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Última jornada de prueba en el largo juicio de la operación Kitchen. Tres acusados han declarado este lunes por la mañana. Nombres conocidos y relacionados con el núcleo de la policía patriótica. En concreto, los inspectores en jefe José Ángel Fuentes Gago y Bonifacio Díez Sevillano, alias Boni, uno de los participantes más importantes de la trama andorrana de la operación Cataluña, donde fue agregado del Ministerio del Interior en la embajada española en el Principado. Ambos, imputados en el caso por su adscripción a la Dirección Adjunta Operativa del CNP, entonces encabezada por el comisario Eugenio Pino. Sin embargo, el declarante estrella ha sido el comisario principal José Luis Olivera, fundador de la poderosa Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal del Cuerpo Nacional de Policía (UDEF), primer director del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y Crimen Organizado (CITCO) y uno de los que sedicen haber organizado la operación Cataluña.

Olivera ha reconocido en su declaración -ha contestado al ministerio fiscal, al tribunal y a su defensa- que tuvo conocimiento de la operación Kicthen por una comida con el comisario de inteligencia ahora jubilado José Manuel Villarejo y el empresario Adrián de la Joya. Pero, eso sí, ha negado haber estado implicado. En detalle, hablaba de una comida que fue grabada –en una grabación que forma parte de las actuaciones– y en la cual Villarejo les explicó que había participado en una «operación encargada para localizar, en el entorno de Bárcenas, dinero, documentos o cuestiones probatorias», y que habían «captado al chofer de Bárcenas», que «colaboraba».

Olivera ha aprovechado su declaración para arremeter contra el inspector Manuel Morocho, que investigó el caso Gürtel; contra Ignacio Cosidó, exdirector de la policía, y, de una manera especial, contra Villarejo. Por otra parte, la Abogacía del Estado ha retirado la acusación contra José Ángel Fuentes Gago y Bonifacio Díez Sevillano después de sus declaraciones de esta mañana y los ha dejado fuera del procedimiento al aceptar que no habían tenido relación alguna con la operación Kitchen.

José Luis Olivera, en un momento de su declaración/QS
José Luis Olivera, en un momento de su declaración/QS

Bárcenas, la preocupación

Olivera, que dirigió la UDEF desde su fundación hasta el año 2012, cuando Cosidó lo destituyó, ha seguido el hilo conductor del caso en las diferentes declaraciones de los imputados. En resumen, que Luis Bárcenas, extesorero del PP, era el enemigo número 1. De hecho, la operación Kitchen no era más que un operativo para robar la documentación delicada que el extesorero de los populares tenía sobre el financiamiento de la formación. «Era una preocupación para la Policía y para España», resaltó. «Lo que podía entender es que se buscaba lo que faltaba, 27 millones de euros», que supuestamente tenía el extesorero porque su fortuna se había tasado en 47 millones de euros y solo habían encontrado 21.

En este tramo de declaración, Olivera ha cargado contra Villarejo, a quien conoció en el año 2000 y a quien encargó diversas operaciones clandestinas. De Villarejo, sin embargo, no ha dicho muchas bondades. Al contrario. Lo ha acusado «de atribuirse cosas que no había hecho», de mentir e incluso de manipular conversaciones grabadas que se habrían encontrado en los registros en el domicilio del comisario. Villarejo no ha sido el único criticado por Olivera. Morocho también ha recibido. Y Olivera incluso ha informado al tribunal que Eugenio Pino le dijo, al inicio del juicio, que el inspector de la UDEF que dirigió las pesquisas de la Gürtel iba por él. Ha puesto en duda lo que Morocho afirmó al tribunal como testigo, es decir, que lo habían enviado a Portugal para apartarlo de la Gürtel. Olivera ha asegurado que lo animó a aceptar el cargo porque el mismo Morocho le había dicho que tenía «inquietud» en la UDEF.

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