Lucía Caram es dominica como san Vicente Ferrer. De la orden de los Predicadores. Pero sor Lucía predica poco y hace mucho. También es taumaturga. No para. Arriba y abajo. De Manresa a Kíiv. Tampoco calla. No se calla ni una. Cuando le pican se rasca con uñas fuertes, tucumanas. En Manresa se dedica a los inmigrantes pobres; en Kíiv, a los niños desamparados y a los heridos. Lucía Caram es el tractorcito de la Fundación del Convento de Santa Clara, un artefacto que engrasa y nutre para luchar contra la exclusión y para que todo sea un poco menos sórdido, un poco más justo. Últimamente la acción de la fundación le ha dado problemas, porque hay gente en su ciudad que considera que su trabajo –su eficacia– provoca un efecto llamada para atraer a gente indeseada. Sor Lucía les planta cara con vehemencia. Con la misma vehemencia con que trabaja por un mundo menos bestia. Y con la misma también que alerta de que España ya ha entrado en la guerra de Ucrania.
¿Qué pasa ahora mismo en Ucrania?
Ahora estamos en un momento en que la escalada de violencia se nota día a día. Estos días han bombardeado los puentes de acceso a Kíiv. Están atacando las grandes superficies de distribución de alimentos y las gasolineras. La estrategia es que la gente pase hambre y frío en la capital. Atacan mucho también las zonas del Donbás, avanzan y retroceden. Lo que es cierto es que en estos momentos no hay suficientes defensas antiaéreas y está muriendo mucha gente.
Hay un punto que considero muy importante. La OTAN está trabajando en los países limítrofes con Rusia. Está en Moldavia, está trabajando con Rumanía, está en Lituania… En Lituania estos días los drones han entrado en el espacio aéreo. Los militares españoles están trabajando allí. Por lo tanto, España, con la OTAN, ya participa de esta guerra. No es solo lo que pasa en Kíiv o en las fronteras, sino que…
Lo que noto es que en toda España y en Cataluña la guerra nos parece muy lejana, es verdad, pero cuando nosotros vamos allí –y estamos en contacto cada día con ellos– te das cuenta de que cada vez es peor. Este fin de semana me voy y teníamos previsto ir a Kíiv. El acceso a la capital por la noche ya está cerrado. Si no vas con los militares, no puedes entrar. El general de la guardia de frontera me dijo que en estos momentos Kíiv ya es un campo de batalla. Vemos imágenes de la destrucción total de Kramatorsk, pero también están atacando toda la zona del centro. Nosotros siempre vamos a un hotel del mismo centro, en la zona de las embajadas, que en este momento están recibiendo ataques cada día. Estamos en el peor momento desde el comienzo, pero mañana será aún más grave.
¿La estrategia de Rusia va más allá de Ucrania?
Evidentemente, a Rusia –y no sé si también a los Estados Unidos– le conviene que la Unión Europea esté cada vez más débil. Le interesa que no estemos bien y que no estemos unidos. Lo de Ceuta está relacionado con toda la cuestión de la movilidad humana. De utilizarla como un arma para desestabilizar. No es una situación aislada. El mundo está en crisis. Europa está en crisis. Pero tenemos una guerra dentro de Europa. El canciller alemán va a Ucrania, hay unos ataques impresionantes y Alemania envía cada vez más armamentos.
Nosotros aquí no lo notamos tanto. Pero en el último viaje que hice hace dos semanas el movimiento que hay en el aeropuerto de Cracovia es impresionante. Hay muchos catalanes que van el fin de semana, porque la ciudad está muy de moda y recibe mucho turismo. Cuando bajas a la pista el aeropuerto está lleno de cazas. Y cuando sales y vas hacia la frontera todo son convoyes militares. Polonia se está armando para la guerra. Todos se están armando para la guerra. Alemania está blindando las fronteras. Finlandia, también.
Un día le pregunté a la ministra de Defensa, Margarita Robles: “¿España entrará en esta guerra?”. Y me respondió: “Nosotros somos socios de la OTAN. Si la OTAN actúa, tendremos que actuar”. En este momento tenemos gente del ejército movilizada y que ya están abatiendo drones que entran en el espacio aéreo europeo. Hace diez días el aeropuerto polaco de Rzeszów, a 103 kilómetros de la frontera, fue cerrado por los drones que había. Sonaron las alarmas. La guerra ya se respira en Europa. El mensaje que me han enviado hoy las autoridades ucranianas es que ellos harán lo que les pedimos, pero que nos recomiendan que no entremos en Kíiv. Nos dicen que no pueden garantizar nuestra seguridad en la capital.
¿Qué llevan ahora mismo en el nuevo convoy que han preparado?
Llevamos ambulancias, llevamos generadores, material médico, desfibriladores, vehículos destinados a la evacuación de civiles de la zona de Kramatorsk; fundamentalmente, niños. Hay una orden de evacuación de todos los niños de la zona de Kramatorsk, porque es una ciudad que seguramente será arrasada y está a punto de ser tomada. Hace dos semanas quedaban 70,000 civiles y en estos momentos quedan 25,000. Hay muchos niños y muchos ancianos. La obligación es sacar a los niños.
Pero da la sensación de que los rusos atacan a los ucranianos con drones y misiles, pero sin mucho movimiento de tropa terrestre…
Militarmente por tierra lo que hacen es avanzar y retroceder en determinadas zonas. En la zona del Donbás lo que hacen es rodear varias poblaciones, como Oleshki, para matarlos de hambre. Después hay zonas en las que Ucrania ha podido resistir, con un costo de vidas humanas muy alto. Pero hay en las que los rusos avanzan. La zona de Kramatorsk es una zona en la que claramente avanzan. En la de Kherson toda la parte ocupada ha avanzado mucho más. Vivimos una situación con un punto caliente mucho más alto. Pero ahora la cuestión no es solo cuando avanzan los rusos, sino que están atacando la capital…
Y los drones y misiles hacen mucho más daño…
El pueblo ucraniano tiene una resistencia muy grande, pero ahora están muy preocupados. Desde septiembre hasta ahora veo cómo han cambiado las cosas. Los drones y misiles rusos ya van con un sistema de propulsión chino y no los pueden detectar. China ya ha entrado en la guerra de Ucrania. Antes sonaban las alarmas y podías ir al refugio. Ahora no. Ahora hay dos colores en el mapa. Antes era rojo y ahora hay el amarillo también. Todo el día suena la alarma del amarillo. No es tan peligroso, pero el problema es que no los pueden detectar. La mayoría de la gente pasa el día en los búnkeres.
Zelenski ha pedido ayuda a la Unión Europea y a la OTAN para poder interceptar estos drones y misiles. ¿Le ayudan o no?
Le ayudan muy poco. Les llega la ayuda con cuentagotas. Los ucranianos nos dicen que hay países de Europa que les podrían ayudar, que antes les daban dinero, pero que ahora se están armando ellos mismos para la guerra. Y aquí hay un punto que conviene destacar. A mí me lo han dicho muchas veces: “España no se está armando para defenderse”. Yo no entro, porque no entiendo mucho, pero lo que es cierto es que…
Pero eso ¿quién se lo dice?
Los militares ucranianos, que vienen mucho por aquí, que han recibido ayuda española. Ahora llevaremos a unos médicos militares que vendrán aquí a enseñar un poco qué es la medicina táctica, el tipo de heridas que aparecen en los distintos ataques. Y son ellos los que me dicen: “España no está preparada en este momento”. De hecho, cuando vino la ministra Robles al foro de La Vanguardia hablaba de la importancia de poder prepararnos tecnológicamente para la defensa. A escala mundial hay un gran cambio. Todas las empresas de fabricación de armamento han cambiado. Toda la artillería pesada que se utilizaba antes ha cambiado ahora. Yo no sé nada, pero hace unos meses escuchaba cómo los ucranianos pedían las orugas y los M113 para ir al rescate de la gente, y ahora, no. Porque todo eso que es tan pesado es fácil de identificar y es fácil de destruir con un dron muy económico.

Hace unos meses se veían ataques ucranianos potentes con drones en la misma Rusia. Ahora ¿ya no lo pueden hacer?
Lo hacen. Esta semana ha habido algunos. Ayer Ucrania atacó una refinería, donde murieron más de veinte personas. Habían parado durante un cierto tiempo, porque no tenían recursos, pero estos días han retomado los ataques bastante fuertes. Zelenski tiene ganas. Antes atacaban refinerías, pero ahora ya no pueden hacer una cirugía tan fina y atacan también población civil.
Eso son crímenes de guerra.
Evidentemente. Ellos te dicen que la población no es su objetivo, pero las instalaciones están tan cerca de las ciudades, que las escuelas o los hospitales acaban sufriendo daños colaterales. Ayer decían que habían muerto una veintena de civiles.
¿Usted cree que Vladímir Putin tiene la intención de atacar países europeos más allá de Ucrania o solo se trata de acciones destinadas a asustarlos?
Creo que él está loco. Putin quiere recuperar la antigua Unión Soviética. Le interesa sembrar un poco de miedo y mostrar su musculatura, pero aquí también hay una cuestión de intereses económicos entre Rusia y los Estados Unidos. Nosotros sabemos de la misa la mitad. A veces crees que Donald Trump parece enfadado con él, pero son amigos y tienen negocios en común. Y ahora, además, han entrado los chinos. China hasta ahora iba con unos o con otros, pero ahora ha entrado en la guerra con el mundo de la alta tecnología. Con drones y misiles. Ya no son tan neutrales. Trump mira un poco de reojo a los chinos…
La ambición de Putin es insaciable. Él al comienzo de la guerra explicó que cuando era pequeño vio un día una rata en un garaje como acorralada. En un momento dado acorralaron a la rata y la rata atacó. Él decía: “Yo soy esa rata. A mí no me acorralen, porque yo me defenderé”. Eso lo explicaba él de sí mismo. Bien, pues, es donde él está en estos momentos. Está en la amenaza. “Si entra la OTAN, si entran los países de Europa y comienzan a aliarse con Ucrania, nosotros tenemos las armas nucleares. Nosotros tenemos más poder”.
Esta ha sido su última amenaza hace pocos días.
Sí. Esta misma semana.
Le pregunto a usted que me puede contestar que no tiene ni idea, que no tiene una bola de cristal, pero ¿ve capaz a Putin de usar el arma nuclear?
Los militares ucranianos dicen que sí. Yo en Ucrania paso todo el tiempo con la guardia de frontera y con los militares. Ellos nos llevan a todos los sitios y nos dicen que Putin está loco y que no saben de qué es capaz. Ven la fuerza que tienen los rusos en los ataques que les hacen, en las violaciones que padecen y en el ímpetu con el que los aplastan. No les sorprende nada la crueldad que Putin utiliza en estos momentos. Nosotros hemos escuchado el testimonio de las mujeres. Hemos estado con mujeres que han estado encarceladas. Han pasado tres, seis meses, un año, y todavía no han sido capaces de verbalizar la crueldad que han sufrido. “¿Más crueldad? –se preguntan– Eso será apretar el botón nuclear”. Creen que Putin es capaz de cualquier cosa, pero, a pesar de eso, afirman que la victoria será de Ucrania.
¿De dónde sacan esa moral de victoria?
Yo puedo dar testimonio de lo que he vivido, no de oídas. De todos los heridos que hemos llevado a Cataluña solo dos huyeron cuando debían volver. Los demás te dicen: “Tenemos que volver porque tenemos que defender nuestro país”. Tengo una chica de dieciocho años que trajimos aquí de vacaciones cuando tenía quince. Le mataron al padre y ahora se ha alistado para ir al frente. Yo le pido: “No vayas”. Y ella me responde: “Es que tengo que defender mi país, para que mis hijos vivan en una Ucrania libre”. –“Pero tú tienes dieciocho años, irás al frente y no tendrás ni hijos ni nada”. –“No, no, porque la victoria será nuestra”. Siempre nos dicen cuando les llevamos ayuda: “Tu ayuda hace que la victoria sea inminente”. Son frases que van repitiendo, que se repiten entre ellos. Cuando alguien les habla de acuerdos contestan: “¿Y toda la gente que ha muerto? ¿De qué ha servido todo esto?”.
¿España debería hacer caso a la OTAN y dedicar más presupuesto a armamento?
Hay dos cosas. Donald Trump ha cambiado el nombre al ministerio de Defensa y ahora es el de la Guerra. Aquí tenemos uno de Defensa, pero ¿nos podemos defender? Creo que no debemos ser ingenuos. No debemos restarlo de las inversiones que hacemos en políticas sociales, pero no debemos ser ingenuos. No podemos vivir con el miedo, pero, si cae un misil, ¿qué diremos? ¿Que no estábamos preparados? ¡No tenemos nada para defendernos! No digo para atacar. Yo no entiendo de economía, pero el sentido común me habla muy claro. Cuando estás allí, en los Cárpatos, por ejemplo, comienzan a sonar las alarmas y ves que vienen los drones. Tenemos que proteger a la gente de alguna manera. Todos esos que tienen el eslogan siempre listo en contra del gobierno para que no invierta en defensa… No debemos entrar en la dinámica de Donald Trump, pero Trump no ha dejado nunca de enviar armamento. La diferencia es que Joe Biden antes lo enviaba gratis y ahora lo que envía Trump lo paga la Unión Europea. Es la única diferencia que hay. Eso te lo explican los mismos militares ucranianos.
Lo vuelvo a decir, creo que no debemos ser ingenuos. Cuando antes decían esa máxima latina que se repetía tanto –“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”–, muchos pensábamos que eso es una barbaridad. De acuerdo. Pero prepáremosnos para defender a nuestra gente. Algo tenemos que hacer. Estamos avanzados en tantas cosas –en tecnología, en electrónica–, tenemos tanta gente preparada, que algo tenemos que hacer para ver cómo podemos neutralizar los ataques que puedan venir. Esta ya no es la era de Gandhi. Qué quieres que te diga. Hay el derecho a la legítima defensa, que incluso reconoce el secretario de estado del Vaticano, el cardenal Parolin. Ucrania tiene derecho a defenderse. Si les atacan, sus responsables tienen derecho a defender a la población. Nosotros no perdonaríamos al presidente o a quien sea que no se haya preparado para hacerlo. Es una contradicción. Estamos en contra de la carrera armamentística, pero debemos prepararnos para defendernos.
¿Cómo cree que acabará todo esto? ¿Se atreve a hacer algún pronóstico?
Yo de momento no veo el final a la guerra. No veo un final. Los rusos hacen mucho más daño en Kíiv. Este invierno será terrible. Con los puentes dinamitados… Tal vez la moral de los ucranianos bajará un poco, pero la guerra no terminará. Margarita Robles lo ha definido como “un empate infinito”. Eso me hace pensar que la guerra puede durar cinco o diez años más.
¿Y cómo puede aguantar un país quince años de guerra sin perder la moral? ¿Cómo la puede aguantar la industria, la economía en general?
La economía en Ucrania está totalmente destruida. Es un país donde hay mucha corrupción. Allí también ves el otro extremo. Ves coches de alta gama y gente que, partiendo de la nada, quieren estrangularte. En la frontera hay mucha, de corrupción. Ves, por ejemplo, el negocio que se hace con los cristales. Las ondas expansivas destruyen muchos y hay quienes sacan un gran provecho. Ahora lo niegan, pero supongo que pronto comenzarán a enviar a las mujeres al frente, porque ya no tienen más hombres.
Hay otro fenómeno que hay que comentar. Nosotros lo vemos cada vez que entramos por las fronteras. Cada vez llega más gente. Llegan mercenarios de todo el mundo que se entrenan en los países de Europa. Si vas al aeropuerto de Rzeszów, cada día salen aviones para entrenar a la gente. Muchos países dicen: “Nosotros los entrenamos, facilitamos que haya esta circulación de gente, porque, si no, tendremos que enviar a los nuestros”. Hay mucha gente latinoamericana, hay mucha gente de Corea…
¿Luchando con los ucranianos? Antes se veían muchos, de mercenarios, pero ¿con los rusos…?
Los rusos tienen mucha gente de Cuba, mucha gente de Venezuela… Hay muchos colombianos en Ucrania, como mercenarios. Curiosamente, hay gente de Argentina en un bando y en el otro, también.
¿Puedes encontrar dos argentinos disparándose desde los dos frentes?
Exactamente. Todo depende de dónde hacen las captaciones para ir a la guerra. Ahora hay quienes se quejan porque no les pagan. Y eso también es verdad.
¿Quién no paga? ¿Rusia o Ucrania?
Ambos. Si pueden no pagarles, no les pagan. Los rusos llevan unos crematorios ambulantes –nosotros hemos visto las imágenes– donde queman a los soldados muertos. A veces los hieren, los compañeros los rematan y los echan al crematorio. Sin cuerpo, la familia no cobra. En el caso de Ucrania hay gente especializada en buscar restos y tomar el ADN. Los camiones se llenan de restos humanos para poder identificarlos. Pero hay mucha gente que ha muerto sin que nadie haya encontrado el cuerpo. Y si no aparece el cuerpo, la familia no cobra. Y eso pasa en ambos bandos.
¿Qué ha aprendido en todos estos años de guerra?
Que debemos ser muy cuidadosos en la paz al kilómetro cero. A mí me preocupa mucho cuando nos dedicamos a avivar el fuego. Podemos perder el control y no sabemos cómo acabarán las cosas después. Hoy me escribía un mensaje María Senovilla, una periodista que está en Kramatorsk, con unas imágenes de las movilizaciones de Barcelona, donde me decía: “Tenemos información de que hay dinero de Rusia que sirve para alimentar estos movimientos”. La gente de VOX son muy próximos a Putin, pero aquí hay una contradicción, porque eso también pasa en la extrema izquierda. El punto de encuentro entre la extrema derecha y la extrema izquierda puede ser este. En definitiva, pienso que es gente desequilibrada que tiene más ideología que principios para funcionar y para vivir.

Ya que ha empezado a hablar, ¿qué es lo que más le inquieta de la situación social y política en Cataluña?
El odio que se está generando. Se intenta culpabilizar a gente que ha tenido que salir de su país y que en definitiva es víctima de la situación. Me inquieta cómo se caldean los ánimos contra los inmigrantes. Me preocupa mucho porque veo que el odio va creciendo. Cataluña fue un modelo de integración. Los enfrentamientos que había en Francia no pasaban aquí. Aquí se había fomentado un diálogo interreligioso, intercultural, una política de acogida muy importante, y ahora estamos dinamitando absolutamente todo.
Nosotros hemos visto y hemos sentido –y lo digo claramente– el discurso de Aliança Catalana criminalizando a la gente de fuera, pero no son ellos solo… Puedo decirlo por el lugar donde estoy yo. Yo estoy en Manresa. Junts tiene miedo de que Aliança Catalana le quite sus votos y asume exactamente el mismo discurso. Y me parece que eso no es exclusivo de Manresa.
Por lo tanto, los que han capitalizado el odio de todos son los inmigrantes. La gente que antes hacía la limpieza era gente que venía de fuera. Como los que iban a recoger la fruta. Ahora tú vas a los hospitales y ves gente de fuera. Vas al mundo informático y hay muchísima gente de fuera…
Con la tasa de natalidad que tiene Cataluña, la gente que viene de fuera tiene que estar necesariamente en todas partes.
Necesitamos a los inmigrantes para que funcione la economía. Para que paguen la caja de la seguridad social y para que pueda funcionar el país. Creo que la regularización que ha hecho Pedro Sánchez era muy necesaria, pero debemos ser muy consecuentes también. Se ha hecho una regularización y, por lo tanto, las ayudas sociales deben tener una fecha de caducidad para que la gente que puede trabajar trabaje. Yo hablo de lo que conozco. De mi caso. Tenemos familias que no podían trabajar y ahora les ofrezco trabajo. Si quien puede trabajar no lo toma, no puede seguir pidiendo que le ayude. Somos una fundación privada y les puedo decir que no.
Tengo algunos pisos que me han cedido para hacer alquiler social. Hay gente que ya puede trabajar pero que se niegan a pagar porque saben que no los sacaremos fuera. Pues, yo he dado orden para que se hagan esos desahucios. El abogado me dice que eso reputacionalmente se volverá en mi contra. No. Si hay gente que puede trabajar, tiene que trabajar. “Eso no está bien visto”. Mire, nosotros lo que tenemos que hacer es que la gente salga de su situación. Y si ha habido una regularización, es para que la gente pueda trabajar. Les ofrecemos esta oportunidad.
El problema es que tenemos tantas ayudas sociales y se prolongan tanto en el tiempo… Ayer una persona me decía: “Es que, si voy a trabajar, pierdo la ayuda social. Sin trabajar gano 1,300 euros y trabajando gano 1,500. Para eso me quedo en casa. Si tuviera un sueldo de 3,000 euros…”. Esta es la mentalidad. Se han instalado. Es verdad que los sueldos deberían subir, pero también deberíamos revisar las ayudas sociales, porque no es justo. Tengo gente que viene a la plataforma de alimentos y que están en pisos de la fundación, que están trabajando, que cobran 1,400 euros, que tienen hijos, y después hay otros que cobran 1,300 o 1,400 y que no trabajan porque tienen las ayudas.
Creo que debemos hacer una revisión a fondo. Y hacer lo que se hacía antes con aquellos que cobraban el paro y que cuando les salía una oferta de trabajo tenían la obligación de ir a trabajar. Hoy no pasa eso y tenemos una gente con bajas eternas. Y gente que recibe ayudas y que no quiere trabajar. Deberían salir, porque en el mercado hay mucha demanda de mano de obra.
Eso es queroseno para la extrema derecha. Las administraciones no reaccionan y la gente se enciende cada día más.
El gobierno que hay en estos momentos –el gobierno– es muy populista. Yo soy argentina, he visto qué ha pasado con el kirchnerismo, he visto qué es clientelismo político y todo eso es de república bananera. Pues, las políticas de Pedro Sánchez, de la mano de Podemos, han llegado exactamente al mismo punto. Cuando él dice que no se podrá hacer un desahucio hasta 2030, yo recibo un whatsapp de una persona que vive en un piso de la fundación y que me dice: “¡Hasta 2030 no me sacarás!”. La rabia que te da eso. Esta persona no podía ni tener un contador eléctrico a su nombre porque tenía una deuda muy grande. Le pago la deuda para que el contador esté a su nombre, pero ahora no paga ni los 160 euros que debía pagar de alquiler social. “No te pagaré y me quedo de okupa”. Y ahora además, con el apoyo del gobierno.
Creo que hemos perdido el norte. El trabajador social debe hacer un acompañamiento y se deben revisar las ayudas. Se debe cerrar el grifo porque el sistema no lo resiste. Cuando yo traigo gente de Ucrania pacto con la administración que estarán tres meses y, en todo caso, tres meses más. La tarjeta sanitaria tiene una fecha de caducidad. Debemos ser muy responsables en todo esto.
Eso querría decir hacer un seguimiento caso por caso y querría decir también un cuerpo de inspección numeroso y efectivo que ni el gobierno del Estado ni el catalán tienen intención de impulsar.
Porque en definitiva eso también les da votos. Eso los mantiene donde están. La salud debe ser universal. Estamos de acuerdo. Todo el mundo debe tener acceso. Pero no estoy de acuerdo en que la gente venga y cruce la frontera para buscar las recetas médicas. Porque tenemos un sistema colapsado. Y eso está pasando. Y lo digo yo, que estoy trabajando con los más vulnerables. Por eso intento que las personas vulnerables puedan trabajar y puedan aportar como aporta todo el mundo, porque no me parece justo que no aporten. Yo ya tengo asumido que hay gente que mantendremos hasta que se mueran, porque tienen un hijo que es tetrapléjico, porque la mujer se ha quedado sola, porque aquel tiene un cáncer y son dos personas mayores… Ya sabemos que hay gente que no puede trabajar y que debe tener una ayuda, ya lo asumimos, pero el que puede trabajar… Debemos hacer las cosas de otra manera.

¿Eso se lo ha dicho al presidente de la Generalitat?
Se lo he dicho al presidente, lo digo por los medios de comunicación, lo digo por todas partes…
Y no le hacen caso…
No. Yo creo que tenemos un gran sistema, pero no hacemos un acompañamiento social. Los trabajadores sociales antes eran asistentes sociales. Lucharon porque ellos no eran asistentes sociales, eran trabajadores sociales. En toda esta movida hemos vuelto a ser asistentes sociales. Asistencialismo. Y no todos, es cierto, pero muchos sí.
Y hay, también, la vivienda…
Todo el tema de la vivienda, sí. La Maricarmen es un tema que no podemos resolver en tres días. Todo esto del gobierno [español] es una improvisación. ¿Qué es? Populismo, clientelismo político. ¿Cuál será la campaña de Pedro Sánchez? Daremos, daremos, daremos, daremos. ¿Dónde está la responsabilidad de la gente? ¿Dónde está la responsabilidad de trabajar y aportar? Cuando la gente viene y me dice: “Es que aquí la sanidad es gratuita” les respondo que no. La sanidad no es gratuita. Aquí la pagamos entre todos, la sanidad. Por lo tanto, creo que debemos hacer toda una tarea también de pedagogía. Que la gente sepa cuánto cuestan las cosas. Antes nos entregaban la receta y nos decían cuánto costaba. Ahora no me dicen cuánto cuestan los medicamentos. Yo voy a la farmacia y digo: “Oiga, el médico no me ha retirado este medicamento, pero yo ya no lo tomo, no me lo dé”. Debemos ser conscientes de ello.
¿Eso justifica el discurso de la extrema derecha?
No. En absoluto. La extrema derecha es… Mira, yo pienso que la izquierda lo ha hecho tan mal, que los está llamando para que vengan. La izquierda no lo ha hecho bien. Ha ido con un discurso muy populista que no ha solucionado los problemas reales de la gente. Pero también tengo mis dudas de que la extrema derecha los tenga que solucionar. Sacas a la extrema derecha del discurso de la inmigración y no hay nada más. No hay un proyecto de país. No puedes construir un país desde el odio, desde el resentimiento y desde determinados eslóganes que se van repitiendo. A mí todo eso me preocupa mucho. Tú el otro día lo decías muy claramente en la radio. Cuando nosotros insultamos al otro, el siguiente paso es la violencia. Y la violencia se instala en la calle a golpe de puño. Lo hemos visto estos días. Hemos visto los enfrentamientos en la plaza del Sol de Madrid entre unos y otros. Y estos días, también en Cataluña. Debemos tener cuidado. ¿Qué me ha aportado estar en una guerra? Darme cuenta de que la línea es muy fina y que, si lanzas gasolina al fuego, después no hay quien lo apague.
Usted lo ha sufrido en carne propia. Estos días la han acusado de inducir al asesinato de Carles Vilajosana.
[Sonríe]. Me han dado demasiado poder. Era la fiesta mayor en Manresa. El domingo era el castillo de fuegos. A la entrada del castillo, en el Parque de la Aguja, entregaban a la gente un panfleto que distribuía la extrema izquierda. En ese papel había unos aviones que atacaban Gaza con el logo de la fundación. ¿Por qué? Por las minas de Súria, que son de Israel, de una empresa enfrentada con Netanyahu, que no les ha renovado los convenios que tenían. Para ellos nosotros estamos con el capitalismo, con los judíos. Pero resulta que la empresa propietaria de las minas da trabajo a la gente que tenemos, a las mujeres que tenemos. Eso fue el domingo por la noche. Sor Lucía igual a derecha, igual a Netanyahu. El martes por la mañana se perpetra este asesinato frente al convento. La extrema derecha y la derecha nos acusan de haber traído a toda esta gente. Nosotros no estamos con ninguno de ellos, ni con unos, ni con otros. Intentamos ayudar a la gente. Esta gente que nos acusa, que nos señala, no trabaja. No es gente que trabaje para ayudar a la gente. Hay demasiada gente que tiene demasiado tiempo libre…
Manresa tampoco es tan grande. Usted debe conocer a muchos de los que la acusan…
Claro que los conozco, pero mi lucha es contra la pobreza y contra la exclusión social. No es contra nadie. El día que pusieron la pancarta con la foto del alcalde y la mía a mí no me molestan. Me molesta que digan que hemos traído la basura. La gente no es basura. Nosotros tratamos de ayudar para que no haya una fractura social. La gente no puede pasar hambre.
La acusan de fomentar el efecto llamada. Si los ayuda, vendrán más.
Yo no les contesto. No digo absolutamente nada. Voy a la concentración que se hace en silencio frente al convento. Esa semana Junts presenta su campaña y afirman que Manresa se ha empobrecido con datos que no son reales, que hay más inseguridad, con datos que no son reales, y ponen mi foto durante cinco minutos proclamando que responderé ante la historia por haber provocado el efecto llamada. Me presentan como la culpable de que toda esta gente venga a Manresa. Inicio de la precampaña de Junts. Y sale un economista, que es el organista de la sede, hablando de mí.
Yo les contesto porque me preguntan. No quería enfrentarme a ellos, pero tienes que defender a la gente con la que estás. Y ya no hago nada más. Por tres lados diferentes comienzan a decirme que el líder de Junts quiere hablar conmigo en privado. Hasta que me llaman de la diputación, porque parece que trabaja en la diputación, para decirme que quiere una visita privada. Yo no tengo ningún problema para hablar con todo el mundo, pero les he dicho que no lo recibiré de manera privada hasta que de manera pública pida disculpas. A los inmigrantes, a los voluntarios, a la fundación y a todos los que trabajan por las personas. Una vez que públicamente nos pida disculpas, sobre todo a toda esta gente…
[Ríe]… ya no lo votará nadie.
[Ríe]. No. Lo podremos recibir. Evidentemente, una vez yo he dicho eso, Ramon Bacardit ya no me quiere visitar. Pues, ya está. ¿Yo estoy en contra de él? No. No estoy en contra. Pero si hay una agresión pública, debe haber una disculpa pública. No me sirve de nada que venga a hablar. ¿Por qué quieren hablar en privado? ¿Para que no dispare después…? Yo no dispararé, pero pide disculpas públicamente. Porque los chicos con los que trabajo, que hemos hecho que puedan estudiar, que trabajan, nos dicen que hace quince días que les da miedo salir por la noche, porque ellos son “los moros de mierda”. Eso estaba superado en Manresa. Y a mí me duele porque los conoces, porque te das cuenta de que es gente que lucha, que intenta salir adelante, que hemos hecho proyectos conjuntamente con los Mossos, que ha bajado la delincuencia, que los hemos acompañado a la policía… Hemos intentado transformar los liderazgos negativos que tenían. Que quede claro: la mayor parte de la gente que viene tiene ganas de trabajar.
El otro día vi Cronos, la película sobre el atentado de la Rambla. Los educadores, sus maestros, los mossos d’esquadra locales… Todos se asombran cuando les confirman que los autores de los crímenes son los jóvenes con los que trabajaban…
Si tú los persigues, harás que se escondan. Si tú los acompañas y estás con ellos… Mira, yo creo que hay una realidad evidentísima. La secularización ha entrado también en este mundo. Los chicos magrebíes antes intentaban ir con nosotros a la mezquita porque era el lugar donde se encontraban, la conciencia de pueblo… Ahora ya no. Ahora ya pasan. Aunque el Islam prohíbe las drogas, el alcohol y todo eso, ellos ya han entrado en esa dinámica. Toda la secularización que vive nuestra gente también la viven ellos. Cuando hay integrismo, lo puedes detectar. Si los persigues, no los detectarás, pero si los intentas integrar, podrás detectar muchas más cosas.
¿Qué pasará si PP y VOX ganan las elecciones en España?
Sería un drama. No tienen un proyecto económico, no tienen un proyecto de país. Y hay mucho odio.
Pero entonces, según usted, esto es fuego o brasas. O populismo de Sánchez y las izquierdas o el drama de PP y VOX.
[Sonríe]. Tendremos que hacer una jornada de reflexión. Yo vivía en Argentina. Teníamos a Cristina Kirchner, el kirchnerismo, que hundió el país. Vino el loco de Milei. Te confieso que voté a Milei, porque de alguna manera teníamos que sacar a Cristina. Confieso mi pecado. [Sonríe]. En la puerta del colegio electoral, en Tucumán, al lado de mi madre, que tiene 96 años, me dijeron: “Hermana, si vota a Massa, le damos 5,000 pesos”. Le pregunté a mi madre cuántos euros son 5,000 pesos. Cinco. “Por cinco euros votaré a Milei”. Una barbaridad. Podría no haber votado, pero es que no tenías opción. Teníamos que sacar a los que estaban robando. ¿Cuál es la opción aquí? Aquí tengo claro que no votaría nunca ni al PP ni a VOX. ¿Los otros? Quizás tendré que votar tapándome la nariz. No lo sé. No sé qué haré.
En Cataluña hay otras cartas, más juego…
Seguramente, sí, sí. Creo que ahora toca un momento de reflexión. Y creo también que necesitamos una regeneración total de la clase política.
Mientras la tiene, ahora que Carles Puigdemont parece que puede volver a Cataluña –solo lo parece–, ¿no estaría bien que mantuviera una conversación sobre los valores de Junts?
Deberían empezar a rescatar los valores de Junts. Debemos recuperar el auténtico catalanismo. Debemos liberarnos de los populismos que se han ido sumando. Debemos recuperar la idea que tenía el presidente Pujol en un determinado momento cuando hablaba de integrar a la gente para poder mantener este ascensor social que habíamos conseguido. Después ya miraremos las derivadas de su gobierno por su entorno familiar, pero el modelo de país que él propugnaba y por el que trabajó lo debemos recuperar. Debemos ser sabios y debemos recuperar todo aquello que nos dio una identidad como país. Porque la identidad de Cataluña no es la de un país que tenga odio. Es la capacidad de integración, la capacidad de recuperar el talento y hacer que todos tengan posibilidades. No reconozco la Cataluña de hace unos años con la que tenemos en estos momentos. No la reconozco.

Es una Cataluña distinta. Con tantos millones de inmigrantes es lógico que disminuya la capacidad de integrarlos.
Pero debemos seguir trabajando de manera positiva para que la gente se integre. Yo, por ejemplo, he decidido que en la fundación toda la comunicación se hará en catalán. “No puedes imponerlo”. “Puedo pedirlo. No os cuesta nada. Tenéis el ChatGPT para traducir. Haced este pequeño esfuerzo. Hoy en día es fácil”. Puedo hacerlo porque soy la directora. Mando en pocas cosas [sonríe], pero en esto mandaré. Les pido a toda la gente que han comenzado a trabajar que aprendan el catalán. Están en el Centro de Normalización Lingüística, en varios programas… Y están contentos. Hacemos una integración positiva. Haremos unos cursos de formación laboral. Tres meses antes de comenzarlos haremos clases de catalán. “¿Quieres quedarte en el país? Tendrás gratis la formación, te daremos comida para que puedas dedicarte a estudiar y no tengas que ir a trabajar mientras estudias, pero, a cambio, debes aprender el idioma”.

