La inversión educativa de Cataluña se ha estancado por debajo de la media estatal y sigue en la parte baja del ranking europeo. Según las últimas cifras, del año 2024, el porcentaje de gasto respecto al PIB es del 3,8%, lejos del 4,5% de la media estatal y muy por debajo del umbral del 6% que marca la ley de educación catalana (LEC). Cataluña también ve lejos el 5% que suele marcar la media europea, que en 25 años no ha caído nunca por debajo del 4,7%. Este infrafinanciamiento ha generado un impacto en las aulas y ha acabado con la paciencia de los docentes, que este curso han protestado contra la pérdida de poder adquisitivo del personal y ahora se enfocan en revertir las carencias estructurales del sistema.
Si se examina país por país, Cataluña se sitúa a la cola de Europa en inversión educativa. Según los datos del 2023 –los últimos disponibles– del portal estadístico oficial de la Unión Europea, Eurostat, solo cuatro países invirtieron menos que Cataluña (4,1% en 2023): Irlanda (2,8%), Rumanía (3,3%), Italia (3,9%) y Grecia (4,0%). Todos lejos de la élite educativa europea, como Suecia (7,2%) o Finlandia (6,3%), y a cierta distancia de países vecinos como Francia (5%). El catedrático de políticas educativas de la Universidad Pompeu Fabra Francesc Padró advierte que este indicador tiene un punto de “superficialidad”, porque depende del nivel de riqueza de cada país, pero reconoce que es un índice común en occidente. La UNESCO recomienda una inversión educativa de entre el 4% y el 6% del PIB de cada país.
Padró, que también ha dirigido el anuario de equitat.org, destaca que el infrafinanciamiento “casi estructural” del sistema catalán se arraigó aún más durante la crisis económica. Cataluña había elevado progresivamente el gasto sobre el PIB hasta el 4,3% en 2010, pero los recortes posteriores redujeron la cifra siempre entre el 3,6 y el 3,7%. En este sentido, el repunte de los últimos años, que ha llegado a igualar las mejores cifras en dos ocasiones, es insuficiente para revertir el déficit de la década anterior.

¿Llegar al 6%, un objetivo utópico?
La comunidad educativa pide esfuerzos a la administración para elevar la cifra actual, en parte para revertir los recortes, pero también para equiparar el sistema catalán al de otros países homologables. Pero Padró lo ve difícil porque Cataluña es “deficitaria”. “Si nos comparamos, por ejemplo, con el País Vasco, salimos mal parados, porque ellos están muy por encima”, sitúa como ejemplo. Los últimos cuatro años (2021-2024), la inversión vasca en educación ha estado siempre entre el 5,3 y el 5,7% del PIB, según los datos del instituto de estadística vasco. El experto lo vincula al “tratamiento fiscal diferente” que tiene esta comunidad.
Llegar al 6% de inversión que marca la ley catalana implicaría, a efectos prácticos, duplicar el número de recursos actuales. Se trata de un objetivo optimista teniendo en cuenta que el 65% del presupuesto actual de Educación se debe destinar a salarios y que un 29% es para efectuar transferencias corrientes (becas, subvenciones y conciertos, principalmente). Solo un 3% se destina a nuevas inversiones. “Para llegar al famoso 6% de forma inmediata tendríamos que cerrar algún otro departamento”, sentencia Padró. “Y como eso no va a pasar, hay que pedir que el objetivo sea estar cada vez más cerca”, concluye.
Es también lo que piden los sindicatos. A inicios de la década actual, la USTEC, principal organización en la escuela pública, ya pedía “aproximarse” al objetivo, fijando en 15.000 millones de euros el presupuesto que debería tener la cartera de Educación para llegar al famoso 6%. El presupuesto actual –el más alto de los últimos años– destina unos 8.300 millones. Los expertos recuerdan a su vez que la inflación rebaja las expectativas de crecimiento. Según el anuario de equitat.org, aunque la inversión global en educación ha crecido un 33% en diez años, el impacto de la inflación ha reducido el efecto al 11%. En otras palabras: la Generalitat solo invierte en educación un euro extra por cada diez que invertía hace una década.
Crecen las necesidades educativas por razones socioeconómicas
El déficit de inversión coincide con un incremento de las necesidades educativas de los alumnos. Así lo indicaban los docentes durante sus protestas, antes y sobre todo después de rechazar el segundo acuerdo del departamento con los sindicatos el pasado marzo. “El colectivo nos dice que no es solo una cuestión de salarios”, ha admitido la USTEC, que se ha desmarcado finalmente del preacuerdo que firmó con Educación. Se calcula que alrededor del 30% de los estudiantes catalanes tienen algún tipo de necesidad educativa y que un 36% vive directamente en riesgo de pobreza o exclusión social. Y a pesar de que el número de alumnos ha caído, el porcentaje que necesita apoyo se ha disparado un 130%.

El anuario de la antigua Fundación Bofill desgrana estos datos a partir de los registros de la Generalitat. Los alumnos con necesidades especiales en la educación primaria han pasado del 8% en 2021 al 34% en 2026; en la secundaria el salto es del 6,8% al 29,3%. El incremento también es notable si se mira solo el número de alumnos con dificultades socioeconómicas graves, llegando a ser el 5,3% del total de primaria y el 6,6% de secundaria.
En Europa, según datos de la Agencia Europea sobre la educación inclusiva, los porcentajes medios son mucho más bajos, de un 5,35% en primaria y 6,37% en secundaria. Ahora bien, son cifras poco comparables porque Europa no tiene en cuenta la realidad socioeconómica sino exclusivamente casos de diagnóstico pedagógico graves. En cambio, el informe PISA –ahora en el centro de la polémica por los errores que han invalidado los resultados catalanes de la última edición– sí permite hacer una comparación aproximada entre regiones.
El estudio de la OCDE analiza las diferencias a partir de un indicador propio en el que la media socioeconómica es igual a cero. A partir de aquí, los estudiantes escolarizados en los países nórdicos están 30 y 40 puntos por encima y otros como Alemania, Canadá o los Estados Unidos se sitúan 15 o 25 puntos por delante. Por el contrario, Italia (20 puntos por debajo de la media), Turquía (-40) o países latinoamericanos como Perú o Tailandia (-80 y -120) están a la cola.
El nivel socioeconómico de los alumnos catalanes se sitúa, según el informe PISA, bien cerca de la media global (solo dos puntos por debajo), pero es inferior al de los alumnos de Madrid (más de 25 puntos de diferencia) o el País Vasco (+18 puntos). Tres modelos tanto desiguales como diferentes: Madrid solo invierte un 2,9% de su PIB en educación y el País Vasco cerca de un 5,5%. Cataluña, con un 3,8%, está justo en el medio.

