Rafael Xambó es como un centauro del desierto. Ha tocado todos los instrumentos de la banda y ha hecho todos los papeles del cuento: sociólogo, comunicólogo, político, profesor, cantautor, compositor, columnista… Xambó no tiene pelos en la lengua en un país donde los cortan sin piedad. Durante cuatro años ha desplegado una intensa actividad para llegar hasta el fondo en la investigación sobre el asesinato de Guillem Agulló –L’assassinat de Guillem (Rebel Edicions)–, que se perpetró en 1993. Aquel episodio, negro en una memoria colectiva por muy selectiva y corta que sea, constató el estado de violencia y de impunidad que castigaba a la sociedad valenciana desde el franquismo. Un estado que ilustraron con viñetas macabras las bandas de extrema derecha, los grupúsculos nazis, las facciones anticatalanas y la complicidad con que las élites valencianas, los jueces, la policía y buena parte de la prensa han acompañado sus barbaridades durante décadas. Rafael Xambó ha quedado tocado, afectado, indignado. No es para menos. Aún ahora repasar los detalles de aquel asesinato impune afecta profundamente el alma de cualquier ser humano que la tenga.
¿Cómo definiría usted lo que llaman la Transición en el País Valenciano?
Básicamente, la Transición en el País Valenciano es una Transición violenta, es una Transición muy condicionada por la política de la extrema derecha, que está controlada por determinadas élites económicas, políticas, judiciales, policiales, etcétera. Es una Transición que no tiene nada que ver con el discurso fácil de la modélica Transición española. Es una Transición llena de muertos y de violencia.
La gente que controló toda aquella violencia quiso continuar con el franquismo…
Quisieron continuar con el franquismo y, sobre todo, ya en los años 90, lo que quieren es impedir una nueva hornada de jóvenes comprometidos con las libertades, que cuestionen el régimen del 78, que es como lo llaman actualmente. Y eso, ellos lo ven muy peligroso, después de haber ganado durante la Transición con las claudicaciones del Partido Socialista, la Comunidad Valenciana, el himno regional, para ofrendar nuevas glorias a España y todo eso. Que en los años noventa aparezca una nueva generación de jóvenes que desafíen todo eso lo consideran insoportable.
¿Ya le está bien a usted el nombre de “Batalla de Valencia”?
No, no, no. La etiqueta “la Batalla de Valencia” no me gusta. Estoy más de acuerdo con lo que decía Josep Vicent Marquès, que era “la Paliza de Valencia”. Porque aquello fue un ataque totalmente descompensado. Una batalla es entre contendientes que están más o menos en pie de igualdad y ya veremos quién gana. Aquello fue… Ellos lo controlaban todo. Tenían la policía, tenían las armas, tenían los medios de comunicación… Lo tenían todo. El valencianismo y la izquierda solo tenían la voluntad de cambio. Prácticamente nada más.
Usted es sociólogo. La sociología, la politología, ¿han estudiado lo suficiente todo aquel periodo?
No. No se ha estudiado lo suficiente. Aunque hay algunos estudios interesantes. Especialmente, el de Gil-Manuel Hernández, Falles i franquisme a València, que explica la transformación de las fallas de Valencia, cómo las ocupa el franquismo y las reconvierte en una herramienta al servicio de sus intereses. El régimen provoca un modelo de integración fácil en la sociedad valenciana. Aquello de ir a comer cacahuetes y altramuces a la falla, decir “¡Collons!” por fallas en valenciano y poca cosa más, y usar un valenciano degradado en los monumentos falleros. Eso es una reconversión franquista que después durante la Transición funcionó como un ejército muy efectivo para perseguir lo que ellos denominaban el catalanismo.
Las fallas podían haber sido y no lo fueron un artefacto de integración para la gente que venía de fuera, de culturización y de socialización de la lengua. Hoy día encontrar una comisión en la ciudad que se exprese en valenciano en todos los ámbitos es un milagro…
Hay unas poquitas que lo hacen. La falla Arrancapins es modélica por su actitud contestataria y algunas pocas más lo intentan. Pero realmente las fallas fueron una herramienta del franquismo para domesticar la sociedad valenciana y mantenerla controlada.
¿Eso no se puede de alguna manera revertir?
No es fácil. Durante la Transición –lo sabes bien– se intentó y no hubo manera. Hicimos un esfuerzo. Íbamos a las comisiones y soportábamos a aquella gente que fácilmente detectábamos como profundamente franquistas. El hecho de que les habláramos en valenciano ya les molestaba. Con todo eso las posibilidades de reconversión eran prácticamente nulas. Actualmente las fallas son un modelo de negocio, más que cualquier otra cosa.
¿Qué pasó con los medios de comunicación durante aquellos años en Valencia?
Durante la Transición, el diario hegemónico, dueño completamente de la opinión pública, fue el diario Las Provincias. Levante en aquel momento aún estaba en manos de Prensa del Movimiento. Jornada, que era vespertino y también del Movimiento, desaparece. Lo dirigía, como decía Vicent Ventura, el papá de la alcaldesa, el papá de Rita Barberà, José Barberà Armelles, un hombre nefasto, un periodista mediocre a más no poder, que, de hecho, logró cerrarlo. Y que después, ya como director de Levante, lo llevó a los niveles más bajos de difusión de toda la historia. Siendo un diario, como era, del Movimiento, tenía todas las facilidades del mundo.
Los intentos digamos progresistas de una nueva prensa… Dos y Dos, Valencia Semanal, Diario de Valencia… todo aquello se hundió con mucha facilidad. Se lo cargaron muy fácilmente, porque era una confrontación muy desproporcionada. Diario de Valencia vendía 10.000-12.000 ejemplares. Recuerdo haberlo hablado con su director, J. J. Pérez Benlloch. Ellos sabían que para poder mantenerlo debían vender 25.000 ejemplares y eso no lo lograron nunca.
No lo lograron porque no era un buen producto o porque la sociedad valenciana, aunque votara mayoritariamente PSOE, a la hora de la verdad no actuaba –o no leía– en coherencia?
Los índices de lectura de prensa en el País Valenciano eran de los más bajos del Estado. Y los índices de lectura del Estado español estaban por debajo de los indicadores que la Unesco fijaba como mínimos para considerar un país desarrollado. Por tanto, con aquellos índices de lectura de prensa no había manera. Eran muy bajos. Y los pocos que leían prensa leían Las Provincias si eran gente de orden, conservadora, o el Levante, si eran franquistas. No había espacio para mucho más. Aunque lo intentaron. Claro, Diario de Valencia tenía que competir con El País. Y también tenemos una fauna progre en el País Valenciano que preferían más El País que Diario de Valencia. Aquella mirada no autocentrada también influía muy negativamente sobre las posibilidades de Diario de Valencia. Y hay otra cosa. Un día Vicent Ventura me dijo: “No te creas que en Diario de Valencia tenían muchas ganas de publicar artículos míos o de Joan Fuster”, que tampoco los publicaban. En Valencia siempre los medios han estado cortocircuitados, acobardados, por el discurso anticatalanista. Siempre han tenido miedo de ser etiquetados como catalanistas. Y eso ha sido un error gravísimo desde el primer día.

¿Cómo se podía haber plantado cara a aquella situación tan adversa? ¿Se podía haber hecho de otra manera?
¡Uuuuuf!
¿Era posible o no era posible, aunque ahora eso sea una ucronía?
Es una ucronía, sí, pero yo creo que no era posible. En el País Valenciano los rescoldos del franquismo –la presencia del franquismo sociológico– eran grandes, importantes. Las posiciones valencianistas y más críticas tenían pocas posibilidades de triunfar cuando el Partido Socialista se situaba en medio y, encima, desde el Partido Socialista –y especialmente, en la UGT– había sectores importantes anticatalanistas y blavers. Tampoco era una bipolarización derecha-izquierda. Además, entre la izquierda también había –digamos, para entendernos de alguna manera– quintacolumnistas. Y eso lo hacía imposible.
¿Han ganado la guerra?
No. Hay posibilidades de que las cosas mejoren. La victoria electoral en 2015 fue muy alentadora. Dio mucha ilusión. Pero después los sucesivos errores de los partidos del pacto del Botánico desanimaron todas aquellas ilusiones. Eso es lo que hizo que después en el año 23 ganara la derecha. Ganó la derecha por incomparecencia de la izquierda. Porque una gran parte de los sectores valencianistas y de los sectores de la izquierda más críticos no fue a votar. La derecha no sacó más votos. Al no haber de izquierda, con los mismos votos ganaron sin problema. Esa es la cuestión.
Porque la izquierda cuando gobierna no lo hace bien…
Esa es la clave. ¡Exacto!
¿Y por qué no lo hace bien?
Porque siempre están atrapados por los temores del anticatalanismo, por los temores de que los sectores con poder –las élites económicas, sobre todo, las políticas, las judiciales– vayan contra ellos. Y con miedo es muy mala cosa gobernar. Eso es lo que ha pasado. Conviene no olvidar que la primera reunión que tuvieron Ximo Puig y Mónica Oltra en 2015 fue con el señor Juan Roig. Eso te da la pista y la dimensión de cómo desde el primer momento se subordinaron a determinados intereses, aunque procuraron hacer, etcétera y etcétera. Pero, claro, después vieron cómo acosan y cobran la pieza de Mónica Oltra. Van a por ella y se la hacen…
El gran error de Vicent Marzà, el consejero de Educación del gobierno del Botánico, fue inventarse aquella cosa absurda del plurilingüismo en las escuelas y liquidar las líneas en valenciano, que fueron una historia de éxito y que funcionaron muy bien. Hay un ejemplo magnífico, de este éxito. Panxo, el cantante de Zoo, es hijo de las escuelas en valenciano, de las líneas. Su hermano Pablo, el cantante de La Raíz, no fue a la línea. Continúa hablando en castellano y cantando en castellano en La Raíz. Y Panxo habla en valenciano e hizo el grupo Zoo. Algo tiene que ver.
El trabajo que hicieron los maestros, el trabajo de la escuela en valenciano, todo esto, se liquidó gratuitamente sin tener en cuenta que no controlaban la inspección, que estaba en manos de la derecha y ha continuado en manos de la derecha. No tenían la capacidad de controlarla. Por tanto, ellos mismos disolvieron una historia de éxito. Este fue uno de los elementos que más influyó en la decepción, especialmente, de los sectores valencianistas. Yo voté, pero tengo muchos amigos, incluso militantes de Compromís, que me dijeron: “Yo esta vez no les voto”. Y eso es muy muy fuerte.
Pero la abstención desencadena una situación mucho peor… No da la razón a los que deciden no votar.
Eso es cierto. No les da la razón. Pero los que hicieron determinadas cosas también deberían mirar qué políticas hacen. Ellos se deben a la gente que les ha votado y no a las entelequias que se hacen sobre qué es la sociedad valenciana, gobernar para todos, etcétera. Llega la derecha y ya vemos cómo gobierna y para quién gobierna.
¿Por qué la derecha valenciana es extrema derecha y más españolista que las aceitunas rellenas de Alcoy?
Buuuuuuf… Es que lo ha sido siempre. Estamos así desde el siglo XIX. Ten en cuenta que el mismo escultor Marià Benlliure en la Exposición Regional de 1909 reclama que uno de los edificios sea un espacio reservado a los artistas valencianos. Y no se lo aceptan. Y se va a Madrid indignado. Y pasa de Valencia. Es una historia que viene de lejos. Joan Fuster nos lo explicó muy bien. La subordinación de las élites valencianas a los intereses centrales, de Madrid, es algo que viene de lejos. No hay suficiente materia gris, materia prima, para hacerle frente de una manera solvente. Ese es el problema.
¿Cómo definiría a Juan Roig?
Es un hombre de derechas, que vela sobre todo por su negocio y que pone huevos en todas las cestas. Yo sé que dio dinero al Bloc Nacionalista Valencià… A la derecha y a la izquierda. Él pone huevos en todas las cestas. Reparte para todo el mundo y así todo el mundo se porta bien con él. Y él va triunfando. Básicamente, es eso. Es un gran comercial… eeeh.. un gran comerciante.
[Sonrío]. ¿Un gran comercial o un gran comerciante? ¿O las dos cosas?
Las dos cosas.

Todo esto es, a su parecer, la sociedad valenciana. Y en esta sociedad valenciana en 1993 hubo un crimen brutal. Un grupo nazi mata a un activista de la izquierda y del valencianismo, Guillem Agulló. Usted ha definido muy bien el contexto. ¿Qué pasó a partir de aquel contexto?
La extrema derecha campaba con una impunidad total desde los finales del franquismo. Hay algún personaje como José Luis Roberto Navarro, alias El Cojo, que yo conozco desde los años universitarios. Nosotros, dentro de la facultad y él, con la policía en la puerta. Venía a las asambleas a reventarlas. La extrema derecha ha estado siempre presente en todas las cosas que han ido encadenándose en el País Valenciano. Durante la Transición nutren el blaverismo y mucha gente de Fuerza Nueva iba con los blavers a atacar, a repartir bofetadas. Ellos están detrás de las bombas a las librerías, detrás de las bombas también a Joan Fuster. Eso lo ha explicado muy bien Francesc Bayarri en el libro Matar Joan Fuster (i altres històries). La extrema derecha ha intervenido siempre en los momentos en que estratégicamente ha considerado que había que ponernos miedo, perseguir a determinadas personas. Eso lo explico en mi libro en el apartado que recoge todo el proceso de violencia de extrema derecha.
Hay un dato muy curioso que quizás pasa desapercibido. El mismo año que matan a Guillem, unos meses después, un par de nazis asestan diecisiete puñaladas a un magrebí. La policía detiene a dos neonazis. A uno, lo sueltan antes de llegar al juzgado. Al otro, lo presentan al juez. El agredido perdió el conocimiento desde la primera puñalada y no puede identificar a nadie. El juez, como no hay pruebas, envía a casa al nazi que le llevan y le reclama que se presente cada quince días. ¿Quién era el juez? [espacia las sílabas] Fernando de Rosa. Hermano de Alberto de Rosa, propietario de Ribera Salud, y hermano de Carmen, que es la presidenta del Ateneo de Valencia. Una familia muy de derechas, que ahora está detrás de la persecución a Mónica Oltra. Y detrás de ellos está nuevamente José Luis Roberto Navarro, alias El Cojo.
Las complicidades de la extrema derecha valenciana con los cuerpos policiales del Estado ¿es tan evidente?
Sí. En aquellos años es clarísima. Quizás hoy día no es tan clara. Quizás hoy día hay más necesidad de disimular. Lo veo más claro en la judicatura, ¿eh? Es terrible. Aquí tenemos la sala cuatro de la Audiencia de Valencia, que es tóxica a más no poder. Con gente clarísimamente de extrema derecha. Y eso explica mucho lo que ha pasado en el conjunto del Estado. Lo que pasa ahora con muchos casos judiciales muy escandalosos.
Hay anécdotas de la policía en el caso de Guillem Agulló que son auténticamente llamativas. De los cinco que participan en el asesinato, más Pedro Cuevas, cuatro se presentan voluntariamente en la comisaría de policía de Valencia, todos juntos, a las tres y media de la tarde. Todos llevan la instrucción de que no declararán ante la policía, sino que lo harán solo ante el juez. Había uno que no tenía teléfono y no lo pudieron avisar. La policía va a buscarlo a su casa. Un tipo de 21 años. Y la policía permite que lo acompañe su padre, a un tipo mayor de edad, dentro del coche policial. Y más aún. Fíjate si la cosa es fuerte. Cuando llegan a la comisaría la misma policía le dice: “Es mejor que no declares ahora para que no haya contradicciones. Ya declararás ante el juez”. Es decir, la misma policía le informa de lo que los otros ya habían acordado, por si no lo tenía claro. Es algo delirante.
José Luis Roberto es el propietario de una empresa de seguridad muy importante, Levantina de Seguridad. Los episodios que la vinculan a la extrema derecha son frecuentes. ¿Hay relación entre esta empresa y la policía?
Sí. Levantina de Seguridad es propiedad de José Luis Roberto Navarro y se nutre de una serie de gimnasios donde van jóvenes a entrenar. Allí captan a los que consideran más interesantes para su causa. Hay un episodio interesante. Cuando cierran el Casal Flora, que estaba en el barrio de la Trinitat, al lado de la Cruz Roja, está la policía y José Luis Roberto Navarro con los suyos. Se puede comprobar en las fotografías de aquel momento. Hay una connivencia muy clara entre unos y otros.
¿No le tiene miedo? Roberto no pierde oportunidad de llevar ante los tribunales a todos aquellos que a su parecer lo perjudican. Es decir, todos los que denuncian estas conexiones. Cuando se estrenó la película sobre Guillem denunció a todos los responsables de la producción porque aparecía en unos recortes de prensa. “Apología del odio”, dijo.
De momento, no le ha ido bien con todo lo que ha planteado. En cualquier caso, yo no lo acuso de nada. Yo siempre digo que está detrás del entramado de extrema derecha en el País Valenciano. Y eso es evidente desde el día en que lo vi, en 1974, en la facultad de Letras hasta la actualidad. Me lo he topado unas cuantas veces en esta vida. No lo puedo acusar de ser asesino de nadie, pero sí que sé que él mueve los hilos por detrás siempre. Y eso es así.
Si se le ve en fotos cuando se cierra el Casal Flora, si resulta que el abogado defensor de Pedro Cuevas es el último alcalde franquista de Manises, José Miguel Morató Enguídanos, un señor de Falange y después de Fuerza Nueva y que en el libro hay fotos de él haciendo el saludo fascista, y que no sabemos quién pagaba a aquellos abogados…
Después está toda la otra parte de la defensa de los asesinos, que es Amparo Palop, defensora de José Camilo Cuñat Montañana, casada con Javier Boix, un catedrático de Derecho Penal, abogado que también defendió a Rafael Blasco cuando Joan Lerma lo echó de la consejería por un escándalo de corrupción, que defendió y logró que declararan no culpable al presidente Paco Camps, que también defendió a Carlos Fabra, expresidente de la diputación de Castellón… ¿De dónde sacan unos abogados tan caros unas personas que son prácticamente lumpen del barrio de Marxalenes? ¿Quién los paga?
¿Quién los pagó?
Misterio. No lo sabemos. Deberíamos preguntárselo a Amparo Palop, que es quien se inventa, entre comillas, lo de la testigo protegida. O a su marido, Javier Boix.
Después hablaremos de esta testigo protegida tan curiosa… Pero ahora me gustaría que me dijera si realmente aquel “homicidio” fue un asesinato sin eufemismos.
Fue un asesinato. De hecho, la jueza instructora de Segorbe, Maricarmen Albert, que hizo un magnífico trabajo, redacta una instrucción impecable. Todo el mundo está de acuerdo. El fiscal, también. La una y el otro presentan a la Audiencia de Castellón una acusación de asesinato para todos los cinco. No solo para Pedro Cuevas. Pero en cambio, después, pasa lo que pasa.
¿Qué pasa en la Audiencia de Castellón?
En la Audiencia de Castellón siguen el guion que desde el primer momento había marcado Las Provincias, que tampoco sabemos si es el guion de Las Provincias o si Las Provincias hace de portavoz de unas élites económicas, políticas, policiales, judiciales, que hay detrás. Desde el primer momento la Guardia Civil y la Policía Nacional, y también el gobernador civil de Castellón, dicen que esto ha sido una pelea entre jóvenes, bandas rivales, y ya está. Una pelea que ha acabado con la desgracia de una muerte. Ese es el guion que mantendrán todo el tiempo. Y Las Provincias incluso hace más. Trata de justificarlo, “porque era en defensa propia”, trata de exculparlo, “porque la navaja no era la navaja”. Llegan a decir que quizás Guillem se había clavado la navaja en la refriega de la pelea. Muy fuerte.
La primera noticia que saca Las Provincias es: “El homicidio de Montanejos no es político”. Eso, la Audiencia de Castellón lo sigue al pie de la letra. No acepta ninguna prueba que relacione a los asesinos con la extrema derecha. Aunque Pedro Cuevas había estado en el Concierto de la Raza, al que solo podía ir por invitación de algún nazi. Aunque las revistas de extrema derecha celebran el asesinato. Aunque a la semana del asesinato aparece aquella pancarta –“Guillem, jódete”– en el partido del Valencia que se hizo en el campo del Albacete. Aunque las pintadas que aparecen en Mestalla también dicen “Guillem, jódete”… Es decir, la extrema derecha celebra el asesinato de Guillem.
Pero todos los intentos de la acusación, tanto de la familia, como de Maulets, como de la Unitat del Poble Valencià, como del ayuntamiento de Burjassot, como de Comisiones Obreras, de todos los abogados que están en la acusación… Todos los intentos de relacionar el crimen con la extrema derecha son sistemáticamente rechazados por la Audiencia. Esa es la primera victoria. A partir de ahí ya es fácil que, en lugar de asesinato, sea calificado de homicidio.
Es muy escandaloso que los cuatro amigos de Pedro Cuevas que participaron en el círculo que hicieron para acorralar y encerrar a Guillem, que no dejaban que sus amigos pudieran intervenir… Rafa, que era el mayor, tenía 17 años, porque Guillem era mayor de edad, y los otros eran dos adolescentes de 17 años y tres chicas de 16 y 15 años… La desproporción era terrible. En cambio, el ponente de la Audiencia considera que es una confrontación equilibrada entre dos grupos. Dices: “¿Pero de dónde sacas eso? ¡Es imposible!”. Yo, leyendo la sentencia, es que me hacía cruces. Es que no tiene ningún sentido eso. Es todo un montaje repugnante. Porque, además, a un amigo de Guillem le dan un puñetazo en el ojo que lo tumba al suelo, y Rafa, lo agarran entre dos y no lo dejan intervenir… Cuando Pedro Cuevas clava la navaja a Guillem lo tiene agarrado un amigo suyo por detrás y entonces es cuando él lo agarra, le baja la cabeza y se la clava…
Es muy evidente. Y lo más llamativo es que la Audiencia de Castellón exime de toda responsabilidad y declara inocentes a los cuatro amigos de Pedro Cuevas. Pero si estaban allí! Si hay un puñado de testigos que decían que agarraban a los amigos de Guillem y no les dejaban intervenir. A una de las amigas de Guillem Pedro Cuevas le dice: “¡Quítate o te rajo!”. Con la navaja en la mano. Y no. Todos libres y solo Pedro Cuevas culpado de homicidio, no de asesinato.
Al final del juicio aparece una testigo protegida, tapada, que declara a favor de los acusados. ¿Usted no ha llegado a saber quién era?
No. No lo sabe nadie. Ella dice que un amigo de Guillem le ha dicho que tenían que ocultar el puño americano para que no lo encontraran. Pero ella no ha visto ese puño americano que supuestamente había utilizado Guillem. El amigo de Guillem cuando lo llaman a declarar dice que eso no lo había dicho en la vida. Y lo niega. Pero, desde el primer momento en la Audiencia y, sobre todo, cuando se ve la sentencia, resulta que todo lo que dicen los asesinos es considerado por el ponente fiable y todo lo que dicen los amigos de Guillem y otros testigos presenciales, que, digamos, eran neutrales, eso no vale para nada.
Y entonces se sacan del sombrero la magia del unicornio azul, que digo yo. El unicornio es el puño americano. Sobre la historia del puño americano construyen toda la sentencia. Según eso, Guillem llevaba un puño americano con el que les pegaba. Ellos querían quitárselo. Y por eso, fortuitamente, homicidio imprudente. Sin querer, pues, le clavan la navaja…

Un puño americano que no provocó ninguna lesión a nadie…
Y que nadie ha visto. Solo los acusados. Solo los asesinos dicen que había un puño americano. Nadie más lo vio. Nadie más. Pero, en cambio, en la sentencia, a partir de la declaración de una mujer que dice que se lo han dicho, este puño se convierte en el elemento central. Y dices: “Esto es inaceptable, es delirante, es imposible”. Y te digo más. Esta mujer cuando decide intervenir no va al juzgado de guardia, no va a una comisaría de la Policía. Se va al despacho de Javier Boix. Y se lo explica a Amparo Palop, que es la abogada defensora de uno de los asesinos y es la que coordina todas las defensas, salvo la del asesino principal, Pedro Cuevas, que tiene el abogado fascista.
Mira si la jugada es delirante. Esta mujer llama por teléfono al presidente de la Audiencia de Castellón y le dice: “Tengo aquí una testigo que dice esto, ¿qué hago?”. El presidente de la Audiencia le dice que la acompañe al juzgado de guardia, que declare y que le envíe a él la declaración. Amparo Palop se va al juzgado de guardia acompañando a esta mujer y el juez de guardia dice que a él no lo enredan y no acepta la declaración. Amparo Palop vuelve a llamar al presidente de la Audiencia. Alerta con lo que estamos diciendo. ¡La defensora de un asesino habla con el presidente de la Audiencia! Le vuelve a llamar y le dice que no le han aceptado la declaración y él le contesta que vaya a un notario, que declare ante él y que le envíe después la declaración. Ella lo hace así.
El presidente de la Audiencia de Castellón tiene aquella declaración quince días antes de hacer público que hay una testigo protegida que declarará cuando ya parecía que se había acabado el juicio! Todo el mundo se enciende y presentan recursos al Tribunal Superior de Justicia, que no los acepta. El abogado de Maulets, Txema Laullon, presenta directamente un escrito de recusación a la Audiencia, en el que los acusa de complicidad, que lo rechaza y que pone a Maulets una multa de 100.000 pesetas. En ese momento Maulets decide retirarse, denunciar la confabulación que hay en la Audiencia y no continúa…
Si todo era una confabulación en la Audiencia de Castellón, ¿el Supremo después con un recurso no podía haber modificado la sentencia?
El fiscal lo hizo. Sumaron dos más a los catorce años de reclusión menor. Dieciséis en total, de los cuales, como sabemos, solo cumplió cuatro. La familia de Guillem había llegado a la conclusión de que no tenían nada que hacer con la justicia española. Estaban totalmente decepcionados. Además, ellos tampoco tenían muchos recursos y los partidos políticos que les apoyaban –básicamente, Unitat del Poble Valencià, Esquerra Unida, Esquerra Republicana, Jove Germania…– tampoco estaban dispuestos a gastarse el dinero que implicaba un recurso que tenía muy pocas posibilidades de prosperar. Y lo dejaron correr.
Solo cumplió cuatro por “buena conducta”. Esta buena conducta quedó evidente cuando más tarde Pedro Cuevas fue uno de los detenidos en la Operación Panzer contra un grupo neonazi cargado de armas y después, en 2007, cuando se presentó en la lista ultra Alianza Nacional a las elecciones municipales por la localidad de Chiva…
Era evidente que este señor era un nazi. La Operación Panzer es de 2005. Por tanto, han pasado ya doce años…
Y continuaba igual.
Continuaba fabricando armas. En la Operación Panzer les incautan metralletas, lanzagranadas, machetes… Les incautan de todo. La Guardia Civil destruye todas estas armas. Y como las han destruido, no hay pruebas para acusarlos… Eso lo decidió el mismo juez, Pedro Castellanos, que ha reabierto ahora en la Audiencia de Valencia la causa contra Mónica Oltra.
Hay una cosa que no entiendo. ¿Cómo es que la Guardia Civil investiga y detiene a un grupo neonazi cargado de armas y después ellos mismos las destruyen?
Yo tampoco lo entiendo. Pero, una vez las han destruido, no hay pruebas que permitan procesarlos.
¿Y por qué los habían detenido antes?
Porque tal vez les tocaba detenerlos por órdenes de arriba que debían cumplir. Pero después por debajo hay otros que destruyen las pruebas. “Ha sido un error”. ¿Y quién ha cometido este error? “¡Ay! No se sabe…”. Ha sido un error, no hay pruebas de nada y, no solo los dejan libres, sino que los indemnizan por las armas destruidas. Y Pedro Cuevas tiene la santa osadía de pedir si le pueden devolver una navaja “a la que le tengo mucho aprecio”. Es el colmo del cinismo.
Debes tener en cuenta también que justo matan a Guillem Agulló, sus padres –como cuentan en la entrevista final de mi libro– se quedan sin trabajo. El padre tenía un pequeño taller donde fabricaba grifos y material de baño, y el que le hacía de comercial, el que le colocaba el producto por las tiendas y las ferreterías, recibe amenazas y le llama llorando: “No te lo puedo explicar, pero no puedo continuar”.
Les hicieron la vida imposible…
Les hicieron la vida imposible durante años.
Usted es muy crítico con el presidente Joan Lerma y con su gobierno.
Mucho.
¿Por qué?
Porque no hicieron nada. Joan Lerma lo único que hace es enviar una carta a la familia, de esas formularias, dándoles el pésame. Y ya está. Después hay una comparecencia –que es un espectáculo, una pieza histórica para la televisión– ante Canal 9 donde está Joan Calabuig, que en aquel momento es el director general de Juventud, y Joan Navarro, que es el presidente del Consejo de la Juventud. Los dos principales representantes de la juventud valenciana fueron simplemente a una audiencia con Lerma –con gran corbata y mudados, gente de veintipocos años, que resulta un poco chocante– y en sus declaraciones dicen que están preocupados, que los jóvenes valencianos no son así, que hay que erradicar la violencia, pero son incapaces de decir las palabras fascismo o Guillem Agulló. Y Joan Lerma, igual.

¿Por qué la Generalitat y los socialistas valencianos no se implicaron más en un caso que era tan flagrante?
El asesinato es en abril y en junio hay elecciones generales. Unas elecciones generales que el PSOE tiene bastante agrias, porque es la época de todos los escándalos: Roldán, el presidente del Banco de España, el GAL… Toda la porquería del PSOE está saliendo a flote y ellos tratan de dar una imagen de pacificadores de la sociedad valenciana. Lo que no quieren es dar ni un ápice de aire a su izquierda. Que la Unitat del Poble Valencià y Esquerra Unida puedan asomar la cabeza. Ellos no mantienen posiciones claramente antifascistas, sino más bien amables, centristas, hablan de la paz, de la democracia… Piensan en aquel momento que esa era la estrategia que más les favorecería. De hecho, ellos no participan en ninguna de las manifestaciones que denunciaron el asesinato, en ninguna movilización.
A mí lo que me resulta más chocante es que los principales representantes de la juventud valenciana no vayan al funeral de Guillem, no abracen a los padres y no les digan: “Aquí estamos para lo que haga falta”. Yo eso no lo entiendo. De dos dirigentes valencianos, y además, ¡socialistas! No lo entiendo. Y lo hicieron por todos aquellos cálculos.
¿Cuál fue el papel del líder de la Unitat del Poble Valencià, Pere Mayor? Usted es crítico también con este partido…
Pere Mayor estuvo bastante presente, ayudó y tal… Pero el distanciamiento viene más por la gente de la UPV de Castellón. La gente de la UPV de Castellón sí que considera entonces que aquello les puede perjudicar electoralmente. Volvemos a la misma historia. Eso me lo ha contado Guillem Agulló padre, que militaba en la UPV. Le dijeron que Toni Porcar, líder de Castellón, había dicho: “Esto de Guillem Agulló lo tenemos que dejar estar, porque nos perjudica electoralmente”. Un gran error.
Los cálculos y las estrategias electorales abonaron la impunidad…
Nuevamente se permitió la impunidad y Guillem Agulló y Carme Salvador se quedaron solos. Los dejaron solos. Y lo pasaron muy mal. Pasaron años muy duros. Y la verdad es que para mí son personas admirables. Ten en cuenta que Betlem, la hermana, tenía catorce años. Era una criatura que comenzaba a abrirse al mundo y que estaba feliz de acompañar a su hermano al barrio del Carmen, a los conciertos valencianistas… De repente le matan al hermano. Es muy fuerte. La otra hermana, Carmina, es una niña con una discapacidad, es más pequeña y no entiende qué ha pasado con su hermano, por qué no está. Es una familia que sufrió muchísimo y se sintió muy sola. A mí eso la verdad es que me ha dado fuerza para contrarrestar la dureza de escribir este libro.
¿Por qué ha sido tan duro?
He tenido que leerme todo el sumario, todos los interrogatorios, he tenido que soportar todas las mentiras que decía Las Provincias, a la luz de todas las pruebas que yo ya conocía… He tenido que soportar constatar cómo Las Provincias mentía sistemáticamente. Y también las ambivalencias de los otros medios. Todos compran una idea, que es la de la pelea. Y no la hay. Guillem estaba en la plaza de Montanejos, sentado en la fuente, y en esa situación aparecen aquellos que van a por él, porque el Bombero, que es uno de los nazis y el único que es de Burjassot, ya lo ha señalado. Es más, de hecho, Pedro Cuevas en las primeras declaraciones, cuando se presenta a la Guardia Civil de Alicante, reconoce que conocía a Guillem. Y van directamente a por él. Comienzan a insultarlo: “Eh, tú, ¿por qué llevas eso de Fuera nazis. ¿Qué pasa, que no te gustan los nazis? Pues a mí no me gustan los inmigrantes!”. Comienzan a provocarlo y lo agreden. E inmediatamente los otros hacen círculo e impiden sistemáticamente que lo ayuden y que él se pueda defender. Guillem en el estudio forense tiene los brazos llenos de cortes. Son defensas. Les para los brazos para que no le claven la navaja. Y aquel está asestándole navajazos. Lo acorralan hasta que lo matan. Eso es muy fuerte. Van a por él desde el primer momento. ¡No hay pelea!
La dureza de hacer el libro es constatar cómo fue el crimen y, después, el papel de los medios de comunicación y la actuación de la justicia…
Y el papel, también, de la Guardia Civil. ¿Por qué los que se presentan en Valencia lo hacen en comisarías y, por contra, Pedro Cuevas acude a la comandancia de la Guardia Civil de Alicante? ¿Quién hay detrás que marca todo esto? ¿Y por qué se presentan a las tres y media de la tarde? ¿Qué es, el cambio de guardia o qué? Yo, eso, lo he preguntado a un guardia civil, que me dijo: “Pues, es muy posible, porque es la hora del cambio”. Estaban esperando que entraran a trabajar los que eran amigos. Los que les podían facilitar las cosas. Debemos tener en cuenta que en todo esto del puño americano, cuando Pedro Cuevas dice que lo ha hecho en defensa propia, porque Guillem llevaba uno, la guardia civil de Alicante le dice: “¿Quieres un análisis forense?”. Y él contesta que no. ¡Hombre! Si a ti te han pegado en la cabeza con un puño americano, tienes una marca considerable. Y eso lo puede dictaminar un forense. Si no quieres uno, es porque no te han hecho nada.
Usted acaba el libro sentenciando que los asesinos de Guillem fueron los nazis en Montanejos, María Consuelo Reyna, desde Las Provincias, y la Audiencia de Castellón, desde la magistratura…
Así es. Al magistrado y amigo Joaquim Bosch, que era amigo también del entorno de Guillem y que en aquel momento estudiaba Derecho, y fue el primero en decir que aquello había sido un crimen político, le pedí que me revisara mi análisis de la sentencia. Para curarme en salud, por si acaso. Él solo me recomendó que cuando digo eso de María Consuelo Reyna y de la Audiencia de Castellón remarque que lo digo “metafóricamente”. Y que así no me podrán decir nada. Y de hecho, pongo una nota al pie diciendo que obviamente eso tiene ese sentido.
¿Aún no se ha querellado nadie contra usted?
No. De momento, no.
Aquel episodio es un buen retrato sociológico de lo que es el País Valenciano?
Sí. Creo que es un retrato… [Sonríe] y no está bien que lo diga yo, pero creo que es un buen retrato de lo que sufrimos y sufrimos en el País Valenciano. Las complicidades de la Policía y de la Guardia Civil, de la magistratura, la acción de la extrema derecha, siempre impune… ¡Es que no han condenado nunca a nadie de extrema derecha!
¿Qué se ha hecho de Pedro Cuevas?
No se le ve, no está muy presente, pero supongo que debe estar en sus cosas… Debe estar en sus acciones…
¿Alguna vez ha manifestado arrepentimiento?
No. Nunca. No solo eso, sino que para el mundo de la extrema derecha es considerado un héroe. Es uno de sus referentes.
Aún ahora.
Aún. Y tanto. Sí, sí. Lo que pasa es que ahora como sabes se han puesto corbata y se presentan a elecciones. Las circunstancias son diferentes, pero, si hace falta algún día, volverán a agredir, a atacar y a matar. Es más claro que el agua. Pero ahora están en la doctrina esta de la prioridad nacional. Si eso les rinde y les da votos, en eso se estarán.

¿No le han entrado ganas en ningún momento de dejarlo correr?
Mira, cada uno es como es [ríe] y no cambiaremos ahora después de tantos años.
¿Y ellos se cansarán en algún momento?
No lo sé. Lo que debemos hacer es ganarlos, arrinconarlos…
Sí, pero ganarlos a la policía, a la judicatura… no es fácil.
Ganarlos en todos los espacios. Creo que cada vez queda más claro que todos los partidos democráticos deberían tener como primer punto de sus programas electorales la reforma del sistema judicial. Mientras no haya una reforma importante del sistema judicial y especialmente en los lugares más elevados –Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Supremo y Audiencia Nacional, que no tiene ningún sentido–, estamos en manos de una parte de los jueces que son extrema derecha.
¿Y si esta reforma la deben hacer el PP y VOX?
[Ríe]. No la harán, porque no la necesitan.
Era una pregunta retórica. Tampoco la hará el PSOE…
No, pero quizás si se ve obligado por unos aliados que le exigen que la haga… Ha hecho muchas cosas, el PSOE, a regañadientes.
¿Y cómo se reforman los cuerpos policiales?
Creo que eso es más fácil. Son bastante más obedientes y, si se ponen los mandos pertinentes, se puede controlar con más facilidad. En el sistema judicial eso es bastante más complicado.
Decía Joan Fuster: “El País Valenciano será de izquierdas o no será”…
Yo diría que el País Valenciano será o no será. [Ríe]. Ya no hace falta que sea de izquierdas ni nada. El País Valenciano [enfatiza] será o no será nada.

