El 2026 es un año clave para la consejera de Educación y Formación Profesional, Esther Niubó. Este año, el próximo mes de diciembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicará los resultados de la última edición de las pruebas PISA (Programme for International Student). Las PISA son un termómetro del nivel del sistema educativo, pero también del trabajo realizado por la consejería, ya que los malos resultados de las últimas provocaron un fuerte terremoto interno en el departamento que terminó con la destitución del entonces presidente del Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo de Cataluña (CSASE), Carles Vega. Cuatro años después de las últimas pruebas PISA -se publicaron en diciembre de 2023, pero se habían realizado en 2022-, Cataluña vuelve a enfrentarse a estas evaluaciones internacionales con la esperanza de mejorar, aunque sea un poco, los resultados anteriores.
La responsable de la cartera de Educación indicó en una entrevista en TV3 en septiembre, pocos días antes de comenzar el curso, que confiaba en que las pruebas PISA de este año indicarán un cambio de tendencia, pero recordaba que las evaluaciones se habían realizado durante el curso pasado, cuando hacía «pocos meses» que ella había llegado al cargo. Es decir, la consejera ya dejaba entrever que los resultados de las evaluaciones de este año de la OCDE no se le podrán atribuir y que no cree que haya grandes cambios respecto a los últimos, y lo atribuía al hecho de que no había tenido suficiente tiempo para comenzar a desplegar sus políticas. Docentes consultados por El Món también coinciden en decir que las PISA de este año no mejorarán mucho: «Volveremos a salir muy mal parados, porque el sistema educativo está pensado para maquillar el fracaso escolar», exclama con contundencia el portavoz de la Intersindical, Marc Martorell, que cree que las políticas impulsadas por el Gobierno son insuficientes.
Por su parte, la portavoz nacional de USTEC, Iolanda Segura, asegura que los resultados educativos no mejorarán hasta que no se arreglen las condiciones laborales de todos los profesionales del sector de la enseñanza. La portavoz del sindicato mayoritario se refiere al aumento del 25% del sueldo que exigen como compensación por el poder adquisitivo perdido; la reducción de las ratios, una reclamación persistente entre la comunidad educativa, y a la disminución de la burocracia. «Eso es lo que realmente mejorará los resultados», argumenta Segura. Ambos portavoces sindicales recuerdan que los docentes volverán a salir a la calle el próximo 24 de enero en una manifestación que abrirá un nuevo ciclo de huelgas. La primera huelga será el 11 de febrero, y desde el sindicato mayoritario aseguran que no será la única huelga del nuevo año.

Los resultados de las últimas pruebas PISA
Los resultados de las últimas pruebas PISA evidenciaron la mala salud del sistema educativo catalán, sobre todo en el ámbito de lectura, el aspecto donde más cayeron las puntuaciones en comparación con años anteriores. Aunque las pruebas analizan principalmente las matemáticas, en lectura Cataluña solo está por encima de Andalucía, Melilla y Ceuta y es la comunidad que más había empeorado en una década (-38 puntos) seguida del País Vasco y Navarra (-32 y -31 puntos). En cuanto a las matemáticas, el ámbito donde ponen más el foco estas pruebas, Cataluña cayó 24 puntos entre el 2012 y el 2022, mientras el descenso en el estado español fue mucho menor de media, 11 puntos. A pesar de los malos resultados en matemáticas, el ámbito que más empeoró es la lectura. De acuerdo con los últimos datos, Cataluña, con 462 puntos en este campo, tiene un nivel más bajo que la media española (474 puntos) y que el conjunto de la OCDE (476). Solo hay tres lugares en el estado español con peores resultados que los catalanes: Andalucía, Melilla y Ceuta.
Desde la publicación de estos resultados, que supusieron un revés para los responsables del sistema educativo catalán, la consejería de Educación ha comenzado a tomar medidas para intentar revertir la tendencia. La principal política implantada por la entonces consejera, Anna Simó, heredada por la actual titular de la cartera, es el programa Florence. Está pensado para paliar las carencias a través de la enseñanza interactiva y con un incremento de horas lectivas de matemáticas en los centros que tienen “más margen de mejora”. En marcha desde el curso pasado, el programa Florence no ha sido lo que se esperaba: «Solo les sirve para decir que han hecho algo», ironiza Marc Martorell, que cree que faltan recursos económicos en este tipo de políticas. En este sentido, Iolanda Segura también señala que la manera de mejorar los resultados académicos es invertir más en enseñanza: «No es un gasto, es una inversión», exclama.
Otra de las «malas» políticas de Niubó a las que hacen referencia los docentes consultados es la fusión de materias científicas en el bachillerato. Aunque es una crisis que lleva un año arrastrándose, el 23 de diciembre de este año, aprovechando que era el día en que maestros y profesores comenzaban las vacaciones de Navidad, la consejería de Educación anunció la modificación del decreto de bachillerato, que fusiona las ciencias del primer curso. El departamento insiste en que los cambios son necesarios para adaptarse a la normativa estatal y se comenzarán a aplicar el curso próximo: «Con la fusión de ciencias en bachillerato se produce una gran pérdida de calidad», asevera la portavoz del sindicato mayoritario. Un planteamiento compartido por el portavoz de la Intersindical, que cree que los cambios en la secundaria postobligatoria «atacan las ciencias y las humanidades», lo que augura un «futuro aterrador».

La guerra sindical contra Niubó
Los sindicatos del sector coinciden en que, independientemente de los planes que impulse el Gobierno para paliar los malos resultados, la mejor manera de cambiar la tendencia es atacar el problema de raíz mejorando las condiciones laborales de los maestros, profesores y el resto de profesionales del sistema educativo. Es por este motivo que las organizaciones sindicales del sector han unido fuerzas contra la administración catalana y han organizado diversas protestas. La primera muestra de fuerza se produjo hace un mes y medio, el 15 de noviembre, con una manifestación masiva que reunió a más de 30,000 personas -según los organizadores, 8,000 según la Guardia Urbana- en el centro de Barcelona. La protesta ha abierto una guerra sindical contra Niubó.
Después de un breve período de negociaciones, el cual aún no ha terminado, los sindicatos ya han anunciado nuevos embates contra la administración catalana. La primera protesta, prevista para el día 24, servirá de termómetro para calibrar las siguientes acciones. El 11 de febrero, los docentes volverán a presionar a la consejería con una primera jornada de huelga que abrirá un ciclo de movilizaciones. El sindicato mayoritario, según Iolanda Segura, tiene la intención de consultar a todos los docentes qué tipo de acciones quieren realizar y cuándo se quieren ejecutar para asegurar el éxito: «Si la gente no participa en la consulta, tal vez tampoco lo haría de las protestas. Esto nos podría hacer dudar», admite la portavoz de Ustec. Sea como sea, los sindicatos mantienen el pulso con el Gobierno y están dispuestos a endurecerlo si la consejería no responde.

