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Es muy significativo que el evidente desastre de la red de alta velocidad española no esté generando un debate sobre la oportunidad y la rentabilidad social de esta inversión faraónica. La opinión publicada madrileña, dependiendo del bando, critica más o menos al ministro o los sistemas de seguridad, pero nadie cuestiona el objetivo de la conexión entre Madrid y todas las capitales de provincia, cueste lo que cueste y tenga los viajeros que tenga. Una institución pública como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) y el think tank económico FEDEA han publicado informes que ponen en duda, abiertamente, la fortísima inversión en alta velocidad en contraste con el abandono de las redes de rodalies. El Estado español ha construido más kilómetros que Francia o Alemania e invierte menos en mantenimiento, con los resultados que saltan a la vista, pero se continúan planificando y ejecutando nuevas líneas.

El hecho es que no hace falta muchos informes para darse cuenta de que la alta velocidad radial, con Madrid en el epicentro, es una derivada tóxica -y carísima- del nacionalismo español. Una idea compartida y continuada por Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, sin que haya habido nunca una evaluación realista de los enormes costos y los hipotéticos beneficios de una infraestructura solo superada por China. PSOE y PP (y, de hecho, Vox y Podemos, también) comparten la idea de base y esto genera un consenso absoluto. En los medios de comunicación madrileños no hay críticas ni por la inversión en alta velocidad, ni tampoco por la desinversión en Rodalies de Barcelona. Es una política de Estado que, en la práctica, solo se ha cuestionado desde Cataluña. Como siempre, sin ningún resultado.

De hecho, el único contratiempo a este festival de derroche madrileño han sido los sucesivos gobiernos portugueses, que no han tenido ningún interés en priorizar la conexión Lisboa-Madrid, aunque los españoles estén invirtiendo grandes cantidades de dinero en llevar la alta velocidad a Extremadura, con la intención de enlazar las dos ciudades. Por razones económicas, en Portugal están invirtiendo en la línea Lisboa-Oporto-Vigo, un diseño que, desde la parte española, no ha merecido ni un kilómetro de trazado. En definitiva, que de donde sea a Madrid y, cada vez más, de Madrid al cielo.

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