La jornada 24 del juicio contra los Pujol Ferrusola se puede describir con dos adjetivos: vespertina y monotemática. No se ha celebrado sesión por la mañana, sino que se ha trasladado todo a la tarde porque los testigos se encontraban en México, y el huso horario obligaba a cambiar la costumbre de la Audiencia Nacional de celebrar las sesiones por la mañana. Y, en segundo término, los testigos estaban implicados en uno de los negocios que más desconciertan a las acusaciones: la operación Azul de Cortés. Es decir, un gran proyecto urbanístico en una zona turística de México.
La venta del proyecto a Isolux supuso un buen pellizco para los primeros inversores que proyectaron el resort turístico, entre los que se contaban Luis Delso, José Gomis y Julio Bonis además del hijo mayor del expresidente que pudo cobrar 14.801.380 euros, cinco veces más de lo que había invertido. De hecho, las defensas ya iban tranquilas porque hasta ahora, testigos como Bonis o Gomis habían dejado claro y con todo tipo de detalles la existencia del proyecto. De hecho, la sesión de esta tarde ha sido como volver a escuchar la ranchera que expresaron las primeras jornadas de la vista oral sobre la virtualidad o realidad de Azul de Cortés.

Una carretera en Baja California
La tesis de las acusaciones es que el proyecto era una tapadera para cobrar comisiones de supuestas adjudicaciones de las administraciones catalanas a Isolux. Pero, hasta ahora, la documentación aportada de los diferentes contratos, del proyecto, del movimiento inversor y las pacíficas declaraciones de los testigos implicados defienden la existencia del proyecto y sorprenden reconociendo el buen negocio que supuso. Incluso, uno de los participantes, que era un representante de Isolux en México, le permitieron participar en el proyecto porque se necesitaba un ciudadano con residencia mexicana para poder formalizar la sociedad inversora y no se podía dejar perder la oportunidad.
En concreto, Enrique Vargas Tavernero, un mexicano de origen andaluz, que esta tarde ha repasado con generosidad el proyecto. Incluso, los detalles de cómo pudieron encontrar la oportunidad de intentar un gran proyecto turístico en Baja California. Según ha detallado, fue Jordi Pujol Ferrusola quien encontró la ocasión y aprovecharon para visitar la zona cuando el gobernador de Baja California les encargó presentar un presupuesto sobre la construcción de una carretera y el desarrollo de una línea de suministro eléctrico a San Felipe.
La posibilidad de diseñar un proyecto de zona turística supuso la constitución de una sociedad mexicana y a través de una sociedad domiciliada en España, así como contratos de fideicomiso, contratos puente, y transferencias internacionales, para buscar más inversores siguiendo la ley mercantil mexicana. Vargas ha descrito cómo se constituyeron las sociedades y cómo se tramitaron las licencias urbanísticas, incluso, ha recordado que se comprometieron a salvar una plantación de cactus que estaban protegidos por la legislación medioambiental.
Como el inspector de la UDEF
En la misma línea, ha testificado el otro de los residentes mexicanos, Víctor Álvarez, encargado de buena parte de la logística del diseño del proyecto. Azul de Cortés, pues, fue una realidad donde, precisamente, se ganaron dinero. Los testigos han sido tan claros que incluso, el presidente del Tribunal José Ricardo de Prada, les ha reprendido con tacto apuntando que se habían hecho preguntas inducidas. Los abogados, audaces, han replicado con un punto de humor y mala leche: «Hemos hecho como el fiscal con el inspector de la UDEF, 89140».
Un torpedo en la línea de flotación de la acusación y una respuesta que no esperaba el tribunal que ha entendido la profunda ironía. La referencia clara a las formas de interrogar con guión que el ministerio fiscal utilizó para la testifical del policía coordinador de la investigación judicial. Una testifical que después desmenuzaron las defensas, siguiendo las respuestas al guión que había preparado, el mismo fiscal.

