Entras al ascensor, las puertas se cierran y el silencio se vuelve instantáneamente pesado. Miro al suelo, miro el móvil o miro los números de los pisos subir. Pero, ¿has saludado?
Víctor Küppers, el referente indiscutible de la psicología positiva en nuestro país, ha lanzado una advertencia que deberíamos tomar muy en serio. Estamos perdiendo una especie en extinción y, curiosamente, no se trata de ningún animal exótico.
La decadencia del «buenos días»
Para Küppers, el saludo en espacios comunes como ascensores, comunidades de vecinos o tiendas de barrio no es solo un protocolo social. Es un termómetro de nuestra calidad humana y de cómo nos relacionamos con el resto de la sociedad.
La cruda realidad es que hemos normalizado la invisibilidad del prójimo. Nos cruzamos con personas constantemente, pero hemos decidido que no merecen nuestra atención. (Sí, admitámoslo, a veces nos da pereza el esfuerzo mínimo de abrir la boca).
La falta de saludos no es un descuido; es un síntoma claro de que nuestra amabilidad está bajo mínimos y que estamos priorizando la indiferencia sobre la conexión real.
Este experto insiste en que las personas que no saludan están, poco a poco, contribuyendo a una sociedad más fría, más distante y, sobre todo, mucho más triste. Un simple «hola» tiene el poder de romper la barrera del aislamiento y mejorar el estado de ánimo de alguien que quizás ha tenido un día horrible.

La trampa de la comodidad digital
¿Por qué nos cuesta tanto? Vivimos atrapados en nuestra burbuja personal. El teléfono móvil se ha convertido en nuestro escudo protector, una herramienta que usamos para evitar cualquier interacción humana no planificada.
El problema es que, al ignorar a los demás, nos estamos cerrando puertas a nosotros mismos. Küppers sostiene que la actitud es lo único que multiplica nuestro valor como personas. Si no eres capaz de regalar un gesto tan gratuito como un saludo, ¿qué estás ofreciendo realmente a tu entorno?
Este fenómeno es especialmente preocupante en las grandes ciudades, donde la masificación debería invitarnos a ser más cercanos para no convertirnos en autómatas. En lugar de eso, hemos creado un muro invisible donde el desconocimiento del otro nos exime de cualquier cortesía básica.

El cambio de chip que comienza hoy
Recuperar este hábito no requiere formación ni inversión económica. Solo necesitas un pequeño esfuerzo consciente. La próxima vez que alguien entre al ascensor contigo, intenta mirarlo a los ojos y saludar con una sonrisa sincera.
La reacción suele ser inmediata: la tensión desaparece. La persona se relaja y, muchas veces, responde con el mismo gesto. Has creado un microclima de positividad en apenas un segundo. Es una pequeña victoria, sí, pero necesaria para restaurar el tejido social que Küppers insiste en proteger.
No esperes que los demás tomen la iniciativa. Sé tú quien marque la diferencia. La amabilidad es contagiosa y, si conseguimos que el «buenos días» vuelva a ser la norma y no la excepción, habremos ganado una batalla importante contra la deshumanización de nuestro estilo de vida.
Si quieres cambiar el mundo, empieza por ser la persona que sí saluda en el ascensor. Es la inversión más barata y rentable que puedes hacer por el bienestar común.
Ya sabes lo que opina uno de los expertos más lúcidos sobre nuestra manera de convivir. Ahora es tu turno. ¿Vas a seguir mirando los números del ascensor o vas a empezar a ver a las personas que viajan contigo?

