Santi Millán nunca decepciona cuando concede una entrevista, pero la anécdota que ha reservado para el último pódcast que lo ha invitado es de las mejores que ha contado jamás. El actor y presentador ha aparecido en La Ruina, donde ha recordado el incidente que vivió en las vacaciones familiares que disfrutó en Japón la pasada Navidad. El titular es realmente impactante: «Fui detenido por robo en Japón«. Tomàs Fuentes e Ignasi Taltavull se quedaron boquiabiertos, conscientes de que se encontraban ante una historia de aquellas que hacen virales los vídeos que publican en las redes sociales. ¿Qué había hecho el presentador de Got Talent? ¿Se había llevado algo de una tienda sin pagar?
Toda la familia se había trasladado hasta Kyoto para visitar uno de los templos más famosos del país, el Fushimi Inari, un santuario con más de 10,000 arcos de color rojo que lo han convertido en un escenario imprescindible en cualquier visita al país nipón. Él estaba aburrido y se le ocurrió que podría hacer una travesura: «Estaba ocioso y creí que estaría bien robar, efectivamente. La mente siempre acaba pensando cosas malas…». La cosa es que vio un cartel de madera descolorido con tipografía japonesa: «Me pareció interesante como recuerdo para llevarme de Japón. Tomé el alambre, lo quité y me quedé con la madera. La guardé en la mochila y me quedé esperando en el mismo lugar«. Seguramente no fue la mejor decisión, pero dice que pensó que nadie sospecharía de él.
La historia más estrambótica de Santi Millán
Lo que Santi Millán no esperaba es que dos personas locales lo atraparon in fraganti. No lo dudaron, ellos que tienen un sentido del deber tan marcado, y llamaron inmediatamente a la policía. De repente, el presentador vio que empezaban a llegar agentes de policía: «Se formó a mi alrededor un escuadrón de seis hombres uniformados y muy educados. No los entendía, pero me hicieron sacar la madera de la mochila y me preguntaban de dónde la había sacado». Lo llegaron a llevar detenido, ha asegurado, mientras la familia lo seguía detrás. Una vez en la comisaría, intentó defender su actitud: «Les dije que había sido un acto involuntario, que soy artista y muy fan de la tipografía japonesa. Me pusieron de pie contra la pared y de espaldas«. Todo, para hacerle las típicas fotos de detenido…
Tampoco esperaba cómo actuaron justo después. Y es que la policía lo acompañó al lugar del crimen y, allí, lo obligaron a hacer una sesión de fotos con el cartel: «Parecía cachondeo«. Le dijeron que esperaban que abandonara Kyoto en ese mismo momento y tuvo suerte de que no acabaran deportándolo: «Fue un detalle por su parte». Una historia que tiene documentada, tal como ha mostrado, en unos vídeos de la inspección que grabó la familia sin entender nada mientras él no podía aguantar la risa.


Una historia surrealista que hará gracia, o escandalizará, a sus fans.

