La desclasificación de los documentos sobre el golpe de estado del 23 de febrero de 1981, después de 45 años, aporta algunos detalles sorprendentes. Y, en términos históricos, cabe decir que los detalles configuran los conceptos. Uno de los documentos que este miércoles ha desclasificado la Moncloa pertenece a los archivos de la Guardia Civil que guardaba el Ministerio del Interior. En concreto, un documento manuscrito de noviembre de 1980, tres meses antes del golpe, que los analistas del instituto armado describen como «Documentación con una presunta planificación del golpe, manuscrita (1980)».

Un suculento documento en el que sus autores, supuestamente arquitectos logísticos de la rebelión militar contra la incipiente democracia española, describen una «panorámica de operaciones en marcha». Es decir, exponen los diferentes movimientos golpistas que se están preparando y cuál debe ser la confluencia, valorando pros y contras de cada opción y quiénes son los protagonistas. Un estudio que debía permitir valorar, ante la lluvia de ideas para el alzamiento militar, cuáles tendrían más posibilidades de éxito. Un dato que destaca en este documento es que todas las opciones, salvo una, consideraban que debían contar con la ayuda indispensable del monarca, Juan Carlos de Borbón, y sobre todo, de la connivencia del PSOE, liderado entonces por Felipe González.

Portada del documento manuscrito sobre las tentativas del golpe de estado

Tres tipos de operaciones

El documento esboza un esquema con tres tipos de operaciones para hacer caer el sistema de gobierno del año 1980. En concreto, las «operaciones civiles; las militares y las mixtas cívico-militares». En cuanto a las «operaciones civiles», el informe manuscrito que ha sido guardado celosamente por el ministerio del Interior durante 45 años, define cuatro: la democristiana, la «de ideología mixta», la «socialista» y la «liberal». De las cuatro optan por la que creen que tendría más «viabilidad», la socialista.

Esta podría tener dos opciones. Por un lado, la que, a priori, sería solo civil, a través de una moción de censura pactada con un «grupo disidente del PCE y una abstención pactada del PCE de Santiago Carrillo». Pero, la que ven con más posibilidades, y razonan apoyar es, una revuelta «civil socialista con complemento militar» que tendría «credibilidad total» con el «apoyo de la corona». Una posibilidad que se construiría a través de elegir un «general de talento liberal como Antonio Gutiérrez Mellado, José Antonio Sáenz de Santamaría o Manuel Díez-Alegría». Este proyecto llevaba un «año en gestación».

Un gobierno mixto

Este golpe se iniciaría con un «grupo mixto» configurado por «civiles sin militancia política y militares de historial brillante». La ruta proponía «presionar desde diversas procedencias para forzar a dimitir a Adolfo Suárez». Sería entonces cuando «intervendría la Corona, poniendo en marcha mecanismos constitucionales». Este plan contaba con los «imprescindibles apoyos de UCD y PSOE que aseguraban la nueva investidura». El gobierno estaría constituido un 50% por militares y el resto por miembros escogidos del PSOE, UCD y CD (Coalición Democrática de Manuel Fraga).

De hecho, esta es la idea que propuso el general Alfonso Armada para detener el golpe de estado con el teniente coronel Antonio Tejero –que, por cierto, ha fallecido el mismo día de la desclasificación– dentro del Congreso. Armada negoció con el jefe del Estado Mayor, el general José Gabeiras, entrar al Congreso y proponer la configuración de un gobierno de esta índole con él de presidente. Una posibilidad de la que se habla en otro documento desclasificado, la transcripción de una conversación telefónica entre Juan García Tarrés, único civil condenado por el golpe, y Tejero, cuando este estaba atrincherado en el Congreso, en la que critican la propuesta de Armada.

Parte de la conversación entre García Tarrés y Tejero sobre el general Armada
Parte de la conversación entre García Tarrés y Tejero sobre el general Armada

Este gobierno debía llevar a cabo «una reforma constitucional, una reorganización legislativa y de las estructuras regionales; nuevas leyes electorales y sindicales; ley de orden público y una campaña de erradicación del terrorismo». En este período, los militares «presionarían» para la fusión de UCD y AP para formar un «partido de derecha nacional» y el PSOE para que celebrara un «congreso antimarxista» y su transformación en un partido «socialdemócrata». En este paquete se incluía «la erradicación del comunismo y legislar para impedir partidos regionales».

El proyecto Cortina

El documento también prevé otro escenario, y es el cambio del jefe del Estado Mayor, José Gabeiras, por el general Jesús González de Yerro. Un hecho que impulsó a «trabajar a toda prisa» para llevar a cabo el «golpe constitucional con la corona y el gobierno de coalición de UCD y el PSOE». La posibilidad de convencer a González del Yerro pasaba por añadir a los capitanes generales al proyecto y anunciarle que «contaba con el apoyo del rey» que, «una vez normalizada la situación política» y «aplacado el terrorismo, propondría el restablecimiento de la normalidad política y el retorno de los partidos». Este proyecto preveía el golpe entre el 23 de febrero y el 24 de junio, durante la onomástica del rey español. Una opción, sin embargo, que descartaban por la presencia en la ceremonia del cuerpo diplomático.

Este apoyo del PSOE ya se había apuntado en otros documentos desclasificados. En concreto, el archivo Jano, que incorpora una larga conversación de tres horas, en el año 1976, entre González, y el jefe del SECED, Servicio Central de Documentación, los servicios de inteligencia creados por Luis Carrero Blanco en el año 1972 y antecesor del actual CNI. En concreto, Andrés Cassinello y su mano derecha, José Faura, donde acuerdan el papel que tendrá el PSOE durante la transición política española.

Cabecera del informe del SECED sobre la entrevista a Felipe González

Revueltas militares

En cuanto a las revueltas estrictamente militares que se pusieron negro sobre blanco, el documento distingue entre el golpe propuesto por los «tenientes generales», el de los «coroneles» y el de los «espontáneos«. La de los coroneles es la que genera más confianza. Este plan contemplaba que el «deterioro de la situación» sería «irreversible antes del 11 de febrero». A partir de ahí, los coroneles «no pierden el tiempo en conspiraciones de café»: «Han hecho contactos, han estructurado la operación y han resuelto las incidencias en el momento de tomar el poder».

Su idea es «impulsar un gobierno de coalición entre la UCD y el PSOE» para dar «las condiciones objetivas del cambio». La intención era que se «quemaran y nombrar un gobierno militar en el plazo de un año». Lo que hizo que el núcleo duro de los golpistas es que «no eran monárquicos» y apostaban por una «república presidencialista». Tenían la idea de preservar los partidos pero «matizados por una nueva constitución que aprobarían al llegar al poder». En todo caso, las revueltas militares se contemplaban incorporarlas en la revuelta mixta que, finalmente, se llevó a cabo.

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