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Carles Solà Ferrando (Xàtiva, 1945-Sant Cugat, 2026) ha muerto hoy. Ha sido el híbrido perfecto: científico y político. Perfección discretísima. Centauro de muchos desiertos. La lista de cargos que desgrana su biografía sorprende porque Solà los enlazó y asumió sin alborotos y con eficacia. Dos actitudes –o virtudes– que ahora no se prodigan en ningún lado. Y menos a la vez. Con cien veces menos de currículum hay quienes no paran de cacarear.

Solà estudió Química en la Universidad de Valencia en el último franquismo y allí aprendió y se comprometió. Socialmente y nacionalmente. Un compromiso que lo llevó a militar en el Sindicato Democrático de Estudiantes, en el Partido Comunista y, después, a integrarse en el núcleo fundacional del Partido Socialista del País Valencià, el bueno, el de aquella época. El de Alfons Cucó, Vicent Ventura y los hermanos Vicent y Joan Garcés.

Muerto el dictador, consiguió la cátedra de química técnica en la Universidad Autónoma de Barcelona, de la cual sería años después rector gracias a los votos de los estudiantes, que a veces saben por qué se decantan. En las dos últimas décadas de su carrera docente se especializó en una de sus pasiones: la biotecnología.

La lista de investigaciones, de trabajos que se derivaron y de publicaciones del doctor Solà es copiosa. Como importantes son los reconocimientos que lo celebraron.

Un científico comprometido con su país es triplemente efectivo. Carles Solà lo fue siempre y con efervescencia imaginativa durante el octenio en que fue rector de la Autónoma. Para que quedara constancia fue él quien encargó al escultor Andreu Alfaro las cuatro columnas hercúleas e ilustradas que permiten identificar el campus desde la B-30. La icónica de la Autónoma es la huella de su rector de Xàtiva. Quien conozca la historia de esta ciudad y el sello de sus hijos más ilustres lo encontrará lógico y categórico.

La memoria es frágil e interesada. Por eso conviene recordar dos episodios. El primero es que Solà retiró la bandera española en la inauguración del curso académico en que se estrenó como rector: “Muy fácil: dije que aquí solo debía haber una bandera, que era la senyera”.

El segundo estalló –nunca mejor dicho– cuando José María Aznar se presentó en la UAB por sorpresa a visitar el Centro Nacional de Microelectrónica instalado en su campus –una excusa tan inválida como cualquier otra, porque el interés del expresidente español por esta materia es equiparable al que debe sentir por la burgerología– y la disrupción terminó con una batalla campal entre policía y estudiantes. Carles Solà tomó públicamente partido por los discrepantes. Con aplomo civilizador.

El claustro de la Autónoma le renovó la confianza y declaró personas no gratas al mismo Aznar, a la delegada del gobierno español y al Cuerpo Nacional de Policía, que no han vuelto a poner pie allí. Pero aquella decisión se tomó con su voto en contra, porque, como el exrector confesaba años después, durante el Proceso, “esta gente es muy vengativa, ahora lo estamos viendo más que nunca, y tenía miedo de posibles represalias”.

Carles Solà, exconseller de Recerca i Universitats de la Generalitat de Catalunya i exrector de la UAB / Foto: Jordi Play (Arxiu)
Carles Solà, exconseller de Recerca i Universitats de la Generalitat de Catalunya i exrector de la UAB / Foto: Jordi Play (Arxiu)

Impulsor de la Xarxa Vives de universidades de los Países Catalanes

El compromiso universitario de Carles Solà no se redujo a los límites de la Cataluña estricta. Aplicado en la doctrina de otro doctor, Joan Fuster, impulsó la creación de la Xarxa Vives de universidades de los Países Catalanes, que presidió entre el año 2000 y el 2004.

Carles Solà, después de la etapa novata en el magnífico Partido Socialista del País Valencià previo a la denominada “unidad socialista”, que más bien fue una absorción desde el PSOE, se mantuvo siempre fiel como independiente comprometido. Comprometido con los valores de progreso y de país. En 2003, sin embargo, respondiendo a una propuesta de Josep-Lluís Carod-Rovira, entró como aporte republicano en el gobierno de Pasqual Maragall, desde el cual trabajó, con silencio y resultados, para incentivar la investigación en todos los ámbitos. Su militancia, desde que Maragall lo despidió del gobierno, fue tan discreta como su trabajo. Una militancia independentista consecuente con los hechos y la gente.

Así lo constata una entrevista que concedió a El Temps en 2021 en la que Carles Solà no había cambiado la elegancia, pero había asumido que según con quién más vale ni merendar: “La represión es muy fuerte, y pensar que hay vías de negociación para llegar a la autodeterminación o a cuotas de libertad creo que no tiene ningún fundamento. Menos aún cuando en este país siempre prevalece la norma española, sin excepción. Nos han engañado incluso con las infraestructuras. Ver en este contexto que un partido como ERC quiere hacer creer que hay posibilidades reales de negociación yo no lo entiendo. Es una deriva que no nos lleva a ninguna parte”.

Carles Solà Ferrando, científico comprometido y discreto. Descanse en paz sabia.

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