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Los medios de comunicación con sede en Madrid han sido agentes principales en la difusión y consolidación del nacionalismo español mediante esquemas discursivos que buscan polarizar la sociedad. Bajo la premisa de que el castellano «une y cohesiona» mientras que el catalán «separa y disgrega», la prensa estatal ha articulado un relato jerárquico que señala a la lengua catalana como un enemigo interno. El doctor Vicent Climent-Ferrando, profesor del departamento de Traducción de la UPF y coordinador académico de la cátedra UNESCO de Políticas Lingüísticas para el Multilingüismo, analiza estos mecanismos de fondo y su impacto real en los catalanoparlantes en esta entrevista con El Món. Vicent Climent-Ferrando intervendrá en la quinta edición del seminario de Semicercles, que organiza Plataforma per la Llengua, y que este año trata la catalanofobia. La jornada se celebrará sábado, 17 de octubre, en la Casa Convalescència del recinto modernista de Sant Pau de Barcelona.

El sábado usted participará en el seminario de Semicercles, que este año gira en torno a la catalanofobia. ¿Su exposición se centrará en los medios de comunicación españoles?
Del estado español, entre los cuales se incluyen los escritos en lengua castellana y en lengua catalana.

¿Cómo ha trazado este estudio?
Construimos un corpus con todas las noticias que hablaban sobre lengua. Había mucho ruido –noticias como «juego catalán» que no eran sobre la lengua como objeto–. Hicimos una selección con Factiva utilizando palabras clave como «catalán», «castellano», «inglés» o «multilingüismo», y nos salieron unos 11.000 artículos.

¿En cuántos años?
Cinco años. Con Albert Morales analizamos unos 11.000 titulares y de ahí extrajimos una muestra representativa de casi 300 artículos. Analizamos cómo se conceptualiza el catalán y el castellano en los medios en castellano, cómo se conceptualizan en los medios en catalán, y cómo se conceptualizan otras lenguas y el multilingüismo.

Vicent Climent-Ferrando, profesor del departamento de Traducción de la UPF / Anna Munujos

¿Los medios de comunicación con sede en Madrid actúan como estructuras de estado en la difusión del nacionalismo español?
Decir que actúan como estructuras de estado es demasiado atrevido. Esto no lo puedo afirmar, pero sí que es verdad que el análisis, desde el punto de vista técnico, demuestra que cuando se habla en la prensa española conservadora –porque hay prensa española no tan conservadora–, hay una tendencia clara a asociar la lengua catalana a elementos negativos. Elementos negativos como falta de democracia, cierre, radicalidad, cerrazón de miras, falta de oportunidades, exclusión y marginación de la lengua castellana. Estas son las conclusiones del estudio, y hemos hecho un análisis lexicométrico.

Es decir, han analizado el vocabulario que usan alrededor de la lengua.
El vocabulario, exacto. Se trata de ver qué red semántica desde el léxico hay asociada cuando se habla de la lengua catalana. La lengua no se vive en un vacío, sino que está asociada a un contexto político, cultural e histórico. Cada vez que ha habido picos es cuando, por ejemplo, hay alguna sentencia en el ámbito educativo o la cuestión del catalán en Europa. Siempre que hay un elemento relacionado con la lengua catalana, estos medios conservadores españoles asocian el catalán a estos elementos negativos.

¿Y qué crean con esto?
Se crea un marco mental, un marco conceptual. Si tú estás leyendo de manera continuada, sistemática y recurrente estos medios de comunicación —si este es tu input—, te creas un marco mental que asocia automáticamente la lengua catalana con ideas de radicalidad, de imposición y de marginalidad del castellano. La conceptualización que acaba creando en la persona es asociar automáticamente la lengua catalana con todas estas nociones negativizadas. ¿Esto se puede llamar catalanofobia? Es la consecuencia final de esto.

¿Esto es premeditado?
Esto lo deberíamos preguntar a los medios.

¿Pero lo han estudiado?
Con estas palabras no lo puedo decir, pero sí que es una línea editorial. ¿Por qué? Porque lo vemos sistemático, recurrente y voluntario; no es casual ni circunstancial. Puede dar a entender que puede ser premeditado. Cuando toda la línea editorial de ese medio va en este sentido, se ve que hay una intencionalidad en esta dirección.

¿En la dirección de crear un discurso contrario al catalán?
Hostil, exacto. El resultado final es una hostilidad hacia la lengua catalana y todo lo que la rodea: que no se haga educación en catalán o que no haya oficialidad en Europa. En cambio, nadie habla de imposición del castellano. Es lo que en ciencias políticas se conoce como nacionalismo banal. Significa que normalizas un tipo de nacionalismo, el español, y el nacionalismo catalán –que es la promoción de los elementos identitarios y culturales propios– lo tildas de periférico, radical, hostil, etc.

Pero el nacionalismo español tiene todo el poder para actuar contra una minoría.
Efectivamente. En ciencias políticas, el nacionalismo banal es aquel que se da por supuesto, por natural, aceptado comúnmente y no cuestionado. Normalizan unos debates y dan por supuestas una serie de cosas. Como decía Michael Billig, el nacionalismo banal es la normalización de un tipo de nacionalismo que hace que todos los demás, sobre todo los no estatales, sean vistos como radicales, independentistas, exclusivos, cerrados o impositivos. Todo esto se asocia automáticamente y recurrentemente a lo largo del tiempo. Es la técnica de la gota malaya. Una no hace nada, otra tampoco, pero sostenido en el tiempo se crea un marco mental de negativización de la lengua catalana. Esto es lo que Pierre Bourdieu llama el habitus: la manera que tienes de conceptualizar la realidad.

Vicent Climent-Ferrando, profesor del departamento de Traducción de la UPF / Anna Munujos

¿Cómo se analiza desde la sociolingüística esta narrativa recurrente que presenta el castellano como una lengua que une y cohesiona, y la otra como una lengua que divide y separa?
Por ejemplo, cuando se habla de escuela bilingüe, es fantástico cuando se hace en inglés. Pero cuando se aplica aquí, independientemente del modelo de inmersión, se tilda de imposición o radicalidad. El bilingüismo asociado a ciertos idiomas tiene atributos positivos en la prensa conservadora castellana cuando es inglés y castellano.

¿Y cuando se introduce el catalán?
No está aceptado. Los adjetivos cambian completamente cuando el bilingüismo o multilingüismo incorpora el catalán.

¿Encontraron algún titular positivo?
En la prensa conservadora castellana, ninguno.

¿Entre qué años?
Del 2015 al 2021 de manera sistemática y rigurosa. Después, del 2021 al 2025 he ido haciendo seguimiento de los picos. Estuvimos dos años y medio dos personas analizando la lexicometría y los contextos sociopolíticos. Cuando veíamos un pico de noticias de repente se pasaba de 3 a 35 noticias, para ejemplificarlo, e íbamos a buscar qué había pasado en ese momento exacto.

Por lo tanto, aprovechan los picos.
Sí. El ámbito educativo está ultrapolitizado. En estos picos se ha analizado el contexto y la lexicometría. Han aprovechado, por ejemplo, las sentencias del 25% de castellano en la escuela para introducir este léxico.

Es curioso porque son sentencias que van en contra del sistema de inmersión y el catalán, y las utilizan para cargar contra la lengua catalana.
La sentencia dice que se debe poner más castellano como lengua vehicular. Si la Generalitat dice que no lo hará así, utilizan el argumentario de que incumplen la sentencia por su radicalidad. Utilizan toda esta narrativa negativa que hace que la conceptualización final o marco mental sea negativo hacia la lengua.

¿Y ese marco mental se transforma en hostilidad en la calle?
Miramos también qué impacto tienen estos medios en número de lectores. Si yo leo VilaWeb, El Món o Nació Digital, ese marco mental no será el mío. Pero millones de personas tienen esta conceptualización. Hay una capilaridad muy grande de estos medios en ciertos territorios.

¿Pero esa hostilidad se traslada a la calle y provoca la catalanofobia?
Efectivamente. Las personas que leen esta prensa la trasladan a la calle.

¿Y cuando hay elecciones, estos mensajes se incrementan?
En el momento que se trata el tema de la lengua, como el catalán en Europa o en períodos electorales, se saca el discurso del castellano arrinconado o marginado o que el castellano es la lengua común. Y, siempre que desde aquí se quiere promover la lengua, se tergiversa el mensaje. Se sustituye el impulso o promoción por la idea de imposición.

¿Estos medios han conceptualizado la lengua como un enemigo interno?
Sí, se conceptualiza como una lengua hostil, antipática, poco útil o problemática. Esto hace que la gente piense: ‘Qué pereza el catalán’. Cataluña tiene un saldo de crecimiento natural negativo –muere más gente que nace–. Por lo tanto, la población crece gracias a la inmigración. Si la gente que viene de fuera compra esta narrativa y marco mental sobre el catalán, no entrará en él porque lo considera problemático. Si tienes otra lengua con más hablantes –el castellano–, asociada a movilidad, prosperidad y poder, y la otra se presenta como hostil, antipática y problemática… Las lenguas son la percepción que la sociedad tiene de ellas.

Vicent Climent-Ferrando, durante la entrevista con El Món / Anna Munujos

¿Y qué deben hacer los catalanoparlantes?
De ahí viene la necesidad de tener conciencia lingüística. Tener la conciencia de decir ‘no soy radical ni antipático por dirigirme en catalán’. Como mínimo, si el otro habla en castellano, que no me haga cambiar de lengua si lleva años aquí y la puede entender. Mucha gente que tiene el catalán como primera lengua acaba claudicando y pasándose al castellano de manera implícita. Si retrocedemos, nos estamos minorando en nuestro propio territorio. El catalán es la lengua habitual de aproximadamente una tercera parte de la población –un 33%–. Somos una minoría como lengua habitual. Y cada año llegan unas 70.000 o 80.000 personas del extranjero. La inmigración es positiva, es un hecho, pero tiene repercusiones lingüísticas y no damos abasto.

¿Esta situación favorece la sustitución lingüística o la autocensura de los mismos catalanoparlantes?
Es un factor muy importante que hace que uno, si no tiene una conciencia lingüística trabajada, acabe claudicando y se pase al castellano. Una lengua muere si no se utiliza en dos ámbitos clave: el familiar y el educativo. Cuando los padres dejan de transmitir la lengua a los hijos es la crónica de una muerte anunciada, porque han considerado que la lengua es inútil debido a esta gota malaya que ha llevado a la conclusión de que el castellano será más útil.

¿La clave de todo esto es ser constantes y tener conciencia lingüística?
Debe ser muy trabajado, y muy explícito. La palabra clave es concienciación lingüística. La sociedad catalana debe tener conciencia lingüística. Sociolingüísticamente hablando, el castellano es más poderoso y tiene un apoyo institucional estatal fuerte. Es urgente trabajar la conciencia lingüística de la sociedad catalana. No de los catalanes, de la sociedad catalana.

¿Y cómo se trabaja?
Asociando la lengua a elementos positivos y demostrando que el catalán funciona como ascensor social. Debe ser conceptualizada como positiva. Ahora se trabaja con tiktokers, influencers o películas en catalán para demostrar que es una lengua viva en todos los ámbitos, no solo en la administración. Si no, corremos el peligro de la latinización del catalán: una lengua que se enseña en la escuela, pero que no se utiliza en la calle o el patio. Estamos muy lejos de eso, pero si continúa así podría acabar así.

¿Los medios de comunicación catalanes tienen un papel que jugar?
Es clave. Si no contrapones los discursos negativos, no hay ningún input a favor de la lengua. Sin caer en la confrontación. La mejor política lingüística es que un concierto de Oques Grasses llene con 200.000 personas, que Rosalía o Bad Gyal canten en catalán, y asociar la lengua al ocio, a la vitalidad y al cariño. No solo en la administración pública.

En toda la entrevista solo has pronunciado una vez la palabra «catalanofobia».
Porque como académico mi rol es presentar los datos de manera objetiva sin hacer apriorismos. Si no, entro en un ámbito que no me corresponde. El estudio muestra que hay un rechazo a la lengua catalana.

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