Esta mañana, después de que el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga a la familia Pujol Ferrusola decidiera exonerar al presidente Pujol del caso, comenzaron las declaraciones. El primero en sentarse en el estrado fue Jordi Pujol Ferrusola, el primogénito del expresidente y principal acusado del caso. Al sentarse, con una carpeta gruesa delante, se dirigió a los micrófonos y con una voz contundente preguntó a la sala «¿Se me oye?».

Una vez aclarado el sonido de la funcional sala de vistas de la Audiencia Nacional, el hijo mayor del expresidente alertó al tribunal de que podría cometer una «catalanada». Pero prefería hacerlo a la traducción simultánea porque «si no, no acabaremos nunca», justificó para declarar en español. El presidente del Tribunal, José Ricardo de Prada, le comentó que no había problema. Pero el fiscal a la vista del caso, Fernando Bermejo, fue un paso más allá: «No se preocupe, sé catalán».

Jordi Pujol Ferrusola, en un momento de su declaración
Jordi Pujol Ferrusola, en un momento de su declaración

Un largo interrogatorio

El interrogatorio comenzó con calma. Bermejo había apuntado que tenía 700 preguntas para formular. Pero Jordi Pujol Ferrusola hizo gala de memoria -quizás también herencia familiar por parte de padre- y respondía con solvencia todas las preguntas. A pesar de la concreción de las preguntas del ministerio público, el primogénito respondía sin evadir el tema y añadiendo detalles, nombres y qué tipo de negocios. De hecho, el fiscal iba punto por punto, caso por caso y negocio por negocio. Jordi Pujol aseguró que trabajaba «por el mundo» para «evitar la contaminación política» de Cataluña y hacia el año 2000 hizo más negocios en el Estado porque «España iba bien».

Pidió agua, dadas las largas respuestas que ofrecía al fiscal. En este sentido, Jordi Pujol Ferrusola basó su defensa insistiendo en que trabajaba con «información privilegiada». Así, fue justificando cómo llegó a obtener la información de cada operación que la fiscalía investigó. Además, tuvo la oportunidad de marcar un gol al ministerio público cuando le preguntaron si su padre conocía a un «constructor». «Claro, seguro que lo conocía, como conocía al pollero, ¡de ahí su fuerza!», una sonrisa general y generosa llenó la sala.

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