El Departamento de Salud es la cartera que concentra gran parte de los recursos de los presupuestos de la Generalitat. Como es habitual, la inversión que la administración catalana destina al sistema sanitario supone casi una tercera parte del total de las cuentas, ampliando cada vez el volumen presupuestario para adaptarse a las necesidades de los profesionales del sector. Este año, de acuerdo con el proyecto presentado por Salvador Illa, que aún debe debatirse y aprobarse en el Parlamento -y, de momento, no cuenta con los apoyos necesarios-, la consejería que dirige Olga Pané recibiría una partida de 13.501 millones de euros, casi un 20% más que la de las últimas cuentas aprobadas, las de 2023. Aunque la cifra es superior año tras año, el porcentaje respecto al conjunto del presupuesto que se destina a Salud ha ido disminuyendo desde la pandemia de la Covid.
La partida destinada a la consejería de Olga Pané del proyecto de cuentas para este 2026 supone un 27,46% del conjunto del presupuesto catalán y se traduce en 13.501 millones de euros. A pesar de que desde Salud defienden que se trata de una cifra «histórica», tal como afirmó la consejera en comisión parlamentaria, el porcentaje del gasto presupuestado para el sistema sanitario es el más bajo de los últimos años, especialmente desde la pandemia de la Covid. En concreto, en las cuentas de 2020, presentadas por el entonces presidente Quim Torra, se destinaba a la partida de Salud el 30,1% del conjunto de las cuentas de la Generalitat, de 32.521 millones. Desde la pandemia, pues, el porcentaje destinado al sistema sanitario público habría disminuido más de dos puntos porcentuales si se aprobasen en el Parlamento las cuentas que defiende el Gobierno.

Una tendencia a la baja
Todos los presupuestos catalanes presentados y aprobados en la última década tienen un elemento común: Salud es el área a la que más dinero se destina. Sin embargo, en los últimos diez años, el volumen porcentual destinado al sistema sanitario ha ido disminuyendo. Los presupuestos de 2017, del gobierno del presidente ahora en el exilio, Carles Puigdemont, fijaban un marco general de gasto de 28.835 millones de euros. En aquellas cuentas, la partida destinada a Salud era de 8.806 millones de euros. Es decir, el presupuesto sanitario suponía el 30,54% del total de las cuentas. En 2018, Cataluña no tuvo nuevos presupuestos. A raíz del 1-O, la Generalitat estuvo intervenida por el Estado español, a través del artículo 155 de la Constitución, hasta el 2 de junio, cuando tomó posesión Torra, y en ese momento el año ya estaba demasiado avanzado. En 2019, Torra tampoco presentó ningún proyecto de cuentas por falta de mayoría clara, motivo por el cual Cataluña continuó funcionando con los presupuestos de 2017 prorrogados. En 2020, el expresidente Torra sí consiguió sacar adelante las cuentas, las cuales destinaban poco más del 30% a Salud. Fue justo antes del estallido de la Covid.
En septiembre de 2020, el Tribunal Supremo inhabilitó al expresidente Quim Torra acusado de un delito de desobediencia y puso al entonces vicepresidente, Pere Aragonès, como presidente en funciones. El terremoto político que supuso la inhabilitación de Torra impidió al ejecutivo catalán presentar ningún proyecto de presupuestos para 2021 y se prorrogaron los del año anterior. En 2022, ya con Aragonès como jefe del Gobierno, la administración catalana sí consiguió aprobar nuevas cuentas. El proyecto dotaba a la Generalitat con un presupuesto total de 38.139 millones de euros, de los cuales 11.244 millones correspondían a Salud. Es decir, el 29,48% del conjunto de las cuentas. En 2023, el ejecutivo de Aragonès también sacó adelante presupuestos, los cuales ascendían a 41.025 millones de euros. De este total, la partida destinada a Salud era del 28,5%, con una inversión para el sistema sanitario de 11.708 millones. En cuestión de cinco años, gobiernos de Junts y Esquerra fueron reduciendo el porcentaje que se destinaba a Salud respecto al conjunto de los presupuestos. Ahora, con el PSC al frente de Palau, la situación tampoco cambiaría si sacan adelante los números presentados.

Más gasto sanitario que presupuesto previsto
Ahora bien, otro de los factores comunes relacionados con las cuentas de Salud de los últimos años, independientemente del color del gobierno, es que el gasto real del sistema sanitario ha sido superior a la partida presupuestaria prevista. De acuerdo con las cifras publicadas por la administración catalana, el gasto para la sanidad pública que se registró en 2017 fue de 11.051 millones de euros, 2.245 millones de euros más que los presupuestos previstos para esta área de los servicios del país. Esta misma relación porcentual se ha ido repitiendo cada año, situando la diferencia entre el gasto real y las partidas previstas por encima de los tres millones de euros. De hecho, en algunos casos, incluso, como en 2020, 2021 y 2022 -a causa de la pandemia-, la diferencia se situó por encima de los cuatro millones de euros. El año 2021, teniendo en cuenta que los presupuestos estaban prorrogados del año anterior, esta distancia se acentuó más, pero con las siguientes cuentas, de 2022, la diferencia se acortó mínimamente.
Ahora, los presupuestos presentados por Salvador Illa vuelven a perpetuar esta dinámica. La partida que tendrá la consejería de Salud en caso de superar el filtro parlamentario será de 13.501 millones de euros. El gasto sanitario ejecutado de los últimos años, sin embargo, se sitúa por encima de los 16.000 millones, lo que evidencia que los recursos previstos por la Generalitat no son suficientes para hacer frente a las complejidades del sistema. En este sentido, desde Metges de Catalunya, alertan que el presupuesto de Salud «continúa instalado en el autoengaño»: «El Gobierno puede hacerse trampas al solitario, pero no hay ingeniería contable que oculte esta realidad«, argumentan desde el sindicato médico mayoritario del país, que aseguran que el gasto «real» de la sanidad pública acabará superando los 17.000 millones, muy por encima del presupuesto previsto. Aun así, Metges de Catalunya considera que volver a prorrogar las cuentas -como ocurrirá si no cuentan con los apoyos de la cámara- sería «el peor de los escenarios»: «Es preferible un nuevo presupuesto, aunque sea del todo insuficiente, que mantener las cuentas de 2023», sostienen. Sea como sea, con unas nuevas cuentas aprobadas o no, los responsables del Gobierno han ido recortando el porcentaje que se destina a Salud dentro del conjunto de los presupuestos del país. Una tendencia a la baja que no permite paliar las carencias enquistadas en el sector.

