón está sujeto a patrimonio. En toda Europa no se aplica porque técnicamente es difícil de concebir. Yo pagué cuando me dieron el dinero, los he ahorrado, hago una inversión que da un cierto rendimiento al país y vuelvo a pagar después por tenerla. Este hecho chirría. Pero, además, hay otros tipos de renta que no son las de los salarios que se gravan poco. Por ejemplo, la progresividad en las rentas de empresarios en la empresa familiar tiene ciertas ventajas fiscales. También en el impuesto del patrimonio la progresividad se detiene. Si fuera así, aún dirías que bien. Pero llega un momento en que se detiene y entonces lo que queda más castigado es del medio. No digo de no gravar a los muy ricos. Digo que se grava demasiado a los del medio, que nos parecen muy ricos porque tienen unos salarios altos, pero que no son los muy ricos. Los muy ricos son otra cosa. El tipo que gana 200.000 euros en una empresa no es un tipo muy rico. Es un tipo muy bien pagado. No lo castigues.
Aún no me ha quedado claro si usted es optimista o es pesimista respecto al futuro inmediato en el caso catalán…
El éxito de nuestras propuestas dependerá de la presión social que haya. Y de si algún político, que debe ser honesto, quiera prestar atención. Si piensan que esto no es importante, Cataluña irá a la decadencia. Porque esto no tiene parada. La demanda turística continuará aumentando y la oferta de mano de obra que venga de todas partes, si no es que se ponen unas cuotas muy estrictas, subirá igualmente.
¿Optimista o pesimista?
Depende si nuestras recomendaciones se aplican o no. Y no lo sé. Quizás salga alguien consciente que considere que esto es un desastre. Vuelvo al País Vasco. Si la clase política cree que estamos en peligro, esto tiene solución. Soy optimista. Si la clase política practica la endogamia y dice que sí, que esto es importante, pero no hace nada, el país irá a la deriva. Total, que el optimismo o el pesimismo son relativos.

