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La Asamblea Nacional Catalana del Baix Llobregat ha celebrado este martes un acto conmemorativo del 9º aniversario de la declaración de independencia de Cataluña proclamada el 27 de octubre de 2017. El evento ha contado con la participación de la expresidenta del Parlamento Carme Forcadell, el exdelegado del Gobierno en Madrid Ferran Mascarell, y Pere Pugès, uno de los fundadores y secretario de la entidad independentista, quien ha sustituido a Lluís Llach, que finalmente no ha podido asistir al acto. Los tres han compartido sus vivencias de primera mano sobre los hechos de aquel otoño, así como el análisis sobre los logros y los obstáculos que se atravesaron, pero también han hecho autocrítica de la gestión de aquellos días con los asistentes que han llenado el auditorio grande de la Casa de la Cultura de Sant Climent de Llobregat.

El acto ha seguido el hilo cronológico de los días clave de octubre de 2017, comenzando por el referéndum del 1-O, definido por Mascarell como «la culminación de la revuelta democrática de los catalanes» y «el acto de desobediencia civil más grande desde la Guerra Civil» según Forcadell. Sin embargo, las reflexiones más amargas han girado en torno a la incapacidad institucional para culminar el Proceso. Mascarell ha remarcado la evidente diferencia de actuación entre las dos partes: «La gran diferencia entre Madrid y nosotros es que nosotros no teníamos dossier, o lo teníamos a medias. La política catalana dudó el mes de octubre y Madrid tenía tres dossiers», uno suave, uno duro con la aplicación del 155 y uno aún más duro. Según el exdelegado en Madrid, desde las filas del Estado se diseñó una estrategia clara para «judicializar el Proceso, sacar de primera línea a los dirigentes políticos y dividir el movimiento», mientras que la parte catalana no supo «combatir la lógica de Estado».

La oportunidad perdida del 3-O

Forcadell y Pugès han coincidido en señalar el 3 de octubre como el verdadero momento de oportunidad no aprovechado. «Aquel día paralizamos el país, era el día y perdimos la oportunidad», ha lamentado Forcadell. La expresidenta de la cámara catalana ha sido autocrítica con la respuesta ciudadana y política: «Fallaron todos. Los políticos fallaron, pero la gente también falló porque cuando se les dijo que se fueran a casa, se fueron. No habrá independencia sin desobediencia y fuimos muy obedientes». Asimismo, la expresidenta ha recordado que cualquier embate futuro requerirá asumir costos personales y colectivos: «El Proceso será democrático, pero no será pacífico. Tendremos que pagar un precio y debemos estar dispuestos».

Carme Forcadell y Ferran Mascarell, en su llegada al acto / JMB

En cuanto a los planes de contingencia de la sociedad civil, el exvicepresidente de la ANC y periodista Jaume Marfany, conductor del acto, ha señalado la existencia de un plan elaborado por la ANC para defender la independencia. Pere Pugès ha admitido que estas opciones quedaron descartadas por el posterior secretariado presidido por Jordi Sánchez, pero no ha querido revelar su contenido porque «estaba muy bien montado, y quizás lo tengamos que usar más adelante. Sin embargo, Mascarell ha rebatido en este punto señalando que «no puedes decir que una cosa estaba bien preparada si no estaba convenida entre todos».

Del 10 al 27-O: Parálisis y desconocimiento

El recorrido por el 10 de octubre ha dejado entrever la sensación de pérdida de la iniciativa. Forcadell y Mascarell han explicado cómo la parada y la llamada a la negociación significaron ceder la calle y el control al Estado español, en un contexto donde «nadie negociaba y nadie nos reconocía». El clímax de la desorientación se vivió el 27 de octubre. Pugès ha explicado que ese mismo día el entonces consejero Josep Rull le trasladó: «Nosotros ya habíamos hecho lo que teníamos que hacer, y ahora os toca a vosotros», pero él le contestó que no pasaría nada. Forcadell, por su parte, ha reprochado la existencia de un «Estado Mayor» que tomaba decisiones sin que las bases o las personas que asumirían las consecuencias tuvieran conocimiento. Mascarell, que llegó ese mediodía de Madrid, ha descrito la jornada como una muestra de desorganización: «Nadie había preparado nada y uno decía blanco y el otro negro. Debemos aprender a hacer política de Estado catalán y no política de partido».

Recrear las condiciones para una nueva revuelta

A pesar del balance crítico de las carencias de 2017, los ponentes han querido abrir la puerta a un nuevo ciclo. Pere Pugès ha defendido que el 1-O sigue siendo la «base legal que no podemos cuestionar» e instó al independentismo a prepararse para «crear las condiciones para que se vuelva a generar un clima de revuelta que sea imparable». En la misma línea, Forcadell ha concluido que el motor del movimiento debe retornar a las entidades sociales: «Si llegamos donde llegamos fue gracias a la sociedad civil. La sociedad civil debería haber liderado y arrastrado a los políticos». Nueve años después de aquel momentum político, Forcadell ve brotes verdes en el independentismo y ha lamentado que durante todo este tiempo «nos centramos en la represión y olvidamos la independencia». Mascarell, por su parte, ha señalado que el independentismo debe cambiar el enfoque y centrar el problema en que los catalanes «vivimos en una estructura política que nos va en contra», en referencia al Estado español. El acto ha terminado con el Cant dels Segadors por parte de la Coral La Vall de Sant Climent de Llobregat y gritos de independencia por parte del público.

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