Los trabajadores y trabajadoras de Aticco han emitido este lunes un comunicado que presentan como conjunto para dar su versión sobre el despido de una compañera, trabajadora de la empresa de oficinas y espacios de coworking por hablar en catalán en su lugar de trabajo, en Barcelona –como queda recogido en la carta de despido que hizo pública Plataforma per la Llengua, que ha denunciado el caso ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social (ITSS). La plantilla defiende la compañía y asegura que el relato de la trabajadora afectada que se ha difundido no corresponde con la realidad que se vive en la empresa. Estos trabajadores niegan que haya ningún veto a la lengua catalana en la compañía. «No es lo mismo prohibir el catalán que pedir hablar una lengua que todos entendamos», argumentan después de que el Gobierno haya activado la Oficina de Protección de los Derechos Lingüísticos para estudiar el caso.
El texto, firmado de manera conjunta por cerca de cuarenta empleados, expone que algunos fragmentos de la carta de despido pueden haber dado lugar a «interpretaciones equivocadas». A pesar de la defensa de los trabajadores, los dos primeros puntos de la carta de despido son reproches vinculados al uso del catalán. Entre los motivos del despido, Aticco alegó que la trabajadora había iniciado conversaciones en catalán ante técnicos, compañeros o clientes y que, en varias ocasiones, se le había tenido que pedir que cambiara al castellano aunque el interlocutor la hubiera entendido en catalán. También le reprochó haber respondido en catalán a una persona que se había dirigido a ella en castellano y haber mantenido el catalán como lengua principal en determinadas comunicaciones profesionales. Sin embargo, se muestran tajantes a la hora de defender la gestión lingüística interna: «En Aticco nadie ha prohibido nunca hablar en catalán».
Según exponen los empleados, el catalán es la lengua que utilizan «de manera natural» en su día a día, siempre que todos los interlocutores la conozcan. El comunicado aclara que el cambio de lengua se produce únicamente cuando hay algún compañero o cliente que no comprende el catalán, una práctica que definen como una cuestión de educación, de respeto y de sentido común». «No es lo mismo prohibir el catalán que pedir hablar una lengua que todos entendamos. Creemos que mezclar estas dos cosas solo contribuye a generar una polémica que no refleja la realidad», sentencian.

Lo reducen a un «conflicto laboral individual»
La plantilla de la empresa —que tiene centros en Barcelona, Valencia, Madrid y Lisboa— reivindica la diversidad geográfica y cultural del equipo como una de sus grandes «fortalezas» y no como un conflicto. Por este motivo, los trabajadores lamentan que lo que consideran un «conflicto laboral individual» esté dañando la imagen de la empresa y del conjunto de profesionales que trabajan allí. «No nos sentimos identificados con el relato que se ha difundido estos días», sentencian. El comunicado cierra reafirmando el compromiso de los empleados con el uso de la lengua propia: «Hablamos el catalán cada día y continuaremos haciéndolo», defendiendo que «hablar una lengua que todos entiendan cuando sea necesario es una muestra de respeto, no un ataque al catalán».

