Santiago Carrillo, con quien mantuve frecuente contacto durante algunos años, me dijo un día: “el secreto de la supervivencia en política es no meterse en líos que no te corresponden”. Yolanda Díaz, que a veces me da la impresión de que puede llegar a jugar un papel semejante al que el histórico dirigente comunista (o ‘eurocomunista’) desempeño en algún momento, sigue esta máxima al pie de la letra. Por ejemplo, nunca he oído a la vicepresidenta y ministra de Trabajo hablar ni sobre los intríngulis de la negociación del Gobierno central con el Govern catalán ni sobre otros muchos de los temas ‘peliagudos’ que afronta el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Excluida ahora, claro está, la cuestión de la reforma laboral, que sí compete de lleno al Departamento de Díaz y que, desde luego, no será precisamente la que provoque que la sangre llegue al río en las relaciones entre los partidos de la coalición gobernante.

Yo creo que, antes de lanzarse a disertar sobre, por ejemplo, el futuro que ella avizora para Catalunya, que es tema complicado y polémico en muy diversos sectores políticos españoles, Yolanda Díaz tratará de formalizar un poco más esa plataforma a-la-izquierda-de-la izquierda que esta preparando, y que próximamente dará un primer paso con la comparecencia en público de Ada Colau y Mónica Oltra junto con la propia vicepresidenta. Ese será un primer paso público cauto, al que, me dicen, seguirán otros en Andalucía (con Teresa Rodríguez, de Anticapitalistas Andalucía) y en Madrid (con el partido de Iñigo Errejón y Mónica García, apadrinado quizá por Manuela Carmena). Si lo logra, se tratará de un cartel sin duda atractivo, que se completará con los restos de Unidas Podemos, un partido que hoy aparece seriamente tocado y en el que Yolanda Díaz ni siquiera milita, anticipando acaso futuros roces, que algunos ya intuyen, con Ione Belarra e Irene Montero.

La controvertida Colau

Claro que esta amalgama de gentes procedentes de formaciones y parajes tan diversos deriva en un puzzle difícil de encajar. Puede, así consideradas las cosas, que sea la alcaldesa de Barcelona quien defina en buena parte las líneas maestras de por dónde ha de discurrir lo que en los cenáculos madrileños se llama ‘la cuestión catalana’, de la misma manera que otros/as dirigentes aportarán más elementos al collage. Y no diría yo que la parte mayoritaria del Gobierno de Pedro Sánchez, para el cual la de Colau es una figura controvertida y de relación no siempre fácil, coincida en la actualidad plenamente con los postulados de Catalunya en Comú.

En todo caso, esta que indico me parece la operación política más importante que se está cocinando ahora mismo, curiosamente desde un Gobierno con mayoría del PSOE al que la plataforma de Díaz intentaría arrebatar algunos cientos de miles de votos, para aumentar su influencia y peso en una coalición que sería renovada tras las elecciones generales, caso de que las urnas lo permitan. Porque de lo que sin duda se trata es de reeditar el viejo sueño que algún día albergó Carrillo: él sabía que no iba a poder dar el ‘sorpasso’ al PSOE de Pablo Iglesias (Posse, naturalmente), pero a lo que aspiraba, él mismo me lo dijo, era a que los socialistas considerasen al PCE de entonces “una pieza fundamental”. Y algún día me diseñó incluso el alcance de su plan, que, por supuesto, pasaba por tratar de lograr el mayor apoyo posible en Catalunya y en Andalucía “que son los graneros de votos y escaños donde se ganan las elecciones nacionales”. Por eso, se empeñó siempre en reforzar lo que sería Izquierda Unida (en realidad, allí el PCE) en Andalucía y en respaldar al PSUC en Catalunya.

El fracaso de Carrillo

Claro, probablemente es demasiado pronto para pedir mayores concreciones programáticas a la aún incipiente plataforma, y más dada la prudencia que exhibe Yolanda Díaz a la hora de hablar de los temas que, por ahora –por ahora—, no le competen por su cargo. De momento, insisto, la vicepresidenta trata de conseguir lo que Pablo Iglesias, su incómodo mentor, no pudo: aglutinar a varias de las hoy dispersas fuerzas consideradas a la izquierda del PSOE y hacerlo, como intentó Carrillo, desde un PCE abierto a coaliciones tan peculiares como la que resultó en Izquierda Unida. Aquello salió como salió, y Carrillo acabó marchándose –más bien siendo expulsado—del PCE y hasta fundando su propio, efímero, grupúsculo (el de los Trabajadores de España-Unidad Comunista), más cercano al PSOE que otra cosa y que acabó integrándose en este partido.

Yolanda Díaz, que se reivindica comunista no sectaria, tiene mucha Historia que estudiar para no repetir ciertos errores que le podrían resultar fatales. En estos momentos, y en esta coyuntura, no acertar en Catalunya podría ser uno de ellos, quizá el más grave.

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