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Moisès Vizcaíno es pequeño. De una pequeñez inquieta y cargada de coraje. Hace años que edita el diario digital La Veu del País Valencià y ha visto de todo. Incluso lo más amargo. Coraje es exactamente lo que se necesita para liderar en ese sur a menudo tan salvaje un grupo que hace información en catalán y que reivindica un país libre y soberano. La Veu llegó a cerrar tras haberse vinculado a un “pacto de confluencia” con Compromís cuando gobernaba con el PSPV-PSOE. Un acuerdo que la coalición valencianista incumplió. Los dirigentes de Compromís exigieron en aquella “confluencia” que La Veu dejara de llamarse del País Valencià.

Vizcaíno delata una cierta ingenuidad que, a base de realidades, ha ido diluyendo. Habla con una claridad sincera que más al norte puede no ser entendida. Lo explica todo porque cree que puede justificarlo todo. Después del gran sismo, La Veu recuperó el apellido toponímico, tan digno, y ahora respira fuerte. Ya no vive de ninguna “confluencia”, sino de mil “hermanados” –mil suscriptores– que le hacen más fácil la vida digital. El grupo ha llegado a un acuerdo de colaboración con El Món y ahora ha querido cruzar el Júcar y ha abierto un territorial, La Veu del Sud, que pretende cubrir un déficit crónico y amargo. Necesita 200 hermanados que le allanen el nuevo intento meridional. Moisès Vizcaíno es coraje puro. Conseguirá mucho más.

Castelló de la Ribera es su pueblo. Nunca ha habido una batalla toponímica tan salvaje como la suya. Quizás en Rusia. Ha durado décadas. El topónimo pasó del Villanueva de Castellón prefranquista y franquista al Castelló de la Ribera democrático hasta el Castelló a secas de ahora. A base de tribunales y palizas. Palizas físicas reales. Y todo pendiente aún de la sentencia del Supremo… En Cataluña esto no lo debe entender nadie. ¿Puede resumirlo de manera sintética?

[Ríe]. Deberíamos hacer un seminario, pero intentaré concretar. Mi pueblo es el reflejo en un pequeño municipio de lo que es toda la discusión nacional alrededor de los símbolos y del nombre de la lengua en el País Valencià. Todo esto, concentrado en una población. El Villanueva de Castellón, que es una castellanización histórica del nombre desde el siglo XIX hasta aquí, lo defienden la gente de derechas y los anticatalanistas. El nombre de Castelló de la Ribera lo sugirió un alcalde franquista que tenía un cierto nivel cultural. Aquel hombre recogió la propuesta de los lingüistas de los años treinta. El movimiento anticatalanista lo tomó como excusa y, así, pasó después a representar a los rojos, los catalanistas, los que tienen cola. Es la discusión de siempre llevada allí a nivel local.

La cuestión del nombre del pueblo ahora mismo está en el Supremo. Da la casualidad de que soy yo quien lleva este caso al contencioso administrativo. El Tribunal Superior de Justicia nos ha tumbado de nuevo el nombre de Castelló a secas.

¿Y por qué Castelló a secas? ¿Quién propone esta fórmula de paz?

Todo esto es largo y tiene una historia y una intrahistoria, también.

¡Madrededios!

Cuando Castelló de la Plana normaliza el nombre de su ciudad, ellos insisten en que sea así. De la Plana. Con nombre y apellido. Dejan libre el topónimo Castelló, que no tiene ningún municipio del Estado español. Fue una puerta abierta para tomarlo. Exactamente igual que l’Alcúdia, que es otro pueblo de la Ribera. Un punto de encuentro entre todos los castellonenses. Solo hubo una alegación contra Castelló sin apellido. Y eso no ha llevado a ninguna guerra. Aunque al final ha llevado a un contencioso administrativo planteado por tres partes. La primera, Juan García Sentandreu [un dirigente de la extrema derecha española de un anticatalanismo visceral], que preside una entidad coordinadora blavera del reino de Valencia. La segunda, tres concejales del PP local. Y la tercera, el ayuntamiento de Castelló de la Plana, que, cuando vio que el nombre Castelló pasaba a otro municipio, hizo saltar la liebre. La alcaldesa socialista interpuso un contencioso, que ha llevado unos años de procedimiento. Todo esto es muy interesante. Es la tercera vez que el nombre pasa por los juzgados.

Pere el Ceremonioso decidió honrar a la ciudad de Valencia como doblemente leal en la guerra contra los castellanos. Ustedes han sido, no dos, tres veces conflictivos en la guerra local que llevan.

Tres veces contenciosos. Tres veces hemos acabado en los tribunales. En una primera instancia por los villanoveros –nosotros los llamábamos villanoveros, de los blaveros, en una época–. Si ellos supieran que hay tantas villanovas en Cataluña, quizás saldrían corriendo. Pero ganaron porque Eduardo Zaplana hizo una trampa. Se plegó a una presión de García Sentandreu, que lo amenazaba con disolver el PP local. Podríamos hacer una serie de plataforma televisiva.

Hoy en día la situación en el País Valencià en este frente parece un poco más calmada, más aquietada, para que todo esto pierda efectividad y virulencia…

La prueba de esta calma –que hemos ganado los partidarios de la unidad de la lengua, sin que nos pasemos todo el día diciendo catalán, catalán, catalán– es que cuando el pleno del ayuntamiento del pueblo aprueba la fórmula Castelló a secas, frente a Villanueva de Castellón, que es un nombre que allí no dice nadie, no pasó nada. La gente es catalanohablante en mi pueblo. Podrán llamarlo Villanova o Castelló a secas, pero el nombre que más usamos es este último. No solo los castellonenses. Yo he visitado todos los Castelló y en cada pueblo o ciudad la gente dice solo Castelló.

A mí no es la opción que más me gustaba. Yo habría optado por Castelló de la Ribera o por Castelló del Júcar. Pero, como todo esto tiene una intrahistoria y una parte del PP sí que aceptaba la solución –no oficialmente, pero sí en conversaciones, porque estas cosas se resuelven en conversaciones como deben–, esta era una salida. Una salida posibilista. El Tribunal Superior de Justicia nos ha dado la razón en todos los argumentos excepto en uno. “Ustedes tienen la razón en todo. El nombre es correcto, los informes son correctos, el procedimiento es impecable… Todo está bien hecho. El informe de la Academia Valenciana de la Lengua avala Castelló a secas, pero este topónimo podría inducir a una confusión”… Lo recurrimos. De momento se llama así. A la espera de que el Tribunal Supremo diga la suya.

Por las carreteras, sin embargo, los carteles oficiales continúan indicando Villanueva de Castellón…

Por las carreteras te encuentras con Villanueva de Castellón porque vivimos en un estado que es de pandereta. Porque, si fueran serios y aplicaran la ley como nos la imponen a los catalanohablantes, dirían Castelló a secas. Y si quieren ustedes, pongan también 46270, que es el código postal. Pero, como ellos no cumplen las leyes… Ahora resulta que ninguna administración pública, según las leyes españolas, puede usar el nombre de un municipio que no sea el oficial. Y la pregunta es: si es oficial Castelló a secas para este pueblo de la Ribera del Júcar, ¿por qué los carteles que dependen del estado dicen Villanueva de Castellón?

Cuando es al revés, cuando gana en el litigio Villanueva de Castellón, al día siguiente todos los carteles ya lo recogen. Pero cuando gana una de las otras opciones –o Castelló de la Ribera o Castelló–, no tienen ninguna prisa. Cambian aquel cartel, el otro lo dejan… Esto es…

La repera. 

Sí. Como siempre.

Castelló de la Ribera tuvo un alcalde durante años que fue su padre…

Sí. Mi padre es un inmigrante de Yecla, venido a los cinco años a Castelló de la Ribera. Fue una persona que se integró en el pueblo, valencianohablante, hizo su vida, militó en la lucha antifranquista, lo encarcelaron y más tarde se presentó a alcalde y fue concejal ocho años. Después, en coalición Esquerra Unida, Unitat del Poble Valencià y gente independiente, ganó la alcaldía en minoría y fue alcalde ocho años más. En aquellos ocho años oficializó el topónimo de Castelló de la Ribera. Es uno de los conflictos que nacieron cuando mi padre era el alcalde. Con amenazas y con querellas criminales. García Sentandreu pedía doce años de prisión para él. Con todo el sufrimiento que de ello se derivó y que llevamos como pudimos la familia.

Este personaje –García Sentandreu– es un figura.

Imagínate a este hombre, con la fuerza que tiene en Valencia ciudad, operando políticamente en un municipio que no llega a 7.000 habitantes. Ha sido muy duro este individuo. Ha hecho mucho daño al pueblo. Porque sus formas…

¿Y por qué le entró esta manía?

Él montó allí una fuerza política, exclusivamente para el tema del topónimo, que se llamaba Vecinos Independentistas de Villanueva de Castellón. Gente mayor, de derechas, de orden, que no estaban en el PP, anticatalanistas… Gente bastante ignorante. Al final, son vecinos y no son mala gente. Pero, claro, la noche del pleno del cambio de nombre pegaron a mi padre y a sus concejales. Esa noche no fueron buena gente.

El día de la aprobación del topónimo…

Sí.

Y los agredieron.

Trescientas o cuatrocientas personas. Llegaron a darles patadas a él y a algunos concejales. Siempre cuento dos anécdotas. [Ríe]. La Guardia Civil ha acompañado a mi padre en la vida dos veces. Cuando lo encarcelaron por comunista, a los 18 años, y cuando era alcalde, que lo tuvieron que llevar a casa, porque allí había trescientas o cuatrocientas personas que querían pegarle. Y lo tuvieron que proteger.

Usted también ha tenido militancia política. Militó en Esquerra Republicana…

Yo he estado, antes de militar en Esquerra Republicana, como independiente muchos años trabajando en un colectivo de Esquerra Unida en mi pueblo. Trabajando para que hubiera siempre coaliciones entre la gente de Esquerra Unida y la Unitat del Poble Valencià o el Bloc Nacionalista. Siempre he estado en este ámbito. Finalmente, en 2002 me afilié a Esquerra Republicana… del País Valencià. Bueno, a Esquerra Republicana.

Eso de Esquerra Republicana en el País Valencià significa que no es una opción superflua?

Puede que sea eso…

«Cuando fui militante de Esquerra pedí que se trabajara mucho el ingrediente republicano» /Barcelona/ Anna Munujos

Porque es una fuerza nacionalista, por decirlo así, pero con escasísima incidencia y que resta fuerza al valencianismo mayoritario…

A ver… Es una fuerza independentista, republicana, que es un ingrediente que los políticos valencianos no usan. No sé por qué. Cuando yo fui militante, al menos al principio, sugerí que el ingrediente republicano se trabajara mucho. Quizás eso sí que le hubiera dado un cierto sentido. Porque no hay ninguna otra fuerza que se autodenomine republicana de una manera tan clara. Yo veía más sentido a esta vertiente del partido que no a la independentista. Esta es mi opinión. En el tema nacional creo que Esquerra Republicana tiene derecho a existir en el País Valencià, pero no es una herramienta política que los valencianos elijan. Pero yo me apunté a una herramienta política que era la más coherente con mi ideario.

Y que los valencianos no eligen.

Y que los valencianos se ha visto a lo largo de los años, desde que existe, que no han elegido. Esta es la realidad. Yo ya no soy militante, lo he dejado. Que hay diez o doce concejales, que hay gente de buena voluntad… Sí, pero la gente no elige esta opción política. Si no sacan nunca ni el 1 por ciento de los votos, queda claro que algo no cuaja. Y si después hay Compromís, que sí que tiene una parte muy nacionalista… Se intentó que Esquerra Republicana fuera el ingrediente republicano de Compromís, pero lo vetaron.

¿Quién lo vetó?

Altos dirigentes de Compromís. No tengo la prueba concreta, pero eso se vetó desde la alta dirección de algunos de los partidos de Compromís. Habría podido ser integrar a Esquerra dentro de Compromís, pero, lo vuelvo a repetir, con el ingrediente republicano. Yo creo que es una pata que podría sumar, porque Izquierda Unida y todo este mundo político español sí que se conecta con la república española, pero nadie se conecta con la república catalana.

Compromís aceptó a Izquierda Unida, pero no aceptó a Esquerra Republicana…

Ya sabemos que Compromís giró la cara durante todos los años del Procés y les dio igual la actitud de la alta judicatura, que ahora mismo ha hecho pagar el mismo precio a Mónica Oltra. Oltra y los dirigentes de Compromís no quisieron saber nada del Procés. Cuando veían que personas que habían actuado en Cataluña estaban siendo juzgadas en un territorio que no corresponde como es Madrid, ningún dirigente de Compromís lo denunció como una injusticia. Podrían haber dicho: “Aunque no seamos partidarios de la independencia o de lo que sea, esto es una injusticia”. Y no lo denunciaron.

¿Tenía miedo Compromís de que una parte de su electorado le acusara de catalanista?

¡Evidentemente! Pero, con miedos o sin ellos, los continuarán acusando toda la vida de catalanistas. Como siempre los han de acusar de eso, pues, mira, habla claro. Y al menos sus electores y la gente que siempre han confiado en ellos estaremos tranquilos con esta coherencia. Claro que tienen miedo. Pero habla claro. Yo no sé decir hoy qué modelo de País Valencià defiende Compromís. ¿Qué defienden? ¿Una autonomía de primera? ¿Una autonomía a la vasca? ¿Un estado propio valenciano libre y asociado? ¿Qué defienden nacionalmente? Sabemos que son diferentes a los partidos españoles y eso tiene mucho mérito, pero deberían decirlo claro. Y no lo dicen claro. ¿Qué se piensan, que por no decirlo claro les votarán más personas de otras opciones políticas?

Por ahora esa indefinición les ha ido muy bien… Y las perspectivas de voto que tienen son inauditas en toda la historia del valencianismo político.

Les ha ido muy bien, sí. Y tiene mucho mérito la existencia de Compromís. Es un acierto y un cambio total en la política valenciana. Han sabido hacer esa cooperativa, que ellos llaman política, mezclando varios ingredientes. Eso es muy interesante. Pero tienen unos deberes por hacer. Por ejemplo, la crítica de todo lo que hicieron mal en el primer gobierno del Botànic. Aún no han hecho esos deberes. Y después tienen una muy buena marca política. Todo el mundo sabe quién es Joan Baldoví y quién es Mónica Oltra. Eso no había pasado nunca en la política valenciana. Eso es la parte positiva. La marca, que ya va por encima de cualquier previsión.

Fue Compromís paradójicamente quien acabó con las líneas en valenciano y quien hizo un poti-poti que solo ha servido para debilitar la lengua catalana.

De eso, yo ahora puedo hablar bastante porque me he reunido con personas que saben mucho. Yo no sé, porque no vengo del mundo de la educación pública valenciana, pero he escuchado a personas que sí que saben. Efectivamente, Compromís falló absolutamente.

No solo falló. Se pegó un tiro en el pie o en la cabeza.

Puedo poner un ejemplo directo de las consecuencias en Valencia ciudad, tanto de mi hija como del hijo de mi compañera. El hijo de mi compañera iba a línea en valenciano. Eran las dos aulas más importantes de un instituto de más de mil alumnos. El instituto Abastos de Valencia. En el centro de la ciudad. Estos niños hacían muchas horas en valenciano cada día. Y vino el Botànic y pasaron a tener una asignatura en valenciano. Mi hija vino de Castelló de la Ribera al mismo instituto e hizo inmersión en castellano. Esto ha pasado en Valencia ciudad.

Cuando Vicent Marzà, ahora eurodiputado como premio, se cargó aquel modelo quizás pensó que los centros que se habían decantado por una u otra línea harían el 30-30-30, catalán, inglés, castellano, que proponía él y como pedía Ciudadanos en Cataluña. Cuando estaba bien claro que la concertada mantendría los porcentajes a favor del castellano y que la pública perdería la hegemonía del valenciano. No hacía falta ser doctor para darse cuenta. Hizo el trabajo al PP y a VOX.

Esta ha sido un error muy grave. Compromís debería plantearse que se han equivocado, y no pasa nada…

Sí pasa.

De acuerdo. Ha tenido consecuencias graves. Pero deberían reconocer que se han equivocado y explicar qué pueden ofrecer. ¿Qué ofrecen? Que no vuelvan el PP y VOX. Eso no hace falta que lo digan, que ya lo sabemos. Ya somos mayores de edad y ya sabemos que no queremos PP y VOX. Pero no es suficiente. Tienen que ofrecer algo porque el Botànic se juega ahora entre 90.000 y 100.000 votos, que son los electores críticos que no votaron Compromís por este tema lingüístico. La gente está calentita. Y es gente muy activa, que sabe mucho, gente muy comprometida en todo el tema de la lengua. Eso, Compromís no lo puede obviar para las próximas elecciones. Tendrá que hacer algún gesto.

Usted se gana la vida como abogado…

Yo continúo ejerciendo como abogado desde 1994. Si ganarse la vida significa cobrar honorarios, sí, sí. Y ahora un poco como editor. [Satisfecho]. Ya dije un día: “Yo ya no pongo más dinero mío en el proyecto. Si este proyecto no me paga algún honorario, ya no continúo”. Y ahora me paga unos honorarios.

El proyecto, La Veu del País Valencià, es una realidad que ahora finalmente ya no le cuesta dinero. ¿Y le paga un sueldo y todo?

Ahora yo personalmente ya no pierdo dinero. La Veu me debe una parte de la primera aportación económica que hice. Pero no tengo prisa porque algún día me la pueda devolver. Y, si no, es mi riesgo. Si algún día me lo puede devolver, que me lo devuelva. Si no me lo devuelve, no pasa nada. Quiero recuperarlo, pero lo he hecho porque he querido. Si lo recupero, bien, y si no, es mi riesgo.

¿Qué es La Veu del País Valencià?

¡Caray! Para decirlo sintéticamente, es un proyecto comunicativo, cooperativo y comunitario. Es eso. Un proyecto que tiene una tarea muy importante, que es articular el valencianismo mediático para transformar el sistema comunicativo valenciano. Somos más que un diario. Evidentemente, nosotros editamos un diario digital de actualidad, pero la idea de fondo no es solo hacer un diario. Es comenzar a articular el valencianismo mediático. Llevo diciéndolo muchos años a los políticos. Tenemos valencianismo cultural, tenemos valencianismo lingüístico, valencianismo cívico, ahora valencianismo político, y ahora también la pregunta es: “¿Dónde está el valencianismo mediático?”. ¿Dónde están los medios de comunicación que defienden un País Valencià libre y soberano? Y un País Valencià digno. Y la unidad de la lengua. ¿Dónde están? Y que no tengan ningún problema de trabajar y coordinarse con medios de Cataluña o las Islas, de todo el ámbito lingüístico. ¿Dónde está eso? Esta tarea está por hacer. Hemos venido a hacer eso. Yo he venido a hacer eso. Con mi diario, no hace falta decirlo. Y me gustaría que nacieran cuarenta Voces del País Valencià. Que naciera todo un ecosistema propio del país, que no existe.

¿En el País Valencià solo hay un diario digital en catalán?

¿Un digital de actualidad con nuestra disposición? Por desgracia, sí. Hay otros medios digitales y en papel que también hacen prensa en catalán en el País Valencià. Son revistas, culturales… Quizás son locales que sí que se actualizan cada día… Pero con nuestro modelo, no. Mucha gente me pregunta por qué no lo hacemos en papel. Hombre, ¡porque no soy multimillonario! Y creo que el papel ya no es un negocio.

Esta gente llega un poco tarde… Hubo un momento en la historia reciente del medio en que usted intentó hacer un pacto con Compromís…

Intenté, no. Hicimos un pacto.

De acuerdo. ¿Y qué pasó?

Eso es una herida que yo doy por superada. Yo, Moisès, doy por superada esa herida y el grupo La Veu, también. Aquello fue un acuerdo, porque había un grupo de periodistas que en el momento en que el Botànic gana la Generalitat pensaron, yo creo que con buen criterio, que debía haber un diario en clave nacional valenciana. Y alguien de allí dijo: “¿Por qué no hablamos con Moisès, el de La Veu?”. Y hablamos. Con estas conversaciones llegamos a un acuerdo de abrir una redacción en Valencia ciudad. Nosotros antes éramos lo que decíamos un diario de pancarta contra el PP, contra aquellos últimos años oscuros, oscuros del PP, y entonces nos convertimos en un diario ante el cual se abría una nueva etapa política. Con unas mochilas de ilusión brutales.

En 2015 saltábamos de alegría por la calle. Era como quitarse 24 años de Rita Barberà y 20 de Camps y compañía, de todos los ladrones. Se respiraba por Valencia la alegría de la gente. Y nosotros, lógicamente, éramos conscientes de que teníamos que hacer un cambio en el diario. Este cambio llega con un pacto con los cargos de Compromís. Y dentro de Compromís, lo que antes llamábamos Bloc Nacionalista Valencià. Es un pacto de confluencia, como consecuencia del cual abrimos redacción en Valencia ciudad. Pactamos también que uno de los periodistas que había promovido todo aquello fuera el director, que era una persona de confianza de los políticos de Compromís, y a nosotros nos pareció bien, porque era un profesional del periodismo. Así aterrizamos en Valencia ciudad en la calle del Hospital. Allí empezamos y allí estuvimos en 2017, 2018 y 2019.

No parece una jugada muy ejemplar. Quién más quién menos depende de aquel o de aquel otro. Quién más quién menos obedece al Ibex 35 o al gobierno de turno…

[Sonríe]. ¡Seguro!

Pero que un diario llegue a un acuerdo solo con un partido y que ese partido le proponga al director no parece una jugada recomendable ni inteligente…

Mira… Yo es la primera vez que he sido editor en esta vida y aquello se hizo desde la buena fe. Quizás también desde un cierto buenismo mío. Pensé que aquellas personas creían que podíamos vertebrar así el país y que habría muchos millones en publicidad institucional que irían a parar a medios españoles en castellano. Escucha, no estamos haciendo ningún pecado si una parte de esta publicidad se dedica a articular unos medios que piensen en clave de País Valencià y se editen 100 por ciento en valenciano.

¿Y qué pasó?

Que el primer año cumplieron el acuerdo económico; el segundo año, también, y el tercero, no. Y eso hizo que cerráramos la redacción y que doce o trece personas se fueran a la calle. Pocas entrevistas he hecho, pero, cada vez que me preguntan esto en una entrevista, aquellos se enfurecen contra mí, pero es que es la realidad.

¿Aquellos quienes son? ¿Los dirigentes de Compromís?

Algunas personas. Ellos sí que están aún anclados en aquella historia, porque, si no estuvieran anclados, no se enfadarían. Eso es la realidad. Por una serie de circunstancias no llegó la publicidad que debía llegar. Nosotros después descubrimos que aquel año el presidente de la Generalitat había usado doce millones para publicidad en medios de comunicación. Y nosotros por una suma entre 250.000 y 300.000 euros tuvimos que cerrar el proyecto. Yo creo que es muy injusto.

Depender de un partido político no es una garantía exactamente sólida…

Pero no era un partido político, Vicent, eran los dineros que aquellos partidos repartían en decenas de medios de comunicación de aquellos que defienden el capitalismo y la empresa privada. Yo les pregunto a estos medios: “Quitamos estos dineros públicos y ¿de qué viven ustedes?”. ¿De vender diarios de papel? Ya les digo yo que no. El gran debate es: “¿Tiene que haber dineros públicos para este sector, sí o no? Si la decisión es que sí, la pregunta es: “¿Y por qué los que hacemos en la lengua propia no tenemos la parte que nos corresponde?”. Porque así nunca podremos nacer, nunca podremos desarrollarnos y nunca podremos competir. Porque no es mercado libre. Es un mercado condicionado a los dineros públicos.

Y eso con el PP ya sabemos cómo va…

¡Claro! Y, por lo tanto, para nosotros, aquel pacto, que hacíamos desde la buena fe, no quería decir más que entrar en la rueda de lo que hace todo el mundo. En este sentido, queremos ser normales. Y no vivir de una subvencioncita. Una subvencioncita no es la solución para los medios.

Por una parte, Compromís no cumplió y, por otra, la Tesorería General de la Seguridad Social les montó una cacería feroz…

Eso es una historia muy oscura también. Un día me llamó el director de uno de aquellos diarios de Madrid, ahora no recuerdo si fue El Confidencial, y me avisa que tienen unas facturas nuestras con un diario de Cataluña con el que en aquel momento manteníamos un pequeño acuerdo de colaboración, el diario de Joan Puig. A través de aquellas facturas llegaban a la conclusión de que nosotros estábamos patrocinando el Procés de Catalunya. Pensé que sí que íbamos bien. No teníamos suficiente para pagar las nóminas y aparece aquello… El mismo día nos llega un aviso de inspección. [Ríe]. ¿Cómo iba a pagar La Veu algo del Procés de Catalunya? ¡Por el amor de Dios!

Nuestra línea editorial fue a favor del Procés y defendimos desde el País Valencià el derecho que tiene Cataluña a ser un país independiente. Eso lo tenemos muy claro. Pero no pudimos pagar nada a nadie porque no tenemos economía para hacerlo. A raíz de aquella inspección de trabajo nos ordenaban que metiéramos en la Seguridad Social a todos nuestros columnistas, jubilados y todo. Nos pidieron miles y miles de euros…

¿Y al final?

Al final se paró. Lo pudimos parar. Nunca contestaron nuestras alegaciones. Alguien tomó aquel expediente y nunca nos dieron razón. Nuestras alegaciones demostraban que lo que decía la Seguridad Social era una mentira muy grave. Pero bueno… Ya se sabe…

La última etapa de La Veu es una etapa asociada al Grupo El Món…

La perspectiva de colaborar con medios de Cataluña, como actitud, la he tenido desde el primer día. Era consciente de que hacer periodismo en catalán en el País Valencià ni se puede hacer ni se debe hacer sin tener una colaboración con medios de Cataluña o de las Baleares o de la Cataluña Norte… Pero en Cataluña es donde está el grueso de los medios potentes en catalán. Siempre he sido consciente. Y siempre lo he buscado. En esta última etapa tuve que convencer a todo el equipo de que nos convenía. Y estoy muy contento. Creo que esta colaboración con el Grupo El Món es una de las claves para poder entender qué es hoy La Veu del País Valencià.

«Yo también tengo una nevera de ideas» / Anna Munujos

¿Y qué es La Veu dels Llibres?

La Veu dels Llibres es una idea de un escritor de Sueca, Víctor Labrado, que me pide un día quedar. Yo no lo conocía de nada, este hombre. Quedamos para comer en la Sociedad Coral El Micalet. En aquella comida me dijo: “¡Yo tengo una idea!”. Todos tenemos muchas, de ideas. Él tenía una muy concreta. A mí me han ofrecido muchas. De recursos y economía, pocos, pero de ideas… Podríamos llenar un armario. [Ríe] Yo también tengo una nevera de ideas, pero me las quedo para mí. ¡Y ya está!

Víctor quería hacer una revista de información y crítica literarias en positivo para la literatura en catalán hecha desde el País Valencià. Le dije: “Yo no entiendo de literatura, tú eres quien entiende, pero la idea me parece magnífica. La haces por escrito y lo concretamos. Solo hay un problema, Víctor. Las personas que hablen y escriban de literatura tienen que cobrar los contenidos. Porque, si no, será una revistita más de favores de amigos, y eso no tiene ningún futuro. Se le tiene que dar una perspectiva empresarial y hace falta tener dinero. Y de dinero, no tenemos”.

Aquello era septiembre de 2019. La redacción de Valencia, la cerramos el 31 de diciembre del mismo año. Pero bueno, pasa septiembre, pasa octubre y un día me llama, y me dice: “Hay dos personas en Valencia ciudad que pagan los artículos del primer año de La Veu dels Llibres”. Y yo le contesto: “Pues, si hacen eso, adelante. Adelante y gracias”. –“No te puedo decir quiénes son”. –“Perfecto. Yo, como soy abogado, sé qué es guardar el secreto profesional. Y mantendremos en secreto el nombre de estos dos patriotas que han puesto dinero en La Veu dels Llibres”.

¡Todavía le dirá la Seguridad Social que meta en plantilla a todos los colaboradores literarios!

[Ríe]. Aquello ya ha prescrito. Ahora la niña de mis ojos es La Veu dels Llibres, porque es el medio que después hizo que pudiéramos recuperar el diario La Veu.

¿Y eso?

Cuando cerramos la redacción de Valencia, cerré el diario de actualidad y yo me quedo de editor haciendo un blog que se llamaba Nosaltres, la Veu, pero que no era un diario. Y La Veu dels Llibres, que sí que tenía contenidos propios. La Veu dels llibres me permite continuar como editor y no cerrar todo el grupo.

Ahora que lo dice, La Veu del País Valencià dejó de ser del País Valencià a raíz de aquel acuerdo con Compromís…

Era una de las exigencias del proceso de confluencia, sí.

¿Y cómo puede ser que los dirigentes de Compromís le pidan a usted que descarte País Valencià?

El primer responsable de aceptarlo soy yo. Visto con perspectiva, ahora no lo volvería a aceptar. ¿De acuerdo? Los que exigieron esta condición, no hace falta decirlo, fueron ellos. “Tienes que quitar País Valencià y eso tiene que ser así”. Me pidieron eso, decidir quién debía ser el director y situar la redacción en Valencia. Y lo acepté.

Y luego no pagaron… ¿Qué es La Veu del Sud, su nuevo proyecto? Porque usted abre de vez en cuando su nevera de ideas…

[Sonríe]. La Veu del Sud es una idea que viene de lejos. Siempre La Veu ha mirado mucho el sur del País Valencià. Siempre hemos estado conectados con la gente de la asociación El Tempir de Elche, con la gente de la Universidad de Alicante… [Sonríe]. Hemos pactado publicidad con el ayuntamiento de Orihuela, de Guardamar, de Aspe… Hay pueblos castellanohablantes que nos han puesto publicidad. Nosotros siempre hemos ido al Sur. A Crevillente… Somos conscientes de lo que pasa en el sur del sur. Somos y conocemos gente que allí trabajan por la lengua en unas condiciones que son muy diferentes al resto del país.

¿Aquello es recuperable?

Yo creo que sí que es recuperable. Con unas políticas lingüísticas muy bien encaminadas y escuchando mucho a la gente que sabe y que lucha por la lengua allí, es recuperable. Tendría posibilidades de recuperación.

¿Y no es una acción por parte de La Veu…

¿Temeraria?

Sí.

Es una locura, pero que tiene una explicación. No sé si llegaremos a buen puerto o no, pero eso tiene una explicación. Nosotros siempre hemos pensado en el sur del País Valencià. De hecho, cuando el diario La Veu puede tener dos redactores, uno de ellos, Manel Lillo, vive en Alicante. Ya apostamos por la ciudad de Alicante. El primer crecimiento del diario La Veu es el sur. Manel Lillo dejó La Veu. Se ha ido a trabajar a otro medio de Alicante, pero la vida te da casualidades. Viene un periodista de Crevillente y me pide trabajo. Le respondí: “Mira, trabajo, ya me gustaría darte. Si yo pudiera contratar más periodistas, no esperaría a que me pidierais trabajo. Sería yo el que os pediría que os integraseis en el diario. Pero eso va paralelo a tener ingresos. Sabes que nosotros ahora dependemos de más de mil personas que están hermanadas a La Veu, que son donaciones deducibles fiscalmente? Eso es entre el 60 y el 70 por ciento de los ingresos”.

Le hice una propuesta diferente: “Un sueldo y pagarte, no, pero hay una posibilidad, si tú vives en Crevillente, de montar un primer territorial del País Valencià en el sur. Ponemos a tu disposición todo lo que sabemos nosotros y el Grupo Món para poder hacer este primer territorial. Si conseguimos 200 hermanamientos, lo podemos hacer”.

«El objetivo de la Veu del Sud son 200 hermanados» /29-09-2026/Barcelona/ Anna Munujos

El objetivo, pues, de La Veu del Sud son 200 hermanados…

Serían 200 hermanamientos al menos, con un promedio de 150 euros anuales cada uno.

No parece muy difícil, eso.

No parece muy difícil, eso, pero con la realidad social del País Valencià no es fácil. Pero yo creo que lo conseguiremos.

¿Y la publicidad? ¿Cómo es que La Veu tiene tan poca? ¿Tan difícil es conseguirla?

El País Valencià está acostumbrado a no tener prensa en valenciano y, sobre todo, la empresa privada, a no poner anuncios en valenciano en los poquitos medios que tenemos en valenciano. No hay tradición. He ido a muchas empresas privadas que me han dicho que los dueños son nacionalistas, pero no lo ven.

¿Por qué?

También tiene una explicación. También es responsable en parte el gobierno del Botànic. Si la responsabilidad social corporativa de las empresas valencianas no recoge beneficios fiscales por promocionar la lengua, cuando tocas a la puerta… Allí promocionan el baloncesto, la solidaridad internacional, todo lo que quieras, menos esto. Porque en la responsabilidad social corporativa no está el tema lingüístico. Entonces, quieren ayudar, pero no encuentran la herramienta.

Escuche, si quisieran ayudar de verdad a la prensa en valenciano, lo harían.

Eso está claro, pero la excusa les viene de categoría. Vas y son muy amables, pero nada más.

¿Y no será que tienen resistencia a anunciarse en un medio “catalanista” porque tienen miedo de alguna respuesta agresiva por parte de determinados sectores?

¡Que lo digan! Que digan: “Nos caes simpático, nos gusta mucho el diario y yo me hermanaré a nivel personal o no, pero mi empresa, eso no, porque, si yo te pongo publicidad a ti, pierdo clientes”.

Eso nunca se lo dirá nadie explícitamente.

Pero a mí eso no me parecería mal que me lo dijeran. Ya tenemos una edad en la que las cosas es mejor decirlas claras. Y no eso de: “Es que en la RSC resulta que hacemos actividades, pero resulta que el valenciano no entra… ¡Vaya mala suerte!”. Dime: “No puede ser”. Y yo te lo respetaré. De acuerdo. Es tu empresa.

¿Qué audiencia tiene ahora La Veu del País Valencià?

Navegadores únicos, entre 80.000 y 100.000. Esta es la cifra con la que nos movemos. Piensa que cuando fuimos a El Món estábamos entre 30.000 y 40.000. Todo esto hecho con tres periodistas. ¡Pobres, eh! [Ríe].

¿Y el otro medio digital fuerte en el País Valencià, Valencia Plaza, el diario de los empresarios, que es en castellano, cuántos tiene?

Yo ahora no sé cuál es el OJD de ellos. Se supone que entre 300.000 y 400.000. O más de medio millón de navegadores únicos. Creo que los diarios Levante e Información tienen más de un millón, pero eso es Prensa Ibérica y tienen otro movimiento en internet. Juegan en otra liga. Valencia Plaza es de un grupo empresarial valenciano, modelo de muy buen diario digital. Lo hacen en castellano y tiene calidad. Antes tenían el Lletraferit y hacían más contenidos en valenciano, pero, en todo caso, detrás tiene un grupo de empresas.

¿Y cómo es que un grupo de empresarios valencianos entraron en el sector?

Ellos empezaron a hacer un diario económico. Porque eso da prestigio. Son empresarios que dicen: comunicación, prensa, visibilidad… Y hacen su camino. Aquel primer diario de carácter económico y empresarial fue evolucionando hacia un diario de actualidad. Tienen muy buenos fotógrafos, van a muchas cosas y han cubierto un nicho.

Aparte de ustedes, son el único diario valenciano de propiedad valenciana. Todos los demás pertenecen a grupos de fuera.

En estos momentos es así. Y es una buena escuela de periodismo digital.

Y no son anticatalanes ni bandera del anticatalanismo, como los demás…

Ellos lo hacen en castellano y ya está.

No son como Las Provincias…

Las Provincias son muy fachas y son antivalencianos, anticatalanistas y todo lo que usted quiera.

¿Y Levante?

Juegan al mejor postor. Se mueven entre el PSOE y el PP para sacar el máximo dinero posible.

Ahora, entonces, toca PP.

Ahora es el PP, sí. A mí me sorprende que muchos políticos del PSOE y de Compromís jueguen al Levante, pero… ¡Cuidado! Ya veremos qué pasa en 2027. No está tan claro que haya un nuevo Botànic. No soy pesimista, pero no está tan claro.

Todas las encuestas avanzan un empate técnico.

Esto se va de dos o tres diputados.

Debe ser la razón que justifica que se pongan al lado de Levante o de quien haga falta…

Yo creo que en eso Compromís se equivoca mucho. La lucha mediática en el País Valencià no debe ser sacar el máximo posible de contenido de los diarios que nunca apostarán por un País Valencià libre. Tienen que sacar el máximo de contenidos, sí, pero tienen que ir construyendo a la vez la prensa propia del país. Algún día espero que lo entenderán.

Ningún partido en el País Valencià se ha tomado esta premisa seriamente…

Y por eso la historia del periodismo y de la prensa valenciana es la que es. Pero, si no lo hacen, nunca serán hegemónicos. Yo siempre les pongo un ejemplo muy simple. Si has sido observador del Procés en Cataluña, ¿habrían podido llegar a donde llegaron sin ningún medio de comunicación, sin ningún contertulio, sin el FAQS, sin tertulias donde había independentistas y unionistas que mantenían un debate vivo? ¿Habría podido pasar eso?

No.

Pues, ya lo tenemos. ¿Cómo se puede hacer un País Valencià libre y soberano sin ningún medio en clave nacional valenciana que pueda competir con los medios españoles?

¿Un País Valencià libre y soberano es posible?

A ver… Compromís sacó casi medio millón de votos en 2015. Eso era impensable. Estamos en 2026. Hace nada, ¿eh? Por lo tanto, hay posibilidades.

«He hecho muchos viajes a Barcelona para buscar financiación y no he tenido éxito» /29-09-2026/Barcelona/ Anna Munujos

¿Le sorprendió que los padres valencianos –incluyendo a los de las ciudades de Valencia y Alicante y todas las comarcas castellanohablantes– pidieran mayoritariamente enseñanza en valenciano?

Los resultados de Compromís de 2015 y esta votación son una gran victoria. Una victoria de la gente de a pie. Hay las posibilidades, sí. Yo no digo que ahora mismo haya un País Valencià con una mayoría que quiera algún tipo de soberanía, pero al menos una autonomía española digna económicamente y que aquí estamos los valencianos y que cuando vamos a Madrid, gobierne quien gobierne, los votos tienen un precio… Eso, al menos. Este cambio se puede hacer en el País Valencià. Compromís al menos podría potenciar el sentido de valencianidad, que no es valencianismo, pero puede ser caminar hacia el valencianismo.

¿Cree que todo esto en Cataluña despierta alguna clase de curiosidad? Por ejemplo, ¿usted ha venido aquí a buscar hermanados?

Sí. He hecho muchos viajes a Barcelona para intentar buscar financiación. No he tenido éxito, lo reconozco. Pero la conciencia de venir a buscar socios y colaboradores, la tengo. Y tenemos hermanados aquí. El otro día mirábamos las cifras. Eso de internet va por provincias y los resultados son: Valencia, Castellón, Alicante, Barcelona, Lleida, Tarragona… Tenemos dibujado el país completo.

Deben ser los valencianos que viven aquí…

Pues, deben ser valencianos. [Ríe]. Yo no sé de dónde es cada hermanado. Es algo que me preocupa poco. Pero sé que hay gente de Cataluña hermanada. Debería haber más, ¿eh? Porque los catalanes deberían mirar mucho al País Valencià. Allí la lengua aún está viva en muchas comarcas. Hay mucha militancia lingüística. Ahora hemos hecho el Correllengua Hermanado que ha sido un éxito. Hay estas conexiones. Internet nos ha roto la barrera administrativa autonómica. Nos quitaron TV3 y el Botànic no la recuperó…

Ahora ya no hace falta…

Claro. Ahora ya la podemos ver por internet.

¿Qué opina de À Punt?

À Punt es un desastre, una vergüenza. No tienen vergüenza. Su proyecto es: manipulación, negocios para sus empresas –volverán a hacer un agujero económico– y desprestigiar un proyecto pequeño, que empezó con poca ambición, pero que era muy digno en la época del Botànic.

¿Por qué la redacción no se opone a tanta manipulación, no hace nada para evitar un nuevo desastre?

Lo desconozco, Vicent. Ahora, les digo: “Escuchen, si vuelven a hacer manifestaciones, ¿os pensáis que volveremos a salir con vosotros como hicimos con los extrabajadores de Canal 9 cuando cerraron?”. Es que dan ganas de no salir. En La Veu del País Valencià ninguno de ellos nos da ninguna exclusiva para denunciar alguna barbaridad de los dirigentes de À Punt. Tráiganosla. No diremos la fuente, pero háganlo.

¿Los periodistas de La Veu tienen alguna presencia en las tertulias de la televisión pública valenciana?

Ninguna. Ninguna. Con el Botànic, un poquito. Y desde que se acabó el Botànic, ninguna. Desde que hay el nuevo gobierno del PP y VOX, nada. Ni siquiera nos mencionan. Es que no existimos para ellos.

¿La lengua en el País Valencià, mirándolo a sangre fría, tiene algún futuro posible?

Yo creo que sí que tiene. Somos muchos.

Muchos, seguro. Más que nunca. Pero es un millón o un millón y medio entre cinco. El problema es de porcentaje.

Sí, pero es la parte de más nivel cultural, de activismo, de conciencia. Gente muy preparada. Hay muchos profesores de universidad, profesores de primaria, de secundaria… Gente muy formada. Y cuando tú decides en tu vida incorporar la lucha por la lengua… Allí hay una capacidad de trabajo brutal. Porque los otros no hacen nada. Muchos no hacen nada en contra y se dejan llevar. Hay una parte de sociedad, los que dicen que son tan españoles como valencianos y tan valencianos como españoles, un nicho, posibilista.

Estos sondeos son duros. Hay más sentimiento de españolidad en el País Valencià que en Burgos…

Pues, ya van probando cómo les va esta españolidad tan sentida, por ejemplo, con la dana. El gobierno valenciano tuvo una responsabilidad política directísima, con 232 muertos, que no es ninguna broma, que es una grave herida social, pero después está también la actitud del gobierno central. Yo la vi en directo. El día del barro el barro fue a por todos. Y hubo una explosión de rebeldía valenciana: “Nos habéis abandonado todos”. Yo vivo junto a los pueblos de l’Horta Sud, en Patraix, y sabemos muy bien qué pasó los primeros tres o cuatro días. No nos lo tiene que contar nadie. Allí no había estado. Había voluntarios salvando a la gente. Había muertos que se pasaron días en la calle.

El problema es cómo lo hace el valencianismo político. Incluso en el hipotético caso de que Compromís ganara tanto en las Cortes como en el ayuntamiento de Valencia, podría pasar que no lo hicieran bien.

Si no lo vuelven a hacer bien… Si los electores les damos esta oportunidad, ahora hay una cosa que cambiará mucho si vuelven a gobernar, y es que no nos quedaremos en casa. La otra vez dimitimos cívicamente. “¡Ah! Como están los nuestros y hemos ganado, nos relajamos y que hagan ellos el trabajo desde las instituciones”. Esta vez muchos no nos iremos a casa. Y muchos no quitaremos el nombre de País Valencià. Y si les damos la confianza y evidentemente que La Veu apostará por un cambio, porque La Veu no puede compartir nada de lo que hacen el PP y VOX, esta vez los vigilaremos desde el primer minuto. Cuando hagan una muy gorda la diremos desde el primer minuto.

Ya puede ir acumulando hermanados. También se quedarán sin ayudas…

Pues, que vengan hermanados. Yo ahora siempre digo una cosa. La Veu existe por las personas hermanadas. Si mañana se van todos, yo dejo de ser editor. No pasa nada. Pero, si en vez de ser mil somos diez mil, no hace falta que las instituciones nos den ningún tipo de ayuda.

«¿Qué hacemos con los Países Catalanes? En primer lugar, nos tendremos que preocupar de construir el País Valencià» / 29-09-2026/Barcelona/ Anna Munujos

¿Qué hacemos con los Países Catalanes?

¿Qué hacemos con los Países Catalanes? En primer lugar, nos tendremos que preocupar de construir el País Valencià.

Eso dicen los catalanes, que se tienen que preocupar antes que nada por la independencia de Cataluña…

Claro, claro, claro.

Cada uno, a su aire.

Yo creo que cada uno debe ir a su aire, pero con una coordinación constante y del día a día. Puedo comprender que Cataluña tiene un ritmo político. Y los catalanes pueden comprender que el País Valencià tiene uno propio. Pero no estoy de acuerdo en que eso no esté interconectado. Eso se tiene que conectar. Pregunta al Mercadona si ha abierto Mercadonas en Cataluña. ¿O es que el tío Roig no vende Mercadonas en Cataluña? ¿Qué ha visto, una oportunidad de negocio? Y le da igual que sea Cataluña. Esa es la realidad de nuestro país. Mercadonas, Consums… ¿Por qué no hay Bonpreus y Esclats en el País Valencià y sí que hay Mercadonas y Consums en Cataluña?

Porque los propietarios de Mercadona y de Consum son más fuertes y más espabilados.

Y porque, si pones un supermercado allí, quizás el odio anticatalanista puede ser un problema. Un odio minoritario, pero hay, ¿eh? En cambio, los catalanes, ¿al

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