La vigésimo tercera jornada del juicio contra los Pujol Ferrusola no se ha librado de los problemas técnicos. Hay días que empieza a parecer una escena de la película «El sexto sentido», tanto por la dificultad de las conexiones telemáticas como por las llamaradas del dragón del caos que supone un juicio con más de 250 testigos y 70.000 folios de sumario. Incluso, el presidente del Tribunal, José Ricardo de Prada, este miércoles más permisivo que la sesión de ayer, pero repasando continuamente las líneas del campo de partido, ha hecho la broma cuando se ha enterado de que uno de los testigos citados para mañana, ya está muerto. «Por el momento, no podemos conectar con el más allá», ha soltado con un humor bastante particular.

Pero el presidente del tribunal iba un poco desencaminado porque sí que el juicio ha hecho una entrada en el recibidor del «más allá». Ha sido a través de la «herencia de Florenci Pujol». Uno de los pilares principales de las defensas de la familia del expresidente que siempre han insistido en que el dinero regularizado que tenían en la Banca Privada de Andorra (BPA) provenía de la herencia del abuelo de la familia, como un seguro por si con la política iban mal dadas. Dos de los testigos de la acusación han introducido la cuestión, con bastante naturalidad, y han resucitado una de las cuestiones principales del juicio.

Con un contexto previo: que a pesar de los esfuerzos de las acusaciones, aún no han podido encontrar la conexión entre el dinero en Andorra y las supuestas comisiones por adjudicaciones públicas que defendía la UDEF y el ministerio fiscal. De ahí que la famosa «herencia» cobra protagonismo y más cuando el reparto entre hermanos, y la audacia que cada uno tenía para administrarla, permiten dar mucho juego y oxígeno a las defensas. Sobre todo de Pau Ferrer, abogado del presidente Pujol, de Oleguer, Mireia, Marta y Pere. De entrada, hoy, los gestores bancarios andorranos –Josep Maria Pallerola, Joan Jove y Marta Pallerola-, han desmontado una de las principales acusaciones, que la familia formaba una «organización criminal». Todos los gestores bancarios que trabajaron con los hermanos Pujol han asegurado que cada uno iba a lo suyo, después de que su hermano mayor repartiera los millones de las antiguas pesetas que tenían en Andorra desde los años ochenta del siglo pasado.

Florenci Pujol i Brugat, en unaa imatge de la seva joventut
Florenci Pujol i Brugat, en una imagen de su juventud

Pallerola: «Venían de una herencia de más de cien millones»

Ha sido interesante el testimonio de Josep Maria Pallerola, el gestor bancario de Banca Reig (entidad antecesora de Andbank), que llevó las cuentas de Jordi Pujol Ferrusola hasta el año 2001. Pallerola, que ha reconocido que Jordi Pujol, le llamaba «mossèn», ha asegurado que el dinero «provenía de una herencia del abuelo» y que la cantidad era de «cien millones y pico de pesetas», no «treinta» como remarcaba el fiscal Fernando Bermejo en su interrogatorio. Una cifra que concuerda con los números aportados por la defensa. Pallerola ha ilustrado al tribunal cómo funcionaba el sistema de las compensaciones bancarias -un sistema que servía para ingresar efectivo en cuentas corrientes en Andorra- que se dejó de hacer bien entrados los años dos mil.

Por otro lado, una de las anécdotas de la jornada ha sido cuando el fiscal ha blandido las cartas manuscritas que involucraban al presidente Pujol con las cuentas bancarias. En concreto, una carta con el anagrama de Banca Reig, fechada el 21 de septiembre del año 2000, suscrita por Jordi Pujol Ferrusola, «aparentemente mecanografiada», en la que dice que es el titular de una cuenta «con carácter estrictamente fiduciario, sin ningún derecho de propiedad sobre los bienes depositados». Así como otra carta manuscrita extendida en «folio de papel común, que en la parte superior identifica al autor, ya que lleva un encabezado típico de las personas que ejercen funciones representativas». El autor, según la fiscalía, es el presidente Jordi Pujol e intenta decir que él es el titular de la cuenta número y que en caso de fallecimiento los activos pasarán a ser propiedad de Marta Ferrusola.

Albert Nieva, en el moment de la seva declaració/QS
Albert Nieva, en el momento de su declaración/QS

Dos cartas y una casa en Begur

Pallerola recordaba perfectamente los dos documentos y los ha explicado, con cuidadosa profesionalidad. Pallerola ha detallado que en Andorra, hasta que cambió la legislación, se permitían declaraciones particulares para nombrar herederos de las cuentas al margen de las herencias oficiales. Incluso, ha apuntado que era un sistema para hacer llegar el dinero a quien el titular ordenaba, una vez este había muerto. Un sistema que se utilizaba, por ejemplo, para las relaciones extrapatrimoniales.

En este caso, era por los problemas que suponía la separación de Jordi Pujol Ferrusola de su esposa, también acusada, Mercè Gironès. De hecho, ha admitido, con desacomplejamiento de jubilado, que Jordi Pujol le ingresó en una cuenta 200.000 dólares y Gironès se quejó porque sabía que tenía más dinero. De ahí que utilizara la trama para esquivar tener que pagarle a su esposa. Este sistema fue anulado con los años por la justicia andorrana. La carta, pues, era más falsa que las balas del Equipo A, y solo servía para evitar tener que traspasar dinero a Gironès.

Por otro lado, la tesis de la herencia también ha llegado por un testimonio, Albert Nieva, un promotor inmobiliario que le vendió una casa en Begur en 1998, por unos veinte millones de pesetas, a Josep Pujol Ferrusola. Una casa a precio de mercado y que pagó a través de una cuenta en Andorra. Cuando el fiscal le ha preguntado sobre por qué le había pagado a través de una cuenta del Principado, Nieva ha recordado que uno de los otros compradores era Josep Maria Serra, del Banc Agrícola d’Andorra. Josep Pujol le comentó a Nieva si también podía pagarle de la misma manera porque «había cobrado una herencia en Andorra» y aprovechando que ya lo tenían, utilizaron una cuenta de Nieva en Andorra para realizar los pagos.

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