Irene Jódar (Vilanova i la Geltrú, 1988) es una de las protagonistas de Trestias, el último espectáculo nocturno, desenfadado y cómico que ha creado Joan Gràcia, uno de los antiguos componentes de Tricicle. En esta catarsis colectiva, Diana Pintado y Diana Fernández acompañan en el escenario a una intérprete que ha trabajado en el Polònia de TV3 durante casi 15 años. El Món la entrevista para descubrir cómo ve el teatro desde dentro y si la comedia, el teatro de humor, sigue siendo un ámbito masculinizado.
Los que la conocen la describen como una artista multidisciplinaria que canta, actúa, toca el violín… y ahora llega al teatro de la mano de Joan Gràcia. ¿Cómo le llega esta propuesta?
Conocí a Joan Gràcia hace 10 años en un proyecto en Port Adriano, cerca de Palma, donde hacíamos pequeños sketches de comedia en verano con grandes invitados en un proyecto potente. Nos entendimos personalmente y profesionalmente de manera espectacular y, al cabo de unos años, volví a trabajar con él en el musical Forever Young, en Barcelona y también en Madrid. Joan conocía a las otras dos actrices de esta obra, de Trestias, ya que las tres habíamos trabajado con él por separado. Y, desde hace cuatro o cinco años, todas le decíamos que queríamos hacer una obra con tres mujeres protagonistas sin saber que las otras también se lo decían.
¿Y finalmente lograron convencerlo para llevar adelante el proyecto?
Fue el destino. El año pasado, me iba un mes a Perú y cuando llegué a Cusco decidí escribirle a Joan y decirle seriamente que teníamos que comenzar este proyecto de tres mujeres. Lo más sorprendente es que, justamente esos días, las otras dos habían hecho lo mismo. Fue una comunión muy fuerte y nos dimos cuenta de que teníamos que hacerlo, debía suceder. Fue muy impresionante.

¿Qué encontrará el espectador que compre una entrada para ir a verlas?
Este es un espectáculo con diferentes sketches, tocamos un poco de todo con música, monólogos, una parte más gestual, danza, poesía, comedia absurda, cabaret… No hay un hilo conductor, simplemente encadenamos sketches donde este trío de mujeres alrededor de los 40 años hablamos de lo que queremos, nos mostramos como queremos y no nos mordemos la lengua.
Esta es una obra con tres mujeres protagonistas, algo que todavía cuesta ver porque la comedia es un mundo mayoritariamente masculino.
Es frustrante porque no debería ser así… Pero hace siglos que se nos encasilla y se da voz y voto a los hombres en todas las profesiones. Nos destacan que seamos tres mujeres haciendo comedia, ¡y no debería ser noticia! Lamentablemente, aún estamos luchando por ello, todavía debemos normalizarlo.
¿El mundo de la comedia es especialmente machista?
El machismo está presente en todas partes, al igual que los micromachismos que nos rodean. No estamos en una situación igualitaria aún, no estamos en ese punto. La mayoría de las obras de teatro que vemos tienen una mayoría real de más hombres que mujeres. Supongo que porque muchos escritores han sido hombres, con protagonistas también hombres, y porque los directores también son hombres mayoritariamente. No es habitual ver a tres mujeres haciendo reír en el teatro y pasándolo bien.

En esta obra insisten en que ustedes se lo pasan realmente muy bien porque es la única manera de hacer que los espectadores también disfruten. ¿Qué tipo de público va a verlas? ¿Mayormente mujeres?
La verdad es que nos lo pasamos bien, sin aleccionar a nadie y sin ser panfletarias. En las funciones que hemos hecho, sí que han venido muchas mujeres y sobre todo más mayores que nosotras. De repente, hablamos de mujeres de 50 y 60 años que se sienten libres, sin prejuicios y que vienen a escucharnos hablar de sexo. Se lo pasan bomba en este momento de liberación para ellas. Hay muchos hombres a quienes también les gusta, pero es verdad que llega a más mujeres porque se identifican con nosotras.
¿El teatro permite que los espectadores desconecten de las pantallas durante un par de horas? ¿También ayuda a conectar más con el público?
Es súper necesario porque tenemos el móvil siempre a mano, así que es muy enriquecedor ver que la gente desconecta de la tecnología y, así, conecta de manera real contigo. Los porcentajes de público que hay ahora en el teatro no son los mejores, pero venimos de una pandemia que generó un momento muy duro y no estamos nada mal. La gente tiene muchas ganas de ver cosas en directo y en vivo. Podríamos decir que ahora hay dos tipos de público, el más mayor, que es gente que ha ido al teatro toda la vida, y el más joven, que tiene ganas de explorar este mundo. Hay un gap en medio, una generación perdida.
¿Cómo es el público catalán que va al teatro? ¿Qué tiene de especial respecto a otros?
Los catalanes tenemos un gran bagaje cultural y artístico. Hay mucha cultura de ir a ver teatro y a ver música. El arte está muy presente y va ligado a la identidad catalana por la zona, por el pasado, por nuestra lucha con la lengua… Esto es buenísimo porque hace que conectes rápidamente con las obras, pero también tiene el problema de que hace que el espectador entienda de verdad y pueda juzgarte realmente si está bien hecho lo que haces o no.
La suya no es una profesión fácil ni estable. ¿Cómo gestiona los meses en los cuales el teléfono no suena?
Son muy difíciles de gestionar las expectativas y la frustración. Yo he estado muchos años picando piedra y sin desfallecer. Puede que te acabes cansando anímicamente, pero también en el ámbito económico. Yo he estado muchos años sin poder vivir al 100% ni al 50% de mi trabajo y he tenido que trabajar en muchas cosas diferentes. Ahora llevo 4 años sin parar de trabajar, pero siempre con meses de preguntarte qué pasará. Lo que no debes hacer es esperar que suene el teléfono, tienes que tocar puertas y montar tus propios proyectos.

Y usted ha tenido la suerte de tener trabajos con gigantes de la comunicación como puede ser TV3, donde la hemos podido ver desde hace más de una década en programas tan exitosos como Crackòvia o Polònia.
Siempre he interpretado los personajes anónimos, que se dice, los que también son supernecesarios porque acompañan a los fijos en los diferentes gags y aportan mucho. Ya sea desde un ciudadano, una camarera, una pareja… Sí que he interpretado a Aitana Bonmatí, por ejemplo, pero cuando tienes a alguien fijo también sabes que solo aparecerá cuando esté de actualidad.
¿Cómo es trabajar allí?
Lo que me encanta de Polònia es que cada día interpreto a gente diferente y eso lo hace mucho más divertido, con una improvisación guionada que es increíble y te ayuda a tener bagaje. Me lo paso muy bien jugando a no ser yo, que puede parecer curioso, pero me permite jugar con partes de mí que se expresan de otra manera. Con la comedia, lo que me flipa, es que puedes explotar diferentes facetas de tu personalidad.
El programa ha celebrado 20 años en antena, todo un reto que no es fácil de alcanzar.
Es que Polònia es un programa muy, muy bueno, yo llevo entre 14 y 15 años trabajando allí y no me canso. La actualidad marca los guiones, lo cual es muy bueno, aunque eso implique que de vez en cuando pasa algo de última hora que provoca que te lleguen los guiones con muy poco margen… Eso entrena tu memoria, claro.

Y ahora también la vemos en Fuet, el formato que ha creado 3Cat para explicar historia a los niños de una manera divertida y diferente. ¿Cómo es este programa?
Contamos la historia de Cataluña, de España, la mundial… este verano grabaremos la cuarta temporada y estamos contentos porque está funcionando muy bien. Y no solo es para niños, sino también para adolescentes, les ponen capítulos de la serie en las clases de historia. Es un programa divertido, muy rápido y muy dinámico con mucho contenido y con el lenguaje que ahora mismo es el que necesitan, que son clips cortos. Yo que veía Dragui, y este sería el Dragui de ahora, con lo que piden los niños y jóvenes de ahora.
TV3 sigue apostando por el humor, algo que no hacen otros canales públicos. ¿Aún tienen que luchar más por ello?
Esperamos que dure, que no se dé la vuelta a la tortilla. Nosotros continuaremos luchando por ello.
La pudimos ver, hace unos años, en la serie más exitosa del momento como es Com si fos ahir. ¿Cómo fue esa experiencia en una ficción diaria?
Sí, hice tres o cuatro capítulos de la serie y fue muy divertido. Ahora bien, no es fácil porque llegas allí y no conoces a nadie. Te encuentras en medio de un mundo con un engranaje de mucha gente, de actores y de equipo técnico, y tienes que gestionar también los nervios. En una serie de tantos años y con gente que se conoce desde hace tanto, ser la nueva e ir allí para dos o tres capítulos también es difícil. A veces puede ser complicado y tienes que saber muy bien cuál es tu lugar, sobre todo hay que tener claro que aportarás todo lo que eres y eso ayuda a sentirte acompañada.

¿Es un caramelito, para una actriz, poder entrar en una serie de tan larga duración como esta?
Yo nunca he estado mucho tiempo en una serie diaria, pero tengo muchas amigas que sí y me parece admirable el nivel de rapidez mental que tienen para memorizar guiones. La memoria es un músculo, me lo han dicho siempre, pero es un miedo que tengo de si alguna vez me pasara. Sí que es verdad que ahora me he dado cuenta de que puedo memorizar mucho más rápido que antes. Y siempre dicen que es al revés… pero, de repente, te llega un casting y tienes que aprendértelo para el día siguiente.
¿Qué proyectos futuros tiene entre manos?
Este verano, grabaremos la cuarta temporada de Fuet. Y también estamos pendientes de ver cómo funciona Trestias, que creemos que tendrá vuelo y podría haber la posibilidad de hacerlo en Madrid. Además, estoy trabajando en mi proyecto musical, ahora que he sacado un disco y quiero seguir explotándolo. También aparezco en In vitro, la serie de Marc Crehuet que se estrenará en otoño, donde actúo en un capítulo con David Verdaguer.

