Dinamarca llega a las elecciones generales de este martes con las aspiraciones expansionistas de Trump sobre Groenlandia de fondo, un motivo que ha llevado a la primera ministra, Mette Frederiksen, a convocar elecciones anticipadas. La dirigente danesa llega reforzada por este hecho y con los índices de popularidad elevados, a pesar de que hace cuatro meses el partido de centroizquierda sufrió un tropiezo en las elecciones municipales, donde incluso perdieron el control político de Copenhague por primera vez en más de un siglo.
Frederiksen ha centrado su campaña en la identidad del territorio y ahora las encuestas le son favorables, con un promedio de intención de voto del 21%. Estas cifras significan tres puntos más que a finales de 2025 y diez más que su rival, el Partido Liberal (Venstre) del viceprimer ministro, Troels Lund Poulsen. El Folketing, el parlamento danés, demanda 90 escaños para alcanzar la mayoría absoluta. Según datos de la encuestadora YouGov, y recogidos por Europa Press, Frederiksen podría formar una nueva coalición progresista, de 85 escaños, con el Partido Social Liberal (Radikale Venstre), el socialdemócrata-verde Izquierda Verde, los ecosocialistas de la Alianza Rojo-Verde y el partido europeísta Alternativa.
Aunque la crisis groenlandesa ha movilizado a los electores, Frederiksen ha perdido intención de voto: el 21% que tiene ahora representa una bajada de siete puntos respecto a los últimos comicios, celebrados en 2022. Aunque las encuestas no lo presentan como probable, no es descartable una coalición de derechas, formada por el Partido Liberal (Venstre), la Alianza Liberal y los Conservadores, pero necesitarían el apoyo de dos partidos minoritarios más. Este bloque conservador obtendría 80 escaños, pero dado que se disputan diez escaños que pertenecen a partidos bisagra, incluso un solo diputado groenlandés podría inclinar la balanza en eventuales negociaciones de coalición.
Frederiksen, junto con otros líderes como Pedro Sánchez, es una de las dirigentes de la izquierda más longevas en su cargo en Europa. El lema «no está en venta», en referencia a las intenciones expansionistas de Trump con Groenlandia, ha sido una de las declaraciones más repetidas durante la crisis, tanto que ha terminado consolidándose como un lema de precampaña. Además, el gobierno danés ha impulsado un impuesto sobre el patrimonio del 0,5% para financiar la enseñanza y reducir las ratios en las aulas, aunque ha mantenido su política antiinmigratoria.
Los candidatos menores que pueden trastocar el tablero de juego
En Groenlandia, están en juego dos escaños para el Parlamento de Dinamarca. Uno de los aliados del presidente estadounidense, el partido opositor Naleraq, tiene como objetivo principal la independencia del territorio autónomo respecto del Reino de Dinamarca. Otras de sus exigencias son la renegociación del acuerdo en defensa de 1951 entre Estados Unidos y Dinamarca, que excluye la participación de Groenlandia. En la actualidad, esta isla tiene autonomía para gestionar asuntos que afectan a los cerca de 57,000 habitantes, pero otros ámbitos, como los asuntos exteriores o la defensa, sí son competencia exclusiva de Copenhague.
Demokraatit, el partido conservador en Groenlandia, podría ganar uno de los dos escaños por primera vez, una situación que debilitaría a Frederiksen en el hipotético caso de que apoyaran a los opositores de la dirigente socialdemócrata. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, se ha reunido con Troels Lund Poulsen y Alex Vanopslagh, casualmente los dos líderes de centroderecha que quieren acabar con la hegemonía de Frederiksen.
Los partidos de la isla, en términos generales, apuestan por preservar la integridad de su territorio frente a Estados Unidos. Esta posición groenlandesa se ve reflejada, por ejemplo, en la creación de una «fuerza de vigilancia de la costa» integrada por pescadores y cazadores de la zona, con la seguridad siempre presente ante las futuras amenazas.


