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El Gobierno ha defendido que el conocimiento de la lengua catalana no sea un requisito obligatorio de inicio en los procesos de selección para dirigir grandes instituciones culturales de referencia en el país, como la Fundació Joan Miró, el MACBA o el Mercat de les Flors. En una respuesta parlamentaria escrita a la diputada de Esquerra Republicana Marta Vilalta, la consejera de Cultura, Sònia Hernández, ha justificado este modelo por la necesidad de abrir los concursos a «profesionales y expertos de todo el mundo». Sin embargo, el Gobierno recuerda que en los procesos de selección de las instituciones estrictamente públicas, el requisito de acceso sigue siendo la acreditación directa del certificado de nivel C1 de catalán.

El ejecutivo catalán, que participa en los consorcios y patronatos de estos centros, descarta detener los procesos de selección que incluyan estas cláusulas. Según el Gobierno, flexibilizar la entrada permite aspirar a «las mejores candidaturas internacionales» sin renunciar a la defensa del catalán, ya que se obliga a los aspirantes seleccionados que no lo hablen a adquirir su dominio en un plazo máximo de un año. La consejera explica que las bases de estos concursos fijan que los aspirantes solo deben demostrar el conocimiento suficiente de una de las dos lenguas oficiales de Cataluña. En caso de que la persona escogida no sepa catalán en el momento del nombramiento, asume el compromiso contractual de alcanzar el nivel necesario en los siguientes doce meses. Esta fórmula es la que se ha aplicado tanto en la Fundació Miró como en el MACBA.

Ante la preocupación de la oposición sobre cómo se verificará este cumplimiento, la consejera ha matizado que la tarea de seguimiento y evaluación dependerá directamente de cada institución, aunque el Gobierno «velará para que se cumplan los requisitos que establecen las bases» desde sus respectivos órganos de gobierno. En cualquier caso, Sònia Hernández insiste en que el ejecutivo «hasta donde tiene potestad, siempre vela para que las direcciones de las instituciones culturales del país tengan los conocimientos exigibles de catalán».

La consellera de Cultura, Sònia Hernández, en el 25è aniversari del CAC / CAC
La consellera de Cultura, Sònia Hernández, en el 25è aniversari del CAC / CAC

El precedente del Mercat de les Flors

Para defender la efectividad de este modelo de carencia lingüística, el Departamento de Cultura ha puesto como ejemplo el caso de la directora del Mercat de les Flors, María José Cifuentes, un año después de ser escogida. Según asegura la consejera, Cifuentes está cursando estudios de catalán y «próximamente podrá acreditar su conocimiento». Para acreditar esta afirmación, también destaca que en la rueda de prensa de presentación de la temporada 2026-2027 del Mercat de les Flors, que tuvo lugar el pasado 9 de junio, la directora hizo su intervención en lengua catalana.

Plataforma per la Llengua alerta de un «patrón preocupante»

Por su parte, Plataforma per la Llengua opina que esta práctica consolida un patrón preocupante que menosprecia el catalán en instituciones que deberían ser referentes en la garantía de los derechos lingüísticos. La entidad recuerda que, de acuerdo con la Ley de política lingüística, el conocimiento del catalán no se puede tratar como un mérito aplazable, sino como una condición necesaria para ejercer funciones directivas en centros con participación pública. Según la organización, permitir que la dirección de un equipamiento cultural –que debe representar la institución y dirigir su actividad– asuma el cargo sin la capacitación lingüística requerida de entrada «desnaturaliza el requisito legal y permitiría ejercer el cargo sin la capacitación lingüística necesaria».

La ONG del catalán considera especialmente grave que esta flexibilización se aplique en instituciones de referencia cultural, las cuales deberían ejercer un liderazgo lingüístico aún más firme. La entidad advierte que la reiteración de estas decisiones evidencia una falta de compromiso estructural con la lengua propia y alerta del peligro que esta fórmula cree un precedente para otras instituciones, «contribuyendo a situar como una lengua de segunda, prescindible».

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