Viure bé
Santiago Segura cuestiona los suplementos: «Tomar colágeno es como querer ser un ordenador comiéndote uno»

Seguro que tú también tienes ese bote de colágeno en la despensa, esperando un milagro para tus rodillas o tus arrugas. Pues bien, Santiago Segura acaba de dinamitar esa esperanza con una sola frase que nos ha dejado a todos con la boca abierta (y el bolsillo doliendo).

El creador de Torrente, que siempre se ha caracterizado por una honestidad brutal sobre su físico, ha decidido destapar la manta. Después de años probando de todo para frenar el paso del tiempo, su conclusión sobre este suplemento estrella es tan demoledora como lógica.

La comparación que lo cambia todo

Santiago Segura no se ha cortado un pelo. Durante una charla reciente sobre bienestar y el peso de los 60 años, confesó que él también cayó en la fiebre del colágeno. Lo hacía junto con su amigo José Mota, convencidos de que estaban blindando sus articulaciones contra el desgaste.

Sin embargo, una lectura científica le abrió los ojos de golpe. «Tomar colágeno para mejorar los huesos es como comerse un ordenador para ser más inteligente», sentenció el director. (Sí, nosotros también nos quedamos congelados al leerlo).

Segura explicó que le dijo a José Mota que estaban haciendo el tonto y que las industrias intentan venderte la moto constantemente. Una verdad que muchos sospechaban pero que pocos se atreven a decir con esta claridad.

¿Por qué nos «engañan» con el colágeno?

La lógica detrás del dardo de Segura tiene una base científica que muchas marcas prefieren omitir en sus anuncios. El colágeno es una proteína. Cuando lo ingerimos, nuestro sistema digestivo lo descompone en aminoácidos simples. Es decir, tu cuerpo no sabe que ese polvo venía de un bote caro; lo trata igual que si te hubieras comido un filete o un huevo.

El organismo decide después dónde enviar estos «ladrillos» según sus necesidades, y no siempre van directos a ese cartílago que te cruje al levantarte del sofá. Es el gran error de concepto que nos ha hecho gastar millones de euros en suplementos que, en muchos casos, acaban siendo una inversión invisible.

La crisis de los 60 y el «por si acaso»

A pesar de su escepticismo, Segura admite una verdad en la que todos nos vemos reflejados. Al llegar a ciertas edades, el miedo al deterioro nos vuelve vulnerables a cualquier solución mágica. Aunque sepamos que no hay milagros, seguimos comprando suplementos bajo la filosofía del «por si acaso».

El actor reconoce que le gusta verse bien, pero que ha dejado de creer en las cremas «revolucionarias» y en las pastillas que prometen devolver la elasticidad de los 20 años. La realidad es mucho más cruda y barata: alimentación real y menos marketing de bote.

Lo que dice la ciencia (la letra pequeña)

¿Significa esto que el colágeno es malo o bueno? En absoluto. Pero la comunidad médica coincide cada vez más con el escepticismo de Segura. Para que el colágeno funcione, el cuerpo necesita sintetizarlo de forma natural, y para ello es más importante la vitamina C y una dieta equilibrada que cualquier polvo hidrolizado de farmacia.

Es vital tener en cuenta que, antes de renovar tu suscripción mensual a estos suplementos, recuerdes que la mayoría de los expertos sugieren que el beneficio real es marginal comparado con su elevado precio.

¿Estamos ante el fin de una moda viral?

Las declaraciones de Santiago Segura han puesto el foco en una industria que mueve cifras astronómicas. Su testimonio no es solo la queja de un famoso, es el cansancio de una generación que se siente objetivo de un marketing agresivo que promete juventud eterna en cómodas cápsulas.

Si estabas a punto de comprar otro pack de ahorro, quizás te lo quieras pensar dos veces. Al final, parece que el truco para estar mejor no está en el fondo de un bote, sino en aceptar el paso del tiempo con la misma ironía y lucidez que el propio Segura.

Al fin y al cabo, ¿no será que estamos intentando comprar salud cuando lo que necesitamos es simplemente dejar de creer en cuentos? Quizás el mejor suplemento sea, simplemente, un poco de sentido común.

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