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El análisis de la salud del catalán en la Franja de Poniente requiere una mirada renovada que supere los esquemas tradicionales. Históricamente, los estudios sociolingüísticos tendían a dividir la población entre hablantes de un idioma u otro o a medir únicamente si el catalán se mantenía como lengua predominante de padres a hijos. Sin embargo, una investigación del sociolingüista y profesor de la Universidad de Zaragoza, Natxo Sorolla, publicada en la revista Verbum et Lingua con el título «La transmisión intergeneracional del catalán en la Franja no es estable», centra el foco en un elemento clave: cómo los usos bilingües enmascaran un proceso de sustitución lingüística en marcha. «La situación de minoración que tiene la lengua desde hace siglos está ahora desencadenando todo este proceso de sustitución que hasta ahora no habíamos visto y que en los años 90, por ejemplo, no se observaba», expone Sorolla en declaraciones a El Món.

Para evaluar el relevo generacional, la sociolingüística ha utilizado tradicionalmente el ITIC. Este indicador clásico se fija solo en la transmisión predominante de la lengua: si unos padres hablaban principalmente catalán y sus hijos lo continúan hablando como opción mayoritaria, el balance se considera positivo. Según el ITIC, la transmisión del catalán en la Franja se mantenía en términos ligeramente positivos tanto en la encuesta de 2004 como en la de 2014, transmitiendo una imagen de estabilidad. No obstante, Sorolla propone el ITIG, una herramienta que analiza el conjunto de las dinámicas sociolingüísticas. Además del uso predominante, el ITIG incorpora el peso de los desplazamientos hacia usos bilingües y el incremento del uso predominante del castellano u otros idiomas. Y el resultado de esta nueva medida es alarmante: entre 2004 y 2014, el índice global de transmisión lingüística (ITIG) en la Franja se dio la vuelta al caer de +2,2 a -0,4 puntos, entrando formalmente en terreno negativo. «Marca también un proceso de ruptura de la transmisión intergeneracional», concluye el estudio.

“La diferencia más importante es tener en cuenta los usos bilingües. Parte de los catalanohablantes pueden pasar a hacer usos bilingües –lo cual no es una pérdida total– y, a la vez, parte de los usuarios del castellano u otros idiomas también pueden pasar a hacer usos bilingües”, explica Natxo Sorolla a este diario. El problema es que, en un contexto asimétrico, el bilingüismo suele ser el paso previo a la adopción definitiva del castellano: «Los usos bilingües son relevantes y muy significativos en sociedades como en los territorios de lengua catalana». Con todo, Sorolla añade que «los usos bilingües en la Franja acaban siendo un paso hacia la incorporación del castellano de una forma mucho más relevante o la desaparición del catalán como lengua de uso habitual, especialmente en la población más joven».

Fotografía de archivo de una pintada a favor del catalán en la Franja / ACN

Una Franja desigual: el colapso de la mitad Norte

Los resultados del estudio muestran que la sustitución lingüística no avanza al mismo ritmo en todo el territorio franjatí, sino que muestra una ruptura acelerada en la mitad norte. «Al norte de la Franja, en la Ribagorza o la Litera, los datos nos indican que el proceso de sustitución se ha iniciado antes o es más claro», apunta el sociolingüista.

  • La Ribagorza: Esta comarca presenta los indicadores más críticos de toda la Franja, siendo la única comarca donde el índice clásico ya es claramente negativo: el ITIC se sitúa en el -3,1. La presencia del catalán predominante retrocede de manera directa entre generaciones, pasando del 48,8% en los progenitores al 45,7% en los hijos. Cuando se analiza el índice global (ITIG), la cifra se hunde hasta los -4,6 puntos, reflejando un aumento del castellano de padres a hijos: del 24,2% al 30,2%. Además, registra una de las tasas de combinación o bilingüismo más altas entre la juventud (8,3%), confirmando que el proceso de sustitución lingüística está especialmente avanzado allí.
  • La Litera: Esta comarca es el caso más evidente de cómo el índice tradicional puede distorsionar la realidad sobre el uso del catalán. Si solo se tiene en cuenta el ITIC, la comarca presenta un resultado muy positivo. +3,4, ya que el catalán predominante crece del 47,6% en los progenitores al 51% en los hijos. Sin embargo, cuando se aplica el índice global ITIG, el balance se vuelve negativo, -0,8. El motivo de esta divergencia es que el castellano como lengua habitual experimenta un aumento muy fuerte de una generación a otra, pasando del 33,2% de los padres al 40,4% de los hijos. Esto está impulsado por el fuerte descenso de los usos bilingües/ combinados –que caen del 8,8% al 3,7%– y de la categoría de otros idiomas.
  • Matarranya: Es la comarca con el porcentaje más elevado de catalanohablantes, donde un 71,4% de los hijos mantiene el catalán como lengua predominante, prácticamente la misma cifra que sus progenitores (71,5), manteniendo el ITIC prácticamente neutro (-0,1). Sin embargo, el índice global ITIG cae hasta los -1,7 puntos. Esta diferencia se debe al fuerte crecimiento del castellano como lengua habitual entre los jóvenes, que casi se duplica en una sola generación al pasar del 13,9% de los padres al 25,2% de los hijos, alimentado por la pérdida de presencia de otros idiomas y un descenso del bilingüismo.
  • El Bajo Cinca: Es la única comarca de la Franja donde ambos indicadores se mantienen en valores positivos –ITIC de 0,9 e ITIG de 1,4–. El catalán como lengua habitual experimenta un ligero incremento entre generaciones, pasando del 44,6% en los padres al 45,5% en los hijos. Asimismo, el uso del castellano se mantiene muy estable –34,4% en progenitores y 33,8% en hijos–, al igual que la presencia de otros idiomas –18%–, lo que hace que el balance global de transmisión sea favorable en este territorio.
Diferencias entre el ITIC y el ITIG del estudio / Natxo Sorolla

El efecto red entre los jóvenes: del hogar al grupo de amigos

Uno de los factores que explican esta pérdida de peso de la lengua catalana en la Franja es la ruptura que se produce cuando los jóvenes salen del ámbito familiar. Aunque en el hogar se mantenga la transmisión generacional, la composición de las redes sociales fuera de casa empuja a la juventud hacia el castellano. “En la Franja, los usos bilingües familiares acaban provocando que los hijos utilicen mucho más el castellano que el catalán”, señala Sorolla. El sociolingüista detalla cómo, incluso cuando dos jóvenes tienen el catalán como lengua familiar, la proporción de hablantes de su grupo condiciona el idioma que usan entre ellos: «Entre dos personas que tienen el catalán como lengua familiar, uno de los indicadores que apunta si utilizarán el catalán o no es si tienen muchas interacciones con otros compañeros con quienes comparten esta lengua minorizada. Si esta proporción es reducida, acaban usando el castellano entre ellos aunque ambos hablen catalán con los progenitores». De esta manera, Sorolla señala que muchos jóvenes desarrollan «roles de hablantes castellanohablantes fuera de casa y acaban hablando castellano, y se presentan como castellanohablantes, con amigos que también son catalanohablantes familiares, pero que entre ellos hablan castellano».

Los glotónimos y la percepción de una lengua que genera conflicto

Finalmente, el estudio de Sorolla enfatiza que la sustitución no es solo un hecho demográfico o de elección individual, sino que está condicionada por el entorno social y simbólico. Fenómenos como la glotofobia –la discriminación hacia una persona debido a su manera de hablar, su acento o su variedad lingüística– con la promoción de denominaciones como xapurriau sirven para fragmentar el dominio lingüístico generan la sensación de que el catalán es una lengua conflictiva. “El hecho de utilizar nombres peyorativos como ‘xaporriau’ o usar nombres locales como diferentes de cualquier cosa más extensa es un síntoma del mismo proceso de minorización y sustitución de la lengua”, expone Sorolla. Este clima hace que muchos hablantes opten por el abandono de la lengua para evitar tensiones: “Todo este debate sobre los nombres de la lengua hace que los hablantes acaben considerando que la lengua es conflictiva. Esto puede facilitar o favorecer el proceso de dejar de transmitir la lengua a los hijos o que los hijos consideren que el uso de la lengua minorizada es conflictivo y utilicen una lengua, que es el castellano.”

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