El Gran Wyoming no suele hablar de su vida privada, por lo que siempre llama mucho la atención cuando rompe su hermetismo. El icónico presentador ha dado detalles sobre sus hijos en una entrevista con Gonzo que agradará a sus fans más curiosos, ya que permite saber cómo es la relación que tienen. Muchos recordarán que estuvo casado con Marisa García durante 20 años y que, cuando firmaron el divorcio, acordaron que los tres hijos se quedarían a vivir con él. Ahora ha dado más detalles sobre eso y ha sorprendido con una confesión personal.

Los tres hijos, que se llaman Marina, Miguel y Ángela, no le habrían puesto las cosas fáciles en esos primeros meses viviendo juntos. De repente, se vio convertido en la única figura de autoridad de aquella casa y tampoco supo gestionarlo demasiado bien: «No llevé bien ser su policía, básicamente porque la paciencia no es una de mis virtudes«. Ha recordado, por ejemplo, un día que se enfadó mucho con ellos porque se puso a preparar la cena y ninguno de los tres se presentó porque tenían planes: «Monté un pifostio«.

El Gran Wyoming lamenta no haber sido un padre presente

¿Ha sido un padre presente? Porque ser uno de los comunicadores más famosos del star-system implica tener que trabajar muchas horas. Él mismo confiesa que, ahora mismo, no tienen una comunicación diaria: «No hablo mucho con ellos, no todo lo que debería… Siempre estoy ocupado. La verdad es que tengo mala conciencia por el papel de padre que he hecho«. Sí que tienen buena relación, eso lo deja claro, aunque eso lo sorprende: «Desconfiaba de que pudiéramos tenerla porque temía que me reprocharan mis ausencias». No se lo recuerdan, sino que quedan con él «más que encantados»: «A mi hija mayor le parece un gran plan venir conmigo de vacaciones«.

Dice que ha sido de esos padres que ha ido a todas partes con los hijos: «Yo nunca he ido de fiesta con mi padre, pero con mis hijos sí que he podido salir y pasármelo bien».

El Gran Wyoming habla de la relación que tiene con los hijos | La Sexta

En esta misma entrevista, una de las más personales que ha concedido, también ha dado pinceladas de lo que fue su infancia. Cuando era un niño, el padre no le hacía ningún gesto de cariño y la madre estaba ingresada muchas veces porque tenía depresión. Esto no le ayudó, en el momento en que le diagnosticaron déficit de atención e hiperactividad: «La figura de mi madre era fundamental porque mi padre no me daba abrazos, no estaba en nuestra naturaleza«.

Tenían una farmacia, así que ella se veía forzada a decir que estaba bien -cuando, en realidad, no lo estaba- para evitar que la incapacitaran y perdieran aquel negocio. Una serie de confesiones que aplaudirán porque demuestra que ha abierto una pequeña ventana a su intimidad.

Comparte

Icona de pantalla completa